Sep 23

CASA DE DIOS ENTRE ÁRBOLES DE ALMENDRO, Por: Diego Teh.

CASA DE DIOS ENTRE ÁRBOLES DE ALMENDRO

Génesis 28:10-19.

.Predicado por el Pbro. Diego Teh, el domingo 23 de septiembre 2018, a las 11:00 horas, en la dedicación de un tinglado construido en el frente de la casa de la hermana Ester de la Cruz García, en el Fracc. ACIM II, de Umán, Yuc; para seguir dando clases bíblica a niños y adultos, y haciendo cultos, y ofreciendo diversos servicios sociales.

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   INTRODUCCIÓN: Allá en la tierra prometida de Canaán, en Samaria una de las provincias de Canaán, desde antes de los tiempos de Abraham hasta los tiempos de Isaac y de Jacob, hubo una ciudad que se llamó Luz.  Su nombre no se refería a la “forma de energía que ilumina las cosas, las hace visibles y se propaga mediante partículas llamadas fotones”, sino al nombre con el que se conocía al árbol de almendro.  Aquella ciudad se llamaba así por la abundancia de almendros en su territorio.  Aquel árbol tenía una característica que la distinguía durante la primavera.  Es de los primeros árboles en florecer durante la primavera por lo que lo conocen popularmente como el ¨apresurado¨[1].  Sus flores, son blancas o débilmente rosadas que aparecen desde el mes de enero[2], dos meses antes que comience la primavera en Marzo.  La verdad son árboles muy bellos.  Es especialmente por esa belleza de sus flores que se le llegó a conocer como Luz, y en consecuencia sus frutos también eran conocidos igualmente como Luz, porque procedían del árbol de Luz o almendro.  Después de muchos siglos de existencia de esta ciudad llamada Luz, o sea almendro, ocurrió en aquel lugar, un hecho extraordinario propiciado por Dios en la experiencia de Jacob nieto de Abraham, hecho que le motivó a cambiarle el nombre de la ciudad de Luz, por el nombre: Bet-el, en idioma hebreo; o sea: “casa de Dios”. Ya hemos leído su fascinante historia.  Me imagino que Jacob tuvo que compartir con los nativos de aquella ciudad, su experiencia de haber soñado a Dios presente en aquel lugar, y no debió serle muy fácil convencerlos para que se cambie el nombre.

   Hoy, nos hemos reunido para la dedicación de este lugar que no es propiamente un templo, pero que lo hemos usado y lo usaremos como un lugar para reunirnos a adorar a Dios.  Este es un lugar que, sin duda alguna, igualmente podemos llamarle “casa de Dios”.  ¿Qué aprendemos de la historia bíblica que hoy hemos leído, en el que Dios se manifiesta a Jacob, y por ello él reconoce que la pequeña ciudad llamada Luz, “No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo” (Génesis 28:17)?

   Para descubrir algunas de las enseñanzas de aquel suceso extraordinario, les voy a predicar que las manifestaciones de la presencia de Dios indican diversos aspectos de la voluntad de Dios. / ¿Cuáles son los diversos aspectos de la voluntad de Dios que se indican en las manifestaciones de la presencia de Dios? / Basado en la historia de la manifestación de la presencia de Dios a Jacob, les compartiré los siguientes aspectos de su voluntad.

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   El primer aspecto de la voluntad de Dios al manifestar su presencia, es:

I.- QUE DIOS NO TIENE PROBLEMA PARA MANIFESTARSE EN UN LUGAR HUMILDE.

   Solamente recuerden cómo Jesús escogió nacer en un establo, en un pesebre, en una pequeña aldea llamada Belén.  ¿Cómo es posible que un terreno lleno de árboles de almendro sea la casa de Dios, y sea un lugar donde Dios está presente?  Es cierto que Dios merece lugares esplendorosos y excelentes, pero no tiene ningún problema para manifestar su presencia en lugares humildes como este bendito lugar donde nos seguiremos reuniendo.  Según el contexto de nuestra historia bíblica, Jacob, haciendo un largo viaje a las tierras de donde era originario su abuelo Abraham, pasó en aquella pequeña ciudad de almendros, llamada Luz o almendro.  Dice la historia que ya era demasiado tarde, “ya el sol se había puesto” (Génesis 28:11) cuando él llegó allí.  Jacob no rentó una casa o un hotel, sino que armó su casa de campaña, probablemente en la periferia de aquella ciudad, en donde estando cansado se durmió muy pronto, y tuvo un sueño extraordinario.

   En su sueño, vio: una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. / Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia” (Génesis 28:12,13).   Dios no esperó que Jacob llegara a una lujosa y prestigiosa ciudad para que entonces se le manifestara a él.  Dios no tiene problemas para manifestarse en lugares humildes.  Es por eso, que Jesús no escogió nacer ni en Roma, ni en Grecia, y ni siquiera en Jerusalén la capital del territorio de su pueblo escogido, sino en la aldea de Belén, una de las más pequeñas aldeas de toda la provincia y quizá de todo el país.

   Amados hermanos, esto quiere decir que podemos encontrarnos con Dios no solamente en un edificio arquitectónicamente diseñado como templo, y consagrado ceremonialmente para ese fin, sino que aún debajo de un árbol, o donde antes hubiese árboles.  Quizá los primeros dueños de este predio podrán recordar que justo en esta terraza y tinglado recién construido para reunirnos a adorar a Dios, lo único que antes había eran árboles que fueron talados para construir primero la vivienda, y ahora este tinglado que usaremos para adorar a Dios.  Igualmente podemos decir como Jacob, que aquí es Bet-el, o sea casa de Dios. ¡Qué extraordinario es saber que Dios está aquí, y por eso esta este lugar también, aunque está prácticamente al aire libre es “casa de Dios”!, aunque ojalá si un día podamos conseguir suficiente espacio para construir propiamente un templo en estos terrenos que están a solo 30 metros de aquí, por ahora saturados de arbustos mayormente de waxín (Leucaena leucocephala), que también es conocido como  peladera, liliaque, huaje o guaje.  Es de este nombre guaje, que se deriva la palabra guaxín, waxín, o huaxín como le conocemos aquí en Yucatán[3].  Dios no tendría ningún problema por ello.  Él es majestuoso y glorioso, pero también es grandemente sencillo y humilde.

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   El segundo aspecto de la voluntad de Dios al manifestar su presencia, es:

II.- QUE SEA CONOCIDO POR SU PUEBLO, PERO TAMBIÉN POR LOS QUE NO LO SON.

   Después de que Jacob despertó de su sueño, sus palabras fueron: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía” (Génesis 28:16).  ¿Cómo va a ser que Jacob no lo sabía?  Su abuelo estuvo viviendo allí, por lo menos en dos ocasiones en las que erigió un altar dedicado a Dios (Génesis 12:8; 13:3).  Isaac el papá de Jacob todavía no había nacido, pero es probable que Abraham le haya contado a Isaac su experiencia en Betel (aunque Moisés dice que era Betel, en aquel tiempo de Abraham el lugar todavía se llamaba Luz).  Dios se había aparecido a Abraham en un lugar cercano llamado Siquem, y “edificó allí un altar a Jehová” (Génesis 12:7), pero cuando él se traslada a Betel (o sea, Luz), Abraham también “edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová” (Génesis 12:8).  Debió haber ocurrido a Abraham alguna manifestación de Dios a él allá en Betel (Luz) para que también allí edificase otro altar como el que edificó en Siquem.

   Pero, resulta que Jacob, no sabía que Dios se había manifestado allí.  O su abuelo, o su padre nunca se lo contaron, o a él no le interesaba nada acerca de Dios.  El caso, es que cuando a Jacob se le aparece Dios mediante un sueño, él dice: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía” (Génesis 28:16).  Por eso, su historia dice de él: “Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo” (Génesis 28:17).  Ahora que ya supo que Dios estaba allí no dudó en reconocer que entonces el lugar era por ello “casa de Dios”, y “puerta del cielo”.  Dios se estaba manifestando directa y personalmente a él, para que él tuviese una experiencia de primera mano con Dios. Y apenas amaneció, Jacob: “llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, aunque Luz era el nombre de la ciudad primero” (Génesis 28:19)[4].  Como dije antes, él conoció por experiencia propia la presencia de Dios, y luego la debió haber hecho saber a otros, a los habitantes de Luz, para proponerles cambiar el nombre de Luz a Betel.

   Amados hermanos, igualmente Dios se ha manifestado a nosotros por medio de su Hijo Jesucristo en quien hemos creído y ha estado transformando nuestra vida mientras seguimos con vida, y nos hemos dado cuenta que vale la pena haberle conocido por medio de su palabra.  Por lo mismo, ya que conocemos a Dios en nuestra experiencia espiritual, es también nuestro deber hacer saber a la gente que vive aquí en nuestro vecindario, que Dios está aquí, y que desea ser conocido, y aceptado por cada persona; y que la “casa de Dios” está aquí disponible para que ellos también vengan a encontrarse con Dios.  ¡Qué extraordinario es que Dios está aquí, y usted ya lo sabe, y que este lugar, igual es “casa de Dios”!   Muchos como Jacob y como los habitantes de Luz, no lo saben, por eso cada uno de nosotros es responsable de hacérselo saber a la gente.  Después de tener el conocimiento de Dios, el siguiente paso que nos corresponde es hablarle de Dios a otras personas para que sepan de Él. Su voluntad es que Él sea conocido.

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   El tercer aspecto de la voluntad de Dios al manifestar su presencia, es:

III.- QUE SEA ADORADO POR TODA PERSONA QUE YA TIENE CONOCIMIENTO DE ÉL.

   Dios no solo espera que Él sea conocido, sino que también sea adorado.  ÉL no quiere que nadie solamente sepa de Él y no le responda con adoración. Según nuestra historia bíblica, después que Jacob despertó de su extraordinario sueño, nos relata Moisés: “Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella” (Génesis 28:18). Lo que Jacob hizo fue una antigua ceremonia de adoración conocida y practicada en ese entonces como libación, que consistía en derramar aceite o incluso agua directamente sobre la tierra o sobre algún objeto específico como una piedra como si se estuviese consagrando un lugar o altar que se dedica para adorar y reconocer que Dios manifestó estar presente en aquel lugar.

   Como parte de la adoración que Jacob le rindió a Dios a quien ya conocía, Moisés nos relata lo siguiente: “E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, / y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios” (Génesis 28:20,21). Es más, en su adoración, se comprometió a ser un diezmador de toda la prosperidad que él reciba de Dios.  Sus palabras de adoración a Dios en este aspecto, fueron: “Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti” (Génesis 28:22).

   Amados hermanos, conocer a Dios mediante la fe en Jesucristo, y experimentar en nuestra vida las obras de su gracia que aplica en la vida de quienes creemos en su Hijo Jesucristo, debe despertar en nosotros y en todo creyente, un vivo deseo de adorarle.  Él está trabajando redentoramente en nuestras vidas, en las de ustedes que viven en este fraccionamiento.  Es por eso, que hemos decidido como Jacob, dedicar propiamente esta “casa de Dios”, aunque en forma de tinglado, para reunirnos al estudio de la palabra de Dios, y para adorarle.  Al mismo tiempo, aquí será para todos nosotros, incluyendo a ustedes que viven en este fraccionamiento, nuestra base de operaciones conjuntas para alcanzar a otras personas para Cristo y para la gloria de Dios.  Las personas alcanzadas con el evangelio, no son para nuestro beneficio, sino que serán para la gloria de Dios.  Dios espera ser adorado no solo por nosotros, sino por toda la gente que vive aquí, pero nosotros tenemos que ir a presentarles primeramente el evangelio de Jesucristo.  Mientras tanto, nosotros no olvidemos que Dios estará siempre esperando que nos reunamos para darle a él la adoración que se merece por estar pendiente de nuestras vidas.

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   El cuarto aspecto de la voluntad de Dios al manifestar su presencia, es:

IV.- QUE EL PROPÓSITO DE MANIFESTAR SU PRESENCIA ES PARA TRANSFORMAR LA VIDA HUMANA.

   Un detalle tomado del contexto de la vida de Jacob, es que su propio nombre era como una profecía de su comportamiento.  Jacob, significa engañador, usurpador, etc…, y en realidad esa había sido su conducta durante toda su vida.  Recientemente a su experiencia en Luz (luego Betel), Jacob había cometido una falta grave en contra de su hermano Esaú.  Isaac, ya avanzado de edad, y sin capacidad visual, había previsto bendecir a sus dos hijos, comenzando con Esaú, pero Jacob, dando pecaminoso honor a su nombre de usurpador, le robó la bendición que le correspondía a su hermano.  El padre de ellos, había enviado a Esaú a cazar en el campo, y que cuando regrese le preparara un guisado de su preferencia.  Pero, Jacob con la complicidad de su madre, para confundir a su papá de que él era Esaú, se puso la piel del algún animal peludo en sus brazos, para simular el brazo velludo de su hermano, y entonces se acerca y le dice a su papá: Papá ya regresé, ya te preparé tu comida preferida, aquí está, ¿me bendices por favor?

   Por poquito Isaac descubre que él no era Esaú sino Jacob.  En algún momento su papá le dice: “La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú. / Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo. / Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y Jacob respondió: Yo soy. / Dijo también: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga; y Jacob se la acercó, e Isaac comió; le trajo también vino, y bebió. / Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. / Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, …” (Génesis 27:22b-27a).  ¡Qué tremenda traición!  Obviamente, el primogénito recibiría en la bendición palabras que le harían recibir en su vida el doble de lo que recibiría los demás hijos.  Le había quitado a su hermano Esaú, lo que por derecho le correspondía.  Cuando Esaú se entera de lo ocurrido, eso le enoja demasiado, e incluso él dice que mataría a Jacob, pero no por ahora por respeto a su padre.  Sin embargo, Jacob, como consecuencia de su traición, sale de su casa desde Beerseba siempre en tierra de Canaán, y comienza a huir rumbo a Harán en Mespotamia, a unos 750 kilómetros al noroeste, donde su abuelo tenía parientes.  Jacob irá allá para hallar esposa para él.   Pero, tan pronto ni se había alejado de la tierra de Beerseba, a tan solo un poco más de 100 kilómetros de distancia en Luz, Dios se le manifiesta para confrontarle de su mala conducta, con el fin de cambiarle la vida para su propio bien.  Esta es una de las razones por las que Dios se manifiesta en la vida de los seres humanos.  Eso es lo que ha ocurrido en nuestra vida cuando conocimos el santo evangelio de Dios, y supimos que creyendo en Jesucristo somos transformados de una vida pecaminosa a una vida llena de gracia abundante.

   Amados hermanos, ahora que la gracia abundante de Dios ha tocado nuestras vidas, habiendo llegado a la experiencia de nuestro corazón y en realidad de todo nuestro ser, ya sabemos el bien que nos aporta.  Ahora, a partir de esta “casa de Dios” que hoy dedicamos a nuestro Señor, nuestro deber será llevar a otras personas el evangelio que según el apóstol Pablo es “poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16), porque antes de salvar para toda la eternidad, también nos hace disfrutar los bienestares de Dios.  Usted está siendo transformado por Dios, pero otros necesitan de esa transformación espiritual para llevar una sana conducta.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, después de la dedicación, hoy, de esta “casa de Dios”, nuestra responsabilidad será dar a conocer al Dios que por medio de Jesucristo vino con toda humildad en busca de nosotros los pecadores.  Conozcámosle mejor para darlo a conocer bien a las personas.  Vengamos siempre para adorarle, y traigamos a otros para que le adoren.  Dejemos que él moldee nuestra conducta, y roguemos que él haga lo mismo con más personas.

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[1] http://etermagazine.com/cultura/el-almendro-un-arbol-sobresaliente/ (leer segundo párrafo).

[2] https://www.wikicristiano.org/diccionario-biblico/significado/almendro-a/

[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Leucaena_leucocephala

[4]   Aunque Moisés nos relata que Abraham, unos 50 años antes que Jacob, plantó su tienda allí en Betel (Génesis 12:8; 13:3), no es porque para ese tiempo aquella ciudad ya existía con ese nombre, sino porque Moisés cuando escribió esa historia, aquel lugar ya llevaba este nombre desde hace unos 450 años, y él lo conoció, así como Betel y no como Luz.

Ago 26

NO ME AVERGÜENZO DEL EVANGELIO, Por: Diego Teh.

NO ME AVERGUENZO DEL EVANGELIO

Romanos 1:16-19.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 26 de agosto 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este sermón es el # 8 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

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   INTRODUCCIÓN: Lamentablemente hay muchas personas que han confesado públicamente que ya son cristianas porque creen y manifiestan haber entregado su vida a Jesucristo, y eso está bien.  No dudan en decir que creen en el evangelio, pero la realidad es que muchos, pero muchos, aunque no son capaces de reconocerlo, pero lo saben, se avergüenzan del evangelio, aunque son capaces de recitar como muletilla las palabras del apóstol Pablo que escribió a los romanos diciendo: “… no me avergüenzo del evangelio” (Romanos 1:16). Por ejemplo, muchos se avergüenzan del evangelio, considerándolo algo anticuado que no encaja con la vida moderna y por lo tanto creen que debe ser actualizado, y crean doctrinas extrañas para el verdadero evangelio, presentando así un falso evangelio por vergüenza al verdadero evangelio.  El verdadero evangelio contenido en las mismas Escrituras, no debe ser cambiado ni añadiéndole ni quitándole nada.  Otros, aunque no lo digan, pero hacen evidente su avergonzamiento cuando no quieren comunicar las verdades del evangelio por temor a que el evangelio ofenda a los amigos, familiares, compañeros, o conocidos, pues los mismos que dicen profesar la fe cristiana se avergüenzan del evangelio claro, directo, y penetrante para el corazón de todo pecador.  También hay quienes, aunque dicen no avergonzarse del evangelio, pero creen que no es para ellos el tener que compartir el evangelio, lo cual no es por falta de conocimiento de ese evangelio, sino simplemente porque tienen vergüenza de compartirlo.  Hay cristianos, y creo que no pocos, sino muchos, que en realidad sí se avergüenzan del evangelio.  Espero que usted no sea uno de ellos.

   El apóstol Pablo, no era un hombre desinformado. Se reconocía “hebreo de hebreos” (Filipenses 3:5), y según él mismo: “en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres” (Gálatas 1:14).  En cuanto a su conocimiento sobre religión, especialmente sobre el Dios verdadero revelado desde el pasado a sus antepasados, no era un ignorante o novato, sino que él mismo se describe que: conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión, viví fariseo” (Hechos 26:5).  Así, que no era un mediocre pensador y analítico, sino un excelente pensador que sin duda supera la filosofía humanista de todos los tiempos.  Así que, debió haber tenido razones suficientes para no avergonzarse del evangelio de Jesucristo.

   El apóstol Pablo, después de afirmar: “… no me avergüenzo del evangelio”, inmediatamente afirma su razón que, analizándolo minuciosamente, contiene implícitamente más de una razón, al decir: “porque es poder de Dios para salvación”.  La frase continúa con diversos complementos, pero en este mensaje me limitaré a exponer esta primera parte que presenta su razón.  De ello, voy a predicarles que, según el apóstol Pablo, hay razones específicas por las cuáles un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio. / ¿Cuáles son las razones específicas por las cuáles un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio? / Permítanme presentarles algunas razones específicas en este mensaje.

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   La primera razón específica por la cual un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio, es:

I.- PORQUE EL EVANGELIO ES UNA VERDAD PODEROSA.

   La primera razón que el apóstol expresa tener para no avergonzarse del evangelio es: “porque es poder…” (Romanos 1:16).  Si él encontraba en el evangelio una manifestación de “poder”, entonces no era una debilucha idea que surgió en la mente de algún falso o mediocre pensador, aunque tampoco surgió de solamente un brillante pensador humano que intentaba competir con las diversas propuestas de inmortalidad o acerca del ser, de los más destacados filósofos griegos del pasado.  Para mucha gente de Roma no les cabía en sus mentes que podría haber un mejor poder más allá del poder militar que ellos conocían y que había hecho que su ciudad se convirtiera en un ‘poderoso’ imperio, pero lo cierto es que el evangelio es el mejor poder que ellos debían conocer.   La idea de un evangelio poderoso, venía a ser para ellos una idea algo rara.  Por otra parte, la filosofía griega todavía conocida por muchos en aquellos tiempos, era considerada como la mayor sabiduría humana conocida.  Así que saber de la existencia de un evangelio no conocido, ni expuesto, ni analizado por reconocidos filósofos, podría ser considerado como una débil e insostenible idea de segunda que no vale la pena. Pero, para el apóstol Pablo era nada menos que palabras de “poder”, y quiso que los cristianos de roma lo entendieran así.

   Amados hermanos, si el evangelio es “poder”, ¿por qué habría que avergonzarse habiendo creído en él?  No puede ser.  Si nos avergonzáramos del evangelio de “poder”, ¿en dónde encontraremos un mejor evangelio que pueda fortalecer nuestras debilidades, y que pueda acabar con nuestros pecados?  Ni siquiera el poder militar más grande del mundo.  Los gobiernos, los filósofos, y las instituciones humanas no tienen este poder.  Quien no ha experimentado el “poder” de este evangelio del cual se refiere el apóstol Pablo, debe dar el paso de investigarlo bien en la biblia misma, y apropiárselo para su propia vida.  Usted va a sentir y experimentar los mejores resultados no disponibles en ninguna oficina, consultorio, pero sí por medio de una relación de fe con su autor.  Al conocer usted su verdadera potencia para su propia vida, entonces, se va a dar cuenta que vale la pena, y no hay por qué avergonzarse de ello.

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   La segunda razón específica por la cual un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio, es:

II.- PORQUE EL EVANGELIO ES DE ORIGEN DIVINO.

   Cuando el apóstol dice que el evangelio “es poder”, añade, para clarificar toda duda que es “de Dios” (Romanos 1:16).   El evangelio que propiamente significa: Las buenas nuevas. Tales buenas nuevas o evangelio tuvo su origen en Dios desde miles de años atrás antes de Cristo, desde que el primer ser humano pecó.  Fue Dios mismo quien al comunicar su sentencia para la serpiente tentadora por haber hecho pecar a Eva y a Adán, le dijo: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15).  A pesar de la mala decisión de nuestros primeros padres, y a pesar de las muchísimas malas consecuencias que enfrentarían por ello, Dios estaba comunicando que para beneficio eterno de sus descendientes que sin duda nos incluye a nosotros, habría una victoria humana que le dará un golpe mortal en la cabeza al mismo diablo tentador, quien no podrá derrotar eternamente al ser humano.  Nada menos que Jesús el Hijo de Dios vino a nacer como ser humano para vencer primeramente al pecado, y luego también a la muerte, ambas cosas causadas al ser humano por el diablo mismo cuando se personificó en una serpiente.  Nada podría librar a ni un solo ser humano del poder del pecado y de la muerte sino solo Dios, por lo que tuvo que ser Dios quien planeó y ejecutó el plan de salvación para el ser humano.  Jesús, Hijo de Dios, estaba entonces dando cumplimiento a aquella buena noticia también conocida ahora como el ‘proto evangelio’ procedente de la misma boca de Dios.  El apóstol Pablo, estaba reconociendo que las enseñanzas, la vida santísima, y hasta la muerte y resurrección de Jesucristo, eran nada menos que voluntad, obra, y “poder de Dios” para beneficio y solución de los problemas espirituales causados por el tentador a los seres humanos.

   Amados hermanos, ¿por qué avergonzarse del evangelio, la mejor buena noticia, que procede nada menos que de la persona, boca y obra de Dios para combatir con el problema actual del pecado que nos asedia durante toda la vida?  Lo que debería avergonzarnos es cuando hacemos más pecado que el maligno sembró en nuestra debilitada naturaleza humana.  Dios nos ha informado de su solución, y nos ha instruido acerca de cómo disponer de su poder para librarnos del mal.  Eso no debe avergonzarnos.  Por eso, sin ninguna vergüenza debemos hacérselo saber a otras personas.

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   La tercera razón específica por la cual un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio, es:

III.- PORQUE EL EVANGELIO BENEFICIA CON SALVACIÓN.

   Luego que el apóstol afirma que el evangelio es “poder de Dios”, añade una frase corta pero importante en el que afirma que ese evangelio poder de Dios, es: “para salvación” (Romanos 1:16).  ¿Salvación? ¿De qué?  La salvación a la que se refiere se trata de salvación de una condenación eterna a la que por causa del pecado están condenados todos los seres humanos, condenación de la que no existe en ninguna parte del vasto universo quien pueda salvar ni siquiera a una sola persona para que no vaya a tal condenación.  El apóstol Pablo en su misma grandiosa epístola a los Romanos, les explica que “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).  Esta destitución de la gloria de Dios, es la justa sentencia emitida por Dios mismo para cada pecador.  Y si es Dios quien la estableció, ¿quién es superior a Él para que la derogue, o absuelva a quien Él ha condenado?  Nadie es superior.   Es por eso que la salvación solamente podría proceder de Dios, aunque entendiéndolo bien, Él por su propia naturaleza justa y santa no estaba obligado a cancelar la condenación de nadie, pero decidió de pura gracia asegurar la cancelación de condenación de “todo aquel que cree” en su evangelio.   Sí, su evangelio es salvación.  El hecho de que, por creer en su evangelio, nos garantice salvación de la condenación, ¿no eso hace que su evangelio sea algo verdaderamente poderoso?

   Amados hermanos, ¿no es tan grandísima la salvación que nos ha sido comunicado por Dios mediante su evangelio, y obtenido al costo de la muerte de su propio Hijo Jesucristo para nuestro bien eterno? ¿Si Dios mismo canceló nuestra condenación eterna, y nos salvó por Jesucristo su Hijo, y nos lo comunicó por su buena notica, su evangelio, ¿por qué nos avergonzaríamos de su evangelio?  No hay motivo, pues es el máximo bien para nuestra vida y existencia.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, no seamos nosotros.  No sea usted parte de la estadística de los que se avergüenzan del evangelio, cambiando la verdad del evangelio por las abundantes propuestas de doctrinas que se dicen llamar ‘evangelio’, pero que nada más son innovaciones humanas con el intento de querer hacer atractivo el verdadero evangelio, pero en su intento la reemplazan por falsos evangelios.  Que nadie sea parte de las estadísticas de los que por vergüenza no comparten el verdadero evangelio ni siquiera a su propia familia, amigos, compañeros de trabajo y conocidos. Si usted ha tenido vergüenza quizá sea porque no ha conocido bien ese evangelio.  Quizá usted necesita tomar más en serio estudiar la biblia tanto de manera personal como en la Escuela de Formación Cristiana de esta iglesia.  No se avergüence del evangelio:

I.- PORQUE EL EVANGELIO ES UNA VERDAD PODEROSA;

II.- PORQUE EL EVANGELIO ES DE ORIGEN DIVINO; y

III.- PORQUE EL EVANGELIO BENEFICIA CON SALVACIÓN.

Jul 08

RECORDAR A JESÚS EN LA CRUZ, Por: Diego Teh.

RECORDAR A JESÚS EN LA CRUZ.

 Varios textos.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 8 de julio 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 06 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

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   INTRODUCCIÓN: En el lenguaje común, a veces ‘mirar atrás’ significa perder la mirada en el objetivo que se debe alcanzar y que se tiene justamente al frente.  A veces significa renunciar un proyecto iniciado, retroceder perdiendo el avance obtenido, e incluso regresar al lugar donde antes se estaba.  En el contexto bíblico, a esto se refirió Jesús cuando dijo: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62).   Según la biblia misma, a veces ‘mirar atrás’ significa recordar analítica y objetivamente cómo llegó a nuestra vida un beneficio o hasta un mal que sigue haciendo efecto en nuestro presente, como cuando Moisés exhortaba a los israelitas diciéndoles: “Acuérdate, no olvides que has provocado la ira de Jehová tu Dios en el desierto; desde el día que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes a Jehová” (Deuteronomio 9:7).  “acuérdate de que fuiste siervo en Egipto; por tanto, guardarás y cumplirás estos estatutos” (Deuteronomio 16:12).

   Los cristianos miramos con sentido espiritual hacia todas las dimensiones: Miramos arriba, como san Pablo dice a los Colosenses: “buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. / Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:1b, 2). Es al mirar arriba cuando miramos a Dios, a su Cristo, y desarrollamos obediencia hacia Dios, y esperamos sus seguras bendiciones.  Miramos también a nuestros lados o alrededor, y también miramos hacia adelante, como les predicaré en los próximos sermones.  Pero, hoy voy enfatizar nuestra necesidad de mirar atrás no para perder el objetivo, no para renunciar, no para retroceder, no para regresar, sino para mirar la cruz de Jesús y recordar la historia de la salvación, y la participación de Jesús en esa sublime historia que hoy moldea nuestras vidas.

   Así que, a manera de resumen, les anticipo que la idea central de esta predicación es que cuando miramos atrás recordando la historia de Jesucristo en la cruz, hacemos grandes descubrimientos esenciales.  / ¿Cuáles son los grandes descubrimientos esenciales que podemos hacer cuando miramos atrás recordando la historia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo en la cruz? / Por medio de diversos textos de la palabra de Dios, les compartiré algunos de estos grandes descubrimientos esenciales.

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   El primer gran descubrimiento esencial que hacemos cuando miramos atrás recordando la historia de Jesucristo en la cruz, es:

I.- LA VICTORIA DE JESÚS SOBRE LA MUERTE.

   A través de la historia se han aplicado distintos instrumentos y métodos para la aplicación de la pena de muerte, tal como lo fue la decapitación, la descuartización, el fusilamiento, el ahorcamiento, y más recientemente la inyección letal, la silla eléctrica, etc… En tiempos antiguos en la historia romana uno de los instrumentos para la aplicación de la pena de muerte a los delincuentes fue la cruz. Nadie que haya tenido a algún ser querido que haya sido ejecutado en la cruz, estaría tan emocionado en recordar la sentencia dictada, la crucifixión ejecutada, y menos el recordar aquel horrible instrumento de la cruz junto con sus correspondientes e inmensos clavos. Igual como las personas de nuestros tiempos que alguna vez en la vida han tenido seres queridos que han sido víctimas por asesinato, no les traería gratos recuerdos el mirar ya sea un arma de fuego, o un arma punzocortante, o un frasco de veneno con el cual su ser querido fue privado de la vida.

   Sin embargo, en la historia bíblica se da el caso extraordinario que aquel instrumento romano de la cruz se convierte en un símbolo de la fe cristiana, en virtud de que una vez en ella fue ejecutado de muerte nada menos que el Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  La ejecución de Jesús en una de las cruces romanas sembradas en el monte de la calavera en las afueras de la ciudad judía de Jerusalén, cambió el significado de la cruz.  Primeramente, solo era un instrumento de vergüenza, de humillación, y de muerte, en el cual muchos criminales perecieron en justo pago de sus maldades a la sociedad en la que vivieron.  Jesús, siendo santísimo más que inocente, fue ejecutado allí.  La realidad es que murió como cualquiera de aquellos criminales mortales.  La diferencia que cambió la historia de la cruz, es que Jesús no quedó muerto.  Cierto es que lo descolgaron muerto de la cruz, y lo sepultaron siempre muerto, pero al tercer día aquel que estuvo muerto, resucitó. ¿Dónde quedó el poder de la cruz? Es a esta realidad que el apóstol Pablo exclama en su primera epístola a los Corintios: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15:55). La muerte no le fue a Jesús, el triunfo de la muerte.  Y aquella victoria de Jesús se ha vuelto nuestra victoria tal como también exclama San Pablo diciendo: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57). La muerte que fue una justa sentencia para el pecado humano, ya no será una sentencia eterna para los que somos creyentes en Jesucristo.

   Amados hermanos, cuando miramos atrás la historia de la cruz en la que Jesús nuestro Señor y Salvador fue crucificado, al saber que la muerte no le retuvo para siempre, entonces descubrimos que la cruz vacía donde Cristo no está colgado es para nosotros un recordatorio de que Jesús es la victoria sobre la muerte, y que Jesús es nuestra propia victoria sobre la misma muerte, pues aunque físicamente un día moriremos, nuestra alma sigue viva, y en un día no lejano para nosotros en la actualidad seremos también resucitados.  Vale la pena recordar a Cristo en la cruz, porque nos recuerda la vida victoriosa.

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   El segundo gran descubrimiento esencial que hacemos cuando miramos atrás recordando la historia de Jesucristo en la cruz, es:

II.- EL PODER DE DIOS PARA LA SALVACIÓN.

   Alrededor del año 1870, en Q, Roo, por motivos religiosos se constituyó un municipio que llevó el nombre de Chan Santa Cruz, y llegó a ser la capital de dicho estado. Se trata del municipio que hoy conocemos como Felipe Carrillo Puerto, o solamente Carrillo Puerto. Su nombre hace referencia a una pequeña cruz de 7 x 10 cmts. tallada en caoba, que supuestamente unos 20 años atrás (1850)[1], fue encontrada en un pequeño cenote.  A partir del supuesto hallazgo, surgió, podría así decirse la religión de la cruz parlante, porque se suponía que era una cruz que hablaba. Hasta donde se sabe fue una complicidad de algunas personas y sacerdotes para convertir a los mayas rebeldes que encabezaron la guerra de castas.  Si lograban que los mayas se convirtieran en adoradores de la cruz, entonces, sería más fácil convertirlos al catolicismo. Aquellos mayas rebeldes llegaron a creer que Dios se comunicaba con ellos por medio de aquella cruz hallada. Hasta el día de hoy por influencia y sincretismo del catolicismo hay quienes todavía le rinden culto a aquella supuesta cruz parlante. Es más, por eso hasta aquí entre nosotros los yucatecos, el 3 de mayo es conocido como el día de la santa cruz. Pero, ¿de verdad hablaba aquella cruz?  Hasta donde se sabe, el soldado yucateco José María Barrera, un mestizo[2] expulsado de Kampocolché, colocó la cruz en un pequeño altar, y ayudado por Manuel Náhuatl, que tenía facultades de ventrílocuo, respondía a los mayas que frecuentaban el cenote, y pedía a su supuesto dios que los ayudara a sanar de sus males y los liberara del yugo de la conquista. Al morir el ventrílocuo Náhuatl y desaparecer el soldado Barrera que no regresó a la región porque murió un año después, la cruz supuestamente se comunicaba mediante un secretario llamado Juan de la Cruz Puc; sin embargo, cuando este fue descubierto fue asesinado por una multitud que se sintió engañada y estafada, ya que si bien es cierto no era un lucro por dinero o cosas materiales, si era una forma de engañarlos en sus creencias[3].

   En la palabra de Dios, con respecto no a la cruz física de madera donde Jesús fue crucificada, sino al mensaje que surge de ella tras la crucifixión, muerte real, y resurrección de Jesús, San Pablo como si la cruz hablase, dice a los Corintios: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1 Corintios 1:18). Obviamente se refiere a la palabra predicada por los apóstoles y todos los cristianos de que Jesús murió y resucitó victorioso contra la muerte, y ese hecho garantiza la salvación de los pecadores que crean en Jesús.  Efectivamente, los que no creen en dicha palabra o mensaje que se predicaba y que se predica hasta el día de hoy, es considerado no por pocos que es una locura de quienes lo dicen.  Pero, el apóstol Pablo, con toda convicción dice a los Corintios que “la palabra de la cruz […] a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”.

   Amados hermanos, cuando miramos atrás recordando el momento cuando Jesucristo fue crucificado, descubrimos que él y su cruz nos recuerdan que hay un mensaje de Dios que ofrece salvación segura, salvación que no es posible por ninguna otra vía, sino solamente por Jesús cuyo evangelio predicado es conocido también como “la palabra de la cruz” que es nada menos que el “poder de Dios”.

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   El tercer gran descubrimiento esencial que hacemos cuando miramos atrás recordando la historia de Jesucristo en la cruz, es:

III.- EL SERVICIO QUE LE DEBEMOS OFRECER A DIOS.

   Otra manera de mirar atrás hacia la cruz, es recordando lo que Jesús dijo a sus discípulos con respecto a la cruz, desde mucho tiempo antes de ser crucificado.  Como parte de su mensaje solía decirles a sus oyentes: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo, tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24). En realidad, sin llevar físicamente a la cruz de madera a ninguno de sus discípulos, él fue a la cruz en representación de todos ellos, así como de todos los que creeríamos después de él.  Él fue crucificado, tomando de esta manera su cruz. Su crucifixión cubre las características esenciales que Dios Padre esperaba de él, fue un sacrificio vivo, santo, y agradable a Dios.  Con su crucifixión y muerte, Jesús apaciguó la ira de Dios que debería caer sobre todo ser humano porque en él Dios cobró la culpa de todos nuestros pecados.  Sin embargo, ahora, a quienes toca tomar la cruz es a nosotros.  Solamente que en nuestro caso no tiene que ser una cruz de madera, ni de cemento, nada físico realmente.  No tenemos que ser llevados ni ir realmente al Gólgota de Jerusalén, ni a ninguno de los cinco montes o cerros en el cual fue fundada nuestra gran ciudad de Mérida[4].

   Pero, tal como Jesús ofreció su vida en sacrificio en la cruz, nosotros debemos en imitación de Jesús ofrecer nuestra vida en la cruz no de muerte, pero sí de sacrificio, un sacrificio distinto de que se ejecutaba en la cruz romana.  El apóstol Pablo les explica precisamente a los creyentes romanos acerca de este sacrificio, escribiéndoles: “… hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Romanos 12:1).  Se trata de darle culto a Dios con nuestra propia vida como si nuestra vida fuera un sacrificio.  Sin duda que la figura de sacrificio, les llevaba a pensar en la cruz de madera en la que se castigaba a los delincuentes, pero siendo ellos creyentes y no delincuentes no eran merecedores de aquella cruz, pero tampoco escapaban de la cruz tal como Jesús dijo que para ser su discípulo habría que cargar una cruz propia.  Así, la cruz para nosotros los discípulos de Jesús, es un recordatorio del servicio o sacrificio de culto que debemos ofrecerle a Dios con nuestra propia vida.

   Amados hermanos, mirar hacia atrás, recordando la cruz tal como Jesús indicó que deberíamos tener y tomar una propia, descubrimos que tenemos una gran responsabilidad de rendirle culto a Dios porque Él y su Hijo Jesucristo hicieron todo lo necesario en una cruz para salvarnos de la condenación eterna. Nuestra cruz es más sencilla de llevar que la cruz que a Jesús le tocó y que sirvió para acabar con su vida.  La nuestra es para acercarnos a Dios y a cambio recibir la vida de Dios ahora y para siempre.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, la muerte de Jesucristo en la cruz que solo era un instrumento de martirio, condena, vergüenza, y muerte horrible; ha venido a ser junto con la encarnación, humillación, resurrección, y ascensión de Jesús, uno de los fundamentos de nuestra fe y de la realidad de nuestra salvación eterna planeada por Dios, pero también para que recibamos tanto privilegios como deberes mientras estamos aquí en la tierra conformando el glorioso cuerpo de Cristo.  En la cruz de Jesús murió el que también resucitó para hacernos victoriosos sobre el tremendo problema del pecado y de la muerte misma.  En la cruz de Jesús, cuando es predicado el significado de lo que ocurrió en ella tras la crucifixión, y muerte real de Jesús, quien a pesar de haber tenido una muerte real no quedó retenido por la muerte, entendemos el poder no de la madera de la cruz, sino el poder de Dios para la salvación.  En la cruz de Jesús, según él lo pide, recibimos la encomienda de cargar nuestra propia cruz como él hizo con la suya, solamente que en nuestro caso es para un sacrificio vivo de culto; no para un sacrificio sangriento de muerte para expiación.  Gracias a Dios por haber enviado a su Hijo Jesucristo para pasar por la injusta experiencia de la cruz; lo cual ha sido el fundamento de nuestros privilegios divinos y celestiales.  Al recordarlo, hacemos estos grandes descubrimientos esenciales de lo que Dios mismo ha hecho y todavía está haciendo a nuestro favor.

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[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Cruzoob

[2] Mestizo, es un hijo de un padre o madre de raza blanca y una madre o padre de raza amerindia.

[3] https://sipse.com/milenio/enigmas-de-yucatan-leyenda-origen-de-la-cruz-parlante-137973.html

[4] Don Francisco de Montejo fundó la actual Mérida, sobre las ruinas de la antigua ciudad maya conocida entonces como T’ho.  Literalmente este nombre significa “allá en los cinco”, nombre como hasta el día de hoy nos referimos a la actual Mérida todos los que hablamos la lengua maya.  Pero, la razón por la que se le llamó T’ho, es porque fue fundada sobre cinco cerros o montes, los mismo donde don Francisco de Montejo fundó nuestra actual ciudad el 6 de enero de 1542.  Don Francisco la nombró Mérida porque las antiguas edificaciones prehispánicas le recordaron a las ruinas romanas que se conservan en la ciudad homónima de Extremadura, España. Mucho más tiempo atrás, la ciudad se llamó Ichcaanzihó.  T’ho, solamente es una contracción de Ichcaanzihó.