Jul 08

RECORDAR A JESÚS EN LA CRUZ, Por: Diego Teh.

RECORDAR A JESÚS EN LA CRUZ.

 Varios textos.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 8 de julio 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 06 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

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   INTRODUCCIÓN: En el lenguaje común, a veces ‘mirar atrás’ significa perder la mirada en el objetivo que se debe alcanzar y que se tiene justamente al frente.  A veces significa renunciar un proyecto iniciado, retroceder perdiendo el avance obtenido, e incluso regresar al lugar donde antes se estaba.  En el contexto bíblico, a esto se refirió Jesús cuando dijo: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62).   Según la biblia misma, a veces ‘mirar atrás’ significa recordar analítica y objetivamente cómo llegó a nuestra vida un beneficio o hasta un mal que sigue haciendo efecto en nuestro presente, como cuando Moisés exhortaba a los israelitas diciéndoles: “Acuérdate, no olvides que has provocado la ira de Jehová tu Dios en el desierto; desde el día que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes a Jehová” (Deuteronomio 9:7).  “acuérdate de que fuiste siervo en Egipto; por tanto, guardarás y cumplirás estos estatutos” (Deuteronomio 16:12).

   Los cristianos miramos con sentido espiritual hacia todas las dimensiones: Miramos arriba, como san Pablo dice a los Colosenses: “buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. / Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:1b, 2). Es al mirar arriba cuando miramos a Dios, a su Cristo, y desarrollamos obediencia hacia Dios, y esperamos sus seguras bendiciones.  Miramos también a nuestros lados o alrededor, y también miramos hacia adelante, como les predicaré en los próximos sermones.  Pero, hoy voy enfatizar nuestra necesidad de mirar atrás no para perder el objetivo, no para renunciar, no para retroceder, no para regresar, sino para mirar la cruz de Jesús y recordar la historia de la salvación, y la participación de Jesús en esa sublime historia que hoy moldea nuestras vidas.

   Así que, a manera de resumen, les anticipo que la idea central de esta predicación es que cuando miramos atrás recordando la historia de Jesucristo en la cruz, hacemos grandes descubrimientos esenciales.  / ¿Cuáles son los grandes descubrimientos esenciales que podemos hacer cuando miramos atrás recordando la historia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo en la cruz? / Por medio de diversos textos de la palabra de Dios, les compartiré algunos de estos grandes descubrimientos esenciales.

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   El primer gran descubrimiento esencial que hacemos cuando miramos atrás recordando la historia de Jesucristo en la cruz, es:

I.- LA VICTORIA DE JESÚS SOBRE LA MUERTE.

   A través de la historia se han aplicado distintos instrumentos y métodos para la aplicación de la pena de muerte, tal como lo fue la decapitación, la descuartización, el fusilamiento, el ahorcamiento, y más recientemente la inyección letal, la silla eléctrica, etc… En tiempos antiguos en la historia romana uno de los instrumentos para la aplicación de la pena de muerte a los delincuentes fue la cruz. Nadie que haya tenido a algún ser querido que haya sido ejecutado en la cruz, estaría tan emocionado en recordar la sentencia dictada, la crucifixión ejecutada, y menos el recordar aquel horrible instrumento de la cruz junto con sus correspondientes e inmensos clavos. Igual como las personas de nuestros tiempos que alguna vez en la vida han tenido seres queridos que han sido víctimas por asesinato, no les traería gratos recuerdos el mirar ya sea un arma de fuego, o un arma punzocortante, o un frasco de veneno con el cual su ser querido fue privado de la vida.

   Sin embargo, en la historia bíblica se da el caso extraordinario que aquel instrumento romano de la cruz se convierte en un símbolo de la fe cristiana, en virtud de que una vez en ella fue ejecutado de muerte nada menos que el Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  La ejecución de Jesús en una de las cruces romanas sembradas en el monte de la calavera en las afueras de la ciudad judía de Jerusalén, cambió el significado de la cruz.  Primeramente, solo era un instrumento de vergüenza, de humillación, y de muerte, en el cual muchos criminales perecieron en justo pago de sus maldades a la sociedad en la que vivieron.  Jesús, siendo santísimo más que inocente, fue ejecutado allí.  La realidad es que murió como cualquiera de aquellos criminales mortales.  La diferencia que cambió la historia de la cruz, es que Jesús no quedó muerto.  Cierto es que lo descolgaron muerto de la cruz, y lo sepultaron siempre muerto, pero al tercer día aquel que estuvo muerto, resucitó. ¿Dónde quedó el poder de la cruz? Es a esta realidad que el apóstol Pablo exclama en su primera epístola a los Corintios: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15:55). La muerte no le fue a Jesús, el triunfo de la muerte.  Y aquella victoria de Jesús se ha vuelto nuestra victoria tal como también exclama San Pablo diciendo: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57). La muerte que fue una justa sentencia para el pecado humano, ya no será una sentencia eterna para los que somos creyentes en Jesucristo.

   Amados hermanos, cuando miramos atrás la historia de la cruz en la que Jesús nuestro Señor y Salvador fue crucificado, al saber que la muerte no le retuvo para siempre, entonces descubrimos que la cruz vacía donde Cristo no está colgado es para nosotros un recordatorio de que Jesús es la victoria sobre la muerte, y que Jesús es nuestra propia victoria sobre la misma muerte, pues aunque físicamente un día moriremos, nuestra alma sigue viva, y en un día no lejano para nosotros en la actualidad seremos también resucitados.  Vale la pena recordar a Cristo en la cruz, porque nos recuerda la vida victoriosa.

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   El segundo gran descubrimiento esencial que hacemos cuando miramos atrás recordando la historia de Jesucristo en la cruz, es:

II.- EL PODER DE DIOS PARA LA SALVACIÓN.

   Alrededor del año 1870, en Q, Roo, por motivos religiosos se constituyó un municipio que llevó el nombre de Chan Santa Cruz, y llegó a ser la capital de dicho estado. Se trata del municipio que hoy conocemos como Felipe Carrillo Puerto, o solamente Carrillo Puerto. Su nombre hace referencia a una pequeña cruz de 7 x 10 cmts. tallada en caoba, que supuestamente unos 20 años atrás (1850)[1], fue encontrada en un pequeño cenote.  A partir del supuesto hallazgo, surgió, podría así decirse la religión de la cruz parlante, porque se suponía que era una cruz que hablaba. Hasta donde se sabe fue una complicidad de algunas personas y sacerdotes para convertir a los mayas rebeldes que encabezaron la guerra de castas.  Si lograban que los mayas se convirtieran en adoradores de la cruz, entonces, sería más fácil convertirlos al catolicismo. Aquellos mayas rebeldes llegaron a creer que Dios se comunicaba con ellos por medio de aquella cruz hallada. Hasta el día de hoy por influencia y sincretismo del catolicismo hay quienes todavía le rinden culto a aquella supuesta cruz parlante. Es más, por eso hasta aquí entre nosotros los yucatecos, el 3 de mayo es conocido como el día de la santa cruz. Pero, ¿de verdad hablaba aquella cruz?  Hasta donde se sabe, el soldado yucateco José María Barrera, un mestizo[2] expulsado de Kampocolché, colocó la cruz en un pequeño altar, y ayudado por Manuel Náhuatl, que tenía facultades de ventrílocuo, respondía a los mayas que frecuentaban el cenote, y pedía a su supuesto dios que los ayudara a sanar de sus males y los liberara del yugo de la conquista. Al morir el ventrílocuo Náhuatl y desaparecer el soldado Barrera que no regresó a la región porque murió un año después, la cruz supuestamente se comunicaba mediante un secretario llamado Juan de la Cruz Puc; sin embargo, cuando este fue descubierto fue asesinado por una multitud que se sintió engañada y estafada, ya que si bien es cierto no era un lucro por dinero o cosas materiales, si era una forma de engañarlos en sus creencias[3].

   En la palabra de Dios, con respecto no a la cruz física de madera donde Jesús fue crucificada, sino al mensaje que surge de ella tras la crucifixión, muerte real, y resurrección de Jesús, San Pablo como si la cruz hablase, dice a los Corintios: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1 Corintios 1:18). Obviamente se refiere a la palabra predicada por los apóstoles y todos los cristianos de que Jesús murió y resucitó victorioso contra la muerte, y ese hecho garantiza la salvación de los pecadores que crean en Jesús.  Efectivamente, los que no creen en dicha palabra o mensaje que se predicaba y que se predica hasta el día de hoy, es considerado no por pocos que es una locura de quienes lo dicen.  Pero, el apóstol Pablo, con toda convicción dice a los Corintios que “la palabra de la cruz […] a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”.

   Amados hermanos, cuando miramos atrás recordando el momento cuando Jesucristo fue crucificado, descubrimos que él y su cruz nos recuerdan que hay un mensaje de Dios que ofrece salvación segura, salvación que no es posible por ninguna otra vía, sino solamente por Jesús cuyo evangelio predicado es conocido también como “la palabra de la cruz” que es nada menos que el “poder de Dios”.

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   El tercer gran descubrimiento esencial que hacemos cuando miramos atrás recordando la historia de Jesucristo en la cruz, es:

III.- EL SERVICIO QUE LE DEBEMOS OFRECER A DIOS.

   Otra manera de mirar atrás hacia la cruz, es recordando lo que Jesús dijo a sus discípulos con respecto a la cruz, desde mucho tiempo antes de ser crucificado.  Como parte de su mensaje solía decirles a sus oyentes: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo, tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24). En realidad, sin llevar físicamente a la cruz de madera a ninguno de sus discípulos, él fue a la cruz en representación de todos ellos, así como de todos los que creeríamos después de él.  Él fue crucificado, tomando de esta manera su cruz. Su crucifixión cubre las características esenciales que Dios Padre esperaba de él, fue un sacrificio vivo, santo, y agradable a Dios.  Con su crucifixión y muerte, Jesús apaciguó la ira de Dios que debería caer sobre todo ser humano porque en él Dios cobró la culpa de todos nuestros pecados.  Sin embargo, ahora, a quienes toca tomar la cruz es a nosotros.  Solamente que en nuestro caso no tiene que ser una cruz de madera, ni de cemento, nada físico realmente.  No tenemos que ser llevados ni ir realmente al Gólgota de Jerusalén, ni a ninguno de los cinco montes o cerros en el cual fue fundada nuestra gran ciudad de Mérida[4].

   Pero, tal como Jesús ofreció su vida en sacrificio en la cruz, nosotros debemos en imitación de Jesús ofrecer nuestra vida en la cruz no de muerte, pero sí de sacrificio, un sacrificio distinto de que se ejecutaba en la cruz romana.  El apóstol Pablo les explica precisamente a los creyentes romanos acerca de este sacrificio, escribiéndoles: “… hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Romanos 12:1).  Se trata de darle culto a Dios con nuestra propia vida como si nuestra vida fuera un sacrificio.  Sin duda que la figura de sacrificio, les llevaba a pensar en la cruz de madera en la que se castigaba a los delincuentes, pero siendo ellos creyentes y no delincuentes no eran merecedores de aquella cruz, pero tampoco escapaban de la cruz tal como Jesús dijo que para ser su discípulo habría que cargar una cruz propia.  Así, la cruz para nosotros los discípulos de Jesús, es un recordatorio del servicio o sacrificio de culto que debemos ofrecerle a Dios con nuestra propia vida.

   Amados hermanos, mirar hacia atrás, recordando la cruz tal como Jesús indicó que deberíamos tener y tomar una propia, descubrimos que tenemos una gran responsabilidad de rendirle culto a Dios porque Él y su Hijo Jesucristo hicieron todo lo necesario en una cruz para salvarnos de la condenación eterna. Nuestra cruz es más sencilla de llevar que la cruz que a Jesús le tocó y que sirvió para acabar con su vida.  La nuestra es para acercarnos a Dios y a cambio recibir la vida de Dios ahora y para siempre.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, la muerte de Jesucristo en la cruz que solo era un instrumento de martirio, condena, vergüenza, y muerte horrible; ha venido a ser junto con la encarnación, humillación, resurrección, y ascensión de Jesús, uno de los fundamentos de nuestra fe y de la realidad de nuestra salvación eterna planeada por Dios, pero también para que recibamos tanto privilegios como deberes mientras estamos aquí en la tierra conformando el glorioso cuerpo de Cristo.  En la cruz de Jesús murió el que también resucitó para hacernos victoriosos sobre el tremendo problema del pecado y de la muerte misma.  En la cruz de Jesús, cuando es predicado el significado de lo que ocurrió en ella tras la crucifixión, y muerte real de Jesús, quien a pesar de haber tenido una muerte real no quedó retenido por la muerte, entendemos el poder no de la madera de la cruz, sino el poder de Dios para la salvación.  En la cruz de Jesús, según él lo pide, recibimos la encomienda de cargar nuestra propia cruz como él hizo con la suya, solamente que en nuestro caso es para un sacrificio vivo de culto; no para un sacrificio sangriento de muerte para expiación.  Gracias a Dios por haber enviado a su Hijo Jesucristo para pasar por la injusta experiencia de la cruz; lo cual ha sido el fundamento de nuestros privilegios divinos y celestiales.  Al recordarlo, hacemos estos grandes descubrimientos esenciales de lo que Dios mismo ha hecho y todavía está haciendo a nuestro favor.

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[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Cruzoob

[2] Mestizo, es un hijo de un padre o madre de raza blanca y una madre o padre de raza amerindia.

[3] https://sipse.com/milenio/enigmas-de-yucatan-leyenda-origen-de-la-cruz-parlante-137973.html

[4] Don Francisco de Montejo fundó la actual Mérida, sobre las ruinas de la antigua ciudad maya conocida entonces como T’ho.  Literalmente este nombre significa “allá en los cinco”, nombre como hasta el día de hoy nos referimos a la actual Mérida todos los que hablamos la lengua maya.  Pero, la razón por la que se le llamó T’ho, es porque fue fundada sobre cinco cerros o montes, los mismo donde don Francisco de Montejo fundó nuestra actual ciudad el 6 de enero de 1542.  Don Francisco la nombró Mérida porque las antiguas edificaciones prehispánicas le recordaron a las ruinas romanas que se conservan en la ciudad homónima de Extremadura, España. Mucho más tiempo atrás, la ciudad se llamó Ichcaanzihó.  T’ho, solamente es una contracción de Ichcaanzihó.

Mar 28

SOLO JESÚS NOS HACE “MÁS QUE VENCEDORES”, Por: Diego Teh.

SOLO JESÚS NOS HACE “MÁS QUE VENCEDORES”

Romanos 8:35-39.

.Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del MIÉRCOLES DE RETIRO, 28 de marzo 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 04 de la serie: SOLO JESÚS, de semana santa 2018.

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   INTRODUCCIÓN:  Si hay alguien que nos quiere acusar a los escogidos de Dios, es el enemigo de nuestras almas. Si hay alguien que quiere que usted y yo seamos condenados al castigo eterno, es el enemigo de nuestras almas.  Pero, desde hace casi 2000 años cuando Jesús el Hijo de Dios, murió, ganando el perdón eterno para todos los que crean en él.  Cuando el diablo quiera acusarnos, le dirán: Aunque los acuses, sus pecados ya están perdonados, gracias por tomarte la molestia.  Cuando el diablo quiera gestionar nuestra condenación, le dirán: Ya Jesús pagó la culpa de ellos. Ninguna condenación hay para los que creen en él.

   Nuestro enemigo el diablo, especialmente para nosotros los creyentes en Jesucristo, no tiene ni tendrá ninguna victoria sobre nosotros.  De manera muy enfática, en nuestro texto bíblico, el apóstol Pablo, con el conocimiento de que nada puede dejarnos mal delante de Dios, nos dice que nosotros: “somos más que vencedores”, pero añade que lo “somos”, “por medio de aquel que nos amó” (Romano 8:37). ¿Quién es ese “aquél que nos amó”? Es Jesús.  Lo que entonces está diciendo es que por medio de Jesús es que “somos más que vencedores”. ¿Cómo está eso de que “por medio de él”? ¿Cuál es su participación para que “por medio” de él seamos “más que vencedores”?

   En el mensaje de hoy les voy a predicar lo siguiente: Las obras redentoras de Jesús hacen que sus discípulos seamos “más que vencedores”. / ¿Cuáles son las obras redentoras de Jesús que hacen que sus discípulos seamos “más que vencedores”? / Basado en nuestro texto bíblico de Romanos 8:28-39 voy a exponerles cuáles son las obras de Jesús que nos hacen más que vencedores.

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   La primera obra de Jesús que hace que sus discípulos seamos “más que vencedores”, es:

I.- SU MUERTE.

   En los versículos 33 y 34, argumentando que los escogidos de Dios, aunque sean acusados por el diablo mismo, no serán procesados por la justicia de Dios, y por lo tanto tampoco serán condenados, el apóstol Pablo, inmediatamente explica la razón que dice que es porque: “…Cristo es el que murió” (Romanos 8:34).  La muerte de Jesús, tiene una excelente eficacia para los que somos escogidos de Dios. Aquellos que somos escogidos de Dios, son los que cuando fuimos o somos llamados por el evangelio de Jesucristo, aunque quizá por un tiempo no simpatizamos con el evangelio, finalmente respondemos llenos de fe en la persona y obra de Jesús.

   Luego, como dicen los versículos 29 y 30, se va cumpliendo en nosotros, el plan de Dios para hacernos totalmente salvos de toda condenación, pues después que Dios llama, también justifica, y finalmente glorifica.  En ningún momento Dios interrumpe el proceso de salvación que Él mismo diseñó para los que aceptan el santo evangelio de Jesucristo.  Este plan de salvación de Dios que resulta ser la mejor victoria para los que ahora somos discípulos de Jesús es totalmente eficaz, por la intervención de Jesús mediante su obra redentora de haber muerto para que no haya cosa alguna que impida nuestra salvación.  Así, que la muerte de Jesús es la obra redentora que nos hace más que vencedores.

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   La segunda obra de Jesús que hace que sus discípulos seamos “más que vencedores”, es:

II.- SU RESURRECCIÓN.

   Después de afirmar que “…Cristo es el que murió”, inmediatamente el apóstol Pablo hablando de Jesucristo, añade: “más aun, el que también resucitó”. (Romanos 8:34).  La resurrección de Jesús también tiene una excelente eficacia para hacernos “más que vencedores”. ¿Quién por sí solo ha vencido al poder de la muerte?  Aunque eventualmente, hemos escuchado testimonios de personas que tras haber sido declarado clínicamente muertos, han vuelto a la vida, este volver nuevamente a la vida no es una vida procedente de sí mismos, sino que de todas maneras es la vida que siempre procede del único creador y dueño de la vida que es Dios.  Ningún ser humano podemos darnos vida a nosotros mismos.

   En el caso de Jesús, siendo no solamente hombre sino también Dios al mismo tiempo, estaba en sí mismo el poder divino de volver nuevamente a la vida por sí mismo. Es por eso que su resurrección, es la evidencia de que el poder divino, así como sobre la vida como también sobre la muerte misma, está totalmente en Jesús.  Por lo tanto, otro de los beneficios destinados para nosotros los creyentes en Jesucristo, es que, aunque nos llegue el cumplimiento de la sentencia de nuestra muerte por causa del pecado, y aunque nuestro cuerpo mortal llegase a corromperse en la tumba, en el crematorio, en el mar, o en el mismo polvo de la tierra, eso no será nuestro fin, sino que por la resurrección de Jesús, dice el mismo apóstol en el versículo 11 de este mismo capítulo 8, que: “el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8:11).  Es así como podemos entender que por la obra redentora de Jesús de haber resucitado, nosotros sus discípulos “somos más que vencedores” aun sobre la muerte.  Su resurrección es nuestra garantía.

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   La tercera obra de Jesús que hace que sus discípulos seamos “más que vencedores”, es:

III.- SU SOBERANÍA.

   Después de explicar que, aunque seamos acusados aun por el diablo mismo, seremos justificados y por lo tanto no seremos condenados, y todo esto porque “…Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó”, añade otra explicación que tiene que ver con parte del proceso redentor que Jesús hace a nuestro favor.  El apóstol dice de Jesús que él es “el que además está a la diestra de Dios, …” (Romanos 8:34b).  Después de que Jesús hubo cumplido total y eficazmente su muerte expiatoria o redentora, Dios quien plenamente estaba unido a su naturaleza humana, le hizo volver a la vida, resucitándole como recompensa de lo que ningún otro ser humano estaba en condición de hacer por nosotros los pecadores.  Pero, Jesús no podía quedarse en la condición de resucitado, así que Dios le hizo regresar como Dios y hombre en una sola persona al lugar de donde originalmente procedió antes de hacerse hombre.  Regresó al cielo.  Regresó al cielo, pero no para enajenarse de nuestro destino, sino que, al llegar al cielo fue exaltado para ocupar el lugar que de por sí le corresponde, lo cual fue sentarse a la diestra de Dios.  Allí se encuentra hasta el día de hoy como el Soberano divino y eterno.

   La Biblia describe a Jesús sentado no en una silla, una banca, un block, ni en el parque, ni en la calle, ni en algún otro lugar común, sino que está sentado en un trono (cf. p. ej. Apocalipsis 4:2,3,9,10; 5:7,13: 6:16: 7:10,15).  Y él mismo, en el mensaje que envió a la iglesia de Laodicea, por medio de la revelación que le dio al apóstol Juan, dice: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3:21).  Su reinado desde el trono celestial, es también parte de la obra redentora de Jesús a nuestro favor, porque si él ha muerto por nosotros, ahora, desde su trono gobierna, rige, e impide que nada en el mundo, o del cielo mismo, ni del infierno, ni de cualquier otro lugar del universo, atente contra la seguridad de nuestra eterna salvación.  “Somos más que vencedores”, porque él reina desde su trono celestial, totalmente a nuestro favor, y en contra de sus enemigos y los nuestros.

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   La cuarta obra de Jesús que hace que sus discípulos seamos “más que vencedores”, es:

IV.- SU INTERCESIÓN.

   Después de decir que Jesús ahora está a la diestra de Dios”, el apóstol Pablo hace una indicación bastante relevante, diciendo de Jesús que él es “el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:34b).  La muerte de Jesús fue tan eficaz para la cancelación de nuestra antes segura condenación eterna, e igualmente fue tan eficaz y suficiente para el perdón una vez para siempre de todos nuestros pecados cometidos antes de creer en él; y también es totalmente eficaz para el perdón de los pecados que cometemos ahora que hemos creído en él.  Pero, además de toda la eficacia de su muerte, ahora estando a la diestra de Dios, mientras él reina desde su trono celestial, el realiza una obra especial por los pecados que ahora cometemos siendo cristianos.  Su obra actual se llama intercesión.

   Un solo pecado, como les ocurrió a Eva y a Adán, es suficiente para meternos en condenación.  Un pecado nuestro es igual de grave como fue el de nuestros primeros padres, e igualmente, hace que merezcamos condenación.  Pero, ahora, no es necesario que Jesús muera una y otra vez por nuestros pecados. Lo que ahora Jesús hace, para que cada pecado que cometemos sea también perdonado, sin que haya necesidad de que nosotros paguemos por ello, y sin que él tenga que volver a pagar por ello, y para que no seamos por ello condenados nuevamente, es interceder al Padre.  Por la misma eficacia, validez, vigencia, suficiencia, y mérito de su muerte, Dios el Padre, acepta que siempre seamos perdonados de todos los pecados que acumulamos a cada instante de nuestra vida, tan solo porque él es quien lo pide por nosotros al Padre. ¿No es esto ser “más que vencedores” por la obra continua de intercesión?

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   CONCLUSIÓN: Para concluir voy a repasarles todo lo que hoy les he predicado.  1).- Que solo Jesús nos hace “más que vencedores” tan solo por su muerte.  Ninguna muerte de ninguna criatura ya sea celestial o terrenal puede darnos ni la más mínima victoria de la que Jesús nos da.  2).- Que solo Jesús nos hace “más que vencedores” por haber resucitado, pues él es la vida, y la fuente de toda vida, por lo que aun si un día moriremos, por él seremos divina y poderosamente resucitados.  3).- Solo Jesús nos hace “más que vencedores”, porque igual que antes, ahora desde el trono eterno y celestial, reina con toda su autoridad para librarnos de toda influencia maligna.  Él se encarga de que nada nos destruya.  4).- Solo Jesús nos hace “más que vencedores” por su ministerio actual permanente, intercediendo al Padre celestial para que todo pecado cometido por cada quien sea perdonado porque para eso murió eficazmente.

   Estimado oyente, ¿le gustaría a usted ser este tipo de personas que por medio de Jesús, se vuelven personas vencedoras y más que vencedoras tanto en la vida presente como en la vida de la tan cercana eternidad que nos espera?  ¿Le gustaría a usted que no haya culpa, que no haya diablo, que no haya pecado, ni nada que le impida acercarse al Padre celestial?  Eso es posible, solamente si usted decide creer en Jesucristo como el único Señor y suficiente Salvador de su vida.  Hoy es el día para que usted le diga a Jesús: Señor Jesús, quiero ser “más que vencedor” sobre el pecado, sobre mi adicción, sobre mis problemas.  Acepto que tú seas mi Señor y Salvador.  Entra en mi corazón, y toma el control de mi vida desde ahora y para siempre. Amén.

Nov 05

LA INTERVENCIÓN DE DIOS PARA UNA VIDA VICTORIOSA, Por: Diego Teh.

LA INTERVENCIÓN DE DIOS PARA UNA VIDA VICTORIOSA

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Daniel 1:17-21; 2:19-23.

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Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán; el domingo 5 de noviembre 2017, a las 18:00 horas; como segundo sermón de la serie: HACIA UNA VIDA VICTORIOSA.

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   INTRODUCCIÓN: Cuando Dios sacó de Egipto a los israelitas llevándoles a través del desierto, muy pronto los egipcios reaccionaron y decidieron ir a perseguir a los israelitas para hacerlos regresar a Egipto o a acabar con ellos si no aceptaban regresar.  Por fin, los alcanzan cuando estaban frente a un mar, por lo que prácticamente estaban emboscados. No podían continuar hacia al frente por el mar, y si iban por la izquierda o por la derecha, los egipcios tenían toda la estrategia para cerrarles el paso, y atacarlos.  Pero lo que sucedió es que Dios dividió el agua del mar, y los israelitas pudieron pasar en medio mientras las aguas sin retén alguno formaban paredes líquidas las cuales no dejaban caer ni una sola gota que impidiera el paso a los israelitas literalmente en medio del mar.  Pero, cuando llegaron los egipcios con sus carros de guerra, sus soldados armados con la tecnología de punta de la época, tan pronto y providencialmente para los israelitas, las paredes líquidas del mar que se había replegado hacia los lados comenzaron a caer con toda su furia sepultando solamente a los egipcios, mientras los israelitas estaban saliendo por el otro extremo todos a salvo.  Es así como Dios intervino para dar una de tantas victorias a su amado pueblo de Israel.  En realidad, no es la primera vez que Dios les daba una victoria, sino ya llevaban muchas.  Tampoco fue la última, sino que después de esta victoria, recibieron muchas más victorias de parte de Dios.

   En este mensaje basado en el libro e historia de Daniel y sus tres amigos: Misael, Ananías, y Azarías, les voy a predicar que Dios interviene en todas las áreas de la vida de sus hijos para darles las victorias necesarias. / ¿En qué áreas de la vida de sus hijos, interviene Dios para darles las victorias necesarias? / En este mensaje les voy a compartir algunas de estas áreas.

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   La primera área en el que Dios interviene para dar a sus hijos las victorias necesarias, es:

I.- EN LAS RELACIONES HUMANAS.

   La historia nos relata que el rey Nabucodonosor quería que los cuatro muchachos que él quería que trabajasen con él, se alimentaran lo mejor posible durante tres años.  No sé si quería engordarlos o hacerlos más fuertes, por lo que el mismo rey le encargó a su oficial Aspenaz que se hiciera cargo de la alimentación de ellos.  Dice la narración: “Y les señaló el rey ración para cada día, de la provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía; …” (Daniel 1:5).  Solamente que hay un detalle.  Los israelitas y judíos tenían un reglamento en la ley, en Levítico capítulo 11, en el que Dios les indicaba qué sí y qué no deberían comer. Daniel y sus amigos se dan cuenta que la comida que el rey les asignaba no era lo que Dios les tenía permitido comer.  Entonces, Daniel habla con Aspenaz para exponerle sus razones.  Aspenaz, era una autoridad con absoluta ventaja sobre estos todavía adolescentes, y además extranjeros, y además hasta eran prisioneros de guerra.  Aspenaz, pudo haberse entercado y con todo derecho a hacer valer su autoridad, e incluso si era necesario pudo haber castigado drásticamente a estos cuatro chavales no solo con encarcelamiento, sino hasta con la muerte.  Pero esto no ocurrió así.

   Al contrario, dice la narración: “Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos” (Daniel 1:9).  En otras palabras, no fue la habilidad verbal de convencimiento que estos jóvenes o que el mismo Daniel tenían, sino que fue Dios quien intervino para darle una victoria a Daniel y sus amigos, haciendo Dios que Aspenaz comprendiera la propuesta de Daniel.  No era fácil que estos muchachos cayeran “en gracia” a Aspenaz, porque no era solamente una cuestión de amistad, sino era una cuestión de vida o muerte para Aspenaz, pues él le dijo a Daniel: “Temo a mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él vea vuestros rostros más pálidos que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza” (Daniel 1:10). Pero cuando Dios intervino poniendo “a Daniel en gracia y buena voluntad” para con Aspenaz, él se hizo amigo de ellos.  Y se encargó de no obligarlos a comer la abominable y contaminante comida del rey Nabucodonosor.

   Aspenaz, tenía también a un subalterno bajo su autoridad que se llamaba Melsar a quien él puso como jefe para el cuidado, la atención, y alimentación de estos cuatro muchachos.  Melsar, quien también se hizo amigo de estos jóvenes, aceptó la propuesta de Daniel de darles solamente legumbres para comer, y solo agua para beber; y la ración asignada por el rey podía quedársela toda.  Todo esto no fue por habilidad humana de negociación que haya tenido Daniel, sino fue por intervención de Dios, pues el texto bíblico es claro de que fue Dios, cuando dice: “Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos” (Daniel 1:9).

   Amados hermanos, desde luego que Dios actúa en la vida de otros para que sea más fácil nuestra relación con ellos, sin embargo, como dice el apóstol Pablo: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12:18).  Sin descartar la responsabilidad que nos corresponde, el enfoque de este punto del mensaje es que Jesucristo nuestro Salvador, que es el Hijo del mismo Dios de Daniel, no está ajeno a los problemas que los cristianos tenemos por causa de otros. Jesucristo está trabajando en el corazón de las personas que deben estar en amistad y en buenas relaciones con nosotros.  Jesucristo está haciendo seguras las victorias nuestras, preparando hasta los tratos, favores, y compromisos que otros van a tener y están teniendo con nosotros.  Dios mismo nos pone en gracia con las personas.

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   La segunda área en el que Dios interviene para dar a sus hijos las victorias necesarias, es:

II.- EN EL CONOCIMIENTO UNIVERSAL.

   Uno de los encargos que Nabucodonosor le hizo a su oficial Aspenaz, es que a estos muchachos “les enseñase las letras y la lengua de los caldeos” (Daniel 1:4b).  Aspenaz comenzó cambiándoles sus nombres a estos muchachos.  La narración dice que: “… puso a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego” (Daniel 1:7b).  Luego estos muchachos sin resistencia alguna, sino de manera voluntaria se dedicaron al aprendizaje.  Pero luego la narración nos dice que: “A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias” (Daniel 1:17a).  Aquí también notamos que aún en el proceso de aprendizaje no necesariamente de las enseñanzas sagradas de las Escrituras, sino en el aprendizaje de cualquier otro saber.  Dios también tiene potestad de intervenir para dar éxito o victoria a sus hijos, pues por ejemplo, para la capacitación de estos cuatro jóvenes, aunque habían maestros de por medio, aunque había una obligación impuesta por el rey, y aunque había voluntad de aprendizaje en Daniel y sus amigos; finalmente dice la inspirada explicación que “Dios les dio conocimiento e inteligencia”.

   Estimados hermanos, muchas veces nos vamos a dar cuenta de que necesitamos aprender algo nuevo para mejorar en nuestros trabajos, e incluso en nuestra vida espiritual y devocional para con Dios.  Recuerden que Dios da “conocimiento e inteligencia”.  Si usted ha dicho: “no entiendo las matemáticas”, porque en realidad no es nada fácil para usted, Dios puede darle a usted el “conocimiento y la inteligencia” necesarias.  Si usted ha dicho: “no entiendo la palabra de Dios”, porque en verdad no le es fácil comprenderla y encontrar en ella las aplicaciones para su propia vida, Dios puede darle a usted el “conocimiento y la inteligencia” para entender y vivir su palabra.  Si usted no se ha animado a estudiar la carrera que usted siempre ha deseado estudiar, atrévase; Dios le va a sacar adelante y victorioso.  Él no está ajeno a nuestras necesidades de aprendizaje.  Él no está ajeno al conocimiento universal de la literatura, el arte, los idiomas, y las ciencias, pues la biblia está llena de ejemplo de personas a quienes Él mismo dio conocimientos que en realidad no son nada espirituales sino científicos.  Por ejemplo, su profeta Isaías supo que la tierra es redonda cuando no era un conocimiento claro como ahora lo sabemos (cf. Isaías 40:22).  Job supo que la tierra no está sostenida sobre algo sino que flota en el vacío (Job 26:7).  Dios tiene la potestad de hacernos victoriosos tanto en nuestro aprendizaje espiritual como en nuestro aprendizaje académico o intelectual.  Solamente dígale a Dios sus necesidades de aprendizaje, sus problemas de aprendizaje.  Pídale en el nombre de su Hijo Jesucristo que Él le dé como a Daniel y a sus amigos, el “conocimiento y la inteligencia” que usted necesita.  Haga usted la prueba, y se dará cuenta que usted será un alumno y luego un profesionista o hasta científico victorioso no por astucia ni estrategia humana sino por la intervención de Dios.

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   La tercera área en el que Dios interviene para dar a sus hijos las victorias necesarias, es:

III.- EN LA REVELACIÓN ESPECIAL.

   Es interesante observar que al mismo tiempo que “Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias” (Daniel 1:17a); dice acerca de Daniel: “y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños” (Daniel 1:17b).  La explicación de esta frase tiene que ver con la revelación especial que Dios estuvo comunicando en su momento a través de sus profetas y en su momento a través de sus apóstoles, y en ocasiones hasta de paganos como es el caso de Nabucodonosor.  Dios no solamente da “conocimiento e inteligencia” en los saberes universales y literarios comunes y ordinarios, sino que también da “entendimiento” espiritual para saber y entender Su voluntad que Él quiere revelar a sus siervos, a su pueblo, y hasta para los que no son y nunca serán de su pueblo.  En aquel tiempo, el rey Nabucodonosor tuvo un sueño que ninguno de sus magos, astrólogos, y encantadores se lo pudo interpretar (cf. Daniel 2:2).  Desde luego que siendo una revelación especial de Dios, no era asunto de interpretación desde cualquier saber ordinario y menos si tiene tintes ocultistas.  La narración acerca de Daniel y sus amigos, dice que luego de haber ellos orado a Dios para recibir entendimiento acerca del sueño que había tenido Nabucodonosor: “Entonces el secreto fue revelado a Daniel en visión de noche” (Daniel 2:19a).  La palabra usada aquí es que “fue revelado”.  Se trata de revelación. No es tan relevante si se lo revelaron de noche o de día, lo que aquí importa es que Dios le dio a Daniel el entendimiento de una revelación especial.

   Daniel quedó profundamente agradecido con Dios, e hizo otra oración en el que dijo: “A ti, oh Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo, porque me has dado sabiduría y fuerza, y ahora me has revelado lo que te pedimos” (Daniel 2:23a).  Daniel reconoció la intervención de Dios para un saber especial, diciéndole a Dios: “me has revelado lo que te pedimos”.  Es revelación especial de su voluntad para la vida espiritual.  Cuando Daniel tuvo el privilegio de presentarse delante del rey Nabucodonosor, lo primero que le dice es: “… El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey. / Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios” (Daniel 2:27,28a).  Una revelación especial de Dios, solamente es entendible cuando Dios interviene en la capacidad de sus hijos para dar el entendimiento correspondiente.  El entendimiento de su revelación especial no viene de los maestros de religión de la Escuela de Formación Cristiana de la Iglesia, ni de los pastores por más eruditos que estos puedan ser considerados; sino que el entendimiento de la revelación especial de Dios viene de Dios.  Cuando el apóstol Pedro en una ocasión entendió una verdad central acerca de Jesús, el mismo Jesús le dijo: no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16:17).

   Amados hermanos, hoy Dios ya no revela mensajes especiales, porque todo lo que Dios ha querido revelar se encuentra totalmente en las Sagradas Escrituras, las cuáles también son conocidas como la revelación especial de Dios.  Sin embargo, Dios sigue dando entendimiento para poder entender su revelación especial.  Usted no necesita ser profeta como los del Antiguo Testamento para poder entender su revelación especial.  Usted no necesita ser apóstol como los del Nuevo Testamento para poder entender su revelación especial.  Lo que Dios hace ahora, no es revelar sino iluminar el entendimiento entenebrecido de nosotros los pecadores, para poder entender su mensaje actual y especial para nuestra vida personal.  El apóstol Pablo, recordando cómo de la nada y de las tinieblas Dios hizo surgir la luz del día, dice: Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Corintios 4:6).  Su Espíritu Santo se ha encargado de darnos la iluminación del conocimiento inicial para poder descubrir nuestra necesidad de creer en Jesucristo como nuestro Salvador personal; y ahora también se encarga de darnos iluminación para seguir creciendo en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18).  La revelación especial de Dios contenida en las Sagradas Escrituras, tiene como objetivo darnos a conocer a Jesucristo impulsándonos a aceptarle como nuestro Salvador, así como como nuestro Señor.  Dios, como lo hizo con Daniel y sus amigos, tiene que intervenir por medio de su Espíritu para que, en nuestro caso, ahora, la gracia de Jesucristo sea una realidad salvadora que nos haga victoriosos no solamente para la eternidad que es lo más importante, sino también para nuestra vida cotidiana mediante el conocimiento de su revelación especial.

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   CONCLUSIÓN: Desde luego que Dios interviene en otras muchas áreas de la vida humana, tanto de los que somos discípulos de su Hijo Jesucristo, como también en la de aquellos que no son discípulos de su Hijo.  El objetivo de la intervención de Dios nunca es para perjudicarnos sino para hacernos victoriosos en Cristo.

   ¿Quiere usted tener una vida victoriosa en las relaciones humanas?  Deje que Dios intervenga abriéndole las puertas para que sea tratado y para que usted trate a sus semejantes con más reflejo del amor de Dios.

   ¿Quiere usted tener una vida victoriosa en sus proyectos de aprendizaje?  Pídale a Dios que le dé “conocimiento e inteligencia”.  Dios tiene la potestad de darle a usted este progreso tanto si se trata de una carrera universitaria, como también si se trata del estudio de su palabra.

   ¿Quiere usted tener una vida victoriosa en el entendimiento de la revelación especial de Dios contenida en la Santa Biblia?  Pídale a Dios que Él le dé tal entendimiento, igual como Daniel y sus amigos lo hicieron.  Dios capacita el entendimiento de la persona que busca entender la palabra de Dios.

   Deje que Dios intervenga siempre en usted para hacerle un victorioso hijo de Dios.