Ago 12

MIRA AL LADO, TIENES UNA IGLESIA, Por: Diego Teh.

MIRA AL LADO, TIENES UNA IGLESIA.

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 Colosenses 3:5-17.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 12 de agosto 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 07 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

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   INTRODUCCIÓN: Tenemos una iglesia disponible.  No me refiero al edificio donde nos reunimos. Al edificio se le llama templo.  La iglesia son las personas que han sido llamadas por Dios para creer en Jesucristo y consagrar su vida a él para un servicio de por vida.  Cuando alguien dice que va al templo, lo que quiere decir es que va al templo, al edificio.  Pero, cuando decimos que vamos a la iglesia, aunque hay quienes todavía así lo entiendan, podría ser no necesariamente en el templo, sino en cualquier otro lugar donde pudieron haber acordado reunirse.  Por ejemplo, algunas veces nos reunimos en casas previendo que haya espacio para todos los que tengas que acudir.  Nos hemos reunido en locales amplios donde luego es apropiado llevar a cabo una convivencia con mesas para disfrutar juntos un refrigerio.  También hemos tenido la oportunidad de reunirnos en un estadio deportivo.  Aunque estos lugares no son templos, los cristianos que allí se reunieron son la iglesia.  Por otra parte, no se necesita un gran número de personas para conformar una iglesia, pues donde sea que se congreguen dos o más personas creyentes en Jesucristo con el fin de adorar a Dios, ellos son iglesia.  Hoy, los que estamos aquí reunidos, no deberíamos tener ninguna duda de que somos la iglesia de nuestro Señor Jesucristo.  Usted está en la iglesia.  Usted no está como en un club, como en un mercado, o como en su tienda o súper preferido, donde usted no tiene interacción con todos los que allí casualmente se encuentren. Pero, la iglesia no es así, usted tiene que estar plenamente consciente que no está solo, sino que hay otros como usted que necesitan de su ayuda, y que hay otros como usted que le pueden ayudar, y tenemos que estar en permanente interacción con ellos.   Los que están siguiendo los sermones de esta serie, podrán recordar que les he compartido acerca de mirar arriba: a Dios; de mirar atrás: a Cristo en la cruz; y hoy nos corresponde mirar a lado: a los hermanos que nos acompañan en nuestro viaje de fe a la patria celestial, a la iglesia llamada de entre los perdidos y condenados para que en Cristo recibamos salvación, la cual ya hemos recibido.

   El texto bíblico que hoy hemos leído, nos presenta a creyentes en Cristo, debidamente integrados a la iglesia no solo universal sino también local, de Cristo, interactuando con otros creyentes.  Basado en ello, les voy a predicar que el creyente que pertenece a Cristo y por ello a Su iglesia, necesariamente debe ejercer permanentemente interacciones dignas de la vida cristiana con los demás creyentes. / ¿Cuáles son las interacciones dignas de la vida cristiana que permanentemente el creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes? / Siguiendo las palabras de nuestro texto bíblico, les presentaré algunas de estas interacciones, valga la pena aclarar, no ocasionales sino permanentes y dignas de la vida cristiana que el creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes.

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   La primera interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

I.- RESPETARNOS MUTUAMENTE POR NUESTRA UNIÓN CON CRISTO.

   El apóstol Pablo, dando por hecho que se estaba dirigiendo a personas que ya habían renunciado a su vida despiadada resultante de no tomar en cuenta a Dios, y que ahora tras haber creído en el evangelio de Jesucristo, sus vidas estaban siendo transformadas por Dios mismo, les dice que él espera que ellos manifiesten una mejor manera de tratar a todas las personas, comenzando con las que ahora son su nueva familia, los creyentes que son la iglesia.  Les dice: “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. / No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, / y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, / donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos” (Colosenses 3:8-11).  Todas las cosas que les dice que tienen que dejar, como la ira, el enojo, la malicia, la blasfemia, las palabras deshonestas, todas ellas tienen qué ver tanto con acciones como también con la manera de hablar al dirigirse a otras personas.

   De manera particular les enfatiza: “No mintáis los unos a los otros” (v. 9), Así lo hacían cuando sus vidas eran ajenas a Dios, pero ahora que son de Cristo, ya no deben hablar así.  Su vocabulario debe ser respetuoso para con todos.  Cuando dice: “los unos a los otros”, en este contexto se refiere al conjunto de creyentes que se reúnen en la iglesia.  La razón de no mentirles, ni agraviarlos con cualquier otro tipo de malas palabras, es que ahora, especialmente para los que están en la iglesia “Cristo es el todo, y en todos” (v. 11).  Cristo, “en todos” los que están en la iglesia, está presente.  Él está unido a nosotros, pero más bien por virtud de nuestra acción de fe en él, todos nosotros estamos unidos a él, y si él está en todos nosotros, entonces nosotros formamos su cuerpo, porque la iglesia es el cuerpo de Cristo, y por eso todos merecen ser respetados primeramente por todos los que formamos parte de ella.  Yo soy responsable de respetar a los demás, a ustedes.  Cada uno es responsable de respetar a todos.  Todos nos respetamos porque estamos unidos Cristo, quien está restaurando en todos nosotros la imagen de Dios que fue puesta en nosotros desde el principio de la creación.  Si antes, no éramos respetuosos, se entiende, porque estamos sin tomar en cuenta a Dios, pero ahora que en su Hijo Jesucristo le tomamos en cuenta, ya estamos siendo restaurados para dejar de ser irrespetuosos.

   Amados hermanos, tenemos una iglesia compuesta de personas a quienes Dios mismo en Cristo nos está restaurando conforme a Su imagen.  No es poca cosa. En nuestro trato o interacción con los demás creyentes como nosotros, hagámoslo lleno de respeto porque todos estamos unidos a Cristo.

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   La segunda interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

II.- TRATARNOS MUTUAMENTE CON EL CARÁCTER DE CRISTO.

   Pero, ahora que dejamos las cosas que nos complacía hacer cuando estábamos sin tomar en cuenta a Dios, ahora que tenemos que dejar que el revestimiento que Dios está haciendo en nosotros sea lo que moldee nuestra mejor manera de ser, ¿qué es lo que tenemos que hacer? ¿con qué vamos a reemplazar el mal carácter que antes nos distinguía?  El apóstol Pablo nos tiene la respuesta cuando dice a los Colosenses: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; / soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. / Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:12-14).  La lista de reemplazos que menciona el apóstol es básica porque eso no es todo, pero baste como ejemplo que nuestra nueva conducta espiritual por pertenecer a Cristo debe ser (1) de entrañable misericordia, (2) de misericordia, (3) de benignidad, (4) de humildad, (5) de paciencia” (v. 12).  Además, añade: (6) soportándoos unos a otros, y (7) perdonándoos unos a otros” (v. 13a).   Pero, la clave más importante de todo es lo que Pablo dice que “es el vínculo perfecto”, y se refiere con ello al (8) amor”, diciendo: “Y sobre todas estas cosas vestíos de amor” (v. 14).  Pero, todas estas cualidades de carácter son un recordatorio del carácter de Cristo que utilizó y sigue utilizando en su trato con nosotros y con todo aquel que se vincule con él por medio de la fe en su persona y obra.  Por eso, en su expresión san Pablo dice: “De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (v. 13b).  En nuestra interacción con los demás debemos tratarnos mutuamente con el carácter de Cristo.

   Especialmente en el versículo13, con respecto a la necesidad de soportar y perdonar a los creyentes que por alguna razón nos llegasen a causar algún agravio, el apóstol Pablo en dos ocasiones enfatiza la frase: “unos a otros”.  Si llegase a ser necesario, hay que soportarse “unos a otros”, hay que perdonarse “unos a otros”.  Estos “unos a otros”, no es una referencia a una relación de cristianos por una parte y de no cristianos por otra parte; sino que se trata de la relación entre un cristiano y los demás cristianos.  En otras palabras, se trata de la relación interna de todos los de la iglesia.  San Pablo es realista.  En los mismos que reconoce “como escogidos de Dios, santos y amados” (v. 12), no descarta que como todavía estamos en proceso de santificación, alguien, y ese podría ser yo, o podría ser usted, o podría ser un tercero, Dios nos libre, podríamos ser causa de ofensa o agravio a algún creyente.  En estos casos, somos responsabilizados a comprender por qué otros actúan equivocadamente o intencionalmente con malicia.  De todas maneras, si quien comete una falta no es un falso disfrazado de cristiano, sino que es un cristiano, ese tiene que ser soportado y perdonado.  Es nuestro hermano.  Esa persona es de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo.  Hay que tratarlo con el carácter de Cristo que se está formando en nosotros.

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  La tercera interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

III.- ENSEÑARNOS MUTUAMENTE CON LA PALABRA DE CRISTO.

   Es verdad que ahora estamos dejando lo que fue nuestra manera de vivir cuando no tomábamos en cuenta a Dios.  También es verdad que ahora que hemos creído en Cristo, su carácter se está formando en nosotros, y por ello podemos tener una mejor interacción con cristianos y no cristianos. Pero, ¿qué tenemos qué hacer para que este proceso de perfeccionamiento siga creciendo en nosotros?  Queremos dejar de hacer intencionalmente todo lo que es incorrecto y pecaminoso que antes hacíamos.  Queremos que el carácter de Cristo se implante en nosotros, y ser semejantes a él en palabra y conducta.  Pero, ¿cómo lograrlo?  Es verdad que Dios está transformando nuestra vida, eliminando nuestra entrega premeditada al pecado, e implantando en nosotros su carácter divino manifestado en su santo Hijo, pero el apóstol Pablo tiene una instrucción más que dice: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. / Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:16-17).  “La palabra de Cristo” es la clave mis amados hermanos.

   Un detalle relevante de esta instrucción apostólica acerca de “la palabra de Cristo”, es que “more en abundancia”.  ¿Es abundancia cuando una iglesia ofrece solamente 45 minutos de clase a la semana, y cuando una iglesia solamente quiere escuchar 20 minutos de predicación?  Creo que ni siquiera se puede decir que la palabra “mora”, porque para que se diga que algo “mora”, es que allí está todo el tiempo, no por temporadas y con vacaciones.  Pero, entre nosotros la palabra Cristo, debe morar.  ¿Qué es lo que cada quien debe hacer en este caso?  La instrucción primeramente dice: “enseñándoos y exhortándoos unos a otros” (v.16).  En nuestra interacción con los demás creyentes deberíamos enseñarnos mutuamente la palabra de Cristo.  Deberíamos mutuamente no tirarnos pedradas o indirectas, sino exhortarnos con la palabra de Cristo para corregirnos mutuamente cuando nos equivocamos o pecamos deliberadamente, para animarnos cuando el ánimo de algún hermano en la fe comienza a desmayar. Vale la pena hablar la palabra de Cristo en nuestras conversaciones unos con otros, que cualquier otra vana conversación.   Obviamente la palabra de Cristo, y toda palabra de Dios en general puede ser enseñada no solamente por hábiles maestros que la enseñan con destreza porque ese el don que han recibido de Dios, sino también a falta del don de la enseñanza también se puede enseñar con el don del canto, como igualmente instruye el apóstol Pablo, al decir: “cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (v. 16).  Pero, igual, sin el don de la enseñanza, y hasta sin el don del canto, también se puede enseñar la palabra de Cristo, con el don de la conversación que todos sin excepción sabemos hacer.  En nuestra interacción con otros creyentes, necesariamente debemos enseñarnos mutuamente la palabra de Cristo.

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   CONCLUSIÓN:    Amados hermanos, si queremos tener una vida centrada en el evangelio, Cristo no puede estar fuera de nuestra vida.  De hecho, él tiene que ser el centro, sino no podríamos ser cristianos, sino nuestro fundamento no será el evangelio de Dios. Una vida centrada en el evangelio implica que al mismo tiempo que pertenecemos a Cristo también pertenecemos a su iglesia que es su cuerpo, a través de la cual interactuamos con otros cristianos que también pertenecen a la iglesia.  En esa interacción, no olvidemos que necesariamente debemos:

I.- RESPETARNOS MUTUAMENTE POR NUESTRA UNIÓN CON CRISTO.

II.- TRATARNOS MUTUAMENTE CON EL CARÁCTER DE CRISTO.

III.- ENSEÑARNOS MUTUAMENTE CON LA PALABRA DE CRISTO.

   En verdad, es un privilegio contar con una iglesia aun si esta iglesia no tuviese un templo donde reunirse.  Lo que más vale es la iglesia porque es el conjunto de personas compradas a precio de la sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Dic 16

ESCÁPATE DE LOS PELIGROS DEL MUNDO, Por: Diego Teh.

ESCÁPATE DE LOS PELIGROS DEL MUNDO

Génesis 13:1-13; 19:1-26.

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Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Betel” de Homún, Yucatán; el sábado 16 de diciembre 2017, a las 19:00 horas; con motivo de la acción de gracias por XV años de la Srita. Seyli Arely May Ché, hija de los hermanos Rogelio Rodrigo May Várguez, y Arely Ché.

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   INTRODUCCIÓN: El mundo de por sí está lleno de peligros. En el internet se puede encontrar artículos con fotografías como por ejemplo: Los 50 lugares más peligrosos del mundo[1]. Estos cincuenta lugares están en distintos países del mundo; pero no vayas tan lejos, quizá aquí cerca de este pueblo también hay lugares peligrosos, ¿es así? ¿puedes pensar en uno de los lugares peligrosos que hay aquí en Homún?  Estoy seguro que puedes hacer una lista de por lo menos 10 lugares peligrosos solamente de este pueblo.   Pero, ahora quiero que sepas que cuando la biblia usa la palabra mundo, por lo general no se refiere a lugares del planeta, sino al sistema de vida moral que lleva la gente que vive en este planeta que además de llamarlo: Tierra, también le llamamos: Mundo.  La biblia, siempre presenta un mensaje de tener cuidado con el mundo, porque su estilo de vida moral es peligroso por ser pecaminoso, contrario a los valores establecidos por Dios para una vida espiritual sana que honre y glorifique a Dios. Es por eso que Dios a cada persona que Él quiere salvar de la mala influencia y peligros del mundo moral y espiritual pecador, le dice como a Lot le dijeron los ángeles de Dios: “Escapa por tu vida” (Génesis 19:17).  Es por eso que titulé el mensaje de este momento: “ESCÁPATE DE LOS PELIGROS DEL MUNDO”.

   Seyli, basado en el texto bíblico que hoy hemos leído con respecto a las decisiones, equivocaciones, e incapacidades espirituales de Lot, sobrino de Abraham, el padre de la fe, te voy a predicar que: Las realidades pecaminosas del mundo son una alerta para escapar de sus peligros morales y espirituales. / ¿Cuáles son las realidades del mundo pecaminoso que son una alerta para escapar de sus peligros morales y espirituales? / En este mensaje, específicamente te voy a compartir cuatro realidades que te deben servir de alerta para escapar de los peligros morales y espirituales pecaminosos del mundo.

   La primera realidad del mundo que es una alerta para que escapes de sus peligros morales y espirituales, es:

I.- QUE TIENEN UNA ATRACCIÓN SUTIL PARA ACERCARTE A SUS TRAMPAS.

   En la experiencia de Lot, podemos darnos cuenta de la incapacidad de nuestros sentidos para percibir los peligros, especialmente los espirituales. Cuando por la prosperidad de Lot, y por estrategia para conservar la paz entre sus empleados y los de su tío Abraham, se tuvo que separar de su tío, una de las primeras reacciones de Lot que nos relata el texto bíblico es: “Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto en la dirección de Zoar, …” (Génesis 13:10). ¿Qué tiene de malo todo lo que vio? Nada.  Su decisión al respecto para poder mantenerse estable en su granja, y responsable para pagar a sus trabajadores, fue que: Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro. / Abram acampó en la tierra de Canaán, en tanto que Lot habitó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma” (Génesis 13:11,12).  Entonces, ¿dónde está el peligro? Ahora te vas a dar cuenta. El relato dice: “Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera” (Génesis 13:13).  El peligro no estaba en la llanura en la tierra fértil y apropiada para acrecentar sus rebaños y su patrimonio. El peligro estaba en Sodoma, pero como el mundo tiene una atracción tan sutil, Lot mismo sin darse cuenta del peligro o aunque se haya dado cuenta no fue capaz de evitarlo, sino que según el versículo 12, él mismo “fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma” (Génesis 13:12).

   Te voy a compartir el caso de un vendedor quien usó el principio de la atracción sutil para poder implementar las ventas de su negocio. Se fijó en que poca gente visitaba su negocio, entonces compró algunos carros usados y los estacionó frente a la tienda. De repente creció la cantidad de clientes que lo visitaba, porque veían los carros ahí estacionados y se imaginaban que había mucha clientela – y que por eso tenía que ser un buen lugar.  Igualmente, el mundo se las ingenia para presentarnos con sutileza sus atracciones sin darnos cuenta rápidamente que su intención es conducirnos a más pecado que lo que ya hemos estado haciendo.

   Seyli, no importa que estés en un lugar que por sí mismo no es peligroso, como lo es la iglesia del Señor Jesucristo, como es tu familia que conoce el evangelio de Jesucristo, el mundo pecaminoso está tan cerca y es tan sutil para atraerte, que sin darte cuenta podrías estar dando pasos para acercarte y caer en sus peligros. Escápate de sus peligros.  La mejor manera de escapar es cerciorándote de la sutileza de sus peligros, no cuando ya estás dentro; pero si de alguna manera ya estás dentro, escapa ahora mismo.

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   La segunda realidad del mundo que es una alerta para que escapes de sus peligros morales y espirituales, es:

II.- QUE PUEDEN DESTRUIR HASTA A TU FAMILIA AUNQUE SOLO ESTÉS EN LA ORILLA.

   Lot, seguramente se dio cuenta de que “…los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera” (Génesis 13:13), y que eso representaría un gran peligro, sin embargo, “fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma” (Génesis 13:12).   Un día que Dios envió a dos de sus ángeles a visitar a Lot, la historia del caso dice que: “Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma” (Génesis 19:1).  ¿Qué hacía allí?  Era el lugar donde se relacionaba con ellos para hacer tratos de negocios con ellos.  De alguna manera, aunque parece que estaba solamente en las orillas, intencionalmente estaba involucrado en su anti cultura, aunque solamente para hacer negocios que a él le convenían para su prosperidad. Es decir, intencionalmente, poco a poco se fue acercando a donde estaba el peligro de la maldad y el pecado contra Dios.  Lot, quizá pensó como muchas personas que sienten súper capaces, que de ninguna manera lo afectarían a él, ni a su esposa, ni a sus dos hijas, pero muy pronto, Lot, aunque en realidad no estaba totalmente integrado en la ciudad de Sodoma, pues solamente vivía en las cercanías, muy pronto se pudo dar cuenta del poder destructivo del mundo que hace un lado de sus vidas a Dios de sus vidas.

   Aquel mismo día que los ángeles le visitaron, los hombres depravados de Sodoma, por la noche fueron a donde vivía Lot, no tan lejos de la entrada de aquella ciudad, e intentaron violar a los ángeles.  Lot, hizo todo lo posible por defender a sus visitantes, e irresponsablemente tuvo que ofrecer que mejor violaran a sus dos hijas antes que a los ángeles.  Afortunadamente, eso no sucedió, pero Lot mismo fue agredido por los hombres de la ciudad, teniendo que ser rescatado por los ángeles que no eran nada menos que una manifestación de Dios mismo presente en el hogar de Lot para salvarle de las consecuencias de sus malas decisiones. Lot, no tenía por qué pasar esos penosos momentos, si no hubiese tomado la decisión de acercarse intencionalmente poco a poco al mundo sodomita de maldad y pecado, que estuvo a punto de destruir a su propia familia.

   El mundo es como una familia de plantas conocidas como Sarraceniaceae, que tiene un género conocido científicamente como Sarracenia con más de 10 especies[2]; otro género conocido como Darlingtonia Califórnica, con algunas especias[3]; y otro género conocido como Heliamphora con más de 23 especies[4]. Popularmente muchas de estas especies se distinguen por su peculiar forma de jarro, por lo que también se les conoce popularmente como “plantas jarro”.  Pero muchas de estas especies de plantas tienen una característica peculiar por las que son conocidas como plantas carnívoras.  En Wikipedia, se describe que este tipo de plantas “contiene un líquido con olor dulzón en su interior, que atrae a los insectos, ellos caen en el interior de aquel vaso y no pueden salir”[5].  Más o menos, así es el mundo que una vez, te acerques a la orilla de su trampa o influencia, es posible que caigas y resbales a su interior, donde sin duda lo que va a hacer contigo es triturarte hasta destruirte, e incluso puedes exponer a tu propia familia.

   Seyli, ten cuidado a dónde te llevan tus pasos.  Cerciórate que en tu vida no camines hacia las orillas del peligro. Nunca te sientas como la chica súper poderosa que puede dominar los peligros del pecado y del mundo que lo practica y promueve.  Su poder destructor es una alerta para que no camines hacia ello.  La mejor manera de escapar de los peligros del mundo es no dando ningún solo paso hacia ello; pero en caso de que ya te hayas encaminado hacia el mundo y sus pecados, o si incluso ya estás en sus orillas, escapa ahora mismo.

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   La tercera realidad del mundo que es una alerta para que escapes de sus peligros morales y espirituales, es:

III.- QUE ACARREAN EL JUICIO DE DIOS SOBRE SUS VIDAS.

   Luego que aquellos dos ángeles que visitaron a Lot, le defendieron en su propia casa, dice el relato bíblico que: “a los hombres que estaban a la puerta de la casa hirieron con ceguera desde el menor hasta el mayor, de manera que se fatigaban buscando la puerta. / Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aquí alguno más? Yernos, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar; / porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo” (Génesis 13:11-13).  Cuando en un pecador no hay arrepentimiento, irremediablemente tal pecador tiene que ser castigado, aunque afortunadamente Dios siempre le da primeramente oportunidades de arrepentimiento.  Pero finalmente no hay arrepentimiento, nadie puede escapar del juicio que Dios determine aplicar a los que no se arrepienten.  Aquellos hombres malvados de Sodoma que quisieron violar a los ángeles, y que agredieron a Lot, fueron cegados de la vista, y en ese mismo momento los ángeles indicaron a Lot que estos hombres y su ciudad serían destruidos; y según la historia, esa misma noche perecieron por la lluvia de fuego y azufre que cayó sobre ellos y en toda su ciudad Sodoma, incluyendo a otra ciudad llamada Gomorra que tenía la misma maldad y pecaminosidad contra Dios.  Las oportunidades de arrepentimiento se habían acabado, ahora irremediablemente era el momento de recibir su merecido.

   Seyli, por ningún motivo camines hacia la maldad y pecado atractivo del mundo.  Mucho menos hagas planes de estar, aunque sea en sus orillas pensando que no pasa nada porque eres súper poderosa para tomar el control de la situación. Es probable que te darás cuenta del peligro, cuando ya es demasiado tarde.  Dios quiera que no resbales en la trampa del mundo.  Dios quiera que nunca te encuentre allí, porque debes saber que, aunque Dios perdona la iniquidad y la rebelión: “de ningún modo tendrá por inocente al culpable” (Número 14:18; cf. Nahum 1:3).

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   La cuarta realidad del mundo que es una alerta para que escapes de sus peligros morales y espirituales, es:

IV.- QUE NADIE PUEDE ESCAPAR DEL MUNDO SIN LA AYUDA DE DIOS.

   Es necesario observar en el texto bíblico que cuando los ángeles, de parte Dios, le anunciaron a Lot que iban a destruir Sodoma y que por lo tanto acabarían con aquellos malvados y pecadores, inmediatamente se puede ver la misericordia de Dios con aquellos que a pesar de haber tomado malas decisiones en la vida, tienen un corazón afligido y arrepentido para con Dios.  El texto bíblico dice: “dijeron los varones (se refiere a los ángeles) a Lot: ¿Tienes aquí alguno más? Yernos, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar; / porque vamos a destruir este lugar, …” (Génesis 19:12, 13a).  El relato dice con respecto a los que se iban a casar con sus hijas, que: pareció a sus yernos como que se burlaba” (Génesis 19:14c); y por no hacerle caso, ellos también perecieron.

   Lot, su esposa, y sus dos hijas, solamente tenían el espacio de esa misma noche para salir del área de la destrucción que los ángeles iban a ejecutar de parte de Dios.  Por más esfuerzo que ellos debieron haber hecho aquella misma noche, no tenían el suficiente corazón o valor para abandonar el lugar y seguramente muchas pertenencias para poder salvarse. La misericordia de Dios se sigue notando, no solamente en el aviso de sacar todo del lugar, sino que se ve la ayuda de Dios cuando los ángeles al ver la dificultad principalmente espiritual que ellos tenían para querer escapar, “al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad” (Génesis 19:15).  Sin embargo, las palabras de los ángeles, era insuficiente no solamente para Lot, sino también para su mujer y sus dos hijas, por lo que, según el relato: deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad. / Y cuando los hubieron llevado fuera, dijeron: Escapa por tu vida, …” (Génesis 19:16,17a).

   Seyli, según la palabra de Dios nadie es capaz por sí mismo de escapar de los peligros del mundo.  Mucho más cuando se trata de escapar de los peligros del mundo que llevan a una persona hacia la condenación eterna.  Es necesario que uno sea tomado de la mano, para ser librado del peligro o del juicio. El apóstol Pablo habla de su experiencia de ser salvado de la condenación, y recalca que no es por medio de algún ángel, sino por medio de Jesucristo el Hijo de Dios.  Este apóstol escribió a los filipenses: “…prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús” (Filipenses 3:12).  Cuando habla de ser asido por Cristo Jesús, quiere decir que primeramente tuvo que ser tomado de la mano por Cristo Jesús para para poder ser salvado.  Seyli, deja que Cristo Jesús, tome tu mano.  Si te das cuenta de que no puedes escapar tú sola de las trampas del mundo, recurre a Cristo. Él ya te está dando la mano.

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   CONCLUSIÓN: Seyli, por la gracia de Dios has cumplido quince años de vida.  Ya te habrás dado cuenta que la vida está llena de peligros.  Estoy seguro que tus padres don Rogelio y doña Arely, y otros familiares que te aman, te habrán dado consejos valiosos.  No los eches en saco roto. No los recibas por un oído y los filtres por el otro.  Mucho menos descartes el consejo de Dios que quiere evitarte complicaciones morales y espirituales a lo largo de tu vida.  Desde ahora, cerciórate si tienes malas amistades que te están llevando al peligro, pon un hasta aquí no a ellos sino a sus intenciones.  El día que un joven te quiera enamorar, ponte alerta que no te vaya a llevar al peligro.  Cualquier decisión en la vida que tengas que tomar, cerciórate que sean decisiones sabias para darle solamente a Dios la gloria. Nunca dejes que las trampas del mundo te atrapen.  Nunca dejes que los peligros del mundo te alejen de Dios.

   Muchas felicidades Seyli.  Que Dios tenga siempre misericordia de ti, y gracia para ti, por medio de su Hijo Jesucristo.

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[1] http://www.traveler.es/naturaleza/galerias/los-destinos-naturales-mas-peligrosos/627/image/29616

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Sarracenia

[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Darlingtonia_californica

[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Heliamphora

[5] https://es.wikipedia.org/wiki/Sarracenia (Sección: Descripción).

May 08

LA SUNAMITA, LA VIRTUD DE LA HOSPITALIDAD, Por: Diego Teh.

LA SUNAMITA, LA VIRTUD DE LA HOSPITALIDAD.

2 Reyes 4:8-37; Hebreos 13:2

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “Peniel” de Mérida, Yucatán; el día lunes 08 de Mayo del 2017, a las 19:00 horas; como subtema de la semana del hogar cristiano, por invitación de la sociedad femenil Marta y María.

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INTRODUCCIÓN: Si en algún lugar no hubiese una persona con corazón generoso, servicial, u hospitalario, Dios puede disponer aun de sus criaturas las aves para alimentar a cualquier persona. Cuando Dios generó una sequía en Israel en la época de Elías, Dios le dijo a este profeta: “Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. / Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer” (1 Reyes 17:3,4), y cuando Elías fue a dicho lugar “Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde” (1 Reyes 17:6a).

Pero también Dios puede disponer hasta de la persona más pobre del mundo para ser la persona responsable de alimentar a otra. En otra ocasión al mismo profeta, Dios le dijo: “Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente” (1 Reyes 17:9). Otra mujer anónima, ni Dios le dice el nombre de la viuda a Elías, ni el escritor de la historia nos dice cómo se llamó esta señora viuda. Siguiendo la historia vemos que Elías llegó al lugar y a la viuda a quien Dios le envió. Lo primero que él le pidió a la viuda fue un vaso de agua, y se lo dieron (cf. 1 Reyes 17:10); pero luego seguramente que Elías tenía hambre y pidió que le dieran pan, pero la respuesta que recibió de aquella viuda fue: “Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir” (1 Reyes 17:12). Pero Elías tenía una buena noticia de parte de Dios para aquella mujer, a quien le dijo de nuevo: “No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. / Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. / Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. / Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías” (1 Reyes 17:13-16). Dios utilizó a una mujer que solo tenía para medio comer ella y su hijo por última vez en su vida, sin embargo, obedeciendo la instrucción del profeta no dudó sino con toda fe en la palabra de Dios, lo poquísimo que tenía decidió usarlo para preparar la pequeña torta que quería comer el profeta. Luego juntos experimentaron una abundancia de materia prima para comer por muchos días. ¡Qué formas de Dios para alimentar tanto a sus siervos, como a los necesitados! ¡Extraordinario! Y qué decisión de dar hasta lo último que tiene una persona en extrema necesidad para aliviar la necesidad de otro.

En este mensaje aprenderemos de un caso similar al de la viuda de Sarepta y Elías. Se trata ahora de una mujer de la cual también no sabemos su nombre, pues en la historia bíblica que hemos leído en 2 Reyes 4:8:37 es mencionada por el autor de la narración solamente como “de Sunem” y como “mujer importante” (2 Reyes 4:8). El escritor del caso aprovecha mencionar que Elíseo en tres ocasiones se refirió a ella como “esta sunamita” o “la sunamita” (cf. 2 Reyes 4:12, 25b, 36). Solamente que los detalles de esta mujer son todo lo contrario que los de la viuda de Sarepta. Primero, la sunamita no era viuda sino casada con un viejo, que muy probablemente tenía mucho dinero; y segundo, por lo tanto, no era pobre como la sareptense sino que tenía recursos económicos suficientes. La descripción que tenemos de ella en el v. 8 que dice que era “mujer importante”, era precisamente por su estabilidad económica, sin embargo hay otras cosas como su generosidad, su servicio, su fe, su espiritualidad, su contentamiento, su carácter pacífico, su armonía matrimonial, su hospitalidad, etc… lo que la hacía con más razón ser una “mujer importante”. Pues acerca de todas estas virtudes de esta “mujer importante” lo que voy a enfatizar en este mensaje es la virtud de su hospitalidad, por eso el mensaje se titula: LA SUNAMITA, LA VIRTUD DE LA HOSPITALIDAD. Su hospitalidad a favor del profeta Eliseo según la narración consistió esencialmente en dos aspectos. El primero, en que ella “le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer” (2 Reyes 4:8b,c), y el segundo en que habló con su esposo diciéndole: “Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él” (2 Reyes 4:10), lo cual posteriormente pero pronto, ocurrió.

Basado en tal historia, les voy a predicar que una familia puede ser hospitalaria tomando en cuenta diversas consideraciones importantes. / ¿Qué consideraciones importantes se deben tomar en cuenta para ser una familia hospitalaria? / De la historia de la sunamita podemos aprender algunas de las diversas consideraciones importantes que se deben tomar en cuenta para practicar como familia la hospitalidad.

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La primera consideración importante que se debe tomar en cuenta para practicar como familia la hospitalidad es:

I.- QUE HAY PERSONAS QUE NECESITAN NUESTRA HOSPITALIDAD.

Lo que observamos en la historia es que Eliseo vivía en el monte Carmelo (2 Reyes 4:25), pero como profeta tenía que moverse frecuentemente a diversos lugares lejanos. Quizá viajaba para ministrar personas o para dar clases en alguna escuela de profetas. Al parecer muchas veces tenía como ruta obligada pasar en la ciudad de Sunem una de las ciudades poseídas por la tribu de Isacar en Israel que estaba como a 30 o 35 kilómetros al norte del Carmelo. ¿Quién se va a preocupar por alguien desconocido que solo está de paso en una ciudad? No tantas personas sino una que otra que esté convencida de la importancia de ser hospitalario con la gente. La sunamita anónima de nuestra historia bíblica se había dado cuenta del paso frecuente de Eliseo, y su corazón fue movido a ser hospitalaria, por lo que ella “le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer” (2 Reyes 4:8b).

Amados hermanos, ¿con qué frecuencia como la sunamita, usted a insistido en invitar a alguien necesitado que vaya a casa de usted a comer? En nuestro entorno hay personas que necesitan una ayuda hospitalaria de nuestra parte. Observe usted entre las personas con las que cerca de su casa se topa cada día quién necesita una comida, un vaso de agua, o hasta un día o varios días de descanso u hospedaje en su casa. Piense usted en los hermanos que vienen de los pueblos a traer a sus enfermos en algún hospital y no tienen donde quedarse a dormir, y cuando dan de alta a sus pacientes se ven obligados a llevárselos a su pueblo y devolverlos pocos días después para su control, curación, o tratamiento. Usted va a descubrir que siempre hay por lo menos una persona a quien servir hospitalariamente en nombre de Dios. Invítelos a su hogar a un rico caldo calientito, a un cafecito con panes. Eso es ser hospitalario. Talvez usted se lleve la sorpresa de que no quieren ir a casa de usted, pero insístales como la sunamita, hasta que un día usted pueda tener el privilegio de recibirles en su hogar.

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La segunda consideración importante que se debe tomar en cuenta para practicar como familia la hospitalidad es:

II.- QUE PUEDE UNIR A LA FAMILIA EN UN PROYECTO QUE VALE LA PENA.

En la historia de Josué cuando exhortó a los israelitas a que no vacilen en servir por un tiempo a Dios y en otro tiempo a ídolos paganos, leemos que les dijo: “…escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15); es evidente que estaba de acuerdo con su familia, de lo contrario no podría decir en público tales palabras, pues muy pronto lo descubrirían como mentiroso, como un líder que no tiene autoridad ni espiritual ni moral para dirigir en nombre de Dios a los israelitas que tenían la esperanza de llegar y establecerse en la tierra prometida a la que se dirigían.

En el caso de esta mujer sunamita, estando ella convencida de ser hospitalaria con aquel hombre, aunque extraño que acostumbraba pasar por la ciudad, pero que se notaba que necesitaba una ayuda humanitaria, dice el texto bíblico que: “ella dijo a su marido: …” (2 Reyes 4:9). No voy a hablar ahora de lo que le dijo a su marido, sino solamente voy a resaltar el hecho de que ella tomó en cuenta e involucró a su esposo para primero platicar con él la iniciativa que ella tenía. Como podemos observar fue un diálogo respetuoso para ponerse de acuerdo, no para que ella imponga por presión o condiciones lo que se proponía hacer. Su intención fue que unidos como familia, marido y mujer, hicieran juntos un plan para dedicar sus recursos al servicio de alguien que frecuentemente necesita un plato de comida, un lugar seguro para descansar mientras continúa, su camino. ¡Qué hermoso y satisfactorio es servir a Dios como familia en algún proyecto por los que más necesitan! No importa si se trata de un desconocido, pues para los cristianos en su instrucción al hermano llamado Gayo le dice el apóstol Juan “Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos” (3 Juan 1:5). Y esto de ponerse de acuerdo respetuosamente en la familia especialmente con el marido o en su caso con la esposa, también es importante.

El apóstol Pedro, dirigiéndose a las mujeres cristianas que son esposas, les dice: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, / considerando vuestra conducta casta y respetuosa. / Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, / sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. / Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos; / como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien, sin temer ninguna amenaza” (1 Pedro 3:1-6). La sunamita demostró una conducta apropiada al grado que ganó el apoyo de su marido (cf. 1 Pedro 3:1). Ella fue sin duda una de “aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos” (1 Pedro 3:5)

Amados hermanos, cuando observen que alguien necesita un favor de usted o de toda su familia, platiquen respetuosamente el caso con los miembros de su familia, proponiéndose ayudar en nombre de Dios. No importa hacia quien ustedes destinen su hospitalidad, es apropiado platicarlo en familia. Quizá no siempre toda la familia responderá positivamente, pero vale la pena intentarlo, porque es un deber que toda persona y toda familia cristiana debe prestar desinteresadamente en nombre de Dios a quien necesite un acto de hospitalidad.

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La tercera consideración importante que se debe tomar en cuenta para practicar como familia la hospitalidad es:

III.- QUE SE DEBE APOYAR A LOS QUE NECESITAN POR SERVIR A DIOS.

Como ya debieron haber notado en el texto bíblico, la razón principal por la que la sunamita se preocupaba en darle comida, hospedaje, y comodidades a Eliseo era porque se había dado cuenta de que se trataba de un “varón santo de Dios” (v. 9). El ministerio de todo profeta no era lucrativo como el negocio de un comerciante que genera ganancias en cada venta, sino que por lo general eran notorias las carencias de los profetas. Quizá fue eso lo que llamó la atención de la sunamita, por lo que muy pronto se cercioró que se trataba de un “varón santo de Dios” (v. 9). Eliseo antes de ser llamado por Dios para ser profeta era una persona dedicada al trabajo y no hay duda que tenía suficientes provisiones. Pero para el tiempo que la sunamita le conoció debió haberse notado en él alguna carencia. Lo único que al parecer conservaba era a uno de sus criados llamado Giezi, a quien tenía como fiel acompañante en sus incursiones proféticas, pero que ambos necesitaban cada día sus respectivos alimentos.

Nuestro mismo Salvador Jesucristo, durante su ministerio dependió por largos período de tiempo de la generosidad y hospitalidad de personas que valoraron su ministerio. San Lucas nos relata que: “Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, / y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, / Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes” (Lucas 8:1- 3). De los bienes que Dios nos da podemos destinar, aunque sea un poco, para servir a alguien que está dedicado a servir en el reino de Dios como pastor, como misionero, misionera, obrero, seminarista, etc…

Amados hermanos, en nuestro contexto les animo a tomar en cuenta por lo menos al pastor actual de ustedes, quien diferente al ministerio del antiguo profeta Eliseo, pero también siervo de Dios dedicado a ministrar personas con la palabra de Dios tanto desde el púlpito como en privado. ¿Suele usted invitarle a un desayuno, almuerzo, o cena durante los días de la semana que él está aquí con ustedes? Quizá diga usted: Si para eso le paga la iglesia. ¿Sabe usted cuánto apoyo económico le brinda esta amada y bendecida iglesia de Jesucristo, y que de esa cantidad todavía tiene que restarle el diezmo que entrega al presbiterio? ¿Cree usted que lo que le queda es lo suficiente para mantener a su familia, y al mismo tiempo dedicarse él y su familia a servir a la iglesia y aun a los que no son de la iglesia? ¿Sabe usted que quizá su familia no se aparece por acá porque cada viaje es costoso en pasajes y compra de alimentos que cuestan más que si uno lo hiciera en casa, y cada viaje disminuye lo que debería servirles para conseguir en su hogar el pan de cada día para sobrevivir? Lo que estoy tratando de decir es que no solo como iglesia, sino que usted y su familia se pueden poner de acuerdo para hacer algo más por él. Eso es hospitalidad con los siervos de Dios y sus familias.

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La cuarta consideración importante que se debe tomar en cuenta para practicar como familia la hospitalidad es:

IV.- QUE LA HOSPITALIDAD DEBE SER LO MÁS COMPLETO POSIBLE.

Llama la atención que las primeras veces, la sunamita se limitó a invitarle insistentemente que fuera a la casa de ella a comer. Luego Elíseo “cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer” (2 Reyes 4:8c), pero hasta allí.  El trato era algo así como: ‘comes y te vas’. Pero en el diálogo de la sunamita, se nota su interés de ser hospitalaria no a medias, porque analizando ella la situación se da cuenta de que tienen manera de hacer algo más que solo dar de comer a una o dos personas (ya que se incluye al criado Giezi). Ella le dice a su marido: “He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios” (2 Reyes 4:9). Ya he explicado antes de lo importante, necesario, y conveniente de apoyar a las personas que por servir a Dios tienen alguna necesidad. Ella se dio cuenta que por lo menos Eliseo el “varón santo de Dios”, necesitaba más que comida. Darle solamente comida no era ser suficientemente hospitalario con él, por lo que ella planeó la manera de ser hospitalaria con él lo más completo posible.

Así que la petición que ella hizo a su marido fue: “Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él” (2 Reyes 4:10). La cama sin duda que era necesario para descansar mientras continúa el viaje. Pero llama la atención que ella se preocupó por que haya en el aposento una mesa, una silla, y hasta un candelero. La mesa y la silla quizá le sirva para sentarse cómodamente a comer, pero es probable que durante su viaje este profeta tenía que sacar rollos de Sagradas Escrituras para ponerse a estudiar, y si tenía que hacerlo qué mejor que tener un candelero que le iluminara, que a la vez en una noche fría le podría servir de calefacción. De verdad que esta mujer tenía un gran corazón hospitalario, consciente de servir no a medias sino lo más completo posible.

Amados hermanos, cuando Dios nos ponga frente a nosotros la oportunidad, más bien el privilegio de hacer un bien a alguien ya sea conocido o aun si es desconocido; ya sea si es un hermano en la fe o si no lo es; nuestra generosidad u hospitalidad procuremos que sea completa. Si le toca a usted recibir u hospedar a un enfermo en casa, no solamente le preste su cama o hamaca, dele también de comer. No solo le dé de comer sino ofrézcase a comprarle algún medicamento. Si el enfermo tiene alguna complicación ofrézcase a llevarle al doctor. Si está en sus posibilidades, sea usted quien pague el transporte o quien ponga de su dinero el combustible necesario de su vehículo que usará para llevarle. Eso es ser hospitalario no a medias sino lo más completo posible.

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La quinta consideración importante que se debe tomar en cuenta para practicar como familia la hospitalidad es:

V.- QUE DEBE HACERSE SIN ESPERAR NINGÚN FAVOR A CAMBIO.

Generalmente las personas que reciben apoyo de otras suelen ser personas agradecidas, solamente algunas personas resultan ingratas. Elíseo y su siervo Giezi, quienes recibieron los beneficios de la hospitalidad de esta mujer y su familia se pusieron de acuerdo para agradecer y devolver de alguna manera el favor.  Giezi de parte de Eliseo le dijo a ella: “He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo” (2 Reyes 4:13).  Eliseo por su trabajo como profeta tenía como amigo al rey de Israel, al general del ejército. Tenía alguna influencia sobre ellos. Él pudo haber conseguido inmediatamente algún beneficio para ella y su marido, pero ella no quiso. Era una mujer que vivía contenta con lo que tenía, y se sentía satisfecha en servir a Eliseo e incluso a Giezi, como siervos de Dios. El que sirve no espera que le regresen el favor.

Jesús nuestro Señor, en una ocasión a una persona que le invitó a una cena, le dijo: “Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. / Mas cuando hagas banquete, flama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; / y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar” (Lucas 14:12-14b).

Amados hermanos, cuando tengan la oportunidad de invitar a comer a alguien, en vez de invitar a sus mejores amigos que es casi seguro que muy pronto le van a devolver a usted la cortesía, es mejor y es hasta bienaventurado si usted se atreve a invitar a personas que notoriamente necesitan que alguien les brinde un plato de comida, o les regale un par de zapatos, o una ropa no necesariamente nueva y aunque no sea de marca. Ellos quizá no se lo van a devolver, pero usted les habrá generado en su corazón una profunda gratitud, y usted también habrá hecho algo grandemente agradable a los ojos de Dios.

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La sexta consideración importante que se debe tomar en cuenta para practicar como familia la hospitalidad es:

VI.- QUE TODO ACTO DE HOSPITALIDAD ES TOMADO EN CUENTA POR DIOS.

Ya nos hemos dado cuenta que los muchos favores que aquella mujer hizo a favor del “varón santo de Dios” (2 Reyes 4:9), no fueron por interés alguno de por medio, pues a pesar de que le ofrecieron gestionar alguna ayuda de las más altas autoridades del reino, ella no quiso. Pero de manera extraordinaria que a nadie se nos hubiese ocurrido como manera de agradecer, Giezi observa y le comenta a Eliseo diciéndole: “He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo” (2 Reyes 4:14). Más bien le estaba sugiriendo a Elíseo que quizá si Elíseo oraba a Dios pidiendo un hijo para aquella mujer que no tenía un hijo, Dios se lo daría, y así ellos habrán hecho algo por ella.

No lo dice el texto bíblico, pero es obvio que ellos no podían tomar la decisión de prometer algo en nombre de Dios, si Dios no les había expresado su consentimiento. Entonces, Elíseo debió haber expuesto el caso a Dios en oración, y Dios le debió haber respondido que estaba de acuerdo. Así que Elíseo habló a la sunamita y le dijo: “El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva. / Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Elíseo le había dicho” (2 Reyes 4:16,17). Finalmente, quien intervino en la situación es Dios quien tomando en cuenta la desinteresada hospitalidad de aquella mujer, le recompensó con el hijo que seguramente quería y no había podido tener.

Amados hermanos, no quiero decir que en todos los casos la recompensa de ser hospitalarios es que Dios le vaya a dar más hijos a usted, pero lo que es claro es que Dios no pasa desapercibido el bien que uno hace por sus semejantes que necesitan un poco de nuestro apoyo en sus necesidades, sino que Dios recompensa el bien que uno hace por los que ahora mismo lo están necesitando. Ella fue recompensada conforme a una necesidad que tenía de ser madre. El apóstol Pablo nos recuerda también: “hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en ia obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (2 Corintios 15:58). Cada acción que uno hace en nombre de Dios en la proclamación del evangelio, compartiendo incluso con los necesitados, aunque sea un poco de los recursos económicos que Dios ha confiado en nuestras manos, es tomado en cuenta por Dios, y si alguna vez necesitamos algo, Dios intervendrá para bendecirnos con lo que necesitamos.

CONCLUSIÓN: Amados hermanos, para terminar este mensaje recuerden también las palabras apostólicas que dicen: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6:9). Recuerden también que Jesús a los que recibirá en su reino celestial y eterno les dirá: “…tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; / estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí” (Mateo 25:35,36), y refiriéndose a los hijos de Dios que hacen algo por la gente que necesita un acto de bondad, Jesús también dirá a los que somos sus discípulos hospitalarios: “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:40). Si alguien que llega a casa de usted necesita dos tacos, un vaso de agua, un techo para pasar la noche o varios días, una ropa o un par de zapatos, una pastilla o una caja de medicina, AYÚDELO, porque eso agrada a Dios. Recuerden también la observación del autor de la epístola a los Hebreos: “No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles” (Hebreos 13:2). Abraham y Lot, recibieron y hospedaron ángeles que no eran simples ángeles sino manifestaciones visibles de Dios mismo en forma de ángeles con forma de varón. Así que cuando uno es hospitalario, y uno recibe en su casa a un hambriento, a un sediento, a un forastero, a uno que le falta ropa, a uno que necesita medicina, etc… usted recibe nada menos que a Dios, tal como dijo Jesús “a mí lo hicisteis”.