Oct 07

LA DISCIPLINA DE INTEGRARSE A LA IGLESIA, Por: Diego Teh.

LA DISCIPLINA DE INTEGRARSE A LA IGLESIA

Hebreos 12:18-24.

.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 7 de octubre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

.

Este bosquejo corresponde al sermón # 12 de la serie: LAS DISCIPLINAS DEL HOMBRE PIADOSO.

.

   INTRODUCCIÓN: Para el entendimiento del mensaje de este momento es indispensable recordar, y para quien nunca ha sabido este detalle acerca de la iglesia, es que existe la iglesia invisible y la iglesia visible.  La iglesia invisible está conformada por aquellos creyentes en Jesucristo que ya se nos adelantaron en la gloria celestial y que ya no los vemos, por eso les llamamos iglesia invisible, también conocidos como iglesia triunfante; y la iglesia visible, es la que está conformada por creyentes en Jesucristo que todavía están presentes aquí en la tierra, a quienes vemos en persona, y por eso les llamamos iglesia visible, también conocidos como iglesia militante.  Sin embargo, no son dos iglesias sino una sola que comienza aquí en la tierra como iglesia visible, y continúa en los cielos como iglesia invisible. La iglesia no solamente es una, santa, y apostólica sino también es eterna.

   También tengo que hacer la observación que actualmente, aunque quizá así ha sido en otras épocas, hay un marcado mal entendimiento acerca de la importancia de tener una relación personal con Jesucristo como experiencia suficiente para la salvación, sin embargo, eso no excluye la importancia de pertenecer a la iglesia visible de Jesucristo para hacer efectiva tal experiencia suficiente de salvación, pues nadie que diga creer y se excluya de la iglesia visible es verdaderamente salvo, porque la iglesia es Cristo mismo, en la dimensión de su cuerpo, también encabezado por él mismo.  El que cree en Cristo es considerado por él como parte de su iglesia no importando en qué lugar del mundo se encuentre, y espera de este creyente que sienta que pertenece a esta iglesia universal, pero si tal persona que al parecer es creyente se excluye de la iglesia, con tal actitud está rechazando a Cristo mismo cuyo cuerpo es la iglesia, y entonces es muy probable que tal persona ni siquiera sea verdadero creyente, pues creyente a su manera no es aceptable para el Dios que creó a la iglesia para que se incorporen sus creyentes.

   En este mensaje, es mi interés animar a todas aquellas personas que, en su propia manera de entender, piensan que son verdaderos cristianos, pero no quieren nada con la iglesia en su etapa visible y militante, pero como incongruencia piensan que serán de la iglesia invisible o triunfante, pero nadie, excepto los que crean en Cristo encontrándose en estado de moribundos, y otros imposibilitados físicos, podrán ser de la iglesia invisible, celestial, triunfante y eterna si primeramente no ha formado parte de la iglesia visible o militante.  Ser parte de la iglesia no solamente en lo celestial sino también en lo terrenal y presente, es la evidencia de pertenecer a Cristo, pues el que no pertenece a Cristo no estará en la iglesia invisible y celestial; y el que pertenece a Cristo querrá con todo amor, decisión, y responsabilidad integrarse voluntariamente a la iglesia visible de su área de residencia.

   Con todos estos antecedentes, hoy les voy a predicar que hay grandiosas y sublimes bendiciones que solamente se experimentan en la iglesia visible, las cuales deben motivarnos a desear pertenecer a la iglesia visible. / ¿Cuáles son las grandiosas y sublimes bendiciones que solamente se experimentan en la iglesia visible, las cuales deben motivarnos a desear pertenecer a la iglesia visible? / Basado en nuestro texto bíblico de Hebreos 12:18-24, les voy a exponer cada una de las siete grandiosas y sublimes bendiciones que se encuentran enlistados por el redactor de estas palabras apostólicas.

.

   La primera grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

I.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A LA CIUDAD DE DIOS.

   Esta primera bendición es ampliamente explicada en el texto bíblico, por la vía de la comparación, comparando la experiencia humanamente no tan agradable para los israelitas desde su propia perspectiva, al haberse encontrado con Dios a los pies del monte Sinaí donde les fue dado los conocidísimos Diez Mandamientos.  La comparación, va así: “Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, / al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, / porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; / y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando; / sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, …” (Hebreos 12:18-22a).  Esto último que enfatiza “sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, …”, es una fuerte ilustración acerca de lo que implica pertenecer a la iglesia visible de Dios aquí en la tierra.  Pareciera que, en verdad el apóstol estuviese describiendo nada menos que el mismo cielo, sin embargo, lo que está describiendo es la misma iglesia visible de aquí en la tierra, dando a entender que no se trata de un acercamiento como cuando alguien iba a la ciudad terrenal de Jerusalén donde Dios por muchos siglos manifestó estar presente en medio de todo su pueblo el país de Israel, sino que se trata de un acercamiento “a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, …”.  Claramente, aunque lo califica como “la celestial”, no dice que se trata literalmente de estar en cielo, sino también claramente indica que estar en la iglesia terrenal y visible, se trata de un acercamiento, pues dice: “os habéis acercado”.  Desde capítulos anteriores el apóstol autor de este texto está hablando de la pertenencia a la iglesia visible.  Así se puede apreciar desde el primer versículo de este capítulo 12, aunque de manera especial también es muy notorio en los versículos 12 al 17 que está hablando de la iglesia en conexión con Jesucristo quien debe ser el centro de nuestra atención. No está hablando de Cristo sin conexión con la iglesia.

   Amado creyente en Jesucristo que no sabía u olvida el valor y la importancia de ser parte de la iglesia visible de Jesucristo, que no sabía que el integrarse a la iglesia visible de Dios aquí en la tierra es un acercamiento al mismo cielo, lugar que es descrito por el apóstol en lenguaje figurado como la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, …”.   Es un lugar que sin duda usted anhela conocer, pero ¿cómo se acercará usted a Dios, a su cielo, y a su iglesia celestial por ahora invisible, si ahora aun cuando dice creer en Jesucristo (y de verdad no dudo de ello), no es de su interés pertenecer ni siquiera a la iglesia visible de Jesucristo aquí en la tierra?  Quizá usted me va a responder, pues por medio de Jesucristo.  Sí, eso es verdad, pero la iglesia es el cuerpo de Jesucristo, es parte de Jesucristo mismo, es Jesucristo mismo presente en la vida de sus creyentes.  Si usted no está en la iglesia, es igual que decir que usted no está en Cristo, porque los que están en Cristo no menosprecian la iglesia visible porque universalmente pertenecen a ella, y localmente de manera voluntaria se unen a ella porque entienden que pertenecen a ella.

.

   La segunda grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

II.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A LOS ÁNGELES.

   Siguiendo la conexión con la frase: “os habéis acercado”, el apóstol que escribió a los hebreos añade un segundo objetivo de acercamiento, diciendo que es (véanlo a partir de la segunda mitad del versículo 22) “a la compañía de muchos millares de ángeles” (Hebreos 12:22b). ¿Tantos ángeles habrá en el cielo?  Cuando el profeta Daniel tuvo una visión acerca de Dios, le identificó como un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. / Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él” (Daniel 7:9,10).  Estos seres que le servían no eran humanos, sino ángeles, y su cantidad es descrita primero por “millares de millares” pero no pocos sino muchos “millares de millares”, y luego es descrita su cantidad por “millones de millones”.  El apóstol a los hebreos usa los mismos términos para referirse a la presencia de estos aquí en la tierra cuando junto con Dios intervienen en algún evento trascendente.  ¿Qué tan importante será que nos acerquemos a ellos?  Ellos hacen lo mismo que nosotros deberíamos estar haciendo.  En la visión de Daniel, él descubrió que todos aquellos “millones de millones”, que “asistían delante de” Dios, “le servían”.  Ese es su distintivo perfecto, que nosotros todavía no alcanzamos aquí en la tierra, ni en la iglesia, y menos fuera del cobijo de la iglesia.  Conocerlo a ellos, será unirnos a ellos quienes también son nuestros celestiales consiervos en el servicio a Dios.

   Hay diversos relatos bíblicos que nos indican cómo ellos sirven a Dios, y nos ha sido dado a conocer para saber que un día seremos como ellos, excelentes siervos junto con ellos. El mismo apóstol a los hebreos en una pregunta a la vez afirmativa dice con respecto a los ángeles: son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación” (Hebreos 1:14).  O sea, que nos ayudan a nosotros los cristianos, y por ello vale la pena encontrarnos con ellos para conocerles bien allá en los cielos.

   En las palabras con las que Moisés bendijo a los israelitas en una ocasión cercana a los días de su muerte, él no usó la bendición Aarónica o sacerdotal que ya se usaba en ese tiempo, porque a él no le correspondía usar tales palabras de bendición, sino que usó una bendición propia con un estilo poético, en el que se incluye información que nos conviene saber acerca de los ángeles. En las primeras palabras de esta larguísima bendición, primero se refiere a la ocasión cuando Dios vino al monte Sinaí a entregarle a Moisés los Diez Mandamientos, y dice acerca de Dios: “Y vino de entre diez millares de santos, con la ley de fuego a su mano derecha” (Deuteronomio 33:2).  Lo primero que se resalta en esta descripción es que Dios no tiene solamente dos o tres de ellos, sino millares, pero tampoco son solamente dos, o tres, o cuatro, o cinco millares, pues solamente en esta descripción Moisés nos habla de “diez millares” de ellos.  Lo segundo que se resalta en la descripción de Moisés es que estos ángeles son considerados “santos”, el estado integral al que nosotros también aspiramos.  Observen también cómo estos ángeles no están ajenos a los eventos terrenales en los que Dios toma participación de manera directa. Han estado interesados por el bien del ser humano, pero no siempre son perceptibles al ojo humano a menos que ellos se hagan visibles tomando alguna forma generalmente con apariencia humana.

   Cuando el rey y salmista David expresa un cántico en el que resalta que el Dios que se manifestó en el Sinaí, sigue a los israelitas donde sea que se encuentre el tabernáculo o por lo menos el Arca del Pacto que David tuvo el honor de rescatar y transportar a la ciudad de Jerusalén, él dijo: “Los carros de Dios se cuentan por veintenas de millares de millares; el Señor viene del Sinaí a su santuario” (Salmo 68:17).  No eran literalmente “carros” o carretas, y aunque fuesen literalmente “carros” no son carros sin piloto que se conducían solos, y tampoco eran conducidos por seres humanos sino por ángeles.  En el Sinaí vinieron al parecer solo unos “diez millares” de ángeles (cf. Deuteronomio 33:2), pero en esta procesión de traslado del Arca del Pacto, que David presidió unos 500 años después de haberse creado el Arca de Pacto que originalmente estuvo en el tabernáculo, estuvieron nada menos que al parecer varios grupos de “veintenas de millares de millares”, quizá una centena o algún millón de ellos.  Debe ser para ellos un honor acompañar a Dios, e incluso venir a la tierra a servirnos por instrucciones de Dios.

   Amados creyentes en Cristo el Salvador y creador de la iglesia, ahora que pertenecemos a la iglesia de Dios, nos estamos acercando a ellos.  Es verdad, ellos no serán lo más relevante que conoceremos allá en los cielos, sino Dios y su Santo Hijo Jesucristo, pero ellos serán parte de nuestra nueva confraternidad de santos con los que serviremos a Dios por la eternidad.  No solamente nosotros estamos enfocados en Dios, sino “millones de millones” de ángeles también están enfocados en Dios. ¿Esto no te motiva también a enfocarte en servir a Dios en su iglesia visible, sabiendo que es solamente por medio de su iglesia que uno se acerca a Dios, a los cielos, y a los santos ángeles?

.

   La tercera grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a la iglesia visible, es:

III.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A LOS QUE YA ESTÁN EN LOS CIELOS.

   Ahora, pasando al versículo 23 el apóstol nos sigue sorprendiendo de que nos hemos acercado, ¿a quiénes?  a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos” (Hebreos 12:23a). Esta descripción expresada por el apóstol es una referencia nada menos a los creyentes en Jesucristo que antes pertenecieron a la iglesia visible, y que ahora están “en los cielos”.  Son una “congregación”, que sin duda sin los problemas terrenales que tienen las congregaciones de creyentes en las iglesias aquí en la tierra. Son llamados “primogénitos”, lo cual no quiere decir que solo son los primeros hijos de cada matrimonio, sino es una referencia de que ellos son los primeros que tuvieron el privilegio de entrar a los cielos, antes del gran día del regreso de Jesucristo cuando no quedará ni uno solo aquí en la tierra que habiendo creído no vaya a entrar en los cielos.  Ya están allí “en los cielos”, mientras en la iglesia visible, por medio de Cristo, nos estamos acercando a ellos.  El día de nuestro encuentro y reunión con ellos cada vez está más cercano, lo cual puede darse ya sea con nuestra muerte o con la venida de Cristo; lo que ocurra primero.  Cualquiera de estos dos eventos que ocurra primero, garantiza nuestro encuentro con “la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos”.  Ellos son nuestros hermanos que nos precedieron en entrar al cielo de Dios.  Primero estuvieron en la iglesia visible de aquí en la tierra, y luego pasaron a la iglesia invisible.  Pasaron por el mismo proceso en el que todo aquel que es creyente en Jesucristo debe de pasar.  Nosotros estamos en ese proceso, y también estamos yendo hacia ellos.  Son nuestros hermanos.  Ellos nos están esperando allí.  Entre ellos incluso tendremos el privilegio de ver y tener junto a nosotros a nuestros seres queridos que como nosotros fueron fieles creyentes en Cristo.

   Amados creyentes en Jesús el Hijo de Dios, es solamente estando en la iglesia visible de Jesucristo que nos acercamos a ellos con los creyentes que están en la iglesia invisible en la eternidad, pues estando fuera de la iglesia visible nadie se acerca a estos hermanos que se han ido primero a los cielos.  Quizá usted ahora no está tan emocionado de encontrarlos de nuevo a ellos, porque cuando usted conoció a quizá a muchos o quizá solo a algunos de ellos aquí en la tierra los conoció como pecadores que no satisficieron los ideales de carácter que usted esperaba ver en ellos, pero habiendo ellos también creído en Cristo, ahora ya están en los cielos, por lo que encontrarlos en los cielos será una de las experiencias grandemente agradables que tendremos por toda la eternidad.  Por eso, vale la pena y es necesario pertenecer ahora a la iglesia visible aquí en la tierra, pues solo perteneciendo a la iglesia, que es el cuerpo de Cristo, nos acercamos a ellos.  Obviamente, ellos no son lo más importante que encontraremos, pero ellos serán parte de los grandiosos y sublimes beneficios que disfrutaremos los que no menospreciamos la utilidad de la iglesia que Dios diseñó para la función de preservarnos en la fe.

.

   La cuarta grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

IV.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A DIOS “EL JUEZ DE TODOS”.

   Ahora observemos la segunda parte del versículo 23, que siempre se conecta con la frase “os habéis acercado” que se mencionó desde el versículo 22.  Su sentido completo realmente es: “os habéis acercado […] a Dios el Juez de todos” (Hebreos 12:22a, 23b).  Por la naturaleza del desarrollo de este mensaje, no voy a tratar acerca del derecho de Dios de ser “Juez de todos”, sino solamente al énfasis de que cada vez nos estamos acercando “a Dios”.  Es verdad que Cristo es quien nos acerca a Dios por la virtud de su sacrificio que fue perfecto y aceptado por Dios como suficiente.  Es a esto que se refiere el apóstol Pedro cuando dice de Cristo, que: “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (2 Pedro 3:18a).

   Pero, también es verdad que siendo Cristo el que nos lleva a Dios, creó su propia iglesia en la cual desea que todos estemos integrados, “para llevarnos a Dios”.  Es toda la iglesia que es llevada a Dios.  Es verdad que los que mueren antes que Cristo vuelva, estos, se van de manera individual a presentarse delante de la eterna presencia de Dios, pero el día que Jesús volverá, no volverá solamente por un grupito de su iglesia, sino que vendrá por todos.  Cristo vendrá por las personas que pertenecen a su iglesia, para entonces llevarnos definitivamente a la presencia eterna de Dios.  Es por eso, que cuando llegue el momento del regreso de Cristo, explica el apóstol Pablo que: Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:17).  Estos: “nosotros los que vivimos”, se refiere a los que están integrados a la iglesia por ser de Cristo, no a los que están fuera de ella, porque no se puede ser de Cristo y estar fuera de la única iglesia, pues no hay dos iglesias, ni autorización para ser un cristiano sin iglesia.

   Amados creyentes en nuestro Señor y Salvador Jesucristo, es por medio de Cristo y perteneciendo a su iglesia visible que una persona se dirige a Dios.  En la iglesia, siempre en Cristo, nos acercamos a Dios.  ¿No es esto también una motivación para integrarse a la iglesia visible? pues dice el apóstol Pablo a los Efesios que todo lo que Cristo ha estado haciendo por su iglesia visible aquí en la tierra es “a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:27).  ¿A quién va a presentar Cristo a sí mismo para que sea una iglesia gloriosa?  A la iglesia actual que todavía no es gloriosa, pero es a la iglesia, no a personas individuales que nunca se integraron a la iglesia.

.

   La quinta grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

V.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A LA IGLESIA TRIUNFANTE.

   Ya les he estado hablando acerca de la iglesia triunfante prácticamente desde el comienzo de este mensaje, y aunque no lo enfaticé cuando les expliqué acerca de la bendición de estarnos acercando con “la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos”, o sea, los que se nos adelantaron, ellos ya son la iglesia triunfante, para empezar porque ya están “en los cielos”.  Pero, hay algo más por el cual son triunfantes, y es porque el apóstol dice de ellos que son: … los espíritus de los justos hechos perfectos” (Hebreos 12:23c).  Estos llamados “espíritus de los justos”, son los mismos a quienes antes ha descrito antes como “primogénitos”, pero en esta descripción dice que estos “espíritus de los justos” son “hechos perfectos”.  Estos es lo que esencialmente les hace triunfantes, y es hacia ellos de quienes dice también que “os habéis acercado” (Hebreos 12:22a).

   Aunque la iglesia visible y militante, por haber creído en Cristo, estamos siendo restaurados a la imagen de Cristo para ser como Cristo, dice también el apóstol Pablo acerca de los que creemos en Cristo, que Dios “a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29).  Esta realidad está ocurriendo en nosotros poco a poco a cada día, pero mientras estemos aquí en la tierra, y aunque estemos en la parte visible de la iglesia, no recibimos una perfección absoluta.  Eso ocurre solamente cuando una persona que es creyente en Jesucristo llega a los cielos de la eternidad.  Es allí que se hace absoluta su perfección, y se integra a la iglesia triunfante y perfecta.  Es a esta perfección que se refiere el apóstol Juan en la revelación que recibió de su visión del cielo cuando de los creyentes que ya están allí dice: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4).  Esto es, nada menos que la perfección ideal que tanto nos hace falta aquí en la tierra.  Ellos ya lo tienen, ahora nosotros la iglesia visible, y solo la iglesia visible, también vamos para allá, igualmente para ser “hechos perfectos”.  Nadie que no pertenezca a la iglesia visible irá para allá para ser “hecho perfecto”.

   Amados creyentes en Cristo, por afirmación de estas palabras del apóstol a los hebreos, así como del apóstol Pablo, nosotros los creyentes actuales nos hemos acercado y nos seguimos acercando al beneficio de ser “hechos perfectos” en la iglesia triunfante que está en los cielos.  Pero, este beneficio es solamente para quienes ya pertenecen a la iglesia visible y militante aquí en la tierra. ¿No es esto una motivación para ser un creyente interesado en integrarse a la iglesia visible, del cual esta iglesia donde usted escucha este mensaje, es parte del sector visible de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo?  Si alguien ha estado pensando que ser cristiano es solamente creer en Cristo, y vivir su fe separado de la iglesia, está en un error.  El que cree en Cristo, también se une a la iglesia visible.

.

   La sexta grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

VI.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A JESÚS EL MEDIADOR.

    Es tan real que Jesús el Mediador está con nosotros y en nosotros.  Está en y con toda la iglesia, pero también está en el corazón de cada creyente que forma parte de su iglesia; sin embargo, Jesús para nuestra plena percepción acerca de él, solamente será en la eternidad allá en los cielos.  Es por eso que el apóstol a los hebreos, igual nos indica que “os habéis acercado […], a Jesús el Mediador del nuevo pacto” (Hebreos 12:22a, 24a).

   En esta tierra, aunque estamos en la iglesia, lo único que está ocurriendo es que la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, hace que la presencia de Jesús, así como del mismo Padre celestial esté en y con nosotros.  Cada una de las personas divinas, Padre, Hijo, y Espíritu Santo son un solo Dios, y no pueden ser divididas por nada, sino no serían un solo Dios, serían dos o hasta tres Dioses, pero la realidad es que juntas sus tres personas, son un solo Dios.  Esto explica que por haber creído en Cristo, el Espíritu Santo comenzó a morar en nuestra vida, y por lo tanto siendo parte de un Dios indivisible, Jesús también está en nuestra vida, el Padre también está en nuestra vida.  Es tan real, pero estamos limitados a no percibir toda su naturaleza.  Esta percepción absoluta, solamente será posible cuando termine nuestra función aquí en la iglesia visible, y pasemos a la iglesia invisible y triunfante en los cielos.  Mientras tanto, nos estamos acercando a Jesús el Mediador.

   Amados creyentes en Jesucristo, vuelvo a repetir la misma pregunta: ¿No es esto una motivación para que anhelemos pertenecer a la iglesia actual y visible de Jesucristo, en el cual juntos nos vamos acercando a la completa percepción sensible y visual de la persona y ser de Jesús el Mediador, quien también dio su vida por nosotros, y al mismo tiempo nos salvó?

.

   La séptima grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

VII.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS AL PERDÓN EN CRISTO.

   Como último detalle a observar en el texto bíblico que estamos analizando, es que el apóstol a los hebreos afirma a los creyentes que: “os habéis acercado […], a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:24b). ¿Qué querrá decir estas palabras que comparan la sangre de Jesucristo, con la sangre de Abel derramada por haber sido asesinado aquí en la tierra por su hermano Caín?  El apóstol dice que la sangre de Jesús “habla mejor”. ¿Qué es esto de que la sangre habla, y que tanto la de Abel como la de Jesús hablan?  Cuando Caín hubo matado a su hermano Abel, Dios habló a Caín y le dijo: “La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Génesis 4:10).  Esta voz o este clamar (o clamor) al que Dios se refiere, y que Dios la adjudica a la sangre de Abel, es la necesidad natural de justicia por alguien que ha sido víctima de haberle sido quitada la vida por otra persona con premeditación, alevosía, y ventaja que no tenía el derecho de hacerlo.  Eso es lo que hablaba delante de Dios la sangre de Abel.

  Pero, la sangre de Jesús derramada, que el apóstol describe también como “rociada”, cuando dice que “habla mejor”, es porque Jesús no está reclamando justicia a su favor, sino está pidiendo a su Padre celestial que los que creamos en él, recibamos el perdón de nuestros pecados, la santificación de nuestra vida, la limpieza de toda mancha de pecado que nos afecta para mal en nuestra vida.  Es esto que afirma el apóstol Juan en su primera epístola universal cuando con respecto a Dios el Padre y su Hijo, dice: “y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7b).  Esto, se hace una realidad cuando confesamos nuestros pecados, pero lo tenemos qué confesar todos los días, y cuántas veces sea necesario y posible, porque una y otra vez vamos a necesitar en nuestra vida los efectos perdonadores de la sangre de Cristo.  La sangre de Cristo, “habla mejor” para rogar con garantía nuestro perdón.  Este perdón cotidiano que necesitamos se da al mismo tiempo que estamos unidos a la iglesia.  No es la iglesia la que perdona, sino Cristo, pero Cristo perdona a los mismos que por él se han integrado a la iglesia.  Así que la iglesia visible es el mejor lugar a donde podemos acudir en busca y procuración del perdón de Dios por la sangre de su Hijo Jesucristo que “habla mejor”.   Aquí en la iglesia nos hemos acercado […], a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:24b).

   Amado creyente en Jesucristo, fuera de la comunión de la iglesia visible y militante de Jesucristo, no hay perdón de pecados.  Usted no encontrará perdón de pecados en el estadio deportivo cuando evade pertenecer a la iglesia, porque todo el personal y asistentes del estadio no son el cuerpo de Cristo, no lo encontrará en los clubes de altruismo en el que usted quiera canalizar toda su notable bondad, pues los clubes no son el cuerpo de Cristo.  Solamente en la iglesia, uno se acerca a “la sangre” que otorga el perdón de Dios.  Y usted necesita del perdón de Dios una y otra vez.

.

   CONCLUSIÓN: Amado hermano, creyente en Jesucristo, voy a concluir, invitándole a que se una formalmente a esta amada iglesia de Cristo, pero ya, ahora, no lo piense más.  Que el día de hoy sea el comienzo de una integración formal de usted a la iglesia visible de Cristo.  Asista fielmente, y tan pronto haya oportunidad de integrarse a la clase de membresía o catecúmenos de la iglesia, intégrese también a esa clase.  La iglesia no fue un invento de los misioneros que llegaron a nuestro país hace 146 años en 1872.  No fue invento del misionero Maxwell Phillips que llegó a Yucatán en 1886 hace 132 años a establecer la primera iglesia evangélica y presbiteriana de esta ciudad de Mérida y de toda la Península de Yucatán.  La iglesia fue creada por Dios, establecida por su Hijo Jesucristo para que por su propio Hijo seamos conducidos a todos los beneficios presentes y venideros que Dios de su pura gracia decidió darnos para gozar de Él para siempre

   Dios quiera que, a partir de ahora, usted ame pertenecer a la iglesia visible de Cristo. ¿Nos estaremos viendo aquí de manera regular, constante, y perseverante en esta iglesia local de la iglesia visible y militante, que a la vez pertenece a la iglesia universal?  Usted tiene tantos incentivos para integrarse a la santa iglesia de Cristo Jesús.

Ago 12

MIRA AL LADO, TIENES UNA IGLESIA, Por: Diego Teh.

MIRA AL LADO, TIENES UNA IGLESIA.

.

 Colosenses 3:5-17.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 12 de agosto 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

.

Este bosquejo corresponde al sermón # 07 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

.

   INTRODUCCIÓN: Tenemos una iglesia disponible.  No me refiero al edificio donde nos reunimos. Al edificio se le llama templo.  La iglesia son las personas que han sido llamadas por Dios para creer en Jesucristo y consagrar su vida a él para un servicio de por vida.  Cuando alguien dice que va al templo, lo que quiere decir es que va al templo, al edificio.  Pero, cuando decimos que vamos a la iglesia, aunque hay quienes todavía así lo entiendan, podría ser no necesariamente en el templo, sino en cualquier otro lugar donde pudieron haber acordado reunirse.  Por ejemplo, algunas veces nos reunimos en casas previendo que haya espacio para todos los que tengas que acudir.  Nos hemos reunido en locales amplios donde luego es apropiado llevar a cabo una convivencia con mesas para disfrutar juntos un refrigerio.  También hemos tenido la oportunidad de reunirnos en un estadio deportivo.  Aunque estos lugares no son templos, los cristianos que allí se reunieron son la iglesia.  Por otra parte, no se necesita un gran número de personas para conformar una iglesia, pues donde sea que se congreguen dos o más personas creyentes en Jesucristo con el fin de adorar a Dios, ellos son iglesia.  Hoy, los que estamos aquí reunidos, no deberíamos tener ninguna duda de que somos la iglesia de nuestro Señor Jesucristo.  Usted está en la iglesia.  Usted no está como en un club, como en un mercado, o como en su tienda o súper preferido, donde usted no tiene interacción con todos los que allí casualmente se encuentren. Pero, la iglesia no es así, usted tiene que estar plenamente consciente que no está solo, sino que hay otros como usted que necesitan de su ayuda, y que hay otros como usted que le pueden ayudar, y tenemos que estar en permanente interacción con ellos.   Los que están siguiendo los sermones de esta serie, podrán recordar que les he compartido acerca de mirar arriba: a Dios; de mirar atrás: a Cristo en la cruz; y hoy nos corresponde mirar a lado: a los hermanos que nos acompañan en nuestro viaje de fe a la patria celestial, a la iglesia llamada de entre los perdidos y condenados para que en Cristo recibamos salvación, la cual ya hemos recibido.

   El texto bíblico que hoy hemos leído, nos presenta a creyentes en Cristo, debidamente integrados a la iglesia no solo universal sino también local, de Cristo, interactuando con otros creyentes.  Basado en ello, les voy a predicar que el creyente que pertenece a Cristo y por ello a Su iglesia, necesariamente debe ejercer permanentemente interacciones dignas de la vida cristiana con los demás creyentes. / ¿Cuáles son las interacciones dignas de la vida cristiana que permanentemente el creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes? / Siguiendo las palabras de nuestro texto bíblico, les presentaré algunas de estas interacciones, valga la pena aclarar, no ocasionales sino permanentes y dignas de la vida cristiana que el creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes.

.

   La primera interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

I.- RESPETARNOS MUTUAMENTE POR NUESTRA UNIÓN CON CRISTO.

   El apóstol Pablo, dando por hecho que se estaba dirigiendo a personas que ya habían renunciado a su vida despiadada resultante de no tomar en cuenta a Dios, y que ahora tras haber creído en el evangelio de Jesucristo, sus vidas estaban siendo transformadas por Dios mismo, les dice que él espera que ellos manifiesten una mejor manera de tratar a todas las personas, comenzando con las que ahora son su nueva familia, los creyentes que son la iglesia.  Les dice: “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. / No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, / y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, / donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos” (Colosenses 3:8-11).  Todas las cosas que les dice que tienen que dejar, como la ira, el enojo, la malicia, la blasfemia, las palabras deshonestas, todas ellas tienen qué ver tanto con acciones como también con la manera de hablar al dirigirse a otras personas.

   De manera particular les enfatiza: “No mintáis los unos a los otros” (v. 9), Así lo hacían cuando sus vidas eran ajenas a Dios, pero ahora que son de Cristo, ya no deben hablar así.  Su vocabulario debe ser respetuoso para con todos.  Cuando dice: “los unos a los otros”, en este contexto se refiere al conjunto de creyentes que se reúnen en la iglesia.  La razón de no mentirles, ni agraviarlos con cualquier otro tipo de malas palabras, es que ahora, especialmente para los que están en la iglesia “Cristo es el todo, y en todos” (v. 11).  Cristo, “en todos” los que están en la iglesia, está presente.  Él está unido a nosotros, pero más bien por virtud de nuestra acción de fe en él, todos nosotros estamos unidos a él, y si él está en todos nosotros, entonces nosotros formamos su cuerpo, porque la iglesia es el cuerpo de Cristo, y por eso todos merecen ser respetados primeramente por todos los que formamos parte de ella.  Yo soy responsable de respetar a los demás, a ustedes.  Cada uno es responsable de respetar a todos.  Todos nos respetamos porque estamos unidos Cristo, quien está restaurando en todos nosotros la imagen de Dios que fue puesta en nosotros desde el principio de la creación.  Si antes, no éramos respetuosos, se entiende, porque estamos sin tomar en cuenta a Dios, pero ahora que en su Hijo Jesucristo le tomamos en cuenta, ya estamos siendo restaurados para dejar de ser irrespetuosos.

   Amados hermanos, tenemos una iglesia compuesta de personas a quienes Dios mismo en Cristo nos está restaurando conforme a Su imagen.  No es poca cosa. En nuestro trato o interacción con los demás creyentes como nosotros, hagámoslo lleno de respeto porque todos estamos unidos a Cristo.

 .

   La segunda interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

II.- TRATARNOS MUTUAMENTE CON EL CARÁCTER DE CRISTO.

   Pero, ahora que dejamos las cosas que nos complacía hacer cuando estábamos sin tomar en cuenta a Dios, ahora que tenemos que dejar que el revestimiento que Dios está haciendo en nosotros sea lo que moldee nuestra mejor manera de ser, ¿qué es lo que tenemos que hacer? ¿con qué vamos a reemplazar el mal carácter que antes nos distinguía?  El apóstol Pablo nos tiene la respuesta cuando dice a los Colosenses: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; / soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. / Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:12-14).  La lista de reemplazos que menciona el apóstol es básica porque eso no es todo, pero baste como ejemplo que nuestra nueva conducta espiritual por pertenecer a Cristo debe ser (1) de entrañable misericordia, (2) de misericordia, (3) de benignidad, (4) de humildad, (5) de paciencia” (v. 12).  Además, añade: (6) soportándoos unos a otros, y (7) perdonándoos unos a otros” (v. 13a).   Pero, la clave más importante de todo es lo que Pablo dice que “es el vínculo perfecto”, y se refiere con ello al (8) amor”, diciendo: “Y sobre todas estas cosas vestíos de amor” (v. 14).  Pero, todas estas cualidades de carácter son un recordatorio del carácter de Cristo que utilizó y sigue utilizando en su trato con nosotros y con todo aquel que se vincule con él por medio de la fe en su persona y obra.  Por eso, en su expresión san Pablo dice: “De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (v. 13b).  En nuestra interacción con los demás debemos tratarnos mutuamente con el carácter de Cristo.

   Especialmente en el versículo13, con respecto a la necesidad de soportar y perdonar a los creyentes que por alguna razón nos llegasen a causar algún agravio, el apóstol Pablo en dos ocasiones enfatiza la frase: “unos a otros”.  Si llegase a ser necesario, hay que soportarse “unos a otros”, hay que perdonarse “unos a otros”.  Estos “unos a otros”, no es una referencia a una relación de cristianos por una parte y de no cristianos por otra parte; sino que se trata de la relación entre un cristiano y los demás cristianos.  En otras palabras, se trata de la relación interna de todos los de la iglesia.  San Pablo es realista.  En los mismos que reconoce “como escogidos de Dios, santos y amados” (v. 12), no descarta que como todavía estamos en proceso de santificación, alguien, y ese podría ser yo, o podría ser usted, o podría ser un tercero, Dios nos libre, podríamos ser causa de ofensa o agravio a algún creyente.  En estos casos, somos responsabilizados a comprender por qué otros actúan equivocadamente o intencionalmente con malicia.  De todas maneras, si quien comete una falta no es un falso disfrazado de cristiano, sino que es un cristiano, ese tiene que ser soportado y perdonado.  Es nuestro hermano.  Esa persona es de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo.  Hay que tratarlo con el carácter de Cristo que se está formando en nosotros.

.

  La tercera interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

III.- ENSEÑARNOS MUTUAMENTE CON LA PALABRA DE CRISTO.

   Es verdad que ahora estamos dejando lo que fue nuestra manera de vivir cuando no tomábamos en cuenta a Dios.  También es verdad que ahora que hemos creído en Cristo, su carácter se está formando en nosotros, y por ello podemos tener una mejor interacción con cristianos y no cristianos. Pero, ¿qué tenemos qué hacer para que este proceso de perfeccionamiento siga creciendo en nosotros?  Queremos dejar de hacer intencionalmente todo lo que es incorrecto y pecaminoso que antes hacíamos.  Queremos que el carácter de Cristo se implante en nosotros, y ser semejantes a él en palabra y conducta.  Pero, ¿cómo lograrlo?  Es verdad que Dios está transformando nuestra vida, eliminando nuestra entrega premeditada al pecado, e implantando en nosotros su carácter divino manifestado en su santo Hijo, pero el apóstol Pablo tiene una instrucción más que dice: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. / Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:16-17).  “La palabra de Cristo” es la clave mis amados hermanos.

   Un detalle relevante de esta instrucción apostólica acerca de “la palabra de Cristo”, es que “more en abundancia”.  ¿Es abundancia cuando una iglesia ofrece solamente 45 minutos de clase a la semana, y cuando una iglesia solamente quiere escuchar 20 minutos de predicación?  Creo que ni siquiera se puede decir que la palabra “mora”, porque para que se diga que algo “mora”, es que allí está todo el tiempo, no por temporadas y con vacaciones.  Pero, entre nosotros la palabra Cristo, debe morar.  ¿Qué es lo que cada quien debe hacer en este caso?  La instrucción primeramente dice: “enseñándoos y exhortándoos unos a otros” (v.16).  En nuestra interacción con los demás creyentes deberíamos enseñarnos mutuamente la palabra de Cristo.  Deberíamos mutuamente no tirarnos pedradas o indirectas, sino exhortarnos con la palabra de Cristo para corregirnos mutuamente cuando nos equivocamos o pecamos deliberadamente, para animarnos cuando el ánimo de algún hermano en la fe comienza a desmayar. Vale la pena hablar la palabra de Cristo en nuestras conversaciones unos con otros, que cualquier otra vana conversación.   Obviamente la palabra de Cristo, y toda palabra de Dios en general puede ser enseñada no solamente por hábiles maestros que la enseñan con destreza porque ese el don que han recibido de Dios, sino también a falta del don de la enseñanza también se puede enseñar con el don del canto, como igualmente instruye el apóstol Pablo, al decir: “cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (v. 16).  Pero, igual, sin el don de la enseñanza, y hasta sin el don del canto, también se puede enseñar la palabra de Cristo, con el don de la conversación que todos sin excepción sabemos hacer.  En nuestra interacción con otros creyentes, necesariamente debemos enseñarnos mutuamente la palabra de Cristo.

.

   CONCLUSIÓN:    Amados hermanos, si queremos tener una vida centrada en el evangelio, Cristo no puede estar fuera de nuestra vida.  De hecho, él tiene que ser el centro, sino no podríamos ser cristianos, sino nuestro fundamento no será el evangelio de Dios. Una vida centrada en el evangelio implica que al mismo tiempo que pertenecemos a Cristo también pertenecemos a su iglesia que es su cuerpo, a través de la cual interactuamos con otros cristianos que también pertenecen a la iglesia.  En esa interacción, no olvidemos que necesariamente debemos:

I.- RESPETARNOS MUTUAMENTE POR NUESTRA UNIÓN CON CRISTO.

II.- TRATARNOS MUTUAMENTE CON EL CARÁCTER DE CRISTO.

III.- ENSEÑARNOS MUTUAMENTE CON LA PALABRA DE CRISTO.

   En verdad, es un privilegio contar con una iglesia aun si esta iglesia no tuviese un templo donde reunirse.  Lo que más vale es la iglesia porque es el conjunto de personas compradas a precio de la sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Abr 01

SI JESÚS NO HUBIESE RESUCITADO, Por: Diego Teh.

SI JESÚS NO HUBIESE RESUCITADO

1 Corintios 15

.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del DOMINGO DE RESURRECCIÓN, 1 de abril 2018, a las 18:00 horas, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

.

   INTRODUCCIÓN: La resurrección de Jesús fue el sello de garantía de que él triunfó sobre la muerte y su poder de retener para siempre a todo ser humano mortal; pues a Jesús no pudo retenerle.  También su resurrección garantiza que él triunfó sobre el mismo diablo quien siempre quiso ser como Dios y ocupar su trono en el cielo, pero que no le correspondía. Sobre esto, dice el apóstol Juan en su primera epístola: “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:7).  Y así podemos hacer una larga lista de garantías que, por haber Jesús resucitado, aseguran beneficios para nosotros los seres humanos.

   Pero, ¿qué hubiese pasado si Jesús no hubiese resucitado?  En el mensaje de este momento me propongo responder esta pregunta imaginaria, porque en realidad según los evangelios de la Biblia, Jesús sí resucitó.  Pero, para responder a la pregunta que he formulado, lo haré usando los versículos del texto bíblico que hoy hemos leído en la primera epístola del apóstol San Pablo a los Corintios, capítulo 15.

   Específicamente, me propongo predicarles que: si Jesús no hubiese resucitado, habría realidades de la fe cristiana que nunca serían un beneficio. / ¿Cuáles serían las realidades de la fe cristiana que nunca serían un beneficio, si Jesús no hubiese resucitado? / Según nuestro texto bíblico, algunas de las realidades de la fe cristiana que nunca serían un beneficio, son las siguientes:

.

   La primera realidad de la fe cristiana que nunca sería un beneficio, si Jesús no hubiese resucitado, es:

I.- LA RESURRECCIÓN QUE AHORA ESPERAMOS.

   El apóstol Pablo, argumentando que todo discípulo de Jesús debe creer que también será resucitado algún día determinado por Dios, por la virtud de que Jesús no quedó muerto en la sepultura, sino que resucitó.  Por eso, exhorta a los discípulos o cristianos de Corinto, diciéndoles: “Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? / Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó” (1 Corintios 15:12,13).  Pero el énfasis del apóstol es asegurar que Cristo sí resucitó, entonces por ello sí habrá resurrección de seres humanos.

   Amados hermanos, es gracias a la resurrección de Jesucristo que tanto en los evangelios, como en las epístolas apostólicas se nos dice que los creyentes un día seremos resucitados. Si Jesús no hubiese resucitado, la realidad de la resurrección que ahora esperamos, no sería un beneficio.  El ser humano que Dios salva, no es solamente salvado a medias, solamente su alma, sino también su cuerpo que temporalmente va a desintegrase para que el polvo vuelva al polvo, pero luego el cuerpo será vivificado por medio de la resurrección gloriosa.

.

   La segunda realidad de la fe cristiana que nunca sería un beneficio, si Jesús no hubiese resucitado, es:

II.- LA PREDICACIÓN QUE AHORA REALIZAMOS.

   El segundo argumento del apóstol Pablo en la primera parte del versículo 14, suponiendo que Cristo no haya o hubiese resucitado, es: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, …” (1 Corintios 15:14).  La predicación que los apóstoles, evangelistas, y misioneros, ya habían hecho durante los siguientes 30 años desde la resurrección de Jesús, no tendría sentido.  Pero, sí había tenido sentido porque miles de personas en decenas de ciudades habían aceptado la predicación de que Jesús es el Señor y Salvador de los pecadores, habiendo él muerto por los pecados de cada ser humano elegido por la sola gracia de Dios.  Los resultados son los que dan la razón de que la predicación del evangelio no es vana.  Ninguna literatura de aquellos tiempos, ni de la actualidad, puede dar resultados de tener una vida transformada del pecado a la vida de santidad, o de cualquier otro vicio, pecado, o adicción. Solamente cuando el evangelio es leído o predicado, las vidas son divinamente cambiadas desde el corazón hasta toda la conducta externa.

  Amados hermanos, si Jesús no hubiese resucitado, las palabras que él mismo predicó en su tiempo, las palabras evangélicas que predicaban los apóstoles, y las mismas palabras de inspiración divina que predicamos en la actualidad, no tendría ningún poder transformador.  Pero, la realidad es totalmente lo contrario, la palabra como dice otro apóstol, es “viva y eficaz” (Hebreos 4:12), y se observa en el resultado redentor y santificador que ocurre en la vida de los que somos sus discípulos.

.

   La tercera realidad de la fe cristiana que nunca sería un beneficio, si Jesús no hubiese resucitado, es:

III.- LA FE EN DIOS QUE AHORA PROFESAMOS.

   En el mismo versículo 14, pero en su segunda parte, el apóstol Pablo, suponiendo solamente que, si Cristo no hubiese resucitado, dice: “Y si Cristo no resucitó, […], vana es también vuestra fe” (1 Corintios 15:14).  En la primera parte del versículo 17 también repite lo mismo, diciendo: y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; …” (1 Corintios 15:17).  Una fe vana, sería aquella que después de tanto creer en algo, ese algo jamás se cumplirá; pero lo que San Pablo estaba diciendo, es que la fe que se pone o ejerce en la persona y obra de Jesucristo, es totalmente no vana sino favorable, porque como él mismo escribió en otras epístolas: “Porque por gracias sois salvos, por medio de la fe, …” (Efesios 2:8).

   La fe es el medio por el cual llegamos a la gracia de la salvación.  Entonces, no es vana porque su resultado es salvación.  Vano es negarse a tener fe en la persona santa, redentora, y resucitada de Jesús, porque como San Juan apóstol dijera acerca de Jesús: “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18).  El que no cree que Jesús murió por los pecadores, y que resucitó para asegurar la salvación que él ganó solo con su propia muerte, queda en condenación; pero el que cree que murió tomando nuestro lugar, y resucitó como evidencia de que su muerte redentora fue aprobada por su Padre celestial, tal persona “no es condenado”. ¿Es así entonces, vano tener fe en él y en su resurrección?

   Amados hermanos, si Jesús no hubiese resucitado, entonces, creer en él y en su evangelio de nada serviría, y es correcto, porque creer en solamente un muerto, no tiene valor redentor.  En cambio, como Jesús no solamente murió, sino que venció la muerte, entonces eso nos asegura que nuestra fe en él no es vana, pues si creemos en él, también recibimos por él la salvación eterna que nos libra de la condenación eterna.  Entonces la fe en Jesús no es vana.  Creer en Jesús vale la pena porque por gracia de Dios, sí nos beneficia.

.

   La cuarta realidad de la fe cristiana que nunca sería un beneficio, si Jesús no hubiese resucitado, es:

IV.- EL PERDÓN QUE AHORA YA GOZAMOS.

    En la segunda parte del versículo 17, el apóstol siguiendo con la suposición de que, si Cristo no resucitó, dice: y si Cristo no resucitó, […]; aún estáis en vuestros pecados” (1 Corintios 15:17).   Aunque es la muerte de Jesús la que realmente obtuvo el perdón de los pecados para quienes crean en él, es el haber resucitado Jesús lo que garantiza que ese perdón obtenido por él pueda ser una realidad en la vida de una persona que expresa arrepentimiento para con Dios; y es el Espíritu Santo que hace efectivo dicho perdón en tal persona. Y sabernos perdonados por Dios nos llena de gozo y satisfacción porque no es poca cosa que quien nos extiende su perdón no es un igual a nosotros, sino que es nada menos que Dios, además es nuestro Creador, y además voluntariamente quiso ser también nuestro Salvador.

   Pero si Jesús no hubiese resucitado, tiene razón el apóstol Pablo cuando dice: y si Cristo no resucitó, […]; aún estáis en vuestros pecados”, pues estaríamos absorbidos por la atracción del pecado.  Estaríamos atrapados, enredados, y muertos en nuestros delitos y pecados, sin vida espiritual.  Pero ahora, gracias a que Jesús resucitó, no estamos atrapados por el pecado y en el pecado, sino que Dios nos ha rescatado de la vileza del pecado, perdonando nuestros pecados, y nos ha dado vida espiritual para no ser atrapados y permanecer en ningún pecado.

   Amados hermanos, ahora no estamos en nuestros pecados. Ahora estamos en Cristo.  Por eso, San Pablo, hablando de Jesucristo a los Efesios, les explica: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1).  Gracias a Jesús ya hemos sido perdonados, lo cual no sería cierto si él no hubiese resucitado.

.

   La quinta realidad de la fe cristiana que nunca sería un beneficio, si Jesús no hubiese resucitado, es:

V.- LA SALVACIÓN QUE AHORA DISFRUTAMOS.

   Pasando al versículo 18, nos damos cuenta que su tenor no es independiente del versículo 17 sino que a pesar del punto y seguido que hay entre ambos versículos, se trata de la continuación de la misma idea planteada en el versículo 17.  Así que tomando en cuenta que hay una conexión entre ambos versículos, tenemos que leerlos así: “y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. / Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron” (1 Corintios 15:17,18).  Así, descubrimos que lo que San Pablo está explicando es que si Jesucristo no hubiese resucitado entonces los que entendemos y creemos que murieron creyendo en Jesucristo, realmente no se salvaron absolutamente de nada, sino que en ese caso “perecieron”.  Siguieron en su inevitable condenación eterna.  Y en consecuencia nadie, ni nosotros tendríamos salvación.  Pero, como Jesucristo resucitó, y fue una realidad comprobada por muchísimos testigos de aquel tiempo, entonces, todo creyente tanto los que precedieron al apóstol Pablo, como nosotros en la actualidad, somos salvos, gracias a que Jesús no quedó muerto, sino que resucitó.

   Amados hermanos, el pecado hace que una persona cuerpo y alma perezca en condenación eterna, pero ahora que Cristo resucitó, ninguno que cree en él perecerá en condenación.  Con toda seguridad el apóstol Pablo también escribió en su epístola a los romanos, que: “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo” (Romanos 8:1).  Sí, lo que hay a cambio, es salvación de la condenación eterna. Y para quien no la tiene, dice el apóstol Pedro que: El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). Así que si alguien perece no será porque Cristo no resucitó, sino porque tal persona no procedió al arrepentimiento, y porque no creyó que Jesús después de haber muerto, resucitó y vive para siempre.

.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, concluyo este mensaje enfatizando que los cristianos tenemos un Cristo vivo, que no quedó en el sepulcro de Jerusalén. Su vida es nuestra vida. Sigamos firmes en la esperanza de que si morimos de esta vida actual, eso no es problema porque seremos por él resucitados. No es vano tener esta esperanza porque es una promesa de él mismo que entre sus enseñanzas dijo: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25). Vale la pena.

   Sigamos predicando su muerte y resurrección.  Sigamos creyendo en su persona y obra redentora.  Sigamos disfrutando el perdón de nuestros pecados que él ganó para que Dios no nos castigue como realmente lo merecemos.  Vivamos en constante arrepentimiento de las cosas malas que involuntaria o hasta las que voluntaria y deliberadamente hacemos, porque Jesús ha hecho todo lo necesario para que por nada perezcamos en la eternidad.  Hay que vivir congruentemente con nuestra fe y con nuestra ética cristiana.

   Dios bendiga su palabra, y “… gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57). Nada que creamos, y hagamos por él, es vano. Todo vale la pena.