Jun 06

DEVOCIONAL DEL SÁBADO 06 DE JUNIO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL SÁBADO 06 DE JUNIO:

TITULO: EL AMOR DE DIOS NOS LLEGÓ POR EL ESPÍRITU SANTO, ESO ES INMENSO.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que los miembros de cada familia sepan que el Espíritu Santo ha sido el agente divino que derramó el amor de Dios en nuestros corazones, aplicando eficazmente todo el proceso divino de nuestra salvación.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Romanos 5:2b-5.

nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;

y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;

y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   ¿Sabe usted qué significa la expresión bíblica y cristiana: “La gloria de Dios”?  Es el nombre que reciben varios atributos divinos como su poder, sus manifestaciones resplandecientes, etc…, pero también es otro nombre que en las Sagradas Escrituras de nuestra fe se usa para referirse al cielo prometido por Dios. ¿Se siente usted feliz porque Dios ha prometido su “gloria”, en otras palabras, su cielo, para los que creen en Jesucristo?  Asaf, un salmista (1000 a.C, aprox), escribió en una de sus oraciones a Dios: Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria (Salmo 73:24). En su lenguaje, Asaf, se refirió al mismo cielo, donde literalmente Dios recibe a sus hijos “con honores” (así lo traducen la DHH, TLA, y PDT).   Probablemente usted sabe de personas que se burlan de los creyentes de que no existe tal gloria o cielo, y que nosotros, según ellos, solamente estamos perdiendo el tiempo en fanatismos; pero, para los que creemos en Cristo, confiando que aprendemos de las Sagradas Escrituras que reconocemos es la palabra revelada de Dios, encontramos a través de sus páginas suficiente información que nos asegura que sí existe “la gloria de Dios”, y que es el lugar que Dios NOS tiene preparado.  Es a esto que se refiere el apóstol Pablo cuando dice que: … nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Romanos 5:2b).  La expresión: “nos gloriamos”, en este sentido y contexto, significa que: “nos regocijamos” (NVI), “podemos disfrutar” (TLA), “estamos felices” (PDT); y esto porque esperamos nuestra entrada al cielo eterno de Dios.

   Vivir con esta esperanza nunca ha sido fácil porque no es algo que al instante se concede estar allí, salvo algunas excepciones de quienes mueren justo al momento de estar creyendo en Jesucristo como su Señor y Salvador.  Ellos, no tienen que atravesar ninguna dificultad; pero mientras permanezcamos con vida aquí en la tierra, es muy probable que muchos (no necesariamente todos, ni todos con la misma intensidad) tengamos que pasar por un proceso que va de la tribulación hasta el cumplimiento de la esperanza que hemos creído que verdaderamente recibiremos de Dios. Es por eso que, además de gloriarnos “en la esperanza de la gloria de Dios. / … también nos gloriamos en las tribulaciones” (Romanos 5:2b, 3b). ¿Cómo podemos gloriarnos “en las tribulaciones”? Deberían ser indeseables, ¿no? Claro, son indeseables.  No los queremos. Sin embargo, si ello nos llegase a tocar, según el apóstol Pablo, cada tribulación nos va a dejar algún beneficio.  Él dice que: la tribulación produce paciencia; / y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza” (Romanos 5:3c, 4); es decir que, mediante este proceso finalmente fortalecedor, habiendo uno superado todo obstáculo, uno pasa a disfrutar la plenitud de “la esperanza de la gloria de Dios” (Romanos 5:2b).  Es a esto que también se refirió nuestro Señor Jesucristo cuando dijo que: “el que persevere hasta el fin, ese será salvo” (Mateo 10:22; 24:13; Marcos 13:13).  Esta esperanza de llegar salvos, de entrar y disfrutar “la gloria de Dios”, para nosotros es lo mejor que podemos esperar, y como dice el apóstol Pablo refiriéndose a esta esperanza: “y la esperanza, no avergüenza” (Romanos 5:5a). Tener esperanza de entrar a la gloria de Dios no es algo que deba dar vergüenza a nadie, mucho menos si uno ha creído en Jesucristo, pues él mismo dijo que: nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).  Claro que uno puede ir “al Padre”, lo que es lo mismo que decir: al cielo, o a “la gloria de Dios”, pero solamente si uno es creyente en Jesucristo.

   Pero, lo que ahora quiero dejar enfatizado en este devocional es lo que el apóstol Pablo dijo con respecto a la razón por la que no nos avergonzamos en creer y compartir que por ser creyentes en Jesucristo vamos camino hacia la entrada a “la gloria de Dios”.  La razón es: porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5b).  ¿Se da cuenta usted de cuál ha sido la función del Espíritu Santo en cada creyente a quienes el “Espíritu Santo… nos fue dado”? O más bien, ¿se da cuenta usted cómo el amor de Dios llegó a nuestra vida? El apóstol Pablo dice que: “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo”.  El amor de Dios por habernos elegido desde la eternidad, y la gracia de Jesucristo de haberse dado en sacrificio por nosotros, es aplicado eficazmente en nosotros por el Espíritu Santo, desde el momento que creímos en Jesucristo, para que la obra de Dios en nuestra vida sea completa desde la elección eterna del Padre hasta la glorificación eterna por el Hijo.  En esto también consiste el INMENSO AMOR de Dios, en que el Espíritu haya generado nuestra esperanza en la gloria de Dios.

  • CANTEN LA ALABANZA: “BIENVENIDO, ESPÍRITU SANTO» (Miel San Marcos).

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

  Dios amoroso, muchas gracias por habernos elegido para librarnos del poder del pecado que supiste desde la eternidad, que nos acompañaría durante nuestra vida aun antes de que hayamos nacido.  Muchas gracias porque por el ofrecimiento voluntario de tu Hijo para morir en nuestro lugar, y al haber muerto él, nuestros pecados quedaron garantizados de ser perdonados.  Este perdón lo recibimos cuando creímos en él.  Pero, gracias al trabajo u operación divina de tu Espíritu Santo, por derramar antes en nuestros corazones tu amor de salvación.  Es por eso, que tuvimos voluntad y capacidad para creer en él. Él nos hizo fácil abrir nuestro corazón a tu evangelio ya tu Hijo. Desde entonces, tu Espíritu está edificando nuestra vida y conduciéndonos a recibir la promesa de tu “gloria”.  Esa es nuestra actual y mejor esperanza, y vivimos gozosos de esperar que llegue ese momento glorioso para nosotros. Por eso, en este momento, solamente te expresamos nuestra gratitud por la obra complementaria de tu Espíritu Santo, en el nombre de tu Hijo Jesucristo.  Amén.

¿QUIEREN PEDIR ALGUNA ORACIÓN?:

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ESTÉN PENDIENTES DE LOS DEVOCIONALES DE CADA DÍA.
 

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