Jun 13

DEVOCIONAL DEL SÁBADO 13 DE JUNIO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL SÁBADO 13 DE JUNIO:

TITULO: CON GOZO INEFABLE AMAMOS A JESÚS.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que los miembros de cada familia sepan que el gozo divino que el Espíritu Santo pone en nuestro corazón, sirve para creer con gozo en Jesús, y para amar con gozo a Jesús.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: 1 Pedro 1:7-9.

… sometida a prueba vuestra fe,… sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,

a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso;

obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   Dichosos los pastores de Belén, dichosos los magos del oriente que vinieron hasta Belén, dichosos los miles de israelitas que en su territorio miraron a Jesús caminar en sus poblaciones y carreteras, dichosos los discípulos y apóstoles que conocieron en persona a Jesús, y que anduvieron con él, aprendieron directamente de él, etc…  El apóstol Pedro quien escribió la epístola de donde tomamos el texto para el devocional de este momento, fue uno de ellos, y de cierta manera está en alta ventaja con los lectores de su epístola que viven no en tierra de Palestina donde Jesús vivió.  Los lectores a quienes el apóstol Pedro envió tanto esta primera como su segunda epístola, vivían lejos de Palestina, sin embargo, desde los tiempos de este apóstol, el evangelio de Jesucristo, ya había salido de Jerusalén, de toda Judea, de las demás provincias palestinas, y había llegado hasta ellos en diversos países. A pesar de la distancia de donde vivió Jesús, y que nunca en su vida le vieron, excepto algunos que estuvieron de visita en Jerusalén durante la Pascua cuando él fue crucificado.  Todos los demás creyentes de aquellos países lejanos a Jerusalén, nunca vieron a Jesús ni durante su niñez, ni predicando, ni haciendo algún milagro, ni en la cruz, ni después de su resurrección.

  Muchos de los judíos e israelitas extranjeros, al saber del evangelio de Jesucristo y acerca de él mismo, creyeron en su evangelio y creyeron en él. El apóstol Pedro, en esta su primera epístola, al hablarles de su relación con Jesucristo, les dice de él: Jesucristo, / a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso” (1 Pedro 1:7e-8). Estos, superaron a Tomás quien no creyó sino hasta que vio a Jesús que verdaderamente había resucitado. Estos, no solamente creyeron sin verle, sino que también le amaban “sin haberle visto”.  Y sin temor a dudarlo, también practicaban su evangelio, e incluso estaban dispuestos a padecer por él, y hasta a morir por él.

   Pero, de estas palabras y descripción acerca de la vivencia del amor y la fe de estos creyentes viviendo en diversas naciones, podemos aprender la enseñanza ejemplar de que el ser cristiano no se trata únicamente de saber y creer que Dios existe.  Tampoco se trata solamente de saber e incluso creer que es verdad que inevitablemente algún día todo ser humano deberá rendir cuenta de su vida ante él.  El ser verdadero creyente, implica que también es necesario amar a Jesús, aun “sin haberle visto” jamás.  El antiguo mandamiento dado por Moisés a los israelitas, retomado también por Jesús, que dice: amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5; cf. Marcos 12:30; Lucas 10:27), también tiene aplicación para nosotros con respecto a Jesucristo; finalmente él es la imagen del Dios invisible (cf. Colosenses 1:15), Jesús es el Dios invisible de los israelitas, que fue visible por 33 años nada más en Palestina para los judíos e israelitas en general, y desde que se fue permanece invisible para nuestros ojos humanos, pero aun así, es nuestro deber amarle.  Ese amor por Jesús debe servirnos para desear permanecer en él.

   Ahora, también quiero que observen un detalle más con respecto a la relación que el afirma de los creyentes en Jesús a quienes originalmente él les envió su epístola.  Observen que además del verbo amar que está en tiempo presente cuando dice: “a quien amáis”, también el verbo creer expresado en gerundio está en presente continuo y progresivo, pues dice de ellos con respecto a Jesús: “a quien amáis… en quien creyendo”.  Lo que quiero resaltar es que el creer en Jesús para también amarle, no es algo que ocurre solamente en el pasado como decisión única en la vida.  El creer en Jesús para poder amarle es algo que debe estar ocurriendo todos los días en nuestra experiencia.

   Y lo que finalmente voy a enfatizar es lo que el apóstol Pedro dice de la actitud de aquellos creyentes que aun no viendo a Jesús, él reconoce que por Jesús: os alegráis con gozo inefable y glorioso” (1 Pedro 1:8d).  Este gozo que alegra cada momento de la vida, es producto de una relación de fe en Jesús y de amor a él.  Es la evidencia de que el Espíritu Santo está en la vida de una persona, porque según el apóstol Pablo, “el fruto del Espíritu es amor, gozo…” (Gálatas 5:22), cosas que el produce en la vida de quienes creemos en Jesús.  Con gozo inefable amamos a Jesús, porque este gozo no nace de nosotros, sino que nos es dado por el Espíritu de Dios, y es inefable porque podemos amarle sin haber antes visto a Jesús.  Que este gozo inefable permanezca y crezca en nuestra vida.

  • CANTEN LA ALABANZA: “AMOR SIN CONDICIÓN» (Twice Music).

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

   Bendito y Soberano Dios que siempre has querido estar invisible a nuestra naturaleza humana, te has mostrado presente en un fuego que envolvía una zarza verde que no se quemaba, pero Moisés solo pudo mirar el fuego pero no a ti.  Te has mostrado presente en las columnas de nube y fuego en el desierto a los israelitas, pero ellos solamente vieron la nube y no a ti. Te mostraste presente con tu gloria luminosa en el tabernáculo como en el templo, pero tus sacerdotes y sumos sacerdotes solo veían la luz mas no a ti.  Sin embargo, aun siendo tú invisible, quisiste que tu pueblo te ame.  Nosotros te amamos, y amamos a tu Hijo Jesucristo a quien tampoco hemos visto, pero que creemos que lo enviaste a morir por nosotros. Creemos que él es nuestro Salvador.  Hay un gozo inefable (inexplicable) que ha sido puesto en nuestros corazones por tu Espíritu Santo.  Por eso pudimos creer en Jesús con gozo inefable; por eso podemos amar a Jesús y a ti, con gozo inefable.  Por favor, conserva en nuestra vida, este gozo divino inefable, y glorioso.  Te lo pedimos en el nombre de tu Hijo, Jesús.  Amén.

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