Jun 26

DEVOCIONAL DEL VIERNES 26 DE JUNIO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL VIERNES 26 DE JUNIO:

TITULO: LA PACIENCIA SE NECESITA EN LA PRÁCTICA Y EN LA FE.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que los miembros de cada familia sepan que, la paciencia que el Espíritu Santo produce como fruto de su presencia en nuestro corazón, también sirve para perseverar en la espera de la segunda venida de Jesucristo.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Santiago 5:7-8.

Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía.

Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   Es interesante que el apóstol Santiago para explicar la necesidad de “paciencia” para la vida cristiana, pone como ilustración la paciencia de un labrador.  El labrador sabe que la cosecha no es constante sino quizá una vez al año.  La gente que trabaja en el campo, primero tienen que tirar los árboles que han crecido en el terreno donde sembrarán sus semillas, luego tienen que quemar los árboles junto con la yerba seca.  Luego tienen que esperar las primeras lluvias que les indicarán que ya es tiempo de hacer su siembra de semillas, luego tienen qué esperar nuevas lluvias, desyerbar o fumigar con herbicidas para que la maleza no ahogue quizá los elotes, frijoles, calabazas, sandías, etc… que ya están creciendo.  De allí tienen que esperar unos tres meses para que los frutos ya estén listos para ser cosechados, si es que en este lapso de tiempo no llega un potente huracán que lo podría destruir todo.  Son por lo menos unos seis meses de paciente espera para proceder a la cosecha.  Esto es solamente un ejemplo de cómo en la vida práctica y cotidiana, la paciencia también se necesita.

   Ahora, el apóstol Santiago, exhorta a los “hermanos”, a los creyentes en Jesucristo, que tengan paciencia en la vivencia de su actual fe en Jesucristo.  La vida cristiana se vive para esperar el regreso de Jesucristo.  El apóstol Pablo les confirmó esto a los Tesalonicenses en su primera epístola, comentándoles que la gente incluso de otras ciudades vecinas, decían de ellos que: os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, / y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (1 Tesalonicenses 1:9b-10).  Para esto también nosotros nos convertimos al evangelio para esperar el regreso de Jesucristo, aunque ya han transcurrido casi XXI siglos de haberse ido al cielo, habiendo prometido que volverá.  Al no haber llegado el tiempo de su regreso, hace necesario que quienes amamos y esperamos su regreso, tengamos paciencia en esperarle, pues cada vez, el día de su regreso está más cerca.

   El apóstol Santiago, exhortando a los creyentes en general de su tiempo, les dice: “… tened paciencia hasta la venida del Señor” (Santiago 5:7). Quizá algunos o muchos que creyeron en Jesucristo y en su evangelio después de su resurrección, especialmente los que vivían en países lejanos a Jerusalén de Judea, anhelaban ver el cumplimiento inmediato del regreso de Jesucristo.  Quizá pensaban que, si su ministerio apenas duró un poco más de tres años, si su muerte solo duró tres días, si su vida terrenal después de su resurrección solamente fue de cuarenta días, y si después de haberse ido al cielo envió junto con su Padre al Espíritu Santo en solamente diez días después, entonces, habrán pensado por ello que debería regresar igualmente en un breve tiempo.  Pero, al ver que ya habían transcurrido varios o muchos años de no regresar, algunos comenzaron a abandonar la fe en él.  El apóstol Santiago les anima a que ellos tengan, primeramente, no más fe sino paciencia, para que no abandonen la fe como algunos ya lo habían hecho.

   Así como hemos aprendido en devocionales y textos bíblicos recientemente que la paciencia fortalece el dominio propio, la capacidad de perdonar, la decisión de amar, etc…, la paciencia también fortalece la fe, al mismo tiempo que la fe es el elemento que alimenta la paciencia.  Santiago considera que, si la fe estaba en ellos, entonces, podrán tener paciencia en esperar el regreso del Señor Jesucristo.  Y si no llegasen a tener el privilegio de verle regresar en el tiempo que ellos vivían, de todas maneras, la fe que había en ellos, les garantizaba que el día que Jesucristo vuelva serían resucitados para de todas maneras, verle en su regreso.  De todas maneras, vivir con paciencia no era una práctica sin sentido ni beneficio, pues la paciencia es muy necesaria para no abandonar la fe; y ayuda a perseverar en la fe y la esperanza del regreso de nuestro Señor y Salvador, pues, la paciencia según el apóstol Santiago, la debían practicar “hasta la venida del Señor” (v. 7), y no solamente por un poco de tiempo.

   Finalmente, recuerde usted que los que creemos en Jesucristo no estamos desprovistos de esta virtud de la paciencia para esperar el regreso de Jesucristo, pues el Espíritu de Dios que mora justamente en nuestro corazón, se encarga de darnos paciencia, pues según San Pablo les dice a los Gálatas que: “el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, PACIENCIA…” (Gálatas 5:22).  Si la paciencia la vivimos en las cosas cotidianas de la vida, también la debemos vivir para las cosas especiales y divinas de nuestra relación con Dios, como en nuestra espera del regreso de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

  • CANTEN EL HIMNO: “PARA ANDAR CON JESÚS” No. 358.

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

   Dios nuestro, anhelamos ver el regreso de tu Hijo Jesucristo. No importa que hayan transcurrido casi 2000 años desde que lo prometió, y que después de todo este tiempo todavía no haya regresado.  Lo bueno es que la fe que hemos tenido en él, es la base sobre la cual tu Espíritu Santo genera la virtud de la paciencia en nuestra vida para todo tipo de situaciones, entre ello, para esperar de los cielos a tu Hijo.  Será un día glorioso que no queremos perder, pues, aunque hayamos muerto, nos resucitarás para ver ese glorioso momento.  Con tu paciencia en nuestra vida tenemos la fuerza no nuestra sino la tuya para seguir perseverando en la espera de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  Concédenos la bendición de recibirle cuando venga por nosotros.  Te lo pedimos en el nombre de tu Hijo Jesucristo. Amén.

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