Jun 27

DEVOCIONAL DEL SÁBADO 27 DE JUNIO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL SÁBADO 27 DE JUNIO:

TITULO: LA PACIENCIA ESPERA EN EL TIEMPO PERFECTO DE DIOS.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que los miembros de cada familia sepan que, las respuestas de intervención y solución de Dios no ocurren en el tiempo que nosotros queremos sino en el tiempo de Dios que debemos esperar con paciencia.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Salmo 40:1-2.

Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.

Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   En algún momento o en muchos momentos de nuestra vida nos han sorprendido o nos sorprenderán tanto circunstancias como situaciones adversas, que inevitablemente tenemos que esperar que finalicen o más bien tenemos que esperar que Dios intervenga para ponerles fin, pues no tenemos sobre ellas ni el poder ni el control para hacer que finalicen.  Aunque tengamos la fe en que Dios va a darles fin, tendremos que esperar, no nos queda de otra, pues Dios en muchos casos no tiene ninguna prisa para finalizarlas, porque es necesario que primeramente ellas nos dejen alguna lección o madurez en nuestra vida, y hasta entonces, Dios, les pondrá fin. No importa si hemos orado una o muchas veces sobre el asunto; Dios simplemente quiere que esperemos el momento hasta que él considere que es momento de darle fin a la adversidad.  Así que estimado hermano, hasta para con Dios debemos tener paciencia, pero no paciencia en el sentido de soportarle como soportamos a personas que nos causan males u ofensas, sino paciencia para esperar que, en su tiempo perfecto, él mueva cielo, mar y tierra, o lo que tenga que mover, para traer cambios favorables a nuestra vida.

   David, el autor de las palabras del salmo 40, nuestro texto para el presente devocional, aprendió a ser paciente para con Dios, y dice según su experiencia: Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. / Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos” (Salmo 40:1-2).  Para empezar, Dios no es alguien que esté obligado a hacer cosas a nuestro favor a la hora que queramos, solamente porque hemos hecho una débil o aun una ferviente oración de petición por nosotros, o de intercesión por otras personas para que sean favorecidas por él; sin embargo, él desea escuchar las oraciones de sus hijos.

   David, en su experiencia llegó en algún momento de su vida a “la desesperación” (v. 2), en el que por la gracia de Dios tuvo la espiritualidad necesaria para recurrir a él por medio de la oración para suplicar el auxilio que necesitaba.   El hecho de mencionarlo él como habiéndose encontrado en el “pozo de la desesperación”, sugiere que no era una simple desesperación sino profunda, pero Dios determinó que no le sacaría inmediatamente de esa condición, aunque David hiciera oración tres veces al día, o más veces, pues tenía que esperar el tiempo de Dios. Era necesario en la perspectiva de Dios que David permaneciera por un tiempo más en esa condición hasta aprender de ese suceso la lección necesaria para implementar y fortalecer su vida.   Por supuesto que Dios responderá, aunque no siempre con un sí; por supuesto que intervendrá, aunque no según el tiempo que a nosotros nos parezca necesario o apropiado, sino que en muchos casos él nos podrá hacer esperar.  En este tiempo de espera debemos y tenemos que ser pacientes para esperar la intervención de Dios. 

   Algo esencial que David no descuidó es el recurrir a Dios en oración, y cuanto más se daba cuenta de que no tenía respuesta de Dios, la intensidad de su oración aumentaba.  Cada vez más, su oración era extremada y profundamente sentida, al grado de que él mismo desde lo profundo de su alma invoca a Dios no a voz normal sino con toda la desordenada fuerza de su desesperación, y que probablemente también lo tuvo que hacer con lágrimas y con la voz de su garganta a fuerte volumen.  A eso, él le llama “clamor” (v. 1c), pero aprendió, aunque a la fuerza, a esperar con paciencia la intervención de Dios. Por eso, luego en este salmo nos comparte diciendo: “pacientemente esperé a Jehová” (v. 1a).

   Amados hermanos, no debemos permitir que nada altere nuestra paz, nuestra tranquilidad. Incluso, en la planeación de lo que necesitaremos para comer al día siguiente, sobre todo si hoy nos damos cuenta que no tenemos el dinero suficiente o necesario para comprar lo que necesitaremos mañana, Jesús dijo: “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? / Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. / Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. / Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mateo 6:31-34).  Dios, el Padre va a hacer algo favorable, aunque sea hasta el mero momento de necesitar la comida, la ropa, u otra cosa.  Jesús dice que uno no se debe afanar o preocupar por lo que seguramente Dios hará mañana por nosotros. Hoy solamente se paciente en esperar en Dios.

  • CANTEN EL HIMNO: “PACIENTEMENTE ESPERÉ EN JEHOVÁ” (Salmo 40).

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

     Soberano Dios que siempre tienes todo planeado y listo para el tiempo que aún no ha llegado, mientras nosotros muchas preocupados hoy porque no sabemos cómo nos ha de ir el día de mañana.  Cada día trae su propio mal; pero, a veces no solamente un día sino muchos días a la vez dicho mal permanece, y nosotros no podemos cambiar esas circunstancias. Sabemos que solamente tú puedes despejar de nuestro caminar en la vida las adversidades que parece no van a terminar pronto; sin embargo, hay ocasiones en las que actuamos con impaciencia queriendo arreglar la situación nosotros mismos sin tomarte a ti en cuenta.  Pero, Dios, muchas gracias porque con tu palabra nos enseñas que “el fruto del Espíritu” que tu enviaste a morar en nuestra vida, incluye la “paciencia”1.  Ayúdanos a usar esta tu paciencia divina para poder como David, esperar pacientemente en ti.  Te lo pedimos en el nombre de tu Hijo Jesucristo. Amén.

1.- Gálatas 5:22.

¿QUIEREN PEDIR ALGUNA ORACIÓN?:

PÍDANLA AQUÍ, LLENANDO UN FORMULARIO

ESTÉN PENDIENTES DE LOS DEVOCIONALES DE CADA DÍA.
 

Facebook: Divino Salvador Mérida