Jun 29

DEVOCIONAL DEL LUNES 29 DE JUNIO

DEVOCIONAL FAMILIAR DEL LUNES 29 DE JUNIO:

TITULO: EL CREYENTE REFLEJA LA BENIGNIDAD DE JESÚS.

EL OBJETIVO DE ESTE DEVOCIONAL ES: Que los miembros de cada familia sepan que Jesús es nuestro ejemplo de benignidad, lo cual podemos poner en práctica a favor de los demás, porque el Espíritu de Dios produce en nuestra vida la benignidad que Jesús practicó.

  • LEAN EL TEXTO BÍBLICO: Filipenses 2:3-4ss.

Nota: La abreviatura “ss” después de un número para indicar generalmente un versículo, significa: “y siguientes”.

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Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo;

no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.

  • LEAN ESTA REFLEXIÓN.

   Cuando abordamos anteriormente el tema de la paciencia, nos dimos cuenta que tiene relación con el entendimiento, la sabiduría, el dominio propio, con el perdón, la espera, el amor, y hasta con la salvación.  Ahora que abordaremos el tema de la BENIGNIDAD, igualmente no es un don o virtud independiente, sino que a menudo nos daremos cuenta que tiene una estrecha relación con otras virtudes, al grado de que, al hablar de la benignidad, pareciera que estamos hablando de otra virtud.  Siempre van de la mano con todo fruto que el Espíritu de Dios produce en la vida de los que somos creyentes en Jesucristo.

   Nuestro texto para el devocional de este momento nos pide que: Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; / no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Filipenses 2:3-4), que aunque no utiliza la palabra benignidad tiene el sentido de que a partir de nosotros debe salir un actitud de consideración hacia los demás.  Con el solo hecho de no considerarnos superiores a otros, estamos siendo benignos, porque reconocemos el valor por naturaleza que todas las personas tienen. Con el hecho de tener en cuenta a los demás con una disposición para ayudarles a tener el bien que ellos necesitan, estamos siendo benignos. Por la palabra humildad que San Pablo menciona en el texto, pareciera que solamente está hablando de humildad, pero no, sino también está hablando de benignidad, bueno, se mezclan, pues para ser benigno, es necesario ser humilde.  Pero, observen que el apóstol Pablo exhorta a practicar la humildad que lleva a la benignidad, a personas que tienen actitudes negativas hacia los demás. Observen en las palabras del inicio del versículo 3, que el apóstol Pablo estaba corrigiendo la actitud no humilde y no benigna de creyentes a quienes dice: “Nada hagáis por contienda o vanagloria; antes bien…” (Filipenses 2:3a).  Cualquier cosa que uno haga en competencia para demostrar que uno es más que el otro; o solamente con que uno sienta, aunque se cuide de no demostrarlo, que por alguna habilidad particular es mejor que los demás, no hay humildad en él, y por lo tanto no puede ser genuinamente benigno, aunque así lo quiera aparentar en algún momento.

   En los versículos siguientes (Filipenses 2:5 al 8), el apóstol Pablo recalca que Jesús fue benigno por ser humilde, porque dejó su gloria celestial para ser como uno de nosotros cuando no tenía por qué serlo, pues lo hizo para que nosotros recibamos por medio de él, el bien de la salvación que tanto nos hacía falta.  Eso es ser benigno.  Estar voluntariamente dispuesto a hacer el bien a los demás, aunque no haya nada que nos obligue a hacerlo por la fuerza, sino solamente por la conciencia personal de que Jesús ha sido benigno con nosotros.

   La benignidad tiene qué ver con la actitud o manera de pensar que hay en nuestro interior hacia las demás personas, antes que realizar alguna acción específica hacia ellas.  Tiene primeramente que ver con nuestra disposición de querer tratar a las con buena voluntad o no, de comprenderlas o no, de tenerles simpatía o no.  Si esta benignidad no está presente o cultivada en el corazón de una persona, definitivamente uno no puede hacer el bien a favor de los demás.  Qué lamentable es que algún creyente todavía tenga un corazón sin benignidad o aun con baja benignidad, cuando el creyente cuenta en su vida con el Espíritu Santo que genera en nosotros la benignidad.  El apóstol Pablo en su epístola a los Gálatas escribió que: “el fruto del Espíritu” en los creyentes es, además de: “amor, gozo, paz, paciencia”, también “benignidad” (cf. Gálatas 5:22).  Con esta obra del Espíritu en nuestro corazón, debemos estar listos desde nuestro corazón para actuar como Jesucristo, con benignidad hacia los demás que nos rodean.  Esto puede ser con la propia familia, con los hermanos en la fe, con los vecinos, con los amigos, y hasta con los desconocidos.

   Quiero concluir con las palabras del apóstol Pedro quien exhorta universalmente a todos los creyentes en Jesucristo, que: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, / desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, / si es que habéis gustado la benignidad del Señor” (1 Pedro 2:1-3).  El haber entendido y aceptado la benignidad que Jesucristo hizo a nuestro favor para nuestra salvación, debe motivarnos a interesarnos por el estudio de la palabra de Dios, con el fin de desechar todo aquello que no impide ser benignos, como la “malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, etc…”.  Esto solamente es una breve lista porque el corazón humano es tan listo, que puede utilizar cualquier situación para no ser benigno, pero recordemos dos cosas: 1) Si Jesús ha sido benigno con nosotros, entonces, nosotros seamos también benignos, porque por él, ya podemos serlo; y 2) que si el Espíritu de Dios produce en nosotros “benignidad”, entonces, tenemos manera de ser benignos.  Ahora, solamente es cuestión de nuestra decisión.

  • CANTEN EL HIMNO: “SOMOS UNO EN ESPÍRITU” (No. 407).

Presiona el botón PLAY:  del video siguiente, y sigan la voz que les dirigirá en la entonación del himno.

  • OREN CON PALABRAS COMO ESTAS:

   Bendito Dios, cuando estaba segura nuestra condenación eterna, y no había nadie capaz de evitar que no pasemos por esa tragedia eterna, tu Hijo, quien siendo Dios juntamente contigo, y no tenía culpa de nuestra condición y destino de condenación, su benignidad fue mayor que sus funciones naturales como Dios celestial.  Reconocemos que por su benignidad vino a dar su vida por nosotros, para librarnos de la condenación eterna que era tan segura, pero que por su muerte expiatoria de la que salió victorioso sobre la muerte, siendo resucitado por el poder de tu divinidad en él, ahora nuestro destino, gracias a su benignidad, es tu gloria eterna, nada menos que contigo y con él. Ayúdanos a tener su actitud de benignidad en todos nuestros tratos con nuestros semejantes comenzando con nuestra propia familia, y con nuestros hermanos en la fe.  Te lo pedimos en el nombre de tu benigno hijo Jesús. Amén.

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