RETOS DE NUESTRO LLAMAMIENTO, Por: Diego Teh.

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RETOS DE NUESTRO LLAMAMIENTO

Efesios 4 – 5.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la Congregación “Roca de la Eternidad” de la col. Díaz Ordaz, de Mérida Yuc; el día jueves 31 de Diciembre del 2015, a las 22:00 horas, como sermón de fin de año.

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   INTRODUCCIÓN: La epístola a los Efesios tiene una estructura equilibrada en dos partes prácticamente iguales.  Los primeros tres capítulos tienen un contenido doctrinal que presentan con profundidad las bases de nuestro llamamiento a la salvación, y sus últimos tres capítulos tienen un contenido que indican algunas cosas no doctrinales sino prácticas muy importantes para la vida cristiana.  Para efecto de este mensaje, escogí diversas porciones de la parte práctica con el objetivo de mejorar nuestra práctica cristiana.

   Uno de los temas relevantes de esta epístola es la importancia de andar dignamente de acuerdo a la dignidad de la vocación para la cual fuimos llamados.  El apóstol Pablo comienza su explicación acerca de las cosas prácticas, diciendo: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados” (Efesios 4:1).  Aunque la petición apostólica está dirigida a un grupo de creyentes, el resultado esperado es una cuestión de la conducta personal, por lo que cada creyente tiene la responsabilidad de andar como es digno.    No se trata de vigilar quien anda y quién no anda dignamente, sino se trata de que cada quien ande dignamente.

   Lo que entonces les voy a compartir en este mensaje es que el creyente en Jesucristo tiene diversos retos para andar como es digno de la vocación de su llamamiento.  En este mensaje, voy a llamar a este andar digno, como “los retos de nuestro llamamiento”.  /  ¿Cuáles son los retos de nuestro llamamiento o andar digno?  /  A través de diversos textos solamente de los capítulos 4 y 5 (no voy a incluir el 6) que describen cómo debe andar el cristiano, les compartiré específicamente cuáles son algunos de los retos de nuestro llamamiento.

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   El primer reto de nuestro llamamiento, es:

I.- ANDAR EN UNIDAD.

   Cuando se recibe a un creyente como miembro de una iglesia local, una de las preguntas que se le hace ante la iglesia es, ¿Pacta usted con la Iglesia Nacional Presbiteriana “Roca de la Eternidad” que se conducirán según sus reglas y someterse gustosos a su disciplina, procurando la paz y prosperidad de la misma y tratando a los demás miembros con la ternura y fidelidad que conviene a los hijos de Dios y hermanos de la misma familia?”  Esta pregunta es importante porque tiene la intención de plasmar en la mente de quien se une a la iglesia local que adquiere la responsabilidad de “guardar la unidad”.

   En los primeros seis versículos del capítulo cuatro, el apóstol Pablo escribió: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados,  /  con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,  /  solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;  /  un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación;  /  un Señor, una fe, un bautismo,  /  un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:1-6).  El resumen de todos estos versículos es que cada creyente para andar como es digno, debe andar en unidad con los demás creyentes, especialmente con los que pertenecen a la iglesia local en la que se reúnen.  Este es un primer reto.  Observen que en el versículo tres no dice que es un deber crear unidad, sino que da por sentado que la unidad ya está creada, por lo que el reto que se encomienda a cada cristiano es “guardar la unidad”.   El mismo versículo tres deja bien claro que no se trata de unidad organizacional, institucional, o administrativa que se pueda crear entre un grupo de personas e incluso iglesias, pues no se trata de unidad creada por seres humanos, sino se trata de “la unidad del Espíritu”.

   Amados hermanos, cuando no se cuida la unidad creada por Dios entre la cristiandad, hermandad, y membresía de la iglesia local, el resultado siempre será división, y finalmente la debilitación y desaparición de la iglesia local.  Y eso es lo que no deseamos que suceda con esta amada iglesia donde hoy estamos congregados. Jesús ilustraba esta realidad en sus enseñanzas como cuando dijo: Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer (Marcos 3:25).   Aún en una casa o familia, si no guardan la unidad propia de la familia, tarde o temprano caerá en fuertes problemas que la afectarán gravemente; y no queremos esto para nuestra iglesia.   Y en otra ocasión dijo Jesús: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado (Lucas11:17), pero tampoco queremos esto para nuestra iglesia, por lo que para que la desolación no suceda, cada quien tiene que guardar la unidad del Espíritu aquí en “Roca de la Eternidad”.  Por eso, en este momento, invito a cada uno de ustedes a ponerse como reto de ahora en adelante, el andar en unidad, evitando ser causa de división interna de nuestra amada iglesia.

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   El segundo reto de nuestro llamamiento, es:

II.- ANDAR EN AMOR

   Pasando a los primeros versículos del capítulo 5 de Efesios, leemos que dice lo siguiente: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.  /  Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efesios 5:1,2).  La frase que nos presenta nuestro siguiente reto es: “andad en amor”.  Una razón por la que debemos andar en amor es porque  somos “hijos amados” de Dios; luego la manera como debemos andar en amor es “como también Cristo nos amó”.  La calidad del amor con el que fuimos y somos amados por Cristo consiste en que “se entregó a sí mismo por nosotros”, por lo que andar en amor significa que debemos darnos totalmente nosotros mismos para servir a los demás, siendo así “imitadores de Dios como hijos amados”.  Esto debe ser un gran reto para nosotros de ahora en adelante aquí en nuestra amada congregación.

  Andar como es digno de la vocación, además de guardar la unidad, implica también andar en amor.  El amor debe ser la pauta de la conducta de cada hijo de Dios.  Cuando hay amor hay entrega de uno mismo.  Si usted ama a la iglesia, se entregará a ella para servirla por medio de los dones que Dios le ha dado a usted. Si usted ama a su familia, se entregará a ella para que cada día prospere en todos los aspectos posibles.  Si usted ama el santo ministerio, se entregará a proclamar a Cristo a quien sea y donde sea.  Si usted ama su trabajo, te entregará a ello para que con toda responsabilidad la producción de su trabajo sea lo más excelente posible.  El amor siempre es un asunto de entrega.  Andar en amor, en el contexto de las Sagradas Escrituras, significa que uno debe estar pensando y actuando siempre a favor del bienestar espiritual de los demás que nos rodean tanto en la iglesia como en la familia, el trabajo, las amistades, y los conocidos.   Por eso mis amados hermanos, en esta iglesia “Roca de la Eternidad”, cada quien debemos procurar manifestar a los demás el amor con el que Dios nos ha privilegiado.

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   El tercer reto de nuestro llamamiento, es:

III.- ANDAR EN LUZ

   En el mismo capítulo cinco leemos que dice: “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz  /  (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad),  /  comprobando lo que es agradable al Señor.  /  Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas;  /  porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto” (Efesios 5:8-12).  Lo primero que resalta estas palabras es que nuestro pasado quedó en el pasado, ya no demos arrastrarlo a nuestro presente, pues establece que “en otro tiempo erais tinieblas”.  Luego lo que enfatiza es la gracia que gozamos en el presente cuando dice: “mas ahora sois luz en el Señor”, y en consecuencia añade el reto que debemos aceptar ahora “andad como hijos de luz”.  Andar como hijos de luz significa, que no debemos ser parte de las obras pecaminosas que hacen los que viven en las tinieblas no de la noche sino del pecado.  Andar como hijos de luz significa que ahora, cada creyente debe iluminar con el ejemplo o muestra de su vida cómo se debe vivir dignamente en el mundo a pesar de la realidad del pecado.

   Cuando Jesús habló de la identidad de una persona que ha aceptado para su vida la verdad y la gracia del santo evangelio, les dijo a los que son sus discípulos: Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:14).  La función de la luz es iluminar donde hay obscuridad, por lo que Jesús les estaba diciendo que ellos como discípulos de él tenían que ir a la gente en tinieblas no para vivir como ellos viven entregados al pecado, sino para para alumbrarles con el ejemplo y con la proclamación del evangelio, que ellos pueden ser librados de la esclavitud del pecado.

   Amados hermanos, andar como hijos de luz, es otro gran reto que Dios ha puesto delante de nosotros.  Hoy, debemos proponernos vivir entregados a Dios para llevar al mundo perdido en pecado, la luz de Dios, mediante el evangelio de Jesucristo.  Somos los agentes de la luz de Dios, capacitados para realizar esta gran labor por medio de la palabra de Dios y de nuestra conducta.  Eso es lo que significa el reto de andar en la luz.

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   El cuarto reto de nuestro llamamiento, es:

IV.- ANDAR COMO SABIOS.

   En el mismo capítulo cinco, leemos también que dice: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,  /  aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.  /  Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efesios 5:15-17).  En contraste con lo que el apóstol Pablo llama andar “como necios”, habla también del andar “como sabios”.   ¿Quiénes son los sabios en la Iglesia?  En este contexto no son los que saben más de la biblia, ni siquiera los que pueden ostentar un título de alto grado académico, sino los que viven “aprovechando bien el tiempo”, siendo a la vez “entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”.  Así entonces, andar como sabios, tiene que ver con el tiempo y la voluntad de Dios.

   Muchos creyentes de la actualidad no somos sabios en la administración de nuestro tiempo.  Se nota nuestra falta de sabiduría cuando no dedicamos tiempo suficiente para tener comunión personal con Dios.  Se nota nuestra falta de sabiduría cuando no dedicamos tiempo suficiente para beneficio de nuestras buenas relaciones en familia.  Se nota nuestra falta de sabiduría cuando no dedicamos el tiempo necesario al trabajo.  Se nota nuestra falta de sabiduría cuando como parte de la iglesia local no dedicamos tiempo para el estudio y adoración congregacionales.  Se nota nuestra falta de sabiduría cuando el tiempo que corresponde a Dios, a la familia, al trabajo, y a la iglesia, lo perdemos en otros momentos que no son de provecho ni para nosotros ni para otros, sino que lo dedicamos en cosas que incluso dañan nuestra vida personal.  Debemos estar siempre pendientes de que Dios nos ha llamado para andar en su voluntad en todo momento.  Aprovechemos el tiempo para dedicarnos a hacer la voluntad de Dios en lo personal, en lo familiar, en lo laboral, en lo recreativo, e incluso en la iglesia.  Eso es andar como sabios, y representa otro gran reto para muchos de nosotros.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, Dios ha sido bueno con nosotros.  En vez de dejarnos a nuestra merecida condenación, nos escogió para alabanza de su gloria.  Preparó para nosotros a su hijo Jesucristo para que sea el único camino para llegar a Él.  También diseñó de antemano el camino de nuestra conducta cotidiana, en el cual se requiere que andemos como es digno, en unidad, en amor, en luz, y como sabios entendidos del tiempo y de su voluntad.

   En unos minutos más comenzaremos un nuevo año que la gracia de Dios nos ha de conceder. Hoy en este culto estamos entregando cuentas a Dios quizá de manera insuficiente.  No siempre dimos todo de nosotros.  Pero ahora comienza un nuevo año en el que tendremos la oportunidad de implementar para nuestro bienestar espiritual y de la obra de Dios, nuestro andar en unidad, en amor, en luz, y como sabios.  Dios nos ayude a andar como es digno de la vocación con la que fuimos llamados.

   Feliz año nuevo hermanos.

   

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