TU REY VIENE A TI, Por: Diego Teh.

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TU REY VIENE A TI

Zacarías 9:9; Mateo 21:1-11.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Cristo es el Camino” de la col. Chuminópolis, de Mérida Yuc; el día domingo 20 de Marzo del 2016, a las 10:30 horas.

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   INTRODUCCIÓN: En esta ocasión quiero centrar la atención en una frase que fue utilizada por el profeta Zacarías, refiriéndose proféticamente con ella al día cuando Jesús realizaría su entrada triunfal a la ciudad de Jerusalén.  La frase profética fue: “he aquí tu rey vendrá a ti” (Zacarías 9:9).   Por fin llegó el día del cumplimiento de esta profecía.  Jesús hizo su entrada triunfal a Jerusalén con todos los detalles previstos para la ocasión.  San Mateo, en su versión del santo evangelio, explicando el evento de la entrada triunfal de Jesús, afirma que en aquel preciso momento se estaba cumpliendo la profecía de Zacarías, que parafraseado para aquella ocasión lo enuncia en tiempo presente de la siguiente manera: “He aquí, tu Rey viene a ti” (Mateo 21:5b).

   Muchas consideraciones se puede hacer en torno al relato de la conocidísima historia de la entrada triunfal de Jesús en la ciudad de Jerusalén; pero considerando que no se trataba de un rey político, sino del Rey celestial, que vino a la ciudad capital que en ese momento representaba a todos los elegidos de Dios que una y otra vez habían rechazado a Dios como Rey, voy a explicarles ¿por qué fue necesario que Jesús el Rey viniera desde el cielo al pueblo que debería ser su reino?  /  A través de diversos textos tanto de los evangelios como de las epístolas, les explicaré algunas de las razones teológicas porque Jesús en cumplimiento de la profecía de Zacarías, fue él quien tuvo la iniciativa de venir a su pueblo, y no su pueblo arreglárselas para ver cómo le hacen para buscar a Dios.  Para ello, seguiremos el tenor de la explicación de San Mateo cuando dice: “He aquí, tu Rey viene a ti” (Mateo 21:5b).

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   La primera razón teológica por la que Jesús tuvo la iniciativa de ser el que “viene a ti”, es porque:

I.- DIOS LOS SIGUE CONSIDERANDO COMO SU REINO AUNQUE ELLOS NO.

   Ya sabemos que no se trataba de un político que llegaba a Jerusalén para dar un golpe de estado contra Herodes, Pilato, o cualquier otro funcionario del imperio romano que gobernaba en aquel entonces; por lo que si no pretendía gobernar en nombre del imperio romano, ¿para qué su entrada triunfal? ¿Qué tipo de rey sería este? Obviamente también ya sabemos que se trata del Rey celestial que los antepasados de esta estos israelitas y judíos rechazaron, cuando dijeron a Samuel: “constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones” (1 Samuel 8:5b).  Esto sucedió como 1600 años atrás.  Samuel, como profeta de Dios quedó sorprendido por esta exigencia y presión de sus contemporáneos, pero Dios le dijo: “Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos” (1 Samuel 8:7).  Poco más de milenio y medio estos elegidos de Dios no habían querido que Dios sea su Rey.

  Jesús recordando todo ese tiempo pasado, en un lamento personal acerca de la ciudad de Jerusalén, dijo y con razón: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37; Lucas 13:34).  Ahora, no eran profetas enviados, sino que él Rey (Dios mismo hecho hombre) vino personalmente primero a nacer entre ellos, luego a predicar el reino de Dios entre ellos.  San Juan al evaluar el trato que fue dado a Jesús por el mismo pueblo elegido de Dios, dijo al respecto: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11). Qué triste por su pueblo, pero Jesús allí estaba con una iniciativa extraordinaria, para insistirles en el verdadero reino ahora no solo terrenal sino eterno que Dios quiere instalar entre ellos.

   Estimado oyente, debido a que nuestra naturaleza humana nos inclina a todos lo seres humanos a no querer sujetarnos a la ley del Rey (Dios), estoy seguro que más de una vez usted ha tenido el problema de no querer dejar que Dios sea quien gobierne su vida; sin embargo, Dios sigue interesado en llegar a usted, esperando que le deje de dar la espalda, y le reciba como el Rey de su vida.  Recibirle es una gran bendición, pues San Juan, acerca de los que sí recibieron a Jesús, dijo: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

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   La segunda razón teológica por la que Jesús tuvo la iniciativa de ser el que “viene a ti”, es porque:

II.- DIOS ES ACCESIBLE SOLO POR MEDIO DE JESÚS.

   En una ocasión c(Juan 14:6).manos, sal Padre.cio, una igluando uno de sus discípulos a nombre de todos sus compañeros, le pidió a Jesús que les enseñaran cuál es el camino para ir al Padre, esia local, u otra cosa, menos a Jeso milagro, que no por estarle siguiendo de un lugaJesús les respondió: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).  La respuesta fue clara.  ¿Alguien necesita llegar al Padre en la eternidad, o alguien necesita tener comunión con Dios ahora desde aquí en la tierra?  Jesús dijo que sí se puede, pero solamente por medio de él.  Además de que el pecado que hay en todo ser humano, no nos ayuda ni siquiera para querer acudir a Dios, pues aunque quisiéramos porque la gracia de Dios nos diera la capacidad de acudir a Él, no va a recibir a nadie de manera directa, pero esto no por maldad o injusticia sino por su misma misericordia.  Siendo Dios tres veces santo, nuestra misma naturaleza no podría soportar el efecto de su santidad porque nos dejaría ejecutados delante de Su presencia.  Fue en parte, por eso que los israelitas en la ocasión que Dios descendió en el Monte Horeb a dar a su pueblo los Diez Mandamientos, el pueblo le dijo al profeta Moisés: “Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos” (Éxodo 20:19)

  Los israelitas habían hecho evidente su incapacidad de aceptar a Dios no solamente como Rey sino en todos los aspectos, pues una y otra vez le habían rechazado, incluso hasta a sus profetas.  Por lo tanto, ahora tenían que saber que necesitan de la persona, obra, y mediación de Jesús para poder acudir al Dios y Rey que los eligió como pueblo especial.  Jesús tuvo que venir a ellos para que sepan cuánto le necesitan a él para acudir a Dios.  Obviamente, estas palabras: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6), Jesús se las dijo a sus discípulos casi al final de su ministerio, pero a través de sus discursos, enseñanzas, parábolas, etc… a la gente, también se los había hecho saber.

  Amados hermanos, cualquier intento de querer acudir a Dios por otro medio que no sea Jesús, no lleva a Dios.  Podría llevar a la religión, al autoengaño, al fanatismo, etc… menos a Dios.  Es necesario que usted se asegure que en realidad Jesús es el medio que usted está utilizando.  Tenga mucho cuidado, cualquier otra opción solo llevaría a la condenación eterna.  Solo por medio de Jesús el mismo Hijo de Dios, un pecador arrepentido puede llegar al Dios y Rey de toda la creación.

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   La tercera razón teológica por la que Jesús tuvo la iniciativa de ser el que “viene a ti”, es porque:

III.- DIOS ESTÁ TRAYENDO A SÍ MISMO A SUS ELEGIDOS.

   ¿Quién de su pueblo elegido estaba interesado en buscar a Dios? ¿Quién de su pueblo elegido estaba tan dispuesto a buscar a Dios por medio de Jesús?  Nadie estaba tan interesado en buscar a Dios, menos en buscarle por medio de Jesús aunque se había identificado desde el principio como Hijo de Dios, y como camino, verdad, y vida (cf. Juan 14:6).  Luego de la alimentación de una multitud de más de 5,000 personas, al día siguiente hubo quienes fueron a buscar supuestamente a Jesús incluso a otro estado a donde él se había ido, aunque al parecer no por sus enseñanzas sino por la comida gratis.  Jesús aprovechó la ocasión para orientarles apropiadamente que lo que se debe buscar en realidad no son los milagros aunque estos proporcionan beneficios, ni tampoco por sus provisiones de comida aunque esto es elemental para el cuerpo humano; sino a él como el Hijo de Dios a través de quien se puede entablar una relación con Dios.  No se debe confundir la búsqueda de un milagro, o el recibir alimento en nombre de Dios, como si eso signifique acudir a Jesús.  Por eso, Jesús tuvo que orientar a  aquellos buscadores de milagros y comida, diciéndoles que: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44a).

   Cuando Jesús vino a nacer y a realizar su ministerio, primeramente vino a su pueblo amado, para que la gente creyera en él, y así entablar una relación espiritual con Dios, el Rey que 1600 años atrás rechazaron definitivamente, aunque Dios no dejó de amarles como su pueblo.  Pero después de tres años de ministerio, solamente unos cuantos habían creído en él, evidentemente porque sus corazones no tenían en sí mismos la capacidad de buscar a Dios ni a su Hijo.  Por eso Jesús les dijo que para venir a él como camino al Padre no era por viajar de lejos para verle, ni era por querer ver un milagro, mucho menos por querer de él una ración de comida.  El Padre, sin duda que por medio del Espíritu Santo, tiene que dar esta capacidad a tal persona.

   Amados oyentes, que cada quien analice por que ha querido congregarse en esta iglesia. Si es solo por la música, por las alabanzas contemporáneas o incluso tradicionales, o porque la iglesia le provee alguna beneficencia, o por cualquier otra razón que no sea por Jesús, usted todavía necesita buscar a Jesús.  Que Dios el Padre le conceda a usted poder para creer y recibir a su Hijo Jesús y su glorioso mensaje.  Él está trayendo a sí mismo a sus elegidos solamente por medio de Jesús.

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   La cuarta razón teológica por la que Jesús tuvo la iniciativa de ser el que “viene a ti”, es porque:

IV.- DIOS BUSCA AL HOMBRE POR NO TENER CAPACIDAD DE BUSCARLE.

   En la ocasión cuando Jesús visitó a Zaqueo en su casa, y este hombre habiendo aceptado para su vida el evangelio del reino de Dios que predicaba Jesús, manifestó evidencias que fueron suficientes para que Jesús afirmara acerca de Zaqueo, que: “Hoy ha venido la salvación a esta casa” (Lucas 19:9a).   Con respecto a la respuesta favorable de Zaqueo al evangelio, Jesús explico que la respuesta de este hombre se dio “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).  El contexto de la historia de Zaqueo nos indica que él había antes escuchado acerca de Jesús, pero no hizo nada por ir a encontrarse con él en algún otro lugar del país.  Dinero no le hacía falta por si tenía que suspender su trabajo por varios días o incluso hasta semanas, pues era rico, pero no fue en busca de Jesús.  Incluso en el momento que Jesús estaba pasando en una de las calles de su ciudad, Zaqueo no estaba pensando en su salvación, no estaba pensando que él era un hombre perdido cuyo destino era una eternidad sin Dios.  Toda su vida se la había pasado dedicado a ser cobrador de impuestos.  Para ese momento que se encuentra con Jesús, ya era jefe de los cobradores de impuestos, y es hasta posible que aspiraba a un puesto mayor.   Su interés había sido siempre el ser rico.

   Lo único agradable que se nos dice de Zaqueo al principio de su historia es que “procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura.  /  Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí” (Lucas 19:3,4).  Su deseo no indica nada que apuntara a salvación, pues únicamente “procuraba ver quién era Jesús”.  Pero gracias a la obra de Dios en el corazón de Zaqueo, todo terminó favorablemente para él, pues su encuentro con Jesús significó para él, ser hallado entre los perdidos, y ser salvados entre los que van rumbo a la condenación.  Todo esto, gracias primeramente a la capacidad que Dios puso en él no solamente para poder “ver quién era Jesús”, sino para poder aceptar el evangelio de la salvación que Jesucristo le compartió cuando le visitó en su casa.  Zaqueo era uno de los hombres perdidos que por sí solos no podían encontrar el camino de la salvación eterna.  Era necesario que Jesús como buscador y Salvador, llegara a su ciudad de Jericó, a su casa, pero más a su corazón necesitado del amor de Dios.  Debió ser una grata sorpresa que Jesús le haya dicho: “date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa” (Lucas 19:5b); luego su sorpresa debió ser mayor cuando escuchó que Jesús declarara en cuanto a él que “Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham” (Lucas 19:9), pero más que por ser hijo de Abraham, por haber aceptado el evangelio del reino de Dios.

  El resultado ocurrido en la vida de Zaqueo, nos confirma que Jesús vino a este mundo a “buscar y a salvar lo que se había perdido”.  En su caso vino hasta su ciudad, y hasta en servicio plus en el mismo domicilio de este hombre para darle salvación en su corazón; pero ese mismo día, Jesús saliendo de Jericó de la casa de Zaqueo, siguió su camino y protagonizó su célebre entrada triunfal en Jerusalén para continuar con su búsqueda de perdidos.  Como Zaqueo, cada ciudadano del pueblo israelita, ya sea en Jerusalén, o en cualquier otra parte del país o en países extranjeros, ya sea de la misma época de Zaqueo e incluso hasta en la actualidad y en el futuro, son perdidos por quienes vino Jesús a este mundo.  Pero, en realidad, Jesús vino no solamente por ellos, sino por todos los elegidos de Dios en todos los tiempos y en todas las naciones del mundo.  Todavía hay personas como Zaqueo que estando perdidos, pero capacitados por el poder de Dios, dejaremos que Jesús nos halle y nos regale su gloriosa salvación. Es por eso que su búsqueda ha sido exitosa también en nuestras vidas.  También nosotros fuimos hallados entre los perdidos, y nos ha sido dado como a Zaqueo la sublime gracia de la salvación.

   Amados oyentes, estoy seguro que los que aquí estamos nunca hubo un tiempo u ocasión en el que hayamos andado desesperados en busca de Dios y su salvación, pues Dios fue quien se tomó la iniciativa de buscarnos como lo hizo con Zaqueo, cuando estábamos viviendo en nuestros vanos intereses, e incluso rechazando todo atisbo de que Dios está buscándonos.  Si es que alguien en algún momento pudo manifestar deseo de buscar a Dios, y rindió su vida a Jesucristo, es porque Dios primeramente puso en usted la capacidad de acudir a él.  Usted no fue hábil por sí mismo para buscarle si no que él le capacitó espiritualmente para que usted acudiera a la búsqueda que él mismo ha estado haciendo entre los perdidos.  En otras palabras no fue usted ni yo quien le buscamos a él, sino lo que sucedió en la realidad es que él nos buscó a todos.  De otra manera, todavía estuviésemos entregados a nuestros intereses personales que no nos encaminan a Dios, y estuviésemos siempre perdidos, pero gracias a su búsqueda hemos sido hallados, y trasladados de las tinieblas a la luz admirable de Cristo.

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   La quinta razón teológica por la que Jesús tuvo la iniciativa de ser el que “viene a ti”, es porque:

V.- DIOS ES QUIEN SALVA AL PECADOR INCAPAZ DE SALVARSE SOLO.

   El apóstol Pablo explicando a los Efesios la condición muerta espiritualmente de todo ser humano, y enfatizando que uno puede ser vivificado y salvado para la eternidad, les dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8).  Cuando dice que “sois salvos”, se refiere a la salvación de la condenación eterna en las llamas del infierno ardiente.  Esta condenación es el merecimiento de haber pecado nuestros primeros padres Adán y Eva, culpa que nos es imputado aún a nosotros como si fuésemos nosotros los que directamente en el principio desobedecimos a Dios. Pero siendo ellos quienes representaron a todo aquel que en la posteridad sea su descendencia, nos vimos en ellos obligados a cargar su culpabilidad que nos deja en estado de condenación. Pero gracias a Dios que ahora somos declarados salvos de aquella condenación.  Pero la salvación que ahora tenemos no provino de alguna capacidad que estuviese antes en nuestra naturaleza humana.  El apóstol Pablo luego de utilizar diversas ilustraciones para explicar la incapacidad en la que nos encontrábamos, explica también cómo es que la salvación llega a ser una realidad en un ser humano incapacitado por el pecado.   El apóstol primero dice que la salvación es “por gracia” lo que significa que no se merece sino que quien la recibe le es dado como privilegio solamente por decisión favorable de Dios.  Luego, dice que la salvación es “por medio de la fe”, lo que significa que no depende de algún esfuerzo que uno haya realizado por medio de algún trabajo, o por medio de alguna ventaja económica sobre los demás, sino se trata de un confianza en Dios de que Él la otorga sin costo ni obra alguna. Cuando dice acerca de la salvación que: “esto no de vosotros”, significa que se descarta definitivamente y con toda claridad que una persona pueda salvarse a sí mismo.  Y por último San Pablo dice que la salvación “es don de Dios”, lo que establece y aclara definitivamente no solamente que uno no se puede salvar a sí mismo sino que quien realiza toda la obra de salvación en el pecador es Dios mismo.

   La razón de la visita triunfal de Jesús en Jerusalén, fue para llevar el mensaje de salvación del reino de Dios, primeramente a sus habitantes y a todos los que en aquella semana de pascua llegaban de todas partes del imperio para ofrecer sus sacrificios, ofrendas, y adoración a Dios.  En Jerusalén, en todo el estado o provincia de Judá, y en el resto del país, se había constituido dos sectas judías que competían con sus propias doctrinas, supuestamente para acercar a la gente a Dios, y en ellas encontrar la salvación.  Jesús les había desenmascarado, especialmente a los de la secta de los fariseos que en vez de predicar y ayudar a la salvación de las personas, Jesús les observó que entre sus otros muchos errores, “recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros” (Mateo 23:15), y que “por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad” (Mateo 23:28). Estos, estaban descalificados para guiar a toda una nación, e incluso totalmente descalificados para guiar a una sola persona para la salvación.  Jesús llegó a Jerusalén, en esta ocasión de su entrada triunfal para llevarles este mensaje, que en menos de una semana selló con su propia vida, siendo crucificado en la cruz como un maldito que no lo era ni lo fue nunca, y fue confirmado por su resurrección en la madrugada del tercer día de su muerte.

   Amados hermanos, la salvación no es la obra de una iglesia, ni de un pastor, ni de otro creyente por más fiel que este sea, sino es solamente de Dios.  Nadie, en ningún momento ponga en categoría de salvador a ninguna institución, organización, o persona.  También, nadie en ningún momento acepte entregar a algún dinero para que le sea garantizada la salvación.  Es por gracia, y es solamente por Jesús que hay salvación.  Para eso vino al mundo, para eso llegó a Jerusalén, para eso su mensaje es predicado en la actualidad por todo el mundo.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, Dios tuvo la iniciativa de venir por medio de Jesús a este mundo no solamente por los israelitas, sino por todos sus elegidos de todos los tiempos y lugares. Fue necesario que él viniera como Rey de los judíos como fue conocido desde su nacimiento, y como se identificó en Jerusalén durante su entrada triunfal, pero de manera específica él desea ser el Rey de nuestras vidas o corazones, para que no otros malos poderes ni nosotros mismos, sino él sea quien nos gobierne, y por medio de su salvación nos conduzca al Padre para la eternidad.  Qué bueno que Dios pasó por alto los rechazos que le tuvimos antes de creer en su Hijo Jesús, insistiendo en darnos salvación.  Qué bueno que Dios nos proveyó a su Hijo Jesús para llevarnos a Él. Qué bueno que Dios nos dio también la capacidad de poder creer en Jesús.  Qué bueno que estando en estado de perdición eterna, Dios envió a Jesús para conducirnos al camino de la salvación.  Qué bueno que no pudiendo nosotros salvarnos a nosotros mismos, Dios envió a su Hijo como don para salvarnos.  Ese es el Rey que necesitamos.

   

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