UTILIZA BIEN TUS VIRTUDES, Por: Diego Teh.

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UTILIZA BIEN TUS VIRTUDES

Lucas 22:1-6; Mateo 27:3,4.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Unidad en Cristo” de la col. Morelos Oriente, de Mérida Yuc; el día miércoles 23 de Marzo del 2016, a las 19:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: ¿Tiene usted virtudes?  Tenga cuidado con ellas, que si usted no las usa correctamente y para buenos propósitos, puede acabar mal a pesar de que las tenga.  En un libro acerca de gestión del conocimiento, titulado ¡Cuidado con tus virtudes!, por Robert E. Kaplan, y Robert B. Kaiser, en la portada colocaron una frase que describe el enfoque de libro, el cual dice: “aquello en lo que eres mejor, puede ser tu peor problema”.

   Cuando leemos en la Biblia el carácter de Judas un gran hombre con buenas virtudes no solo sociales, sino de liderazgo, así como espirituales, nos podemos dar cuenta que lamentablemente su problema no fue la falta de virtudes espirituales, sino que a pesar de sus virtudes su vida siempre fue un desorden porque no las utilizó para el bien de su propia vida espiritual, sino que las utilizó para hacer mal a su propio Maestro Jesús el Hijo de Dios, y finalmente para hacerse mal a sí mismo.  Sus virtudes, él mismo las llevó y dejó por los suelos.  Si las hubiese utilizado para su bien espiritual, su historia hubiese sido otra.

   Pero para no hablar tan negativamente de Judas, porque Jesús nos diría “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? […] ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mateo 7:3,5); lo que haremos en esta ocasión es observar cuáles eran algunas de las virtudes de Judas que al mismo tiempo fueron su peor problema por no usarlas apropiadamente.  Esas mismas virtudes que tuvo Judas, en realidad también las tenemos nosotros, que si las usamos apropiadamente pueden ayudarnos a hacer lo que es bueno y agradable a Dios, y hasta a edificar nuestra vida espiritual.

   Lo que específicamente voy a compartirles en esta ocasión es que las virtudes que la gracia de Dios comunica al ser humano, si las utilizamos bien, favorecerán nuestra vida espiritual.  /  ¿Cuáles son las virtudes que la gracia de Dios comunica al ser humano, que si las utiliza bien, favorecen su vida espiritual?  /  Mediante un análisis sencillo acerca de la persona de Judas Iscariote, les presentaré algunas de las virtudes que Judas había recibido de la gracia de Dios, pero que lamentablemente no las usó para bien sino para mal, pero si las hubiese usado para bien y no para mal, su vida espiritual hubiese sido mejor que el trágico final de su vida.

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   La primera virtud que tuvo Judas, y que nosotros también la hemos recibido de Dios, y que la podemos usar para bien de nuestra propia vida espiritual, es:

I.- LA VIRTUD DE ASUMIR COMPROMISOS.

   San Lucas en su relato acerca de la traición que Judas le hizo a Jesús, nos dice que todo comenzó cuando “entró Satanás en Judas” (Lucas 22:3), y luego “fue y habló con los principales sacerdotes, y con los jefes de la guardia, de cómo se lo entregaría.  /  Ellos se alegraron, y convinieron en darle dinero” (Lucas 22:4,5).  Además de Satanás que estaba involucrado en el caso, el problema personal de Judas fue el dinero, pues luego de la plática entre él y “los principales sacerdotes, y con los jefes de la guardia.  […] convinieron en darle dinero”.

   Como parte del convenio de cómo él entregaría a Jesús, y como la entregarían a él el dinero convenido, San Lucas dice de Judas: “Y él se comprometió” (Lucas 22:6a).  Al principio cuando fue llamado a ser discípulo y apóstol de Jesús, aceptó y se unió al grupo.  Se puede decir que “se comprometió”, pero cuando sus mismos compañeros se dieron cuenta de que “era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella” (Juan 12:6), se podía identificar en él que en realidad no estaba verdaderamente comprometido con la causa del evangelio del reino de Dios al que Jesús le había invitado a participar.  Y finalmente, al vender a su Maestro, al máximo y único representante del evangelio del reino de Dios, estaba manifestando no estar comprometido con la causa de Jesús.  Pero de que era capaz de comprometerse, es evidente cuando para lo malo “él se comprometió”.

   Amados hermanos, cada uno de nosotros contamos con la capacidad de comprometernos.  Usted se ha comprometido con la Comisión Federal de Electricidad, con la Junta de Agua Potable y Alcantarillado de Yucatán, con su compañía preferida de teléfono, con su proveedor de internet o televisión de pago, con el banco, con su familia, y espero que también usted esté verdaderamente comprometido con Dios.  Usemos la capacidad que tenemos de poder comprometernos para comprometernos con Dios para servirle, y para procurar nuestro bien espiritual.  Si usted se puede comprometer para otras cosas, ¿por qué no se compromete con Dios?

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   La segunda virtud que tuvo Judas, y que nosotros también la hemos recibido de Dios, y que la podemos usar para bien de nuestra propia vida espiritual, es:

II.- LA VIRTUD DE BUSCAR OPORTUNIDADES.

   San Lucas, luego de describir que en aquella aborrecible actitud de traición, Judas se comprometió entregar a Jesús por dinero, inmediatamente dice también de Judas: “Y buscaba una oportunidad para entregárselo a espaldas del pueblo” (Lucas 22:6b).  Es claro  que la oportunidad que buscaba era para entregar a Jesús, pero lo que también queda claro es que tenía la capacidad de buscar oportunidades.  La pregunta que viene al caso es ¿por qué no buscó oportunidades para edificar su propia vida espiritual?  No bastaba con ser uno más de los doce apóstoles.  No bastaba por haber sido invitado por el mismísimo Hijo de Dios para unirse al apostolado.  Judas era un ser humano como cualquiera que necesitaba buscar oportunidades primeramente para su vida espiritual en lo que nunca se vio progreso alguno en él.

   Una observación acerca de él es que San Lucas dice que para que sucediese la traición a Jesús, “entró Satanás en Judas” (Lucas 22:3).  Satanás aunque no pide permiso para entrar en uno, tampoco entra a la fuerza, porque no puede hacerlo.  Tiene que ser uno mismo que le dé entrada o que uno mismo le bloquee la entrada.  Cuando el tentador, el mismo Satanás vino a Jesús a tentarle en el desierto, en el pináculo del templo, y en el monte alto, lo que Jesús hizo en cada una de aquellas ocasiones, fue usar la palabra de Dios diciéndole: “Escrito está…”, y San Mateo nos relata que a Jesús finalmente: “El diablo entonces le dejó” (Mateo 4:11a).  No pudo entrar en él.   Así nos damos cuenta que una de las debilidades de Judas fue el no dedicarse nunca o lo suficiente para aprender la palabra escrita de Dios para usarla cuando le llegue el momento de enfrentar las tentaciones.  Satanás mismo no hubiese entrado en él si él le hubiese resistido como Jesús lo hizo citándole la palabra de Dios.   La triste derrota de Judas por Satanás al permitir que este entrara a su vida, nos enseña la importancia de estar preparados con el conocimiento de las Sagradas Escrituras para que no debemos cabida al diablo en nuestra vida, porque si le damos cabida, nos metemos en gravísimas consecuencias.  Judas buscaba oportunidades pero malas, cuando por lo menos él debía de buscar la oportunidad de aprender más la palabra, de orar más a Dios, incluso de ayunar.  De la misma manera, nosotros debemos buscar oportunidades pero las que edifiquen nuestra vida espiritual.

   Amados hermanos, gracias a que Dios nos dotó de la capacidad de buscar oportunidades, en este momento hemos progresado en muchos aspectos de toda nuestra vida.  Gracias a las oportunidades que buscamos salimos adelante en todo o en mucho.  Sigamos cultivando esta virtud pero para comprometernos más con Dios y para seguir edificando nuestra vida espiritual.

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   La tercera virtud que tuvo Judas, y que nosotros también la hemos recibido de Dios, y que la podemos usar para bien de nuestra propia vida espiritual, es:

III.- LA VIRTUD DE ARREPENTIRSE DEL PECADO.

   Mientras Jesús, el viernes por la mañana estaba siendo juzgado por los principales sacerdotes, por los ancianos del pueblo, y luego por Poncio Pilato; lo primero que Mateo nos dice es que hubo arrepentimiento en Judas por haber entregado a Jesús, pues “devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos” (Mateo 27:3); pero esto solo es opinión de Mateo.  Es muy probable que su arrepentimiento haya sido únicamente en sentido moral por haber realizado una transacción de compra-venta que llevó a la muerte a un hombre verdaderamente inocente.  Pero luego, Mateo nos dice que las palabras que salieron de la propia boca de Judas fueron: “Yo he pecado…” (Mateo 27:4). Es muy probable también que el haber reconocido que había pecado, solamente fue para él un reconocimiento intelectual, y estaba en lo cierto, pero no lo llevó al plano espiritual.  No hizo nada por acceder a Jesús para rogarle su perdón.  No hizo nada delante de Dios para buscar perdón.  Lo que finalmente hizo fue ahorcarse para quitarse la vida.   Sin embargo, lo que es evidente es que a este hombre, Dios le concedió la gracia de poder manifestar arrepentimiento real, y espiritual, pero no lo experimentó.  La misma culpa de su pecado, le llevó a tomar malas decisiones.

   Amados hermanos, el pecado es el peor mal que tiene el poder de andarnos persiguiendo.  Una y otra vez usted se va a encontrar acorralado por sus ofrecimientos destructores, y hasta mortales.  Sin embargo, lo que es verdad es que aunque no pecamos voluntariamente, de alguna manera pecamos involuntariamente, pero aun así tenemos que estar dispuestos a manifestar el arrepentimiento para perdón de nuestros pecados.  Aquellos que hemos sido llamados por la gracia de Dios para nuestra salvación, contamos con esa virtud procedente de la gracia de Dios, de poder manifestar verdadero arrepentimiento, a lo que Dios siempre estará presto para perdonarnos por medio de la sangre de su Hijo Jesucristo.  Aprovechemos para nuestro bien espiritual esta virtud que Dios ha depositado en nuestra vida.

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   La cuarta virtud que tuvo Judas, y que nosotros también la hemos recibido de Dios, y que la podemos usar para bien de nuestra propia vida espiritual, es:

IV.- LA VIRTUD DE TESTIFICAR LA VERDAD.

    Cuando Judas dijo sentirse pecador, y se acercó a los principales sacerdotes y a los ancianos del pueblo para devolver las miserables treinta piezas de plata que antes había recibido como pago de la entrega que hizo de Jesús, hizo ante ellos una aclaración muy cierta “Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros?  ¡Allá tú!” (Mateo 27:4).  Tenía bien claro que su pecado fue haber entregado “sangre inocente”.  Lo que estaba haciendo al hacer esta ciertísima afirmación es precisamente testificar de una gran verdad fundamental acerca del mismo Hijo de Dios.  Jesús no era un ordinario hombre pecador.  Era Dios hecho un extraordinario hombre totalmente santo.  Lamentablemente en aquel momento Judas no tenía ninguna autoridad moral para hablar de Jesús aunque hablara bien de él.  Los sacerdotes y los ancianos deberían saber eso pero no estarían dispuestos a hacerle caso a Judas, porque se ha hecho malvado como uno de ellos.

   Amados hermanos, especialmente quienes hemos recibido la gracia salvadora en nuestras vidas, también hemos sido dotados del don de poder testificar la verdad o las verdades acerca de Jesús.  Cuando una persona usa su poder comunicativo para hablar a un pecador perdido acerca de otras cosas que no sea sobre las verdades de la persona, obra, y evangelio de Jesús, estamos en ese momento mal utilizando la virtud de dar testimonio de la verdad que conocemos y que hemos experimentado en nuestra vida.  Estemos atentos para que no seamos vencidos a cometer acciones vergonzosas que desacrediten nuestra autoridad moral de testificar poderosamente de Jesucristo nuestro Salvador y Señor.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, Dios no ha sido desconsiderado con ninguno de nosotros.  Dios ha sido generoso y bondadoso al darnos dones o virtudes que debemos usar para la edificación de nuestra vida espiritual, así como para la propagación del mismo evangelio del reino de Dios que está siendo una experiencia salvadora y transformadora en nuestras vidas.  Utilicemos nuestra virtud de poder comprometernos para comprometernos a hacer lo que es bueno para la familia, la iglesia, y la obra de Dios.  Busquemos oportunidades no solamente para algún provecho personal que no edifique nuestra espiritualidad, sino para crecer en la gracia.  Estemos atentos en reconocer que pecamos voluntaria e involuntariamente, y busquemos inmediatamente el perdón de nuestros pecados en Jesucristo.  Y finalmente no dejemos de testificar de la obra salvadora de Jesucristo, y tengamos cuidado de no permitir que nuestras acciones delante de la gente nos desacrediten a ser testigos de los beneficios del santo evangelio del reino de Dios.

   

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