CREO… EN LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE, Por: Diego Teh.

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CREO… EN LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE

1 Corintios 15:12-23.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Getsemaní” del Fracc. Paseos de Itzincab, de Umán, Yuc; el día domingo de resurrección, 27 de Marzo del 2016, a las 06:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Cuando expresamos el resumen de nuestra fe por medio del Credo de los Apóstoles, decimos: “Creo en Dios Padre Todopoderoso, y en Jesucristo su único Hijo y Señor nuestro”, pero llegamos al punto que acerca de Jesucristo manifestamos que creemos que “resucitó de entre los muertos”.  Luego de completar que creemos también en el Espíritu Santo, más adelante también expresamos: “Creo en […] la resurrección de la carne”.   Pero, en realidad ¿cree usted en la resurrección de la carne o de los muertos, y en la resurrección de Jesucristo?  La resurrección es parte de la temática fundamental de nuestra fe cristiana, la cual debemos conocer y aceptar tal como se nos presenta en las Sagradas Escrituras de los Dos Testamentos.  Aprovechando esta ocasión de un aniversario litúrgico más de la celebración de la resurrección de nuestro Salvador y Señor Jesucristo, voy a compartirles un mensaje enfocado al tema de la resurrección.  Lo voy a abordar no a partir de la resurrección de Jesucristo, aunque lo voy a incluir; y lo haré de una manera ligeramente amplia, porque tampoco pretendo agotar el tema, por lo que comenzaré desde sus fundamentos hasta concluir con su cumplimiento al final de los tiempos.

   Específicamente, en este mensaje me limitaré a hablarles acerca de los aspectos fundamentales de la resurrección cuya realidad se ha manifestado en seres humanos, en Jesús el Hijo de Dios, y que se espera ocurra al final de los tiempos a todo ser humano.  ¿Cuáles son los aspectos fundamentales de la resurrección revelados en las Sagradas Escrituras?  /  Basado en la primera epístola del apóstol Pablo a los Corintios, capítulo 15, versículos 12 al 23, y de otros pasajes de apoyo, les compartiré algunas de tales aspectos.

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   El primer aspecto fundamental acerca de la resurrección según las Sagradas Escrituras, es que:

I.- LA RESURRECCIÓN NO ESTÁ FUERA DE LA REALIDAD.

   En las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento, los israelitas siempre  contaron con relatos reales de resurrección.  Conocían el relato de la resurrección del hijo de una viuda de Sarepta por mediación del profeta Elías (1 Reyes 17:17ss); luego el de la resurrección por mediación del profeta Eliseo, del hijo de una mujer Sunamita muy hospitalaria (2 Reyes 4:8,32-37); y un tercer caso, el de un difunto anónimo que fue arrojado en la tumba donde estaba los restos del profeta Eliseo, y que resucitó al momento de hacer contacto con los huesos de Eliseo (2 Reyes 13:20,21).  Durante el ministerio de Jesús, y durante el tiempo del ministerio apostólico, también siguió siendo evidente la realidad de la resurrección.   No fueron resurrecciones para nunca morir de nuevo, ni fue para que sean llevados de una vez a la eternidad con todo y cuerpo, sino solamente como evidencia de que la resurrección no está fuera del alcance del poder de Dios, y que es real que sucede.

   En cuanto a la veracidad de la realidad de la resurrección no solamente de Jesús, sino como realidad que ha ocurrido, que seguía ocurriendo, y que podía volver a ocurrir, el apóstol Pablo argumentó a los creyentes de la ciudad de Corinto: “Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?  /  Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó.  /  Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.  /  Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan.  /  Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó;  /  y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.  /  Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron” (1 Corintios 15:12-18).  Pablo daba por cierto que la resurrección no es algo extraño, ni imposible, ni probable, sino algo real, que no debe dudarse sino que dada las evidencias escriturales, incluso debería facilitar el creer que también Cristo resucitó.  Debería ser un conocimiento fundamental que debe ser adquirido mediante el estudio serio no sectario de las Sagradas Escrituras.  Es a los sectarios, incrédulos de la resurrección que el apóstol Pablo exhorta cuando dijo: “¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?” (v. 12).

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   El segundo aspecto fundamental acerca de la resurrección según las Sagradas Escrituras, es que:

II.- LA RESURRECCIÓN NO ESTÁ FUERA DEL PODER DE DIOS.

   En la época de Jesús, de las dos sectas judías que había, la de los saduceos, sabemos por San Mateo que estos decían “que no hay resurrección” (Mateo 22:23), a pesar de todo el testimonio de las Escrituras que ellos tenían.  Un día estos saduceos vinieron a Jesús para plantearle al parecer no un caso hipotético o imaginario, sino real con respecto a la resurrección de humanos al final de los tiempos.  Le dijeron a Jesús: Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano.  /  De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo.  /  Y después de todos murió también la mujer.  /  En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron?” (Mateo 22:25-28).   Jesús les aclaró: primero, que estaban equivocados desconociendo prejuiciosamente el significado e implicaciones de la realidad de la resurrección según deberían saberlo por las Escrituras que se supone se dedicaban a estudiar; y segundo que estaban equivocados en pensar que el poder de Dios no puede hacer resucitar a alguien, a multitudes, o incluso a toda la humanidad fallecida.  “…Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios” (Mateo 22:29).  Luego les explicó el caso particular que les preocupaba sobre la continuidad del matrimonio.  Para afirmar su doctrina se hacían de la vista gorda para no tomar en cuenta que el profeta Moisés les había enseñado que el matrimonio es vigente solamente mientras los dos cónyuges viven.  Jesús les explicó: “Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo” (Mateo 22:30)Finalmente, les explicó la razón fundamental porque la resurrección del final de los tiempos, tiene que suceder.  Les dijo: “Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo:  /  Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos” (Mateo 22:29-32).  Desde el sexto día de la creación, Dios hizo humanos para que vivan para siempre no solamente como espíritus, sino como espíritu y cuerpo.  Así es cómo Dios siempre quiso ver a su creación antes de que nuestros primeros padres pecaran contra él.  Solamente por causa del pecado, y por castigo por el pecado, todo cuerpo tiene que separarse del espíritu que le da vida, pero al final de los tiempos, nuevamente se unirá el espíritu al cuerpo para seguir existiendo tal como fue el diseño original de Dios.  La resurrección es la restauración del diseño de Dios, para que Él sea el Dios de humanos totalmente vivos, no de humanos parcialmente vivos solo en espíritu.  Esto ha sucedido muchas veces en la historia, y sucederá al final de los tiempos, todas las veces por el poder de Dios.

   Mientras Jesús vivió en Israel, toda la gente incluyendo a los saduceos, supieron acerca de la realidad de que sí hay resurrección.  Estoy seguro que las resurrecciones temporales que ocurrieron por la obra de Jesús fueron para confirmar especialmente a los saduceos, que los muertos sí pueden ser resucitados.  San Mateo nos relata el caso de la resurrección de la hija de un centurión llamado Jairo (Mateo 9:18-26); San Lucas nos relata la resurrección del hijo de una viuda de la ciudad de Naín (Lucas 7:11-17); y San Juan nos relata la resurrección de Lázaro, un amigo de Jesús (Juan 11:1-45); los tres por mediación y poder de Dios nada menos que por medio de Jesucristo.   Y justo en el momento de la muerte de Jesucristo, lo que desembocó una serie de milagros del poder de Dios, San Mateo relata que: “…la tierra tembló, y las rocas se partieron;  /  y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;  /  y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos” (Mateo 27:51b-53).  Y esto no fue desconocido por los saduceos, que en realidad quedaban sin argumento para seguir diciendo que no hay resurrección.   Luego, durante el período del ministerio apostólico, en una ciudad de la costa mediterránea llamada Jope, el apóstol Pedro medió para la resurrección de una joven llamada Dorcas o Tabita (Hechos 9:36-42); y en la ciudad de Troas, en una provincia asiática del imperio romano, por mediación del apóstol Pablo, un joven llamado Eutico, también fue resucitado luego de haber muerto al caer de la ventana de un tercer piso mientras escuchaba el sermón del apóstol (Hechos 20:6-12).  Todo eso sucedió para seguir evidenciando que el poder de Dios es totalmente capaz de hacer vivir nuevamente a un ser humano.

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   El tercer aspecto fundamental acerca de la resurrección según las Sagradas Escrituras, es que:

III.- LA RESURRECCIÓN FUE NECESARIA EN LA PERSONA DE JESÚS.

  Desde que comenzó la muerte humana por causa del pecado, inmediatamente se escuchó de Dios mismo la promesa del nacimiento, vida, muerte, y resurrección de alguien que derrotaría al autor del pecado que hizo pecar tanto a Eva como a Adán.  Dios dijo directamente a Satanás, la serpiente del Edén: “…pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15).  Cuando se refirió a la simiente de la mujer, Dios le estaba anunciando a Satanás al mismo tiempo que a los seres humanos, que nacería (no necesariamente el primer hijo de Eva) alguien que terminará hiriendo mortalmente a la serpiente (a Satanás), pero lo único que la serpiente podrá hacer contra dicho hijo es herirle en el calcañar, una zona del cuerpo que suele ser duro, que puede soportar la mordedura y evitar la transfusión del veneno satánico al cuerpo humano del hijo especial de la mujer.  Las palabras que quizá alegraron a Satanás es que tendría el poder de herir al hijo de la mujer, aunque sea solamente en el calcañar; pero las palabras que sentenciaron a Satanás, es el sobre aviso de que a él le tocaría un golpe mortal que le llegaría al momento de que Jesús fuese resucitado.

   Aquel hijo de la promesa, no sería un ser de una naturaleza distinta a la del ser humano.  Aunque tendría también la naturaleza divina, sería al mismo tiempo un humano igualito a nosotros los humanos habidos y por haber.  Ese hijo fue nada menos que Jesús, de quien dice el apóstol Pablo a los Gálatas que: “…cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer” (Gálatas 4:4).  No solamente es Hijo de Dios, sino que también hijo de la mujer.  Como Hijo de Dios, siendo Dios mismo no tenía necesidad de resucitar, porque de ninguna manera podía morir; pero siendo hijo de la mujer, en otras palabras: un humano, que tiene la característica de poder morir, tuviese o no tuviese pecado, en caso de que muriese, para que su ministerio fuese validado o acreditado tenía que probar que él es lo que dijo, volviendo a vivir, por el mismo poder de Dios que habitaba en él.  Y lo hizo primeramente para volver a demostrar el poder de Dios sobre el cuerpo humano, sobre la vida y la muerte, y determinadamente sobre Satanás mismo, el pecado, y la muerte eterna que éste malvado nos causa a los seres humanos.   Es por eso que el apóstol Pablo escribió a los Corintios: Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.  /  Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1 Corintios 15:21,22).   Tras la muerte de Jesús, fue necesaria su resurrección por ser un hombre con la característica de poder ser mortal; y para que habiendo él resucitado, nosotros seamos vivificados no solamente en la regeneración del espíritu muerto en sus delitos y pecados, sino en la vivificación del cuerpo mortal cuando llegue el momento propio de nuestra resurrección.  Pero la resurrección de Jesús, no ocurrió ni siquiera por una sola virtud meramente humana que él poseyera, sino que fue por el poder de la naturaleza de Dios mismo que estaba en él.

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   El cuarto aspecto fundamental acerca de la resurrección según las Sagradas Escrituras, es que:

IV.- LA RESURRECCIÓN ES EL TEMA DE NUESTRO MINISTERIO.

   Ministerio es toda palabra y ejemplo de todos los creyentes que de manera personal y/o congregacional, anunciamos, proclamamos, o testificamos de Jesucristo.   Cuando Jesús acaba de resucitar, esa misma mañana al salir al encuentro de las mujeres que le habían ido a ver con la intención de embalsamarle, pero no fue necesario porque ya había resucitado, lo más sobresaliente de la conversación que hubo entre él y ellas, fue el consejo, consuelo, y mandato que él les dio, diciéndoles: “No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán” (Mateo 28:10).  Por supuesto que su resurrección tenía que darse a conocer, primeramente a los suyos, y luego al mundo entero.

   Luego, durante los 40 días después de su resurrección, tiempo en el que Jesús se estuvo apareciendo a sus discípulos, muy cerca del momento de su ascensión al cielo, les dijo: “Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día;  /  y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:46,47).  Jesús mismo en su calidad de resucitado, es que envía a los discípulos a predicar los requerimientos del reino de Dios.  Junto con la importancia expiatoria de su muerte, se tenía que dar a conocer también la importancia y trascendencia de su resurrección.  En realidad, todo tema de la fe cristiana como la predicación de “el arrepentimiento y el perdón de pecados”, tiene que ser presentado “en su nombre”, en nombre del resucitado.

   Si el quehacer de cada creyente, ministro del evangelio, o iglesia local en general, no comparte a un Cristo que venció no solamente el pecado, sino también la condenación, la muerte y el infierno mismo, será un mensaje sin vida que podrá tocar intelectos pero no corazones, que podrá dar conocimientos pero no salvación.

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   El quinto aspecto fundamental acerca de la resurrección según las Sagradas Escrituras, es que:

V.- LA RESURRECCIÓN ES PARTE DE NUESTRA ESPERANZA.

  El apóstol Pablo aceptando que en realidad Jesús sí resucitó, y no podía negarlo ni dudarlo porque personalmente él se había revelado vivo a Pablo (Hechos 9:1-5), y es por eso que les asegura a los Corintios: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.  /  […]21,22  /  Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida” (1 Corintios 15:20,23).  Con esta explicación nos damos cuenta primero que la resurrección para los seres humanos es una realidad, que incluso la recibió como primicia el hombre Jesús por haber sido aceptable el pago que hizo por nuestros pecados; luego nos damos cuenta que la muerte también en realidad no es la gran cosa que nos deje desprovistos de esperanza.  La muerte no es problema, primero, porque nuestro espíritu sigue vivo y gozando como espíritu lo glorioso de la eternidad y de la presencia celeste de Dios.  Segundo porque la resurrección de Jesucristo, asegura nuestra resurrección.  Nadie se preocupe por el tiempo de espera para la resurrección de los muertos, pues finalmente ocurrirá, especialmente para “los que son de Cristo, en su venida”.

   El apóstol Pablo, explicando el escenario del momento del regreso de Jesucristo, dice a los Corintios que “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles” (1 Corintios 15:52).  Pero lo glorioso del asunto es que: “los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Tesalonicenses 4:16).  Al decir que habrán quienes resucitarán primero, indica que hay quienes resucitarán después, y por lógica si lo que resucitarán primero son “los muertos en Cristo”, entonces los que resucitarán después serán los que han muerto sin Cristo.  Tanto los de Cristo como los que no son de Cristo, resucitarán incorruptibles en el sentido de que sus cuerpos serán tan capaces de existir por toda la eternidad bajo cualquier condición distinta a la que estamos sujetos en esta temporalidad terrenal.

   Para los que vayan al cielo donde no habrá necesidad de comer, eso no causará corrupción a dicho cuerpo como podría pasarnos aquí si dejamos de comer.  En el cielo no habrá necesidad de sol, porque la presencia de Dios lo ilumina todo, pero no le pasará nada al cuerpo por falta de sol, que aquí en la tierra de alguna manera lo necesitamos para el proceso de la fotosíntesis que controla el ciclo del óxigeno que inhalamos y el dióxido de carbono que exhalamos.   Pero para los que vayan en las llamas del infierno, a pesar del poder destructor del fuego, tampoco consumirán los cuerpos ya resucitados porque tales cuerpos siempre serán incorruptibles, sin embargo, tales cuerpos tendrán la sensitividad de recibir los ardores y tormentos propios del infierno por toda la eternidad.  Pero, los creyentes olvídense del infierno, no es para nosotros, nuestra esperanza después de ser resucitados es el cielo eterno, nuestra mayor esperanza viva.

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  CONCLUSIÓN: Las 9 resurrecciones de humanos mortales que mencioné durante este mensaje, tres del ministerio de los profetas Elías y Eliseo, del antiguo testamento; cuatro del ministerio de Jesús; y dos del ministerio apostólico, son pruebas de que el poder de Dios puede producir la resurrección de un ser humano.  Pero nuestra fe, no se funda en el efecto del poder de Dios en otros humanos, sino en el efecto del poder resurrector de Dios en su Hijo Jesucristo, en quien solamente por él también nosotros tenemos salvación, resurrección, y vida eterna libre de condenación.   Por eso, por todo lo antes expuesto debemos confirmar y fortalecer nuestra fe en creer en la resurrección como realidad, en creer en la resurrección gloriosa y victoriosa de Jesús, y en creer en la resurrección también gloriosa que nos aguarda al final de los tiempos cuando Jesucristo venga de nuevo.

   ¿Cree usted en la resurrección de la carne?

   

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