CÓMO NOS BENEFICIA LA RESURRECCIÓN DE JESÚS, Por: Diego Teh.

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CÓMO NOS BENEFICIA LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

Isaías 25:6-8.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Unidad en Cristo” de la Col. Morelos Oriente, de Mérida, Yuc; el día domingo de resurrección, 27 de Marzo del 2016, a las 18:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Nuestra lectura de Isaías 25:6-8 habla de por lo menos cinco acciones que Dios hará por su pueblo.  Las últimas tres acciones de esas cinco acciones consisten, primero en que Dios “destruirá a la muerte para siempre” (v. 8a), y luego que “enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros” (v. 8b), y finalmente que “quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra” (v. 8c).  Todas estas cosas fueron anunciadas por el profeta Isaías como 700 años antes de Cristo.  El sentido de esas palabras, para nosotros que ya conocemos más ampliamente el panorama del desarrollo de la obra salvadora de Dios, nos damos cuenta que describe el tiempo del final de la historia terrenal cuando Jesucristo venga por segunda vez a este mundo; aunque para la época que fue dicho, Jesús ni siquiera había venido por primera vez, pues faltaba como 7 siglos para que viniera a nacer.

   Sin embargo, me llama mucho la atención que el segmento de nuestra lectura comienza diciendo que Jehová de los ejércitos hará en este monte…” (v. 6a), y la frase “en este monte” (se repite dos veces en vv. 6,7), y entonces se da la descripción de las cinco acciones de Dios: Un banquete espléndido, la destrucción de una cubierta y un velo que cubre a las naciones, la destrucción de la muerte, el enjugamiento de rostros, y el quitar la afrenta de su pueblo.   Pero cuando relacionamos que estas acciones de Dios sucederán “en este monte”, y tratándose de que allí es donde Dios “Destruirá a la muerte para siempre” (v. 8a), entonces nos damos cuenta de que aun si se tratase de algo que va a ocurrir hasta el final de los tiempos, también hace referencia a algo que para la época del profeta Isaías ocurriría primero antes del final de los tiempos, que por todo lo que ahora conocemos de las Sagradas Escrituras, se trataba nada menos que de la muerte e incluso de la resurrección de Jesús, que ocurrió en un monte y sus alrededores, en el monte Calvario, donde se puede decir que Jesús venció a la muerte por primera vez, especialmente en su resurrección.  En otras palabras, la profecía de Isaías tendría para su época, un cumplimiento cercano y otro cumplimiento posterior.  La palabra “monte” es usada al mismo tiempo que en sentido literal para referirse al cumplimiento más cercano, y en sentido figurado para referirse al cumplimiento posterior, pues las acciones del cumplimiento posterior no sucederán en el monte sino en el cielo de la eternidad.

   Lo que podemos ver en aquel anuncio de Isaías es que los acontecimientos ‘del monte’, desatarían una serie de beneficios para el pueblo de Dios, beneficios que evidentemente tienen que ver con el acontecimiento tanto de la muerte como de la resurrección de Jesucristo.  Por eso, en este mensaje voy a compartirles que la resurrección de Jesús, que es la que realmente vence y destruye a la muerte para siempre, beneficia a todos los que creemos en la persona y obra de Jesús.  /  ¿Cómo nos beneficia entonces la resurrección de Jesús?  /  A través de diversos textos de las epístolas apostólicas, les compartiré cómo nos beneficia la resurrección de Jesús.

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   La primera manera como nos beneficia la resurrección de Jesús, es:

I.- ASEGURANDO NUESTRA JUSTIFICACIÓN

   El apóstol Pablo explicando cómo una persona puede ser justificada por Dios, explica que no es por acciones externas que uno realice, sino solamente por la fe.  Pone como ejemplo que Abraham, persona con quien Dios comenzó a formar su pueblo escogido del antiguo testamento, y dice de Abraham que “…su fe le fue contada por justicia” (Romanos 4:22).   Pero esa oferta de Dios, ¿fue solamente para el caso de este hombre?  La respuesta de Pablo es que “…no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada,  /  sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada”  (Romanos 4:23-24a).  Luego el apóstol sigue explicando que esa justificación por la fe se da, ¿a quiénes? “a los que creemos””  (Romanos 4:24b).   En otras palabras también para nosotros es por la fe, porque dice: “a los que creemos”; y para creer, lo que se necesita es fe.  Se trata de creer en Dios pues San Pablo dice que serán justificados “los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro,  /  el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:24b-25).  Pero lo que voy a enfatizar en este momento es que el apóstol concluye su explicación diciendo que Jesús no solo “fue entregado por nuestras transgresiones”, sino que añade enfáticamente que fue “resucitado PARA NUESTRA JUSTIFICACIÓN”.  Esto es más claro todavía, porque nos informa que incluso ni siquiera es la fe como expresión nuestra hacia las obras de Dios la que nos hace efectiva la justificación de Dios, sino el hecho mismo de que Jesús haya resucitado.  Esto quiere decir que la justificación es el resultado de una obra divina, y no necesariamente el resultado de un fe humana; por eso en términos doctrinales, la justificación de un pecador delante de Dios, se explica como “un acto de la libre gracia de Dios”.

   Amados hermanos, en otras palabras, Jesús resucitó para que cada uno de nosotros seamos justificados.  Creer en Jesús como Salvador, y en su resurrección, asegura que una persona sea justificada por Dios; pues es claro que Jesús fue “resucitado PARA NUESTRA JUSTIFICACIÓN”.  Este es el primer beneficio que recibimos gracias a la resurrección de Jesús.

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   La segunda manera como nos beneficia la resurrección de Jesús, es:

II.- TRANSFORMANDO NUESTRA VIDA.

   Ahora usaremos el texto de Pablo a los Romanos 6:4, texto que trataremos con sumo cuidado porque hay que distinguir en ello lo que es figurado y lo que es literal.  Casi todas las palabras del apóstol en todo este versículo tienen un sentido ilustrativo de principio a fin, al mismo tiempo que también algunas expresiones tienen un sentido literal, y a veces se combinan los dos sentidos.

   Por ejemplo, cuando el apóstol Pablo explica el bautismo como la muerte para el pecado, dice a los romanos: “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo…” (Romanos 6:4a).  Así, cuando usa la palabra “sepultados” no está hablando de un modo de bautismo por inmersión que sepulte a una persona dentro de agua, sino que está diciendo que el bautismo simboliza o representa para un creyente la decisión que ha tomado de morir para el pecado, y entonces por tal muerte, el hombre pecador, espiritualmente queda sepultado, tal como Cristo fue sepultado cuando en su caso sí murió físicamente en su crucifixión por el pecado.   Luego, en la siguiente frase del mismo versículo cuando continúa diciendo: “a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:4b), Pablo da por sentado que la persona que murió para el pecado, al mismo tiempo que tal persona comienza una vida nueva como Cristo comenzó a vivir de nuevo en su resurrección.

   Pero cuando Pablo dice que “Cristo resucitó de los muertos”, que es lo que me interesa enfatizar por el objetivo de este mensaje, nos impone a los creyentes la responsabilidad de que “nosotros andemos en vida nueva”.   Pero nadie puede tener ni practicar un vida nueva, si Dios no le concede esa gracia, pero esa gracia solamente es dado por Dios, gracias a que Cristo resucitó de los muertos.  Si Cristo no hubiese resucitado no hubiese tampoco ni siquiera la posibilidad de ser capacitados por Dios para vivir la vida nueva de salvación y santidad.

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   La tercera manera como nos beneficia la resurrección de Jesús, es:

III.- GARANTIZANDO NUESTRA ESPERANZA.

   Ahora, en palabras del apóstol Pedro, leemos en su primera epístola que al expresar una bendición a Dios el Padre, hace una explicación acerca de Él, diciendo: “…según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (1 Pedro 1:3b).  Lo que podemos encontrar en estas palabras son primeramente tres observaciones importantes: La primera observación, es que lo que Dios ha decidido hacer por nosotros es “según su grande misericordia”, no porque Él haya querido quedar bien con nosotros porque haya mirado en nosotros alguna dignidad que le haya movido a querer honrarnos.  La segunda observación, es que dice que Dios “nos hizo renacer”, lo que quiere decir que necesitábamos una vida diferente a la que antes teníamos.  Y si Él es quien tuvo que hacernos renacer es porque debió haber una incapacidad en nosotros mismos que evitaba que pudiésemos lograr tener una vida nueva.  Y la tercera observación, es que el motivo de hacernos renacer es “para una esperanza viva”.  La esperanza viva no se refiere solamente al privilegio de que cada creyente sea trasladado en al cielo eterno de Dios, porque el cielo no es un lugar que tiene vida en sí mismo, no es un ser con vida.   Entiendo por “esperanza viva”, el encontrarnos en con un ser que vive, y entiendo que se trata de la esperanza de encontrarnos cara a cara con Jesús que no murió para siempre pero que vive para siempre.  Es el Jesús que ahora es nuestro salvador, y que en el cielo de Dios nos recibirá y no solamente nos haremos una imaginación de él como ahora, sino que le veremos en vivo.

   Pero una cuarta observación en las palabras del apóstol Pedro, es que esas tres primeras obras de Dios el Padre a nuestro favor, es una realidad “por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (final del v. 3).   Esto nos explica claramente que la resurrección de Jesús nos otorga beneficios como el de garantizar nuestra esperanza de encontrarnos cara a cara, en vivo, no solo con nuestro Salvador Jesucristo, sino también con el Padre, y con la persona Espíritu Santo, quienes no solamente están vivos sino que son la fuente de la vida.

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    CONCLUSIÓN: Amados hermanos, en este día que estamos recordando que Jesús resucitó, no guardemos el hecho solamente como un dato en nuestra memoria humana, sino que creamos que Jesucristo es el Hijo de Dios que tomó nuestro lugar teniendo que morir por nosotros por causa de que somos pecadores deudores delante de Dios, pero que finalmente Jesucristo no quedó muerto, sino que vive para siempre y por él tenemos los beneficios de la justificación, de una vida nueva, y de una esperanza viva.

   Dios nos siga bendiciendo mis amados hermanos.

   

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