PASTOR, NO TE VAYAS, Por: Diego Teh.

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PASTOR, NO TE VAYAS.

Gálatas 4:15-20; 2 Tesalonicenses 3:1

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Dios está aquí” de la Hda, Lepán, Tecoh, Yucatán; el día domingo 22 de Mayo del 2016, a las 18:00 horas; en su culto previo a su reunión congregacional para su primera elección pastoral.

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   INTRODUCCIÓN:   El destacado pastor John MacArthur, en uno de sus artículos hizo una buena observación con respecto a la duración de los pastorados del pasado comparados con los de la actualidad.  Dice: “Hace años atrás, el pastorado promedio era medido en décadas. Pero aparentemente esos días se terminaron”.  Tomen nota que no dice que esos días terminaron, sino dice que “aparentemente esos días terminaron”, es decir, es posible que pastores e iglesias retomemos la visión de tener pastorados duraderos y estables.  MacArthur recuerda en su artículo que Juan Calvino ministró en Ginebra durante 25 años, que Carlos Simeón sirvió en Cambridge durante más de 50 años, que John Stott pastoreó en Londres durante más de 50 años, que Jonathan Edwards predicó en Northampton durante más de 20 años, y que D. Martyn Lloyd-Jones sirvió en Londres durante casi 30 años”.  MacArthur añade con respecto a esta larga duración de los pastorados que esto “era la norma, no la excepción”[1].

   En nuestro H. Presbiterio es triste ver pastores que si solamente fueron comisionados por el presbiterio no quieren tardar más de tres años en una iglesia, y si fueron electos en una reunión congregacional de la iglesia no quieren tardar más de cinco años.  Sin embargo, como esta no es una mentalidad generalizada hay pastores que sí quisieran continuar hasta 6, 8, 10, 11, 15 o más años como pastor de la misma iglesia, pero también es triste saber que consistorios y a veces mayoría de miembros de iglesias no están de acuerdo en que su pastor repita otro período constitucional de servicio.  En nuestro contexto presbiterial solo tengo conocimiento de pastores como el finado Pbro. Germán Celis Moguel que debió haber pastoreado la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, durante 40 años continuos.  Luego sé del Pbro. Jorge Pech Aguilar que pastoreó la iglesia “Príncipe de Paz” de Tekax durante 18 años, luego sus pastorados en la ciudad de Mérida han sido entre 3 y 5 años.  Parece que ya no hay iglesia que aguante a los pastores, ni pastores que aguanten a las iglesias.

   Por eso, en el mensaje de este momento voy a predicarles que nuestras acciones con respecto al hombre de Dios que pastoreará esta iglesia debe estar enfocada en procurar que el pastor no se vaya tan pronto de la iglesia por nuestra culpa.  /  ¿Qué acciones debemos realizar para que el pastor que elijamos no se vaya de la iglesia por nuestra culpa?  /  Usando diversos textos de las Sagradas Escrituras les compartiré tres acciones importantes que debemos hacer para que el pastor no se vaya de la iglesia por nuestra culpa.

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   La primera acción importante que debemos hacer para que el pastor de la iglesia no se vaya por nuestra culpa, es:

I.- APÓYALO EN SUS PROYECTOS DE TRABAJO.

   Cierto día, un niño pequeño les dijo a sus padres que, cuando fuera grande, quería ser pastor. “¿Por qué quieres ser pastor?” – le preguntaron. El niño contestó: “Es que, de todas formas tengo que ir a la Iglesia. Sería más divertido estar al frente y gritar, que seguir sentado siempre en la banca”[2].  Hermanos, este niño, es entendible por su edad, estaba totalmente confundido acerca de lo que consiste ser un pastor, pues un pastor no es solamente una persona que habla o grita en público un sermón.  Sin embargo, también hay adultos, lo peor es que son adultos cristianos que hasta son miembros de iglesias que no saben qué es todo lo que hace un pastor.  Algunos piensan que es un hombre que puede despertar a cualquier hora del día porque tiene seguro que le paguen su quincena por la iglesia, y que lo único que hace es aparecerse en los cultos una hora dos veces por semana para decir 30 minutos de sermón, y listo.  Noooo.  El pastor hace, mucho más que eso.

   Mientras el apóstol Pablo exhorta a los Gálatas que estaban actuando incorrectamente dejando de obedecer el evangelio de Jesucristo, les dice Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19).  Estas palabras comparativas del apóstol indican lo mucho que hace un pastor, y las dificultades que enfrenta en el camino por aquellos a quienes tiene bajo su cuidado pastoral.  Un verdadero pastor cuando se da cuenta que un miembro de la iglesia, o toda la iglesia local no está en lo correcto, le duele tanto que en el caso del apóstol Pablo, describe estas dificultades y preocupaciones como “dolores de parto” (el dolor de parto debe ser uno de los dolores más fuerte que una mujer madre experimenta).  Pero no se queda solamente como un dolor en su corazón, sino que hace lo necesario “hasta que Cristo sea formado en vosotros”.  El pastor día y noche en cualquier momento está orando por alguien, está estudiando la palabra para enseñar a alguien, está haciendo series de sermones, está programando conferencias, está haciendo visitas, está dando consejos oportunos, etc… para que los creyentes se parezcan a Cristo.  En mi caso amados hermanos, por cada predicación que tengo que compartir a la iglesia no solamente implica que me aparezco por 30 minutos ante la iglesia sino que me lleva por lo menos un promedio de 10 horas de la semana, pero a veces tengo que predicar dos o tres veces por semana, eso implica que ocupo hasta 30 horas en promedio por semana para prepararme.  Muchas veces, mientras muchos de ustedes están durmiendo, yo estoy a altas horas de la noche orando, estudiando, y escribiendo el sermón.  Eso nadie los ve, más que mi esposa que por ratos me dice: Diego, ya debes acostarte a dormir.  Sí ya voy –le respondo.  Pero no es todo lo que hago como pastor, tengo que visitar, reunirme con directivas de congregaciones, dar clases entre semana a oficiales electos, aconsejar a diversas personas, asistir a reuniones del Consistorio y de la Junta de diáconos de la Iglesia, atender todos los asuntos relacionados con mi trabajo de secretario del presbiterio, y además soy esposo y padre de una familia que le gusta que yo pase tiempo con ellos.  Ser pastor no es cosa fácil.  Además, lo que muchos no ven es que el pastor vive preocupado no solo por su propia familia sino hasta por otras muchas familias de la iglesia.

   Amados hermanos, el pastor que trabaja apasionado por la iglesia tiene mucho trabajo que realizar, de tal manera que necesita del apoyo de cada uno de los miembros de la iglesia.  Con más razón si eres un oficial de la iglesia.   Por eso, les insisto hermanos, que para que el pastor no se sienta desanimado al grado que quiera irse de la iglesia porque no siente el apoyo de usted, y para que no se vaya por culpa de la iglesia, es mejor que cada creyente decida apoyarlo en sus proyectos de trabajo.  Acérquese a él y pregúntele, pastor ¿en qué puedo ayudar en la iglesia, o en qué te puedo ayudar en el trabajo de la iglesia?  El pastor se va a sentir motivado a continuar trabajando con una iglesia donde siente el apoyo de los demás.

   La segunda acción importante que debemos hacer para que el pastor de la iglesia no se vaya por nuestra culpa, es:

II.- APÓYALO PARA QUE LE PAGUEN LO HONROSO.

  En estos versículos que más bien son una amonestación a los Gálatas para que vuelvan a ser buenos cristianos como lo fueron al principio, el apóstol Pablo, recordándoles cómo ellos se preocuparon por el sostenimiento honroso que recibió de ello cuando los pastoreó unos años atrás.  Les dice: os doy testimonio de que si hubieseis podido, os hubierais sacado vuestros propios ojos para dármelos” (Gálatas 4:15).  Este testimonio de Pablo describe muy bien el apoyo que recibía de los hermanos para sus necesidades personales.  En otras palabras los creyentes, la iglesia, se unieron en amor para tratar digna y honrosamente aquel que se denominaba el primero de los pecadores, pero que en su calidad de siervo y apóstol de Jesucristo les estaba pastoreando sus almas.  Las palabras de testimonio del apóstol Pablo implica que aquellos creyentes hicieron todo lo posible y con todo amor para proveerle los recursos para satisfacer sus necesidades básicas que tienen que ver con la alimentación, la vestimenta, hospedaje, y hasta en cuestiones de salud.

   Muchas veces he escuchado de personas que no son de la fe en Cristo que critican a algunos pastores que ellos conocen, y que en realidad sí hay algunos así, pero son muy pocos, que hacen del pastorado una cuestión de negocio en el que solamente sacan provecho económico de la membresía de sus iglesias, y en consecuencia llevan vidas llenas de lujos injustificables de un siervo de Jesucristo; sin embargo.  Tienen razón estas personas que hacen sus buenas observaciones acerca de malos pastores que abusan del pastorado.  Pero, por lo general hay más pastores buenos conforme al corazón de Dios que no por culpa de los malos o falsos pastores, estos buenos pastores sean dejados en el descuido de la iglesia, toda vez que consagran su tiempo, estando disponibles cualquier día y a cualquier hora para servir a la iglesia y hasta los que no son de la iglesia.  Estos hombres de Dios merecen ser tratados honrosamente como dice el apóstol Pablo que “sean tenidos por dignos de doble honor” (1 Timoteo 5:17).

   Amados hermanos, damos gracias a Dios por esta congregación que después de 34 años ya todo está encaminado para ser muy pronto organizada en iglesia, en la que tendrán la oportunidad de tener a un pastor que les servirá con el amor de Cristo para la edificación de ustedes, de sus familias, pero esta persona va a necesitar del sustento para su familia.  Les felicitamos por el esfuerzo que han hecho cada uno de ustedes juntamente con sus familias de aportar sus diezmos y ofrendas que han mejorado las finanzas de esta congregación, pero todavía falta que otros cumplan para que se tenga una economía congregacional estable.  Les animo a los que han estado aportando, que lo sigan haciendo por amor a la obra de nuestro Salvador Jesucristo.  Y a quienes todavía no están comprometidos, en aportar lo que Dios espera de ustedes les animo que lo comiencen a hacer, para que el seminarista, el candidato al ministerio pastoral, el licenciado predicador, o el pastor que venga a trabajar con ustedes, tenga lo que honroso, y pueda hacer su trabajo con dedicación completa, y no esté preocupado por tener que irse a ver dónde consigue el complemento de sus ingresos para él y su familia.  Una forma de apoyar para que un pastor permanezca largo tiempo con ustedes y que pueda dedicarse verdaderamente a su trabajo pastoral, es pagándole lo que es digno y honroso (Cf. 1 Corintios 1:9-14: 1 Timoteo 5:18).

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   La tercera acción importante que debemos hacer para que el pastor de la iglesia no se vaya por nuestra culpa, es:

III.- APÓYALO ORANDO POR SUS NECESIDADES.

   Amados hermanos, un pastor con ética profesional sabe que no tiene que estar pidiendo y pidiendo dinero a la iglesia que sirve.  Si lo llega a pedir lo debe hacer con toda honestidad de que hay una gran necesidad en su familia por el cual se justifica su petición.   Pero hay algo que el pastor aunque no lo pida lo necesita, es la oración de cada uno de los creyentes que forman parte de la iglesia que está sirviendo, incluso de las iglesias que antes ha servido.  El apóstol Pablo, junto con sus consiervos Silvano y Timoteo (cf. 2 Tesalonicenses 1:1), en su segunda epístola a los Tesalonicenses, les solicita con urgencia: “…hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros” (2 Tesalonicenses 3:1).  El pastor no solamente necesita dinero sino que necesita mucho más la oración de la iglesia.  Un pastor necesita la oración de cada uno de los creyentes, y lo pide cuando está verdaderamente interesado en que sea usado por Dios en el avance de la obra del Señor.

   Amados hermanos, ¿cómo pone usted en práctica este apoyo de oración a quienes le servimos en el amor del Señor en el trabajo pastoral?  Cada creyente debería orar por lo menos una vez a la semana por la predicación y por la enseñanza que el pastor va a presentar a la iglesia por lo menos el sábado y el domingo.  Cada creyente debe orar por el buen resultado de la o las visitas que el pastor va a realizar durante la semana.  Cada creyente debe orar por la vida de la esposa del pastor y de sus hijos quienes a veces con tal de dedicarse a servir a la iglesia estos son desatendidos en su vida espiritual y familiar.  Todo pastor necesita este apoyo poderoso de la oración, y el pastor se dará cuenta de que la iglesia le ama, y no deseará irse.   Aunque déjeme decirle que hay un peligro por orar tanto por el pastor, pero ni modo.  El peligro consiste en que cuando una iglesia ora por su pastor, el pastor mejora mucho, y otra iglesia se lo querrá llevar para que sea su pastor; sin embargo, no se irá por culpa de ustedes; pero si el pastor valora que ustedes oran mucho por él, estoy seguro que no querrá irse de la iglesia, sino que estará dispuesto a quedarse, y trabajar de manera comprometida y responsable con ustedes.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, muy pronto tendrán a su primer pastor, y entonces tendrán la responsabilidad de apoyarlo en sus proyectos, en su economía, y con la oraciones.  No es sano que el pastor por no recibir el apoyo de la iglesia en sus proyectos, economía, y oración, esté solamente esperando que se termine los cinco años de su llamamiento pastoral para que se vaya a otra iglesia en la que espera que le apoyen más, pero quizá muy pronto va a descubrir que es la misma historia que de donde se quitó.  No es sano que si un pastor llega a ser comisionado con ustedes por no recibir el apoyo necesario para su labor pastoral, se quiera ir desde los primeros seis meses antes de que se terminen los tres años de su comisión.  Hermanos, quiero encargarles en el amor del Señor que amen a sus pastores, que ustedes sean capaces de decirle al que primeramente Dios muy pronto será su primer pastor: Pastor, no te vayas.  Si ustedes apoyan a su pastor, él trabajará con ustedes con mucho entusiasmo, y no querrá irse de la iglesia.  Queremos pastores que permanezcan largo tiempo en una iglesia para que puedan desarrollar un ministerio estable y fructífero que no se logra solamente en un corto o cortísimo pastorado.  Pero también queremos iglesias con la visión de apoyar a sus pastores en todo lo que contribuya al fortalecimiento ministerial del pastor.

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[1] MacArthur, John; Consejos prácticos para tener un ministerio duradero; http://www.gracia.org/recursos.aspx?p=a&article=9

[2] Hanckok, Tony; La autoridad de Dios en la Iglesia, http://www.iglesiatriunfante.com/sermon/

   

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