TODOS FUERON BAUTIZADOS (Parte I), Por: Diego Teh.

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TODOS FUERON BAUTIZADOS (I)

1 Corintios 10:1-4.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Dios está aquí” de la Hda. Lepán, Tecoh, Yucatán; el día sábado 28 de Mayo del 2016, a las 19:00 horas; en ocasión del bautismo del infante Hiroshi Osorio Dzul, hijo de Teresita Osorio Dzul.

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   INTRODUCCIÓN: Hoy he escogido predicarles un texto bíblico que presenta la realidad de la existencia y presencia de Cristo con los israelitas liberados de Egipto y conducidos a la tierra prometida.  Esto acontece como 1500 años antes de que Jesucristo naciese en Belén.  Esto no debe sorprendernos pues incluso cuando Jesús defiende ante un grupo de judíos su preexistencia con respecto a la época de su nacimiento, les dice: “De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58).  Y Abraham, existió como 500 años antes de Moisés, lo cuál significa que Jesús supera los 2,000 años.  En realidad él es el principio (cf. Colosenses 1:18), e incluso él es el creador pues todo fue creado por medio de él y para él” (Colosenses 1:16), por lo que “él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1:17).  Con esta realidad eterna y temporal de Jesús no tenemos problema para ubicar la existencia y presencia de Jesús con los israelitas en cualquier contexto, especialmente cuando viajaban en el desierto rumbo a la tierra prometida.  El apóstol Pablo, recordando el evento de proveerle agua a los israelitas procediendo de una gran roca, afirma que “la roca era Cristo” (1 Corintios 10:4 al final).

   Pero hay otros detalles interesantes en nuestro texto para el mensaje de este momento.   Por ejemplo, el apóstol Pablo dice que los israelitas “todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía”, lo cual haciendo uso de la analogía y de las declaraciones de Jesús, está dando a entender que Jesús quien se había declarado ser el “Pan de Vida” (Juan 6:35,41,48,51), y el “Agua de Vida” (cf. Juan 4:14), estaba presente por medio del maná y del agua con los que en el desierto alimentó a este pueblo escogido por Dios.

   Sin embargo, el detalle relevante que utilizaré en este momento tiene que ver con el bautismo que Jesús encargó que se aplicara a todos los que se hicieran discípulos de su evangelio; bautizo que el apóstol Pablo, le da una aplicación para el pasado, como 1,500 años atrás, diciéndoles a los creyentes de Corinto: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar;  /  y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar” (1 Corintios 10:1-2).  Es notorio que San Pablo estaba refiriéndose a un bautismo como el bautismo en nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, que ocurrió cuando en el desierto Dios guiaba a los israelitas mediante su presencia manifestada en una columna de nube durante el día y en una columna de fuego durante la noche.  Y en otro caso, estaba refiriéndose cuando los israelitas cruzaron el mar que abrió paso en tierra seca para que los israelitas pasaran al otro lado y se salven de la persecución de los egipcios, cuando ese mismo mar sepultó a los egipcios luego que los israelitas pasaron sin problemas entre las paredes del mar.

   San Pablo nos dice que “TODOS EN MOISÉS FUERON BAUTIZADOS EN LA NUBE Y EN EL MAR”.  ¿Qué significan estas palabras?.  En este mensaje, basado en esta afirmación del apóstol Pablo, voy a compartirles que lo que implica la experiencia de ser bautizado.  ¿Qué implica la experiencia de ser bautizado?  En este pasaje analógico invertido (aplicando el presente al pasado), el apóstol Pablo deja ver las implicaciones de ser bautizado en la actualidad.

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   La primera implicación de ser bautizado en la actualidad, es que:

I.- EL BAUTISMO ES PARA TODA LA FAMILIA.

   Es interesante que en estas palabras, solamente en los versículos 1 y 2, el apóstol Pablo usa tres veces la palabra “TODOS”, diciendo que: “TODOS estuvieron bajo la nube, y TODOS pasaron el mar;  /  y TODOS en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar” (1 Corintios 10:1,2).  En los versículos 3 y 4 también continúa usando la palabra “TODOS”, otras tres veces, diciendo: “y TODOS comieron el mismo alimento espiritual,  /  y TODOS bebieron la misma bebida espiritual;…” (1 Corintios 10:3,4a).  Pero, las primeras tres veces que la palabra “TODOS” se encuentra en los versículos 1 y 2, tienen que ver con el bautismo especial que aquellos israelitas recibieron.

   Lo relevante de esta observación es que con ello se enfatiza que quienes fueron bautizados en aquella ocasión, fueron TODOS, no solamente adultos, sino hasta las mujeres, los niños, etc…  Dios no mandó a mujeres y niños por una ruta distinta donde la nube de Su gloria no estuviese.  Bajo la nube estaban TODOS juntos como familias.  Dios no mandó a mujeres y niños, ni solo a niños por una ruta distinta cuando pasaron el mar que se abrió para dar paso a los israelitas, sino que TODOS, adultos y niños “pasaron el mar” seco.  Aquel bautismo “en la nube y en el mar”, incluyó a toda la familia.  Esta es la razón por la que digo que el bautismo es para toda la familia.  Esta es una de las razones por la que recibimos el bautismo cristiano, y bautizamos a nuestros hijos.

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   La segunda implicación de ser bautizado en la actualidad, es que:

II.- EL BAUTISMO SE RECIBE DESPUÉS DE CREERLE A DIOS.

  ¿Cómo vemos que los israelitas habían aceptado a Dios?  Cuando todavía estaban en Egipto, Moisés les había invitado a salir de Egipto, para dedicarse a servir solamente al Dios de sus antepasados Abraham, Isaac, y Jacob.  Si es que decidieron salir de Egipto es porque ya habían primeramente creído al único y verdadero Dios.  Es hasta después de haberle creído, y después de haber salido de Egipto que Dios los acompaña manifestándose por medio de una columna de nube de día, y columna de fuego de noche, y es entonces cuando comienzan a ser bautizados, pues Pablo recuerda a los Corintios que los israelitas que salieron de Egipto fueron bautizados en la nube y en el mar.  No fueron bautizados antes de creerle a Dios, sino hasta después de haberle creído y comenzado a experimentar la libertad.

  Como 500 años antes cuando Dios llamó a Abraham, ordenándole que saliera de la tierra de Ur de los caldeos, a una tierra que Él le mostraría y que se la daría por heredad a él y a su descendencia, Moisés dice de Abraham que: “creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Génesis 15:6).  Fue su acción de creerle a Jehová Dios lo que le comenzó a valer como justicia ante Dios, y entonces continuó recibiendo las bendiciones correspondientes a su fe en Dios.  Lo mismo ocurre cuando sus descendientes creen a Dios estando en la esclavitud. Creen en Dios y que Él les llevaría a la tierra prometida para ellos desde el pasado, entonces al ser liberados comienzan a ser bautizados en la nube y en el mar, interesantemente no por el sacramento del bautismo de agua, sino por una cobertura de la presencia de Dios que les acompañaría a la tierra prometida.

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   La tercera implicación de ser bautizado en la actualidad, es que:

III.- EL BAUTISMO ES MÁS QUE SOLAMENTE APLICACIÓN DE AGUA.

   Dos detalles interesantes a observar es que la gente del pueblo de Israel fueron bautizados en la nube y en el mar”, pero ¿hubo agua de por medio?  La respuesta es que no hubo.  La nube mencionada por Pablo, no era una nube de lluvia, sin que era una nube especial en la que Dios manifestaba su presencia, conocida entre los israelitas como La Shekiná, o nube de la gloria de Dios.  No era de lluvia, por lo que el bautismo al que Pablo se refiere que aquellos recibieron en la nube no fue de agua, sino de la presencia de Dios que acompaña a un pecador durante toda la vida.  El bautismo sacramental de agua de nada serviría si no va acompañada de la presencia real y espiritual de Dios.  Es por eso que el bautismo es más que solamente aplicación de agua, pues implica el estar de acuerdo en el acompañamiento de Dios en la vida, y estar de acuerdo en caminar con Él de la mano para ser guiado hacia la salvación eterna.

   Luego San Pablo también menciona que fueron bautizados no solamente “en la nube, sino también “en el mar”.  Se supone que es una referencia cuando los israelitas cruzaron el mar que se abrió cuando los egipcios perseguían a los israelitas que habían salido de Egipto.  Dice la historia del caso, que los israelitas pasaron en tierra seca, por lo tanto no hubo agua de por medio, pero dice San Pablo que en ese caso aunque sin agua, “TODOS […] fueron bautizados”.  Si es que hubo agua en aquel camino milagroso y poderosamente abierto en el mar, no fue el elemento con el que fueron bautizados, pues fue hasta después que pasaron los israelitas hasta el otro lado del mar que hubo agua nuevamente en el área de aquel ‘bautizo’ especial.  Pero cuando los egipcios estaban pasando justamente en el mismo lugar que se había secado para el paso de los israelitas, las aguas regresaron inmediatamente a su lugar sepultando a todos los enemigos del pueblo israelita.   Este sepultamiento de los egipcios con agua por supuesto que tampoco fue un bautismo sacramental por inmersión, sino una aplicación de la justicia e ira de Dios contra estos idólatras y opresores que maltrataron a su pueblo amado.  Pero en el caso de los israelitas que pasaron la tierra seca cuando el mar se abrió para darles paso, según San Pablo fue un bautizo aunque no con agua, bautizo por la misma presencia real, espiritual, y teofánica de Dios.  Con esto también confirmamos de nuevo que el bautismo sacramental es más que solamente aplicación de agua, pues implica estar dispuesto a dejar que en las circunstancias más difíciles de la vida, Dios sea la guía de nuestra vida.

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   La cuarta implicación de ser bautizado en la actualidad, es que:

IV.- EL BAUTISMO ES SOLAMENTE EL COMIENZO DE UN COMPROMISO.

   Ahora, observemos que lo primero que se enfatiza en los versículos 1 y 2 es que “todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar;  /  y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar” (1 Corintios 10:1,2); ubicando este bautismo especial como lo primero que el pueblo de Dios recibió de Dios tanto en la nube como en el mar.  Pero tomando en cuenta el contexto narrado en los siguientes versículos 3 y 4, nos damos cuenta que el bautismo no fue lo único que era necesario, sino que hubieron otros elementos, pues el apóstol Pablo continúa diciendo que luego del bautismo, todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual;…”.  El bautismo fue solamente un comienzo porque después continuaron alimentándose de unas hojuelas que fueron llamadas “maná”, y bebiendo agua natural compuesto químicamente de H2O, pero a pesar de sus componentes físicos o químicos, el apóstol Pablo les llama tanto al maná como al agua: alimento espiritual” y “bebida espiritual”.  Lo que inició al ser bautizados con la presencia de Dios en la nube, y en el acompañamiento de Dios en el mar cuyas aguas abrieron camino para dar paso a los israelitas, continuó con el compromiso de olvidar la carne y las ollas de comida que disfrutaban en Egipto a pesar de la esclavitud, y a cambio alimentar primeramente sus almas con lo espiritual que Dios les comunicaba por medio de alimentos y bebidas materiales con las que también fortalecía sus cuerpos durante el viaje a pie en el desierto.  El bautismo en la nube y en el mar solamente fue el comienzo de una experiencia que después sería más profunda con el maná y el agua que además de alimentarlos físicamente también los alimentó espiritualmente.

   Amados hermanos, el bautismo sacramental con agua que hoy tendré el privilegio de aplicar, no es todo lo que debemos procurar obtener para nosotros o para nuestros hijos, y habiéndolo recibido demos por terminado nuestro interés por todo lo que es espiritual que procede de Dios.  El bautismo no debe ser nuestra meta.  El bautismo solamente debe ser nuestro punto de partida para que los adultos y padres nos sigamos edificando en todo aquello que Dios ha establecido para nuestro crecimiento espiritual.  También cuando bautizamos a nuestros hijos, con mayor razón, seguimos comprometidos en edificarlos en la gracia salvadora.  El bautismo es solamente el inicio de una relación con Dios, no es la meta final que debemos procurar, por lo que todo aquel que ha recibido el bautismo deberá procurar crecer en la gracia.  No se debe conseguir el bautismo para nuestros hijos como hacen algunos padres, que solo por eso se hacen miembros de una iglesia para que sus hijos sean bautizados, y luego desaparecen de la iglesia.  Cuando un adulto se bautiza, e igualmente cuando nuestros hijos son bautizados, asumimos la responsabilidad de continuar comprometidos a seguir alimentándonos espiritualmente en la gracia junto con nuestros hijos.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, qué bien que nuestras familias hemos entendido que el bautismo es para nosotros los adultos y para nuestros hijos.  Es bueno estar conscientes de que de nada serviría un bautismo si no se está dispuesto a creerles a Dios y a su Hijo Jesucristo, porque no es el bautismo lo que trae perdón de pecados, sino Jesucristo.  Entre sus predicaciones, Juan el Bautista dijo señalando a Jesús He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Juan 1:29b), NO ES EL BAUTISMO que quita el pecado sino Jesús.  Tanto los adultos como nuestros hijos, necesitamos TODOS de Jesús antes que el bautismo.  En una de sus primeras predicaciones a los judíos el apóstol Pedro, hablándoles de Jesús les dijo a los judíos: Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).  También aquí queda claro que NO ES EL NOMBRE DEL BAUTISMO lo que salva sino el nombre de Jesús. ¿De qué sirve ser bautizado y no creer en Jesús para ser salvo?  Es por eso que cuando un infante es bautizado hay una mayor responsabilidad en los padres primeramente y luego también en la iglesia de guiar al niño a su salvación por medio de Jesús.  En una ocasión al apóstol Pablo y a sus acompañantes les hicieron la pregunta: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?”, y la respuesta que dieron al hombre que les hizo la pregunta, fue: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:30,31).  No le dijeron bautízate, sino “cree en el Señor Jesucristo”.  Nadie se confíe en unos militros de agua, aun su fuera el agua de todo un océano, UN BAUTISMO SIN CRISTO NO TRAE SALVACIÓN, pues Cristo siempre es necesario. Y recuerden el bautismo no es la meta final, sino solamente el punto de partida para una vida de compromiso en todas las áreas de responsabilidad con Dios.  Y si el bautismo es aplicado a un infante, como es el caso de esta ocasión, el primero compromiso que es adquirido en este momento es el conducir a Hiroshi a la salvación en Cristo Jesús.

   

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