LA ORACIÓN ES UNA SAGRADA OCUPACIÓN, Por: Diego Teh.

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LA ORACIÓN ES UNA SAGRADA OCUPACIÓN

Lucas 21:37,38; y varios textos.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Luz de Vida” de la col. Bojórquez, de Mérida, Yucatán; el domingo 12 de Junio 2016, a las 18:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Se dice que algo es sagrado cuando algo está dedicado a una divinidad.  Nosotros consideramos sagrado a todo aquello que está dedicado al culto del único Dios vivo y verdadero.  Así decimos por ejemplo que la música con la que acompañamos los himnos es música sacra, porque está dedicada a la adoración a Dios.  De la misma manera los himnos son sagrados porque están dedicados a la adoración a Dios, que el culto es sagrado porque está dedicado a Dios, y que la oración a Dios apropiadamente también es sagrada porque está dirigida a Dios.  En consecuencia la acción de practicar algo que está dedicado a Dios o en honor a Dios, hace que tal acción sea considerada como sagrada.  Es por eso que hoy voy a predicarles acerca de lo sagrado que es practicar la oración.

   Específicamente voy a compartirles en este mensaje que la oración es una sagrada ocupación.  /  ¿Por qué la oración es una sagrada ocupación?  Obviamente como ya he dicho, es sagrada porque es dirigida al único Dios vivo y verdadero.  /  Pero, a través de diversos textos de las Sagradas Escrituras voy a compartirles 4 razones por las que la oración es una sagrada ocupación.

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   La primera razón porque la oración es una sagrada ocupación, es:

I.- PORQUE PARA MANTENERSE EN CONTACTO CON DIOS SE DEBE ORAR MUCHAS VECES AL DÍA.

   Leí un sermón titulado: ¿Anda muy ocupado?, pues no deje de orar. El pastor que predicó dicho sermón, en su introducción relató el caso siguiente de un creyente que había entendido la importancia y la necesidad de la oración.  Lo relata así: “Juan está muy ocupado. Demasiado, dirían las personas que le conocen. Trabaja hasta muy tarde y, antes que todos hayan llegado a la oficina, ya él se encuentra sentado frente al computador, con una calculadora y una libreta en un costado del escritorio, elaborando informes. Lo que nadie podía jamás desconocer en aquella factoría, era su disciplina. Y esa misma disciplina aplicaba al comenzar su jornada en oración, hacia el mediodía al tomar sus alimentos y después de un descanso, tiempo que aprovechaba para leer capítulos en un viejo ejemplar del Nuevo Testamento.  A esa búsqueda permanente de Dios atribuía su éxito no solo en el trabajo sino también en su desenvolvimiento ministerial en la iglesia. “Por cansado que pudiera estar mi cuerpo, no dejo de orar”, solía repetirle a sus compañeros[1].  No sé a ustedes, pero a muy pocos cristianos he conocido de quienes puedo decir que he visto que oran por lo menos antes de cada comida, y más escasos los que he conocido que hacen oración antes de comenzar su trabajo del día.  También creo que ya son escasos los cristianos que oran antes de dormir y al despertar.  Y acerca de los problemas de la vida personal, de la vida familiar, de los motivos de la iglesia a la que pertenecen, ¿en qué momento orarán?

   El apóstol Pablo, a los Efesios les dice que como cristianos deberían ser muy sabios para administrar su tiempo, por lo que deberían estar siempre “aprovechando bien el tiempo” (Efesios 5:16).  Aprovechar bien el tiempo en horas de trabajo es muy bueno porque nos hace excelentes empleados o trabajadores.  Aprovechar bien el tiempo con la familia, con los hijos, etc…, es muy bueno porque desarrollamos nuestra calidad humana familiar y espiritual con ellos.  Aprovechar bien el tiempo para con Dios yendo al culto de adoración congregacional es bueno porque por lo menos le damos a Dios un poco de la mucha honra que le corresponde.   Aprovechar bien el tiempo para nuestro crecimiento espiritual cristiano, es muy necesario y se logra mediante la práctica y participación de los diferentes medios de gracia que están a nuestro alcance, entre ellos la práctica de la oración personal.  Esto puede hacerse en una de las muchas pausas que hacemos mientras aprovechamos nuestro tiempo de trabajo. Siempre hay muchos pequeños tiempos libres en los que podemos elevar a Dios una oración.

   Amados hermanos, por lo menos oren 6 veces al día. Primero al despertar; segundo antes del desayuno; tercero antes del almuerzo; cuarto antes de la cena; quinto en cualquier otro momento del día por algún asunto personal, familiar, laboral, o de la iglesia; y sexto antes de acostarte a dormir.  Dije que por lo menos, seis veces al día, pero si durante el día surge otro motivo para orar, haga otra oración. Así estaríamos practicando la oración como una sagrada ocupación, al ocuparnos en ello muchas veces al día.

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   La segunda razón porque la oración es una sagrada ocupación, es:

II.- PORQUE DESPUÉS DE UN DÍA DE MUCHO TRABAJO HAY QUE ORAR PARA OBTENER FUERZAS DE DIOS PARA EL DÍA SIGUIENTE.

  Un día que Jesús se encontraba en el templo observando a la religiosidad de la gente, aprovechó para enseñar a la gente cómo se debe dar la ofrenda a Dios, cuáles serían algunas de las señales antes del fin, y por qué es importante practicar la oración.  Pero San Lucas, inmediatamente dice acerca de Jesús: “Y enseñaba de día en el templo; y de noche, saliendo, se estaba en el monte que se llama de los Olivos.  /  Y todo el pueblo venía a él por la mañana, para oírle en el templo” (Lucas 21:37,38; RV60).  La NVI lo traduce con más claridad diciendo: De día Jesús enseñaba en el templo, pero salía a pasar la noche en el monte llamado de los Olivos,  /  y toda la gente madrugaba para ir al templo a oírlo” (Lucas 21:37,38; NVI).

   Primero observemos, la hora en el que Jesús ya estaba en pie y ya había acudido al templo.  El verso 38 dice que “todo el pueblo venía a él por la mañana, para oírle en el templo”.  La NVI es más clara al traducir con más precisión que toda la gente “madrugaba para ir al templo a oírlo”.  Aunque dice que es la gente que madrugaba, también implica que Jesús madrugaba mucho antes que ellos para ir al templo a enseñar a los que quisieran.  Lo que primero quiero resaltar es que Jesús desde la madrugada ya estaba ocupado enseñando.  En segundo lugar observemos que San Lucas dice que Jesús enseñaba de día en el templo (RV60), lo que indica como muy probable que no eran 20 minutos nada más por la madrugada, sino en varias ocasiones durante el día, y seguramente no eran breves sino largas intervenciones, lo que presupone que aquellos días no eran de relax sino que llenos de cansancio tanto para el cuerpo como para el espíritu, pues casi a diario tenía que lidiar con los adversarios religiosos de su tiempo.  Y en tercer lugar lo que propiamente quiero enfatizar es que San Lucas dice de Jesús que de noche, saliendo, se estaba en el monte que se llama de los Olivos”. ¿Iba al monte de los Olivos para dormir? Aunque le servía de un poco de descanso, no iba para dormir, ni objetivamente para descansar.  Entonces, ¿qué iba a hacer allí?  Aunque este texto no lo describe, el contexto general de la relación y preferencia de Jesús con dicho monte siempre fue para ir a orar.  Así que encontramos a Jesús, no de día sino de noche, dedicado a la oración buscando fuerzas de Dios para el día siguiente ‘mientras descansaba’ del arduo trabajo que había realizado durante todo el día, pues al día siguiente desde la madrugada ya estaría de pie comenzando su trabajo correspondiente.  Estar cansado, o haber tenido un día muy ocupado, no era excusa para caminar hacia el monte, y tampoco era excusa quedarse allí por lo menos una hora para orar.

   Amados hermanos, ocuparse de la oración es verdaderamente sagrado porque nos comunica con Dios, todas las veces que las hacemos en nuestros muchos ratos libres que tenemos durante el día.  Sin embargo, es también apropiado y necesario que por las noches antes de acostarse a dormir, no solamente demos gracias a Dios por el día que hemos vivido, ni solamente para invocar su cuidado mientras dormimos, sino también para ofrecernos para su gloria para el día siguiente y pedirle su poder para nuestros deberes.

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   La tercera razón porque la oración es una sagrada ocupación, es:

III.- PORQUE PARA LA PROCLAMACIÓN Y EXTENDIMIENTO DEL EVANGELIO ES NECESARIO DEDICAR TIEMPO A LA ORACIÓN.

   Relacionando las ideas de estos dos versículos acerca de Jesús, primero le vemos de noche, […] en el monte que se llama de los Olivos” (Lucas 21:37) sin duda que orando, y al día siguiente “por la mañana, […] en el templo” (Lucas 21:38).  Estaba en el templo no de contemplativo o expectador sino que “enseñaba” (Lucas 21:37), sin duda que enseñaba mensajes de arrepentimiento, de revelación del reino de Dios, de salvación, etc…  Lo que podemos observar en esta experiencia de Jesús, es que antes de disponerse a enseñar, lo primero que Jesús hacía era ocuparse en orar.  Para cumplir su misión de revelar la voluntad de Dios a los pecadores, a pesar de ser poseedor de la naturaleza divina en su personalidad, tenía que recurrir a la oración para invocar de Su Padre celestial el poder que aquí en la tierra se necesita para hablar palabras de redención a los seres humanos.  Jesús no podía descuidar esta sagrada ocupación, porque también era un ser humano como nosotros aunque sin pecado, pues la oración fue siempre su sustento espiritual para el cumplimiento de toda su misión.

   El apóstol Pablo por su parte, juntamente con Silvano y Timoteo, otros compañeros de ministerio, cuando les escribe su segunda epístola a los Tesalonicenses, les ruega: “Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada,…” (2 Tesalonicenses 3:1).  “… Que la palabra del Señor corra y sea glorificada”, siempre ha sido la preocupación de cristianos fieles y comprometidos de todos los tiempos, y saben “que la palabra del Señor” no corre si no hay oración de parte de aquel que desea ser parte de su proclamación.  Pablo siempre oraba por el extendimiento del evangelio, sin embargo, además de la oración personal es necesario que los demás creyentes apoyen con sus oraciones la causa del evangelio.  Por eso les pide a los tesalonicenses: “orad por nosotros”.

  Amados hermanos, así sean personas que han consagrado su vida de tiempo completo a este ministerio; o así sean personas que cumpliendo sus respectivos trabajos en cualquier empleo, oficio, o profesión, dedican solo parte de su tiempo para ese fin, pero que quieren que el evangelio de Jesucristo “la palabra del Señor corra y sea glorificada”, esto no es posible si la sagrada ocupación de la oración no es parte de sus vidas.  La gran mayoría de los que escuchan este mensaje tienen sus propios empleos, oficios, y profesiones, y están dedicados a ello el tiempo máximo necesario para ganarse el pan de cada día; sin embargo, como cristianos comprometidos a la proclamación y extendimiento del evangelio, es necesario que dediquen tiempo para orar por el avance del evangelio.  No solamente oren por lo que a ustedes les interesa.  No solamente oren cuando se trata de ustedes o de su familia.  Qué hermoso es que sin descuidar los trabajos que Dios nos ha confiado en la empresa, en la oficina o en el taller propio, podamos contribuir mediante la oración “que la palabra del Señor corra”.   A pesar de no ser pastores, oficiales de iglesia, o cantantes, etc… también deben ocuparse en dedicar momentos de oración, primero para que Dios los use a ustedes para tener la experiencia de hacer por lo menos un discípulo más para Cristo, y segundo para orar por los que dedican su tiempo para extender el evangelio.  Esa es parte de nuestra sagrada ocupación, ya sea de día o ya sea de noche, sea recién despiertos, o sea intensamente cansados.  Orar es sagrado porque busca en Dios el poder para avanzar su obra salvadora en los corazones de la gente por ahora perdida sin Dios en sus vidas.

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   La cuarta razón porque la oración es una sagrada ocupación, es:

IV.- PORQUE PARA ENFRENTAR ADECUADAMENTE NUESTROS PROBLEMAS ESPIRITUALES SER REQUIERE ORAR A DIOS.

   Es interesante lo que San Lucas nos dice acerca de Jesús, antes que los soldados lo arrestaran la noche antes de que lo crucificaran.  Jesús sabía para qué vino a nacer, vivir, y predicar en este mundo.  Jesús sabía y sentía que cada instante que pasaba se acercaba el momento de pagar con su vida la condenación de la muerte por los pecados de aquellos a quienes el Padre había determinado salvar.  Él sabía que estaba a punto de ser condenado a la crucifixión, y siendo también humano como cualquiera de nosotros, eso le alteró los pensamientos, sentimientos, temores, y preocupaciones, al grado de que en su oración le decía a su Padre: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).  Jesús no se estaba negando a dar su vida por la salvación de los pecadores, sino que estaba diciendo legítima y no pecaminosamente, que si se pudiese, pues le gustaría evitar la muerte.  Y así se lo dijo a su padre por lo menos en tres diversas oraciones que hizo aquella noche (cf. Mateo 26:39,42,44), y seguramente que tuvo buenos argumentos para decírselo a su Padre.

   Aunque estaba dispuesto a hacer toda y cualquier voluntad de Dios, Jesús por causa de haber tomado nuestra naturaleza humana, sintió temores para dar su vida por los miserables pecadores.  San Lucas le llama agonía, y angustia a la experiencia de Jesús en cuanto a sus problemas espirituales que como humano enfrentaba en aquel momento.  Dice San Lucas que Jesús estando en agonía, oraba más intensamente;…” (Lucas 22:44; RV60), lo que la NVI traduce diciendo: “Pero, como estaba angustiado, se puso a orar con más fervor” (Lucas 22:44; NVI).  Lo relevante aquí es que mientras se sentía agonizante o angustiado por causa de problemas espirituales “oraba más intensamente” (RV60) o “se puso a orar con más fervor” (NVI).  En esto vemos lo sagrado de ocuparse en la oración porque Jesús mismos recurrió a ello para buscar la capacidad de Dios para enfrentar los problemas espirituales que vienen a la vida de todo ser humano.

   Amados hermanos, es probable que de vez en cuando, o muy frecuentemente, o todos los días, usted sienta que no puede con los problemas que le ha tocado en la vida.  La sagrada ocupación de la oración es el medio al que usted puede recurrir para recibir la capacidad de Dios para sintonizarse con su voluntad.  Ore usted a Dios antes que hacer más grande su problema con estarse preocupando y desesperando.

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   CONCLUSIÓN: Mis amados hermanos, no hay mejor ejemplo que el de Jesús que les he expuesto en este mensaje.  Siendo Dios y hombre a la vez, pero por ser humano valoró lo importante que es orar a Dios el Padre, y lo practicó todo el tiempo para el propio fortalecimiento de su condición humana.  Con mucha más razón necesitamos orar puesto que ni siquiera podemos compararnos con Jesucristo, pues solamente somos humanos (no dioses) y además pecadores.  Los que somos discípulos de Jesucristo, no debemos conformarnos con hacer un par de oraciones semanales en los cultos de la iglesia, y eso que no siempre nos toca hacer personalmente la oración.  Lo más que hacemos es decir un “Amén” al final de algunas oraciones, puesto que es evidente que hay quienes ni siquiera dicen el “amén”, lo que es igual a no haber participado de la oración, aunque por reverencia, concentración y atención haya uno cerrado los ojos.  Como creyentes en Jesucristo, no debemos ser escasos en la oración; debemos orar cuantas más ocasiones nos sea posible, mejor; debemos buscar en oración para cada día la fuerza de Dios para nuestros quehaceres cotidianos; debemos orar por la propagación del santo evangelio para que otras personas sean alcanzadas para salvación; y debemos orar buscando en Dios la solución de nuestros problemas personales que tienen su origen en lo más profundo del corazón.  ¡Cuánta falta nos hace, ocuparnos de la sagrada oración!  ¡Necesitamos orar como Cristo lo hizo!

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[1] http://www.mensajerodelapalabra.com/site/index.php/anda-muy-ocupado-pues-no-deje-de-orar-leccion-4-nivel-3/

   

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