YO SOY MAESTRO, Por: Diego Teh.

YoSoyMaestro

YO SOY MAESTRO

Juan 13:2-17 (v. 13).

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en el centro misionero “________________________”, de San Agustín (Salvador Alvarado), Tekax, Yucatán; (AÑO 2012), un viernes a las 18:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Hice un estudio por medio de una concordancia bíblica, y encontré algunas ocasiones en las que se registra que los discípulos llamaron: “Maestro” a Jesús.  1.- Cuando dos de los discípulos de Juan el Bautista que escucharon que Juan dijera que Jesús es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, fueron a Jesús y le dijeron: “Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras?” (Juan 1:38); luego estos dos se hicieron discípulos de Jesús.  2.- Cuando Jesús en una ocasión le ordena a Simón Pedro que se adentrara más al mar y echara sus redes para pescar, Simón le respondió: “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red” (Lucas 5:5).  3.- Cuando entre una multitud una mujer toca a Jesús y ella sana de su enfermedad, habiendo Jesús sentido que salió de él algún poder, preguntó quién le había tocado, entonces su discípulo Simón Pedro le respondió: “Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?” (Lucas 8:45).  4.- Cuando los discípulos que viajaban con Jesús en una barca de Galilea al otro lado del mar, y vieron que mientras se desataba una tormenta Jesús estaba durmiendo y que la barca comenzaba a inundarse, le dijeron: “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?” (Marcos 4:38); es más, según Lucas, dos veces seguidas le llamaron “Maestro, Maestro” (cf. Lucas 8:24) como insistentes o desesperados.  5.- El apóstol Pedro en la ocasión de la transfiguración de Jesús, le dijo: “Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías” (Marcos 9:5).  6.- Cuando los discípulos de Jesús vieron que una persona echaba fuera demonios y que no era parte de los discípulos de Jesús, Juan le dijo a Jesús: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía” (Marcos 9:38).   7.- Cuando a los discípulos Jacobo y Juan, un día les entró la ambición por el poder, le dijeron a Jesús: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos” (Marcos 10:35).   8.- Cuando los discípulos de Jesús recibieron la noticia de que Jesús él y ellos regresarían a Judea para ver a Lázaro que se encontraba enfermo, le dijeron: “Rabí, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?” (Juan 11:8).  9.- Al día siguiente que Jesús maldijo una higuera que no tenía frutos, los discípulos se dieron cuenta que la higuera se había secado, entonces Pedro le dijo a Jesús: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado” (Marcos 11:21).   10.- Y la misma noche de la cena cuando Judas escuchó a Jesús decir que alguien le entregaría, Judas hipócritamente, le dijo a Jesús: “¿Soy yo, Maestro?” (Mateo 26:25), incluso cuando le entregó, acercándose a él le dijo: “¡Salve, Maestro! Y le besó” (Mateo 26:49); y Marcos dice que Judas, incluso le llamó dos veces maestro en ese momento, diciéndole: “Maestro, Maestro.  Y le besó” (cf. Marcos 14:45).   Por supuesto que no fueron las únicas ocasiones que los mismos discípulos le llamaron “Maestro” aunque solo se registran estas ocasiones.

   Pero lo que hoy voy a presentarles es que aquella noche de la última cena de Pascua de Jesús con sus discípulos, durante el episodio cuando él lavó los pies de cada uno de sus discípulos, aprovechando que ellos siempre llamaban “Maestro” a Jesús, él les dijo a sus discípulos: Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy.  / Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros” (Juan 13:13,14).  Jesús aprovecha decirles que efectivamente él es “el Maestro” (con “M” mayúscula); y luego les argumenta que él como “el Maestro”, les había lavado los pies para dejarles una importante enseñanza que no solo consiste en ser capaces de hacer lo mismo, sino que entendieran las motivaciones ejemplares que hay detrás del acto propio de lavar los pies.

   Como Maestro, nos dice San Marcos que Con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. /  Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo” (Marcos 4:33,34).  Según Mateo y Lucas, también aprovechaba enseñar mostrando como ejemplo las flores, las aves que tenían a la vista él y quienes le escuchaban (Mateo 6:26,28ss; Lucas 12:24,27ss).  Marcos también nos relata que era muy dinámico en su enseñanzas espirituales, que incluso aprovechó en una ocasión la presencia de un niño entre los adultos para enseñar el respeto, la aceptación, y el servicio hacia un niño en nombre de Jesús (cf. Marcos 9:36,37).  Enseñaba estando en un monte (Mateo 5), estando en una sinagoga o templo (cf. Marcos 1:21ss) e incluso mientras caminaba con sus discípulos (cf. Marcos 8:27), con la gente del camino (cf. Marcos 10:17); y enseñaba de otras muchas maneras; pero ¿qué le hacía ser no el maestro (con “m” minúscula), sino el Maestro (con “M” mayúscula)?  El lavamiento de pies que hizo aquella noche de la última cena tiene mucho que decirnos de él como “el Maestro”.

   No pretendo en este mensaje explicar el significado o múltiples significados del lavamiento de los pies, sino solamente voy a enfatizar las razones de Jesús al identificarse como “el Maestro”, lo cual afirma a sus discípulos cuando les dice: “lo soy” (al final del v. 13), y cuando les dice: “yo […] el Maestro” (al principio del v. 14).  /  ¿Por qué dijo Jesús que él es “el Maestro”?  /  En este mensaje les compartiré algunas de las razones por las que Jesús se identificó como “el Maestro” diciendo “lo soy”, y diciendo: “yo […] el Maestro”.

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   La primera razón por la que Jesús se identificó como “el Maestro” diciendo “lo soy”, y diciendo: “yo […] el Maestro”, es:

I.- POR SU SUPERIORIDAD CON RESPECTO A LOS MAESTROS DE LA RELIGIÓN.

   Hablar de Jesús como “el Maestro” no es lo mismo que hablar de un buen o del mejor maestro religioso.  Desde el inicio de su ministerio se pudo observar en él esta diferencia, pues no comenzó su carrera de Maestro con falta de preparación como suele suceder con un principiante del oficio de la enseñanza.  En una de sus primeras enseñanzas entre los Galileos de Capernaum, nos relata San Marcos que “se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Marcos 1:22).  Había algo extraordinario en él que le hacía no ser igual que los escribas.  No era el simple maestro (con “m” minúscula) sino era el Maestro (con “M” mayúscula).  Esta distinción entre los escribas y Jesús, se mantuvo durante todo su ministerio.

   Pero otro día casi al final de su ministerio, aquel día que llamamos martes de controversias cuando los escribas hostigaban teológicamente a Jesús para intentar forzarle que expresara alguna mala interpretación de la ley de Moisés para que con sus propias palabras le juzgaran, estos escribas resultaron nuevamente inferiores a la supremacía de las enseñanzas de Jesús.  Aprovechando la presencia de la gente que era testigo de las hostigaciones teológicas de los escribas, Jesús les enseñó la diferencia entre la sana doctrina y la de aquellos escribas que intencionalmente promovían falsas doctrinas.  Acerca de este día de controversias que los escribas le presentaron a Jesús, en vez de perjudicarle, le favorecieron, pues San Marcos escribió al respecto: “Y gran multitud del pueblo le oía de buena gana” (Mateo 12:37).  Se necesita de un maestro con calidad educativa para que la gente le oiga de buena gana.  Sin duda que Jesús fue “el Maestro” de maestros que cumplía esta cualidad.

   Amados hermanos, el hecho de que no solamente a los escribas sino a todos los fariseos, saduceos, e intérpretes de la ley, les corrigió sus malas interpretaciones acerca de la ley y profecías de Dios, y en todos los casos tanto la gente como sus líderes tuvieron que reconocer avergonzados que ellos estaban mal en su interpretación de las Sagradas Escrituras, eso nos garantiza que las enseñanzas de Jesús ya sea que hayan sido por interpretación de las Escrituras, o por alguna nueva revelación de Dios que hubo entregado, son enseñanzas confiables para nuestra instrucción como hijos de Dios y de su reino.  Esto nos debe hacer desconfiar de toda interpretación humana, y motivarnos a escudriñar las enseñanzas de Jesús, porque no hay duda que él fue y es “el Maestro” de maestros en cuyas enseñanzas podemos confiar para nuestra edificación espiritual.

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   La segunda razón por la que Jesús se identificó como “el Maestro” diciendo “lo soy”, y diciendo: “yo […] el Maestro”, es:

II.- POR SU EJEMPLO DE HUMILDAD.

   Me llama mucho la atención que el apóstol Juan explica que aquella noche de la última cena, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba,  /  se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.  /  Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido” (Juan 13:3-5).  Lo que primeramente me llama la atención no es su humildad al ponerse a lavar los pies de sus discípulos, sino el hecho de que a pesar de que sabía que “el Padre le había dado todas las cosas en las manos”, aun así se comportó con humildad.  En esos momentos finales de su ministerio, su Padre celestial le había estado confiriendo autoridad que nunca antes había recibido en su niñez, adolescencia, y juventud, ni en los primeros años de su ministerio.  Su autoridad no la llevó a cometer abusos, sino a ser humilde en sus acciones que son ejemplo para los que solemos caer en el orgullo y la vanagloria.

   Lo que es común para una persona que cada vez recibe una mayor autoridad, es hacerse de personas a quienes les delegue estratégicamente trabajos que demandan fuerzas, y el que está en autoridad se queda únicamente con la responsabilidad administrativa haciendo uso de su autoridad.   Pero no fue así con Jesús, quien cuanto más autoridad recibía, más humilde se daba a conocer, pues de hecho su humildad se comienza a ver cuando “siendo en forma de Dios (es decir, la suprema autoridad), no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,  /  sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;  /  y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo” (Filipenses 2:6-8a).  Este sí es “el Maestro” humilde dispuesto a mancharse las manos con nosotros los pecadores no importando qué tan alto u honorífico sea su título.

  Amados hermanos, Jesús nos invita a centrar nuestra atención en él para aprender de su humildad.  Antes de la última cena, en otra ocasión había enseñado aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29).  Eso lo que Jesús dijo a sus discípulos durante aquella cena cuando en otras palabras les dijo: Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13:17).

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   La tercera razón por la que Jesús se identificó como “el Maestro” diciendo “lo soy”, y diciendo: “yo […] el Maestro”, es:

III.- POR SU EJEMPLO DE SERVICIO.

   Un detalle importante en este relato es que Jesús no contrató a un sirviente, aunque pudo haberlo hecho.  En aquel tiempo, que es muy distinto a nuestro tiempo, las personas se transportaban mayormente a pie y en caminos polvosos, así que era natural y de buenos modales que cuando alguien recibe a un visitante a su casa, por lo menos le tenía que ofrecer agua no solo para beber sino para lavarse los pies, para que se desempolvaran y estuviesen frescos.  Si la persona era genuinamente hospitalaria, esta persona daba un paso más de no solamente dar agua al visitante sino personalmente lavarle los pies a su visitante.

   En el caso de Jesús, él había hecho trato con una persona para que le facilitara una casa para cenar en Jerusalén, el dueño de la casa no estaba obligada a ir a ofrecer agua y a lavar los pies de nadie.  Jesús, era el anfitrión de aquella cena, entonces él además de conseguir la casa, debió prever que por lo menos hubiese agua y otros enseres, los cuales si los hubieron.  Él pudo haber comisionado a uno de sus discípulos para que hiciera el servicio de lavamiento de los pies, o pudo haberle dicho a cada quien que se lavara sus propios pies, o incluso pudo haber contratado a alguien que les fuera a lavar los pies, pues finalmente era “el Maestro” y los otros era discípulos honorables.   Pero Jesús no decidió por ninguna de esas opciones, sino que durante la cena, nos relata el apóstol Juan que Jesús se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.  /  Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido” (Juan 13:4-5).  Esto es lo que llamamos servicio.  Cuando una persona, teniendo la facultad de evitar hacer algo, decide hacerlo para beneficio de otra persona.  Y tiene mucho más relevancia si la persona que lo hace es una persona que está en posición de instruir a otras personas.  El ejemplo de servicio es determinante para enseñar.  Esto hacía que Jesús sea no un simple maestro común como los demás, sino “el Maestro”.

   Amados hermanos, cada uno de nosotros tenemos que aprender a servir como lo hiciera nuestro Maestro Jesús.  No importa si uno tiene alguna autoridad, título, cargo importante en tu trabajo, en el gobierno, en la iglesia, etc…  Como discípulos de Jesús somos desafiados a servir, lo cual es muy gratificante.  Por eso Jesús dijo: bienaventurados (o felices) seréis si las hiciereis” (Juan 13:17).

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   La cuarta razón por la que Jesús se identificó como “el Maestro” diciendo “lo soy”, y diciendo: “yo […] el Maestro”, es:

IV.- POR SU EJEMPLO DE INICIATIVA.

   Lo que es evidente en aquel aposento donde Jesús y los discípulos celebraban la cena de Pascua, es que a nadie le interesó la hospitalidad y el servicio.  Nadie se preocupó de que todos estuviesen con los pies sucios.  Es más, probablemente alguno de ellos como Pedro, quizá ni se había bañado ese día, pues en cierto momento cuando Jesús estaba lavando los pies de ellos, en su turno le dice a Jesús no sé si en broma o en serio que Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza” (Juan 13:9).  Aunque sucio, no se había preocupado en bañarse a altas horas de la noche.  ¿Qué decir los demás que todavía estaban con los pies sucios del polvo de las calles y caminos donde anduvieron durante el día?  Estoy seguro que más de uno de ellos estaba esperando que alguien viniera a ofrecerles lavarles los pies; quizá el mismo dueño de la casa, o una persona enviada por el dueño de la casa, o por lo menos uno que hubiese sido contratado por Jesús.  No se imaginaban lo que iba a ocurrir aquella noche como una gran lección para todos.  Jesús planeó muy bien aquella lección.  Quizá les encargó a los dos discípulos que se hicieron cargo de ubicar la casa, que no faltara para aquella noche, suficiente agua, un lebrillo, y por lo menos una toalla; elementos que según la narración de San Juan estaban disponibles en el aposento de la cena.  El acto aleccionador consistió en que se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.  /  Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido” (Juan 13:4,5).  No hubo sirviente de casa, ni esclavo, ni algún anfitrión que les proveyera el servicio de lavado de pies.  Fue nada menos que “el Maestro” quien se levantó a hacerlo.

   Debió ser algo sorprendente, novedoso, ejemplar que quien haya querido hacerlo sea “el Maestro”, no un discípulo, no un esclavo, no un anfitrión, ni un sirviente.  Por un momento Pedro quiso hacerse el héroe del costumbrismo, diciéndole a Jesús: “No me lavarás los pies jamás” (Juan 13:8), pero su razón era únicamente porque Jesús estaba haciendo algo culturalmente no acostumbrado.  Sin embargo, Jesús tenía una gran lección para ellos, pues les dice: “…si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros” (Juan 13:14).  Jesús quería enseñarles que aprendieran a servir aun cuando tal servicio pareciera humillante, pero para que Jesús les enseñara a hacerlo, él primero tuvo que ser ejemplo para ellos.  Esto es ser un buen maestro, y Jesús en su caso estaba dando evidencia de ser no solamente “el Maestro” porque así le decían sino porque en realidad lo era.  Un buen maestro para esperar en sus alumnos el resultado deseado, tiene que ser primeramente el ejemplo necesario.

   Amados hermanos, en nuestro alrededor, en la casa, en nuestro centro de trabajo, en la iglesia, por no decir que en todo lugar, hay necesidad de mejorar muchas cosas, pero todos esperamos que lo haga el jefe, que lo haga el gerente, que lo haga el supervisor, que lo haga el otro compañero, pero el ejemplo de Jesús es que si usted quiere ver algún cambio, comience con usted mismo.  Atrévase a hacer lo que otros no están haciendo o no quieren hacer.  Pronto o tarde usted verá el resultado favorable.  Alguien podría unirse a la iniciativa de usted.

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   CONCLUSIÓN: Los cristianos no tenemos un falso maestro de nuestra fe y práctica, sino que tenemos como Maestro al mismísimo Hijo de Dios, quien enseñó a sus discípulos con Su palabra, pero también con el ejemplo.  Como él, también nosotros somos llamados a ser ejemplo para los demás.  Recuerden que Pablo dijo en una ocasión: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1).  Cristo es el ejemplo que debemos seguir todos.

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Ver la nota adicional.

   NOTA: OTRAS OCASIONES CUANDO JESÚS FUE LLAMADO MAESTRO, PERO NO POR SUS DISCÍPULOS.

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   EN MATEO.

  1. En una ocasión un grupo de escribas y fariseos le dicen a Jesús: “Maestro, deseamos ver de ti señal” (Mateo 12:38).
  2. Aquel joven a quien Jesús le dijo que vendiera todo lo que tiene, que la repartiera a los pobres, y entonces así le podía seguir; cuando este se acercó a Jesús, le dijo: “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?” (Mateo 19:16); y cuando le dicen la primera parte de lo que tiene qué hacer, su respuesta también fue: “Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud” (Marcos 10:20).
  3. Otro, fue un escriba de quien no sabemos qué decisión tomó al respecto de seguir a Jesús, pero este escriba le dijo a Jesús: “Maestro, te seguiré adondequiera que vayas” (Mateo 20:19).
  4. Los saduceos que un día vinieron a Jesús para hacerle una pregunta acerca de la resurrección que ellos no creían, pero primero le llamaron: “Maestro…” (Mateo 22:24).

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   EN MARCOS (No repito lo que ha sido antes mencionado por Mateo).

  1. Mientras un principal de la sinagoga acudió a Jesús junto al mar para pedirle que sanase a su hija que él no sabía que ya había muerto; en ese momento bien uno de sus criados y le dice tanto de su hija como acerca de Jesús: “Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?” (Marcos 5:35).
  2. Un padre de familia, un día viene primero a los discípulos de Jesús que no pudieron sacar a un demonio de su hijo, que cuando acude a Jesús, primero le dice: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, /  el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando…” (Marcos 9:17,18).
  3. Aquel ciego Bartimeo a quien Jesús le preguntó qué quería que hicieran por él, en su respuesta a Jesús le dijo: “Maestro, que recobre la vista” (Marcos 10:51).
  4. Entre los fariseos y herodianos que hostigaban a Jesús con sus preguntas tentadoras, al acercarse a Jesús le dijeron: “Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie” (Marcos 12:14).
  5. Los saduceos por su parte en otra ocasión, se acercan a Jesús diciéndole: “Maestro, Moisés nos escribióque si el hermano de alguno muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano” (Marcos 12:19); Lucas dice que luego de la respuesta de Jesús, los escribas le dijeron: “Maestro, bien has dicho” (Lucas 20:39).
  6. Cuando Jesús responde la pregunta de un escriba acerca de cuál sería el gran mandamiento, el escriba sabiamente se dirige a Jesús diciéndole: “Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él” (Marcos 12:32).

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   EN LUCAS (No repito lo que ha sido antes mencionado por Mateo y Marcos).

  1. Cuando un fariseo llamado Simón, recibió a Jesús en su casa no muy hospitalariamente, y en su casa una mujer no de buen testimonio moral vino a Jesús para ungirle con un perfume, Simón se indignó, según él, por tratarse de una pecadora. Antes de que Jesús le corrigiera su modo de pensar, Jesús le dijo que tenía algo que decirle, y este Simón de los fariseos le dijo a Jesús: “Dí, Maestro” (Lucas 7:40).
  2. Cuando Jesús recriminó la lamentable actitud de los fariseos y escribas, un intérprete de la ley le dice a Jesús: “Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas a nosotros” (Lucas 11:45).
  3. Un día una persona avara se acerca a Jesús y le dice: “Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia” (Lucas 12:13).
  4. Aquel grupo de diez leprosos que desearon que Jesús les sanara, de lejos le comenzaron a gritar: “¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!” (Lucas 17:13).
  5. Los fariseos que estaban entre la multitud que acompañó intencional o sin querer a Jesús en su entrada triunfal, le dijeron: “Maestro, reprende a tus discípulos” (Lucas 18:39).
  6. Cuando Jesús predice la destrucción del templo de Jerusalén, diciendo que llegará el día cuando no tenga más piedra sobre piedra, la gente preguntándole le dijo: “Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder?” (Lucas 21:7).

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   EN JUAN (No repito lo que ha sido antes mencionado por Mateo, Marcos, y Lucas).

  1. Nicodemo, aquel hombre que de noche buscó a Jesús, le dijo: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro” (Juan 3:2), aunque le consideró como un “maestro” con “m” minúscula, igualándolo con cualquier maestro.
  2. Los escribas y fariseos que presentaron a una mujer adúltera delante de Jesús para ver si le sentenciaba a muerte, le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio” (Juan 8:4).
  3. Cuando Marta la hermana de Lázaro y María, mandó a llamar a su hermana María para decirle que Jesús había venido a ver a Lázaro aunque este ya había muerto, le dijo acerca de Jesús: “El Maestro está aquí y te llama” (Juan 11:28).
  4. Cuando María Magdalena se encontraba llorando, y Jesús habiendo resucitado se acerca a ella, y la llama por su nombre, ella sorprendida le responde a Jesús: “¡Raboni!” (Juan 20:16).

   Nota: No incluí todas las veces que Jesús es llamado Rabí.

   

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