LA HONESTIDAD COMO CARACTERÍSTICA DE LA FAMILIA, Por: Diego Teh.

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LA HONESTIDAD COMO CARACTERÍSTICA DE LA FAMILIA

2 Corintios 8:21.

Apuntes del Pbro. Diego Teh Reyes, predicado por primera vez por el AI. electo: Pedro Arcos López, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yuc; el día domingo 24 de Julio del 2016, a las 18:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: En la serie de mensajes de este mes se ha estado recordando a nuestras familias que debemos estar cultivando los valores cristianos que fortalecen la vida familiar.  Ya ha sido tratado en otros cultos los valores del temor y amor a Dios, el respeto y deber de ayudar al prójimo, la responsabilidad y la ética, y el cumplir los compromisos que uno adquiere.  En este momento nos corresponde hablar acerca de la honestidad como característica de la familia.  La honestidad es la cualidad que consiste en decir y/o hacer algo con total sinceridad y franqueza, respetando los valores de la justicia y la verdad.  Con toda razón nuestras familias cristianas, considerando que la honestidad no solamente es un valor universal sino que es un valor bíblico y cristiano, tenemos que practicarlo para tener como resultado el buen testimonio tanto personal como familiar que requiere nuestra fe en Jesucristo.

   Nuestro texto bíblico para este momento tiene su contexto en la gran responsabilidad de administrar una gran cantidad de dinero que un grupo de iglesias de Macedonia habían recaudado para ayudar a la iglesia de Jerusalén en gran necesidad.  El apóstol Pablo también les estaba pidiendo a los Corintios que también ofrendasen para la misma causa, explicándoles primero que él y lo demás comisionados para la administración de dicho dinero lo estaban haciendo con mucho cuidado evitando toda censura que se pueda pensar en contra de ellos.  En esta explicación les añade: que estaban administrando el dinero de la iglesia: “procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres” (2 Corintios 8:21).  El término que se usan en nuestras biblias es “honradamente”, palabra que en la actualidad ha sido considerada como sinónima de “honestidad”[1]. Otras versiones le llaman “hacer lo correcto” (NVI, NBD); “hacer lo bueno” (DHH); “hacerlo todo bien” (TLA); pero también se traduce como “procuramos que las cosas sean honestas” (RVA 2015).  Al mismo tiempo el apóstol Pablo hace una indicación de que la honradez u honestidad que ellos procuraban tenía dos áreas generales de aplicaciones: “delante del Señor” y “delante de los hombres”.

   En el mensaje de este momento voy a predicarles que la honestidad debe ser una característica de la familia cristiana que debe ser practicada en diversas áreas de la vida diaria. / ¿En qué áreas de la vida diaria la familia cristiana debe tener como característica la práctica de la honestidad? / A continuación les voy a compartir algunas de las áreas en las que una familia cristiana debe tener como característica la práctica de la honestidad.

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   La primera área de la vida diaria en la que una familia cristiana debe tener como característica la práctica de la honestidad, es:

I.- EN NUESTROS PENSAMIENTOS.

   Los cristianos debemos pensar con honestidad.  El apóstol Pablo escribió a los filipenses: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8). Es probable que tengamos alguna lucha espiritual para pensar con honestidad, porque según una descripción que Moisés hace acerca de las primeras generaciones de la humanidad, dice: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).  Los pensamientos malos no fueron solamente casos de la más lejana antigüedad sino también nosotros tenemos la tendencia pecaminosa de pensar lo que es malo cuando deberíamos pensar en lo que es verdadero, honesto, justo, puro, amable, y de buen nombre; sin embargo, como cristianos somos capacitados por el Espíritu Santo de Dios para que podamos pensar “en todo lo honesto”.  Es en el pensamiento personal que se inicia la honestidad, luego influenciamos con los ejemplos prácticos de nuestras acciones para que otros, especialmente de la familia, piensen con honestidad.

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   La segunda área de la vida diaria en la que una familia cristiana debe tener como característica la práctica de la honestidad, es:

II.- EN EL MATRIMONIO.

   En el matrimonio también es necesaria e importantísima la honestidad.  A las casadas dice el apóstol Pablo: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” (Efesios 5:22).  Y a los hombres casados, dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25).  Para que esta sujeción y amor que ordenan las Sagradas Escrituras se pueda vivir mutuamente en el matrimonio, tiene que haber honestidad.  Cuando un hombre y una mujer comprometen su amor el uno para con el otro, desde el momento que mutuamente se pronuncian sus votos matrimoniales, desde el momento que ante Dios dicen “Sí Acepto” deben ser honestos acerca de estas sagradas promesas para que su amor dure “hasta que la muerte los separe”.  Si todos fueran honestos en sus votos delante de Dios, no habría familias desdichadas.   Todos los problemas matrimoniales serían solucionados rápidamente si las relaciones estuvieran basadas en la honestidad.  Una de las razones por la que fallan los matrimonios es que una o ambas partes no son honestas.   Cuando uno se convierte en cristiano es para siempre.  No hay pensamiento de abandonar al Señor.  Así es cuando dos almas son unidas en el santo vínculo del matrimonio, dura mientras ambos vivan.  La honestidad, la sinceridad, el amor, y el honor son los lazos que los unen como uno.  ¡Qué gran diferencia habría sido todos los matrimonios fueran edificados sobre la honestidad!

   Amados hermanos, tenemos que trabajar la aplicación de la honestidad en nuestra familia cristiana, teniendo en alta prioridad cumplir los votos matrimoniales.  Luego de ser marido y mujer respectivamente, también somos padres que debemos transmitir el valor de la honestidad a nuestros hijos que aprenden sus valores o por lo menos adoptan los valores que ellos ven en nosotros.  Ellos deben saber que aun desde la soltería, a medida que hacen su compromiso de matrimonio, y a medida que hacen sus planes para la boda, debe haber honestidad, sin intenciones de engaño.  Ellos deben aprender tanto por la palabra de Dios, como por el ejemplo de sus padres que la honestidad es un valor necesario cuando tomen la decisión de entrar en la relación del santo matrimonio.

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   La tercera área de la vida diaria en la que una familia cristiana debe tener como característica la práctica de la honestidad, es:

III.- EN LOS NEGOCIOS.

  Aquí entra la honestidad en el trato que uno hace cuando uno hace una venta o un trabajo.  Por ejemplo no sería honesto si usted vende un vehículo en mal estado a un precio elevado.  Sería deshonesto si le preguntan qué daños tiene el vehículo que usted está vendiendo, y usted no hace la indicación correspondiente.  Hay deshonestidad si usted es prestador de servicios profesionales y cada vez que tiene que hacer una cotización aprovecha la oportunidad de inflar los costos para conseguir ganancias injustas sin haberlas trabajado.  Hay deshonestidad, si usted es comerciante ya sea por mayoreo o por menudeo y no entrega completo el producto o si le eleva el costo más de lo establecido como precio máximo al público.  En estos casos también hay otros que están aprendiendo mal de usted.  Podrían ser sus hijos, podrían ser sus empleados, podrían ser sus compañeros de oficio o profesión.  Qué triste y lamentable es que si usted es cristiano tenga que recurrir a la deshonestidad en sus tratos de negocios en la compra-venta o en la prestación de algún servicio, para obtener de manera ilícita más de la ganancia que corresponde.

  En el libro de los proverbios se nos enseña que: El peso falso es abominación a Jehová; mas la pesa cabal le agrada” (Proverbios 11:1); o en palabras de la Nueva Versión Internacional “El Señor aborrece las balanzas adulteradas, pero aprueba las pesas exactas” (NVI); o en palabras de la Traducción al Lenguaje Actual que dice: “Dios rechaza a los tramposos, pero acepta a los honrados (u honestos que es lo mismo) (TLA).

   Cuando el profeta Samuel después de haberles servido como cuarenta años como profeta y hasta como juez de toda la nación israelita.  Siendo ya de edad avanzada, los reúne y les dice: “Yo soy ya viejo y lleno de canas; pero mis hijos están con vosotros, y yo he andado delante de vosotros desde mi juventud hasta este día. / Aquí estoy; atestiguad contra mí delante de Jehová y delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, si he tomado el asno de alguno, si he calumniado a alguien, si he agraviado a alguno, o si de alguien he tomado cohecho para cegar mis ojos con él; y os lo restituiré. / Entonces dijeron: Nunca nos has calumniado ni agraviado, ni has tomado algo de mano de ningún hombre” (1 Samuel 12:2b-4). Cuando una persona es honesta en sus servicios que presta, “nunca” va a ser sorprendido en alguna falta, ni va a ser causa de mal testimonio ni para sus hijos ni para la gente.

   En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo anhelando una conducta honesta de la iglesia de Creta donde Tito pastoreaba, le dice a Tito: “Exhorta a los siervos a que se sujeten a sus amos, que agraden en todo, que no sean respondones; / no defraudando, sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador” (Tito 2:9-10). Las palabras que indican que la actitud de una persona que presta sus servicios debe ser “no defraudando, sino mostrándose fieles en todo”, es nada menos que la indicación de la necesidad de honestidad con la que nos debemos conducir los cristianos.  Es el mejor adorno de la doctrina de Dios nuestro Salvador.  La práctica de la honestidad en el cristiano es la mejor manera de dar buen testimonio a favor de la obra salvadora de Dios.  Mucho más favorable es si toda la familia practica la honestidad en sus tratos de negocio y servicio.

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  La cuarta área de la vida diaria en la que una familia cristiana debe tener como característica la práctica de la honestidad, es:

IV.- EN EL SERVICIO PÚBLICO.

  Tal vez esta área no es lo cotidiano para muchos de los que hoy estamos aquí escuchando este mensaje, pues no todos trabajamos como servidores públicos en una institución del gobierno ya sea federal, del estado, o municipal; sin embargo, debido a que hay entre nosotros, personas que tienen el privilegio de trabajar en esta área de servicio público, voy a recordarles que la palabra de Dios escrita por Pablo a los romanos, les dice que cada persona que está en el servicio público: “es servidor de Dios para tu bien” (Romanos 13:4a).  Dios espera que cada servidor público trabaje para el bien de la ciudadanía.  Para que dicho trabajo resulte en bien, tiene que hacerse con el principio de la honestidad, y otros valores como la responsabilidad, la transparencia, y la justicia.

   Un cuento popular chino, dice que vivió en China, hace unos dos mil años, un niño llamado Ping. Su pasatiempo favorito era el cultivo de las plantas. Gracias a sus cuidados en el jardín de su casa habían crecido cientos de flores hermosas. La gente que pasaba por la calle se detenía a admirarlas y él, a veces, les regalaba un ramillete. El emperador de China también amaba las flores, pues pensaba que expresan las cualidades de quien las cultiva. Como ya era muy viejo, estaba buscando a una persona honesta que pudiera sucederlo en el trono. Se le ocurrió hacer un concurso. Convocó a todos los niños del reino y les informó que recibirían una semilla. El que volviera al cabo de un año con la flor más hermosa heredaría el trono. Al llegar a su casa Ping la plantó en una maceta y la colocó en el mejor lugar del jardín, donde recibía la luz del sol y el rocío de una fuente cercana. Pero la semilla nunca germinó. Transcurrió el año del concurso y cientos de niños se presentaron en el palacio con sus plantas. En la fila destacaba un brillante colorido: rojo, morado, rosa… Ping lloró al ver que su maceta sólo tenía tierra. En el gran patio los niños se formaron para exhibir sus logros. El viejo emperador, que caminaba con dificultad, veía una flor y otra. Apreciaba su textura y matices o inhalaba su perfume sin hacer comentarios. Cuando llegó frente a Ping, éste se asustó mucho, temiendo un regaño. — ¿Acaso no plantaste la semilla que te di? —le preguntó el emperador. —La planté y por más cuidado que puse nunca brotó nada de ella —explicó el pequeño. El emperador siguió examinando las flores de los demás niños. Al cabo de un rato informó que había tomado una decisión. —Queridos niños. No comprendo de dónde salieron todas las flores que he visto esta mañana. Las semillas que les entregué estaban hervidas y no podían germinar. Ping es la única persona honesta entre todos ustedes, pues tuvo el valor de traer la maceta sin planta alguna. He decidido heredarle mi reino. Sólo un hombre honrado puede gobernar esta gran nación[2].

   Amados hermanos, también en nuestro contexto se necesitan hombres de estado y servidores públicos buenos, honestos, y sinceros.  A medida que miramos alrededor de nosotros en el campo social, político, público descubrimos que abunda la deshonestidad.  Obviamente no todos son deshonestos, pues también hay muchísimos que aun no profesando la fe cristiana procuran ser honestos en su servicio a la sociedad.  Nuestro país necesita gobernantes y servidores honestos, pero también necesita un pueblo honesto, padres honestos, hijos honestos, jefes honestos. El mundo lo hacemos todos.  Y es aquí donde los cristianos tenemos la responsabilidad de promover en la familia este importante valor, pues si un día nuestros hijos llegasen a ocupar estas responsabilidades públicas del gobierno, lo hagan con sentido cristiano de honestidad.

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  La quinta área de la vida diaria en la que una familia cristiana debe tener como característica la práctica de la honestidad, es:

V.- EN RELACIÓN CON EL DINERO.

   En la historia de los Hechos de los Apóstoles, tenemos el caso de dos personas, Ananías y Safira (más bien un matrimonio), quienes aun siendo creyentes en Jesucristo fallaron en la honestidad en el manejo de dinero.  La historia comienza con Ananías quien según la historia “…vendió una heredad, / y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. / Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? / Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hechos 1:1-4).  Obviamente no estaba obligado a dar lo que era propio, pero se comprometió a dar el importe total de su venta, pero luego dio solo una parte.  Esto también es deshonestidad.

   La honestidad tiene que ver también con Dios en el deber de dar por lo menos el diezmo de nuestras ganancias para la causa de la obra de Dios que realizan las iglesias cristianas.  Cierto día le llega una carta al pastor, informándole de que una misionera que venía del África estaría visitando su iglesia.  Él, muy contento, envió un miembro joven de la iglesia a recogerla al aeropuerto.  Al encontrarse, vio el joven que la misionera estaba muy cargada de maletas, y salió a ayudarle.  En el instante que le iba a coger las maletas, le preguntó la misionera si él diezmaba.  Él le contestó que no.  Ella muy ligeramente le corrió las maletas y le dijo, “Si usted es capaz de robar a Dios, posiblemente sea capaz de robarme a mí”.   Fue honesto en su respuesta, pero no era honesto en su deber para con Dios.  Pero nosotros recordemos que la palabra de Dios dice: Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová. / Y si alguno quisiere rescatar algo del diezmo, añadirá la quinta parte de su precio por ello. / Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová” (Levítico 27:30-32).

  Pero la honestidad no solamente tiene que ver el dinero que debemos destinar como diezmo para la obra de Dios, sino también con los impuestos que corresponden a nuestras autoridades, pues también nos dice las Sagradas Escrituras que: “…es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. / Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo. / Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra” (Romanos 13:5-7).

  Amados hermanos, ambas cosas si las hacemos o no, estamos comunicando en la familia nuestra honestidad o deshonestidad para con Dios y con nuestras autoridades en cuanto a la administración de nuestro dinero.  El manejo de nuestro dinero es también un medio o recurso para que enseñemos en la familia la importancia de ser honestos bajo cualquier situación.

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  La sexta área de la vida diaria en la que una familia cristiana debe tener como característica la práctica de la honestidad, es:

VI.- CON LOS HIJOS.

   El conocido mafioso traficante Al Capone tenía un gran abogado que se llamaba Easy Eddie quien lo defendía y el gobierno de los Estados Unidos no había podido encarcelar a Al Capone pues ese abogado era muy sagaz.  Al Capone lo premiaba con un buen sueldo, carro, una casa que cubría una manzana en la ciudad de Chicago, pero un día el abogado se casó y tuvo un hijo.  Él le quería enseñar a su hijo el bien, pero no podía darle un buen nombre a su heredero.  Los amigos de su hijo conocían la verdad de lo que hacía, que su padre permitía que Al Capone no fuera a la cárcel.  Pero un día decidió no seguir con esa mentira y Eddie hizo contacto con la policía y se entregó para hacer lo correcto. Fue gracias a su testimonio que apresaron a Al Capone, pero varios días después Eddie fue asesinado.  Su hijo que se llamó Butch O’Hare, debido al ejemplo de su padre, se convirtió en un gran héroe en la Segunda Guerra Mundial.  Butch, fue un piloto de combate asignado a un portaaviones en el Pacífico Sur.  Un día en que estaba en una misión, Butch observó su indicador del nivel de gasolina y se dio cuenta de que alguien había olvidado tapar el tanque de combustible.  Incapaz de concluir su misión, dio la vuelta y se dirigió de regreso al portaaviones. Cuando regresaba vio un escuadrón de naves japonesas que se dirigían directamente contra la armada estadounidense. Todos los aviones estadounidenses de combate estaban en misión de combate, dejando a la armada prácticamente indefensa.  Butch entró en picada dentro de la formación de aviones japoneses en un intento desesperado de desviarlos de la armada. Después de una aterradora batalla aérea, las naves japonesas abandonaron su asalto a la armada.  El destrozado avión de Butch O´Hare volvió destrozado al portaaviones.  Fue reconocido como héroe y recibió uno de los más altos honores militares de la nación. Luego, en su honor el principal aeropuerto de Chicago, Ilinois, EUA, lleva su nombre, siendo el “Aeropuerto Internacional de Chicago O´Hare”.

   En el consejo que San Pablo le da al pastor Tito, pastor tanto de adultos como de jóvenes, le dice: “Exhorta asimismo a los jóvenes a que sean prudentes; / presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad, seriedad, / palabra sana e irreprochable, de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de vosotros” (Tito 2:6-8).  Los jóvenes tienen que ver en sus mayores en la fe como los pastores, ancianos, diáconos de la iglesia, etc… la práctica de la integridad, la seriedad, y la palabra sana e irreprochable (aquí entra la honestidad), pero también tienen que verlo en los mayores de la familia.

   Amados hermanos, no hay legado más precioso que le podamos dejar a nuestros hijos, que el ejemplo de la honestidad, y eso, a pesar de las consecuencias que nos puedan venir.  Si los padres demostramos o los hermanos mayores en la familia demostramos deshonestidad, los hijos y los hermanos menores están inadvertidamente siendo entrenados para que sean deshonestos.  El egoísmo y la codicia que a veces practican las familias contribuyen también a la deshonestidad.  Pero Dios demanda que uno sea honesto con los demás, en todo y todas las veces.  Nuestras familias deben fortalecerse con este valor de la honestidad para dejar un valioso legado a los hijos.

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   La séptima área de la vida diaria en la que una familia cristiana debe tener como característica la práctica de la honestidad, es:

VII.- CON LO QUE DECIMOS Y HACEMOS.

   Se cuenta la historia de un pastor que predicó un fuerte sermón acerca de la honestidad. Condenó la deshonestidad en todas sus formas, y retó a su congregación a ser honestos en todo su trato con los demás. Al día siguiente, se subió al autobús para ir a la oficina. Cuando pagó el pasaje, el conductor le devolvió demasiado cambio. El pastor se sentó y empezó a pensar. “Dios me ha dado lo que necesitaba para esta semana”, pensó. “¡Qué maravillosa es la provisión de Dios!” Pero en su corazón él sabía que tenía que devolver el dinero extra. Cuando llegó a su bajada, le dijo al conductor, “Ud. cometió un error al darme el cambio. Me dio demasiado, y aquí está lo extra.” El conductor le respondió, “No fue ningún error. Yo estaba en su iglesia ayer, y oí su sermón acerca de la honestidad. Decidí ponerlo a prueba esta mañana.”

   Esto es lo que Jesús mismo señaló a la gente acerca de los fariseos de su época, que enseñaban la ley de Moisés pero no estaban dispuestos a practicarlo.  Jesús le decía a la gente: todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, PORQUE DICEN Y NO HACEN. / Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas” (Mateo 23:3-4).  Decir que algo se debe hacer y uno no lo hace, es deshonestidad.  La verdad, es fácil decir, pero no siempre es fácil hacer, pero es necesario no solamente decir sino también hacer.  El apóstol Santiago refiriéndose a una persona que sabe lo que es bueno pero no lo hace, dice de él: al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17).  La honestidad también consiste en hacer lo que uno dice que es la verdad, es vivir la fe que uno profesa.  Gracias a Dios, contamos con su poder para lograr ser honestos pues san Pablo nos recuerda que: “…Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13).  Dios nos capacita para ser honestos entre nuestro decir y hacer.  Podemos decir como los israelitas dijeron a Moisés en el Sinaí: nosotros oiremos y haremos” (Deuteronomio 5:27).

   Amados hermanos, la gente que nos rodea siempre está observando para ver qué tan real es nuestra fe en Dios y qué tan congruente es nuestra práctica con nuestra fe.  No hay mejor manera de verificar la honestidad que por la congruencia entre lo que decimos y hacemos.  Es así como puede ser conocida la realidad de lo que hay en el corazón. Desde la familia podemos poner en práctica este valor.  Por ejemplo, si decimos que vamos a hacer algo, hagámoslo.  Si prometemos algo, cumplámoslo.

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  La octava área de la vida diaria en la que una familia cristiana debe tener como característica la práctica de la honestidad, es:

VIII.- CON LOS DESCONOCIDOS.

   Un artículo en la edición de diciembre de 1995 de la revista Selecciones del Reader´s Digest habla de un esfuerzo por determinar exactamente qué tan honestos son los americanos.  Ciento veinte billeteras con $50 dólares en ellas fueron dejadas en varios lugares en doce ciudades a través de los Estados Unidos.  Estas billeteras eran vigiladas para ver cuántas personas tratarían de devolverlas a sus dueños.  Cerca del 65.8 % de las personas que encontraron las billeteras las devolvieron.  Casi dos tercios de las personas fueron honestas en el experimento.  Y el 34.2% se quedó con las billeteras[3].  ¿Esa debería ser la actitud de los que somos cristianos?  ¿Qué tan honestos somos los cristianos ante la gente desconocida?

   En el texto bíblico con el cual inicié este mensaje, el apóstol Pablo le dice a los creyentes de Corinto, que con el fin de “…que nadie nos censure…” (2 Corintios 8:20), con respecto a cualquier cosa que uno hace se debe actuar procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres” (2 Corintios 8:21).  El apóstol, y un grupo de comisionados tuvieron a su cargo recolectar y llevar de Macedonia a Jerusalén una gran cantidad de ofrenda en dinero, y también administrar todo aquel dinero, pero todo el comité administrativo actuaba “procurando hacer las cosas honradamente”.  La frase que aquí quiero enfatizar del versículo 21 es que tal acción de honradez, debe hacerse “no solamente delante del Señor sino también delante de los hombres”.  Dios no mira solamente cuando uno está en actividades propiamente religiosas, sino también cuando no estamos rodeados de ningún compañerismo cristiano.  Dios también mira lo que hacemos delante de las personas que quizá jamás hayamos visto durante toda nuestra vida.  Así que si se presenta la circunstancia y oportunidad de demostrar nuestra honestidad con personas que no conocemos y que incluso ni nos conocen, es nuestro deber proceder con honestidad en lo que corresponda.

   Amados hermanos, la honestidad no se demuestra solamente con los que conocemos y que nos conocen sino hasta con los desconocidos, pues uno debe ser honrado “delante de los hombres”, no importa si la persona que tenemos cerca, alrededor, o frente a nosotros, no sabemos quién sea o no sepa quiénes somos.

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  CONCLUSIÓN: Para concluir con este mensaje que en realidad es para todos los creyentes, pero de manera particular quiero indicar lo que el apóstol Pablo dice que se requiere para los que son ancianos o aspirantes al ancianato, a los diáconos o a quienes aspiran el diaconado, y a las mujeres cristianas en general.  De los ancianos dice que debe ser: no codicioso de ganancias deshonestas” (1 Timoteo 3:3); de los diáconos requiere que: “asimismo deben ser honestos” (1 Timoteo 3:8); y de las mujeres dice: “asimismo sean honestas” (1 Timoteo 3:11).  La iglesia en general con nuestras respectivas familias debemos practicar este valor, sin embargo, los oficiales de la iglesia somos los primeros que tenemos que dar el paso en lo personal así como en lo familiar.  La honestidad es un valor que hace mucha falta, pero si la practicamos, fortalecerá nuestra relación, comunicación y testimonio cristiano con los demás.

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[1] Wikipedia; Honestidad; https://es.wikipedia.org/wiki/Honestidad

[2] http://www.educaciondelcaracter.org/files/boletin-honestidad08.pdf (página 3).

[3] El ancla del evangelio; ¿Qué tan honestos somos?; http://www.elancladelevangelio.org/new/index.php/sermones/30-libro-4/443-ique-tan-honestos-somos-443

   

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