LO QUE LA PALABRA DE DIOS PUEDE HACER EN NUESTRA VIDA, Por: Diego Teh.

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LO QUE LA PALABRA DE DIOS PUEDE HACER EN NUESTRA VIDA

Salmo 19:7-11; Hechos 8:29-37.

   Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán; el día domingo 21 de Agosto del 2016, a las 11:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Estas últimas dos semanas tuve el privilegio de realizar un paseo en territorios donde predomina el desierto.  La mayor parte del año solamente se puede observar sequedad, arena, etc…, pero la gente que vive cerca del área comenta que estos últimos años han visto un ligero aumento de lluvias que han hecho que germine mucho matorral cuyo verdor se puede apreciar desde lejos en las laderas de las montañas.  El agua de la lluvia cumple su función al regar y humedecer las tierras áridas.  Dios mismo dijo a su pueblo Israel por medio del profeta Isaías: como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, / así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:10,11).

   Así como la lluvia, toda palabra que es de Dios siempre cumple su función.  En una ocasión, a sus apóstoles, Jesús les dijo: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Juan 15:3).  La palabra de Dios que Jesús les predicaba, enseñaba, e interpretaba, no solamente viajaba por el aire al oído sino que cumplía una función regeneradora.  Sin embargo, esta función eficaz no se daba solamente porque quien las pronunciaba era Jesús el Hijo de Dios, pues cuando físicamente Jesús ya no estaba en la tierra para predicar, sino que humanos salvados por la gracia de Dios eran los que predicaban la palabra de Dios, el apóstol Pablo les explicó a los romanos que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17).  La palabra de Dios siempre tiene que producir efectos para quien la escucha. En la historia de Hechos 8, leímos que el evangelista Felipe explicó una porción de las Escrituras a un etíope, y finalmente el etíope terminó diciendo: “Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios” (Hechos 8:37b).

   El salmo 19 especialmente en los versículos 7 al 11, es una porción en el cual el salmista David describe muy variadamente la palabra de Dios como “ley de Jehová”, “testimonio de Jehová” (v. 7), “mandamientos de Jehová”, “precepto de Jehová” (v. 8), “temor de Jehová”, y como “juicios de Jehová” (v. 9).  Cada una de estas descripciones tiene su importancia, pero estas descripciones no van a ser el tema de este mensaje.  Luego también observamos que David enfatiza las cualidades de esta palabra de Dios, diciendo que “es perfecta”, y que “es fiel” (v. 7), que “es limpio” y que “son verdad” (v. 8), pero tampoco estas cualidades de la palabra de Dios serán el fundamento de este mensaje.  El tema de este mensaje serán las palabras que David utiliza en estos mismos versículos para presentar los efectos que la palabra de Dios puede hacer en la vida de una persona.  / ¿Cuáles son los efectos que la palabra de Dios puede hacer favorablemente en la vida de una persona?  / Especialmente al final de cada una de las cuatro frases de los versículos 7 y 8 encontraremos algunos de tales efectos.

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   El primer efecto que la palabra de Dios puede hacer en la vida de una persona, es que:

I.- CONVIERTE EL ALMA.

   Luego de la descripción de que la palabra de Dios es “la de Jehová”, y de que “es perfecta”, el salmista indica “que convierte el alma” (v. 7a).  El sentido de la palabra convertir en este contexto consiste en cambiar toda fe y conducta que no está enfocada en Dios para enfocarla en Él.  Todo ser humano tiene la necesidad de convertirse a Dios.  Este es el tema de muchos mensajes a través de las Sagradas Escrituras, tanto en el Antiguo como en Nuevo Testamento.  Pero llama la atención que la palabra de Dios convierte “el alma”. ¿Por qué “el alma”?  El alma, o el espíritu, o el corazón, entiéndase estos tres como lo mismo en este contexto, es según todas las Escrituras, el elemento de donde por voluntad propia proceden todas las malas decisiones y malas acciones del ser humano.  Es el alma el que por causa de la naturaleza pecaminosa del ser humano tiene la inclinación a hacer primeramente lo que es malo, y rara la vez que quiera hacer lo que es bueno.  Entonces, es allí donde el ser humano tiene que comenzar a ser transformado, pero ningún poder humano ni filosofía humana puede cambiar el alma, sino solamente el poder de Dios, mediante su Espíritu Santo, mediante Jesucristo, y mediante su Palabra.

   En la primera epístola a los Tesalonicenses 1:9, cuando el apóstol Pablo elogia a aquellos creyentes de Tesalónica diciéndoles que: “os convertisteis de los ídolos a Dios”, resalta que dicha conversión no ocurrió por la influencia de algún poder o recurso humano, sino que les recuerda que su conversión inició “recibiendo la palabra” (cf. 1 Tesalonicenses 1:6).  Cuando las Sagradas Escrituras hablan de recibir la palabra no se refiere al acto externo de solamente escucharla, sino del efecto interno de aceptarla para sí mismo, lo que produce la conversión que ocurre más allá de los sentidos, en el corazón, en el alma, donde está alojado el problema humano del pecado. Es por eso que todos necesitamos la palabra de Dios para que nuestra alma se convierta a Dios, y pueda tener la capacidad que también procede de Dios para luchar en contra del pecado que siempre está presente en nuestra vida.

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   El segundo efecto que la palabra de Dios puede hacer en la vida de una persona, es que:

II.- HACE SABIO AL SENCILLO.

   Ahora, después de decir que la palabra de Dios es “el testimonio de Jehová”, y que “es fiel”, dice que su efecto consiste en que “hace sabio al sencillo” (v. 7b).  La palabra “sencillo” que se usa en esta frase, hace referencia a una persona que no tiene la capacidad de analizar, discernir, lo que es malo para que entonces pueda tomar la decisión de no hacer lo que es malo.  Por más esfuerzo que haga esta persona, no puede darse cuenta de que lo malo es malo.  Es más, hasta puede llegar a pensar que aquello que es malo no tiene nada de malo.  Es aquella persona que nadie la saca de su mente cerrada.  Así que sencillez en este contexto no significa una persona humilde, sino una persona cuya opinión y necedad es su única verdad y realidad.

  Pero el efecto de la palabra de Dios es que “hace sabio”. ¿Cuánto nos hace falta ser sabios, o tener sabiduría?  En este caso, ser sabio no significa que uno va a poder acumular mucho conocimiento, aunque esto también pueda suceder, sino que ser sabio significa que uno aprende a darse cuenta por la operación de la palabra de Dios que algo es malo y que no se debe hacer, o que algo es bueno y eso es lo que se debe hacer.  Ser sabio, es la capacidad que da, produce, o genera la palabra de Dios para saber cómo actuar correctamente. Pero especialmente, esta sabiduría, además de que es para la toma de decisiones de la vida cotidiana, especialmente tiene que ver con la búsqueda de la salvación eterna.

   Moisés, el profeta y caudillo de Israel, de alrededor de 1500 años a.C., en una de sus oraciones que se encuentra registrada en el salmo 90, le dijo a Dios: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90:12).  Esta debe ser nuestro interés y ocupación de cada día: Querer ser sabios según la sabiduría de Dios.  En la época del apóstol Pablo, como en el año 67 d.C., animando a Timoteo a que persista en lo que había aprendido, y que persista en aquello que estaba persuadido, le indica que el conocimiento de la palabra de Dios da buena sabiduría especialmente para la salvación.  Pablo sabiendo que Timoteo desde niño tuvo el privilegio de aprender la palabra de Dios, le dice recuerda con la aplicación correspondiente que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15).

   Amados hermanos, es así como la palabra de Dios hace sabio al sencillo, y sí que lo necesitamos porque si no somos sabios para la salvación, viviríamos como queramos, y si acaso tuviésemos un poco de interés por nuestra salvación, la estuviésemos buscando por los medios incorrectos.  Hay quienes por no ser sabios por la palabra de Dios, andan buscando salvación en sectas y hasta en iglesias, e incluso hasta en representantes religiosos.  Pero la “el testimonio de Jehová” que es la palabra de Dios, la sabiduría de Dios “hace sabio al sencillo” y “sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”.  Por eso, es importante que no dejemos de aprenderla durante nuestra vida.

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   El tercer efecto que la palabra de Dios puede hacer en la vida de una persona, es que:

III.- ALEGRA EL CORAZÓN.

   Después de decir que la palabra de Dios son “los mandamientos de Jehová”, y que “son rectos”, dice que su efecto consiste en que “alegran el corazón” (v. 8a).  No se puede negar que todo ser humano sufre por causa del pecado, sufre por las circunstancias de la vida, pero sufre mucho más si uno no ha descubierto el propósito de su vida.  Mucha gente vive con la ausencia de alegría en su vida, en su corazón.  Pero también los que temiendo a Dios caen en las trampas del pecado, saben que uno sufre tristezas, pero al mismo tiempo se desea recuperar el gozo.

   En la experiencia de David, un hombre que pecó contra Dios, contra su prójimo, contra su propia familia, y aun contra sí mismo, cuando arrepentido acude a Dios le dice: “Vuélveme el gozo de tu salvación,…” (Salmo 51:12a). No se puede vivir feliz cuando uno tras haber pecado no busca arrepentido a Dios.  David no sentía el gozo de Dios, pues eso es lo que el pecado puede ocasionar en la vida de cualquier persona, pero la palabra de Dios genera gozo en el corazón, gozo que el placer de pecar no puede producir en ningún corazón.

   En el tiempo del profeta Jeremías, los babilonios destruyeron la ciudad y hasta el templo de Jerusalén, pero no lograron destruir todas las copias de las Sagradas Escrituras, por lo que tiempo después hubo un hallazgo importante.  Este profeta Jeremías, relata una experiencia quizá por sueño o por visión, pero relacionada con el hallazgo de las Escrituras, del cual dice: “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jeremías 15:16a).  Ese es el efecto real de la palabra de Dios que se recibe en el corazón.  Trae gozo y alegría al corazón.

   Mis amados hermanos, no tenemos por qué ir en busca de gozo o alegría en otra fuente que no sea Dios.  Cuando una persona va en busca de alegría por medio de los placeres carnales, puede que su corazón se sienta alegre, pero será justa y solamente en ese momento o cuando mucho por unas horas más.  No puede ser duradero.  Pero la palabra de Dios, “alegra el corazón”, porque nos conduce al Cristo de la alegría, del cual se refiere el apóstol Pablo cuando a los Filipenses les dice: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4).

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   El cuarto efecto que la palabra de Dios puede hacer en la vida de una persona, es que:

IV.- ALUMBRA LOS OJOS.

   Y finalmente, después de decir que la palabra de Dios es “el precepto de Jehová”, y que “es puro”, dice que su efecto consiste en que “alumbra los ojos” (v. 8a).  Alumbrar los ojos es un modismo hebreo para decir que hace ver al ciego. Y este efecto es causado no por un cirujano u oftalmólogo sino por el poder regenerador de la palabra de Dios.  Lo que esto significa es que la persona que acepta, cree, y recibe la palabra de Dios, comienza a ver con toda claridad el camino que está llevando hacia la eternidad.

   El apóstol Pablo en una defensa que hace ante autoridades romanas para defender su llamamiento al apostolado, relata al rey Agripa que cuando Jesucristo le llamó le dijeron que fue: para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados (Hch 26:18).  En realidad no Pablo con sus habilidades y destrezas iba a abrir los ojos de los pecadores que viven en ausencia de luz, ni era Pablo quien personalmente los convertiría de la potestad de Satanás a Dios, sino que esta apertura de ojos se daría y ya se estaba dando por la palabra de Dios que él estaba predicando tanto a gentiles como a los del mismo pueblo de Dios.

   En su epístola dirigida a los Efesios, el apóstol Pablo les dice que aun siendo ellos ya creyentes en Cristo, él estaba orando por ellos para que Dios les dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, / alumbrando los ojos de vuestro entendimiento” (Efesios 1:17b-18a).  Esto aclara que los ojos a los que el salmista se refiere al decir que la palabra de Dios como “precepto de Jehová” […] “alumbra los ojos”, no se trata de los ojos físicos, sino que se trata de los ojos del entendimiento humano, que necesita ser alumbrado por la palabra de Dios no solo para venir al conocimiento glorioso de la salvación, sino también para seguir en el camino de la esperanza que el evangelio anuncia al pecador que es salvado por Cristo.

   Amados hermanos, Dios ha sido bueno con nosotros al permitir que nuestro entendimiento haya sido iluminado por su palabra.  Es por eso que pudimos creer en la obra que Dios inició desde la eternidad para darnos salvación.  Esa misma palabra nos sigue iluminando para que durante nuestra vida nos sometamos a la santa y sabia voluntad de Dios.  Y ahora, cada vez que leemos la palabra de Dios en nuestros hogares, solos o con la familia, y cada vez que estudiamos la misma palabra en los salones de nuestra Escuela de Formación Cristiana, y también cada vez que escuchamos que un predicador nos exponga le mensaje de dicha palabra, seguimos recibiendo la iluminación que necesitamos para caminar con Dios hasta el día glorioso cuando Jesucristo venga por los que creemos en Él y en su palabra.

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   CONCLUSIÓN: Mis amados hermanos, estos son algunos de los efectos que la palabra de Dios puede hacer en nuestra vida.  El salmo 19, especialmente estos versículos 7 y 8, incluso el 9 que no fue parte de este tema, son muy clarísimos y entendibles que a mi parecer aun sin ser predicados, su sola lectura comunica poderosamente muchas verdades que se entienden inmediatamente.  Sin embargo, luego de haberlos leído juntos en este momento, y luego de haber escuchado esta predicación, que quede claro en todos que la palabra de Dios “convierte el alma”, “hace sabio al sencillo” (cf. v. 7), “alegra el corazón”, y “alumbra los ojos” (cf. v. 8), por lo tanto, por esto y por más, no descuidemos aprovechar las enseñanzas de dicha palabra que proporciona lo que todos nosotros necesitamos ya sea como nuevos o hasta como antiguos creyentes.  Sirvan todos los esfuerzos de esta iglesia de enfatizar durante todo este mes la importancia de aprovechar las Sagradas Escrituras de nuestra fe cristiana; sirva también esta humilde predicación de vuestro servidor; pero sobre todo, sirva nuestro texto bíblico que utilicé como fundamento de este mensaje, para animarnos a escuchar, leer, estudiar, memorizar, y meditar la palabra de Dios.  Ella nos lleva a Cristo el Salvador.

   

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