SERMONES DE DIEGO TEH.
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ORAR A DIOS ES FÁCIL, Por: Diego Teh



ORAR A DIOS ES FÁCIL


Mateo 26:36-44.


 Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la misión “Ebenezer” de la col. Leona Vicario, Kanasín, Yuc; el día domingo 18 de Septiembre del 2016, a las 10:30 horas.


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   INTRODUCCIÓN: Qué buena decisión la de los apóstoles que al principio del ministerio en el que aprendieron y sirvieron con Jesús, en cierta ocasión uno de ellos le dijo: “Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos” (Lucas 11:1b), pues cuando uno no sabe orar es muy probable que uno va a tener la idea de que orar es difícil cuando en realidad orar es fácil.  También cuando uno no administra bien su tiempo para separar un tiempo para la devoción diaria por medio de la lectura de la palabra de Dios y por medio de la oración, pues a uno le podría parecer difícil el practicar la oración, pero la verdad del asunto es que es fácil orar.  Del mismo modo, cuando uno no tiene el hábito de orar en lugares públicos como en un restaurante o cocina económica a la hora de consumir los alimentos, a uno le parecerá difícil la práctica de la oración, pero en realidad no es difícil.  También cuando uno piensa que la oración consiste en el uso e ilación de palabras bíblicas, o que consiste en el uso de palabras teológicas que solo conocen aquellos que tienen estudios especiales de seminario, podría parecer que la oración es una práctica difícil, pero en realidad es fácil porque se puede hacer con el mismo vocabulario cotidiano el cual estamos acostumbrados a usar en nuestras conversaciones.  Orar a Dios es fácil.  No tengas temor de orar, o de aprender a orar.


Lo que en esta predicación les voy a compartir es que la práctica de la oración es verdaderamente fácil. / ¿Cómo es que la práctica de la oración es verdaderamente fácil? / Basado en Mateo 26:36-44, en el que vemos a Jesús dedicando tiempo a la oración la última noche antes de ser arrestado, les compartiré algunos detalles importantes que hace verdaderamente fácil la práctica de la oración.

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El primer detalle importante que hace verdaderamente fácil la práctica de la oración, es:

I.- QUE SE PUEDE HACER A SOLAS PERO TAMBIÉN EN COMPAÑÍA DE OTROS.

   Al leer los primeros tres versículos de nuestra lectura (del 36 al 38), nos dice San Mateo que: “Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. / Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. / Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo” (Mateo 26:36-38).  De esta narración nos damos cuenta que dejando sentados a ocho de sus discípulos en algún lugar del huerto Getsemaní bajo el encargo de ponerse a orar, se llevó a tres de ellos “tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo”, a un lugar aparte apenas como a unos diez metros de distancia a quienes les compartió cómo se sentía diciéndoles: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo”.  Luego también dejó a estos tres sin duda que también para orar, y en cuanto a él nos dice San Mateo que Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro” (Mateo 26:39), y se puso a orar a solas.  Así que tenemos a Jesús orando a solas; a Pedro y los dos hijos de Zebedeo orando entre tres; y a los demás orando en un grupo poco más grande integrado por los otros ocho de sus discípulos.  La práctica de la oración es verdaderamente fácil, primero porque se puede hacer a solas o también en compañía de otros.

La oración a solas, así como la oración en público, que estoy seguro ustedes lo practican, son apropiados pero tienen sus desventajas.  Cuando es a solas, no hay con quien compartir nuestros motivos; y cuando es en grandes grupos, no siempre se tiene la confianza de compartir los problemas personales. Pero en grupos pequeños, uno se siente en más confianza para compartir las penas, dolores del alma, para que otros nos apoyen en oración, e igualmente podemos apoyar a otros en oración.  Jesús nos enseña con su ejemplo, la importancia de orar tanto a solas así como con otros.  En una reunión de creyentes no se tiene que esperar que un anciano de iglesia o que un pastor ore por otros o por nosotros, sino que todos los presentes podemos orar unos por otros.  Esto lo podemos hacer ya sea de dos en dos, o por grupos pequeños de 3, 4, 5, o más personas.  En fin, es que debemos proponernos orar unos por otros.  Ustedes por mí, yo por ustedes, y todos por los demás, etc…

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El segundo detalle importante que hace verdaderamente fácil la práctica de la oración, es:

II.- QUE SE PUEDE EXPRESAR A DIOS CON TODA SINCERIDAD LO QUE UNO SIENTE.

Después de la conversación con los tres discípulos, Jesús se apartó a orar por una situación muy personal.  Dice San Mateo que Jesús “… se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa;…” (Mateo 26:39a).  ¿Qué es lo que estaba diciendo Jesús cuando dijo: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa;…”?  Estaba expresando con verdadera sinceridad lo que estaba sintiendo en ese momento.  No estaba siendo rebelde, pero con ello le estaba diciendo a su Padre, que quisiera evitar ‘la copa' (una forma retórica de referirse al sufrimiento que sabía muy pronto iba a enfrentar).  Eso era lo que Jesús había platicado con sus tres amigos y discípulos cuando les dijo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte;..:” (Mateo 26:38a); pero por más real y sincero que uno sea con sus amigos, no es suficiente si uno no acude a Dios para hacerle saber cómo se siente.  Jesús, además de compartir su angustia con sus amigos, tuvo que decírselo a su Padre Dios, siendo totalmente sincero con él.

San Marcos nos relata un poco más de que Jesús “oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora. / Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa;…” (Marcos 14:35b, 36).  Debió ser muy angustioso para Jesús saber que su hora de muerte se acercaba, por lo que con sinceridad le dijo a su Padre que si fuese posible que eso no ocurra.  Fue sincero, y recurre al poder de su Padre para decirle que siendo Todopoderoso, apartara aquella copa (sufrimiento de muerte) que se aproximaba para él.  Jesús no tenía por qué pasar aquel momento, pero por nuestra culpa estaba pasando aquel mal momento.  Era para él como la tentación de abandonar la misión de salvarnos.

Amados hermanos, de la misma manera como Jesús lo hizo, debemos dirigirnos a Dios para expresarle nuestros sentimientos de tristeza, de dolor, de angustia, etc… cuando nos veamos en dificultad anímica o espiritual de no poder o no querer cumplir con nuestra misión particular y personal de servir a los propósitos de Dios.  Por lo general son momentos de confusión que uno podría pasar en la vida, pero que si le decimos a Dios con toda sinceridad lo que nos pasa, lo que queremos y hasta lo que no queremos hacer, Él nos dará la fortaleza necesaria para superar nuestras confusiones.  Cuando se habla con Dios y se le expresa con sinceridad lo que uno siente, aun estando nosotros confundidos, Dios muy pronto estará cambiando nuestra manera equivocada de ver las cosas, y estará capacitando nuestra vida para enfrentar cualquier situación con la madurez que proporciona su poder, pero es necesario que en oración uno le diga a Dios desde lo más profundo de nuestro corazón cómo nos sentimos con respecto a cualquier situación de nuestra realidad.

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El tercer detalle importante que hace verdaderamente fácil la práctica de la oración, es:

III.- QUE SE PUEDE ORAR CUANTAS VECES SEA NECESARIO.

Casi al final del relato, luego de haberse expresado Jesús con sinceridad a su Padre, y luego de haber sido fiel en aceptar la voluntad de su Padre, San Mateo nos dice que Jesús: “Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. /  Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño.  /  Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras” (Mateo 26:42-44).  Aun siendo Jesús, portador no solo de la naturaleza humana sino también de la naturaleza divina, no le fue dado inmediatamente una respuesta por el Padre que le confirmara la necesidad de cumplir con el detalle de morir como parte de su misión.  Tuvo que orar las veces que fueron necesarias.  Hubo una “segunda vez” (v. 42), hubo una “tercera vez” (v. 44), en los que ni siquiera tuvo que argumentar cosas nuevas para intentar convencer a su Padre, sino que cada vez simplemente decía “las mismas palabras” (v. 44 al final).

Nosotros que solamente poseemos la naturaleza humana, con más razón, si es necesario tenemos y debemos de orar por el mismo asunto, las veces que sea necesario, no porque Dios no nos quiera escuchar sino para que por medio de ese ejercicio, reflexionemos y en su momento nos indique su voluntad.  Ese fue también el caso del apóstol Pablo quien en su caso por una enfermedad que le aquejaba se vio en la necesidad de ser insistente en hacer la misma oración a Dios.  En su testimonio a los Corintios les relata que: “… para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; / respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. / Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad…” (2 Corintios 12:7-9a).  Orar a Dios es una necesidad, pero si hay que orar más de una vez por la misma situación, no es nada difícil sino totalmente fácil, aunque la circunstancia tenga que poner a prueba nuestra paciencia y perseverancia.

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El cuarto detalle importante que hace verdaderamente fácil la práctica de la oración, es:

IV.- QUE SE PUEDE DEJAR LA SITUACIÓN BAJO LA VOLUNTAD DE DIOS.

Mientras Jesús oraba, nunca perdió su decisión de ser eternamente obediente a su Padre, por lo que a pesar de los sentimientos de tristeza y angustia propios de su humanidad (no de su divinidad), y de querer si es posible que no experimentara aquel momento de recibir toda la ira de Dios sobre él en representación de los seres humanos, le dice muy apropiadamente a su Padre: “pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39b), manifestando de esta manera su decisión irrevocable de hacer no su propia voluntad sino la voluntad de su Padre Dios.  Finalmente, Jesús entendió que tenía que hacer la voluntad de su Padre, porque su Padre no le indicaba otra alternativa.  El que desde el principio de su ministerio enseñó a orar diciendo: Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:10), ahora lo estaba poniendo en práctica en un momento crucial que estaba enfrentando.  Orar de alguna manera es fácil porque uno no tiene que estar buscando soluciones tocando puertas de otros medios, sino basta con dejar el asunto en las manos de Dios.  Le decimos a Dios el asunto, y esperamos que manifieste su voluntad.

El apóstol Pablo nos dice que oró tres veces pidiendo por su sanidad de una enfermedad a la que le llama “un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás” (2 Corintios 12:7), pero la voluntad de Dios fue no sanarle.  La respuesta que Pablo recibió de Dios fue que él se mantenga satisfecho de que por gracia había sido salvado de la condenación eterna lo cual debe considerar como lo mejor y suficiente para él, no importando incluso si alguna enfermedad le causaba limitaciones físicas o aun en su propio ministerio.  La respuesta tras varias ocasiones de insistencia mediante la oración, fue: “Bástate mi gracia” (2 Corintios 12:9a), y Pablo aceptó la voluntad de Dios.  Vivió hasta la muerte con su enfermedad, la cual le hizo un hombre más humilde y le sirvió para aprender a depender más de Dios; finalmente vivió muy feliz porque la gracia de la salvación fue lo mejor que pudo haber experimentado en la vida.  Solamente tuvo que orar a Dios, aunque varias veces, pero se dio cuenta que tenía que dejar el asunto en la voluntad de Dios.  Orar a Dios para entregarle nuestras preocupaciones y ansiedades es nuestra necesidad, pero una vez que hayamos orado, ponte quieto, espera y descubre la voluntad de Dios.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, no descuidemos la práctica de la oración.  No es nada difícil, en realidad no se necesita ni poca ni mucha gente para hacerlo, sino que se puede hacer a solas en cualquier lugar donde uno se encuentre.  En el caso de Jesús se encontraba en un huerto en el espacio de un monte en las inmediaciones de Jerusalén.  Pero si usted tiene la posibilidad de reunirse a orar con otras personas como lo hicieron Pedro y los dos hijos de Zebedeo, y como lo hicieron los otros ocho discípulos juntos, ore en grupo.

Aproveche usted sus momentos de oración para externarle a Dios su sentir acerca de cualquier asunto que le esté afectando a usted mismo.  Aun esté usted confundido, Dios hará la obra de mostrarle a usted el camino a seguir.

No se dé por vencido cuando tras una sola oración de pocos segundos o minutos, usted todavía no encuentre la respuesta a la situación por la que usted ha orado alguna vez.  Sea usted insistente, paciente, y perseverante en espera de la respuesta de Dios.  Tenga usted en mente que no siempre se hará lo que usted espera.  Dios puede tener una mejor decisión con respecto a la solución que usted le presenta.

Cuando esté usted en oración, será mejor que con sus propias palabras usted entregue a Dios cualquier situación, y dígale que usted deja su caso en sus manos, y dígale que usted reconoce que es mejor que se haga su voluntad, pues recuerde usted que San Pablo les dice a los Romanos que la voluntad de Dios es “buena […], agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

Post date: 2016-09-18 10:30:16
Post date GMT: 2016-09-18 16:30:16

Post modified date: 2017-02-21 00:34:00
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