Y EL SEÑOR AÑADÍA, Por: Diego Teh.

Y EL SEÑOR AÑADÍA…

Hechos 2:46-47.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Dios está aquí” de Lepán, Tecoh, Yucatán; el día sábado 1 de Octubre del 2016, a las 19:00 horas; con motivo de la recepción de las hermanas Justina y Mayté, como miembros en plena comunión.

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INTRODUCCIÓN: Dios estableció una ley universal que consiste en que todo lo que tiene vida tiene que crecer, y estoy seguro que Dios se goza en dar y ver el crecimiento de todo lo que vive por su providencia.  También los que somos padres nos sentimos muy gozosos cuando nos damos cuenta cómo nuestros hijos van creciendo de estatura desde su nacimiento, y cuando van progresando en todos los aspectos de su vida personal.  Cuando vemos que otros niños están creciendo físicamente más que los nuestros, comenzamos a preocuparnos e interesarnos en llevarlos al médico para ver si le pueden dar alguna vitamina que les ayude a crecer.  No quisiéramos verlos enanos sino con una estatura que sea como la nuestra o de preferencia más grandes que nosotros. ¿No es así?  Entre Dios y su iglesia sucede lo mismo, pues nos dice San Pablo que Dios da el crecimiento de su iglesia (cf. 1 Corintios 3:7), seguramente porque la quiere ver crecer.  San Lucas al describir el crecimiento que tuvo la iglesia en Jerusalén, dice: Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47).  Es de estas palabras que determiné presentarles el mensaje de esta ocasión, bajo el título escritural “Y EL SEÑOR AÑADÍA…”.

Quisiera hacer una exposición solamente del versículo 47, pero no podemos ignorar que el versículo 46 tiene una estrecha relación con el 47 al explicar primeramente cómo era la vida de aquellos que eran añadidos a la iglesia por el Señor. Al leer el versículo 46 nos damos cuenta que dice: “Y perseveraban unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo” (Hechos 2:46).  Precisamente estas palabras nos describen para qué Dios los añadía a la iglesia.

Por eso, en este mensaje voy a predicarles que Dios tiene motivos para añadir a una persona a la iglesia local. / ¿Qué motivos tiene Dios para añadir a una persona a la iglesia local? / Observando algunas palabras o frases de estos versículos, o infiriendo sus implicaciones, les compartiré algunos de los motivos de Dios para añadir personas a su iglesia.

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El primer motivo que Dios tiene para añadir a una persona a la iglesia local, es:

I.- PARA TENER COMPAÑERISMO CON OTROS CREYENTES.

El versículo 46 comienza describiendo la vida interesante de aquellos creyentes de Jerusalén, diciendo: “Y perserveraban unánimes” (Hechos 2:46).  Lo primero que resalta en esta expresión es que todos estaban de acuerdo en mantenerse no solamente unidos en aceptar las verdades del evangelio de Jesucristo, sino en estar aunque no de manera permanente pero sí frecuentemente reunidos.  Esto implica que la reunión de dos o más personas creyentes en Jesucristo tiene su importancia en la práctica de la fe cristiana.  Estos creyentes se dieron cuenta de lo importante que era mantenerse en una estrecha relación por el hecho de profesar la misma fe.

Esta práctica es evidente desde cuando Jesús fue crucificado, pues los apóstoles no se dispersaron sino que el mismo día e incluso una semana después Jesús los encuentra reunidos en el aposento donde en días pasados habían celebrado la última cena de pascua.  Luego, en la ocasión cuando vieron a Jesús ascender hacia el cielo, los apóstoles volvieron a Jerusalén, y junto con otras mujeres que creían en Jesús, comenzaron a reunirse en un aposento en el que de manera perseverante comenzaron a reunirse para diversas prácticas edificantes de la fe (cf. Hechos 1:12-14).

Amados hermanos, a cada uno de ustedes, pero de manera especial a los que hoy serán admitidos a la membresía de esta iglesia, quiero creer que es Dios quien les ha añadido o está añadiendo a su santa iglesia, en especial a esta comunidad de personas que por la gracia de Dios mismo han sido salvadas de la condenación eterna por Jesucristo. Dios les ha llamado a vivir la fe en el evangelio no de manera solitaria sino de manera unida con otros creyentes.  Esta es la comunidad que en caso de que alguien tenga dificultades en su vida cristiana, siempre estará dispuesta a apoyarles para levantarse de nuevo.  Aquí también se cumple lo que dice la Escritura que “mejores son dos que uno” (Eclesiastés 4:9).

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El segundo motivo que Dios tiene para añadir a una persona a la iglesia local, es:

II.- PARA DEDICAR TIEMPO EN LA NUEVA FE.

Al describir la frecuencia con la que aquellos creyentes perseveraban en unanimidad, san Lucas nos dice que era: “…cada día” (Hechos 2:46).  No era cada primer día de la semana.  El evangelio siempre tiene mucho que enseñar al ser humano, y también tiene requisitos para todos los días.  Aunque para los cristianos el primer día de la semana, o el domingo, tiene un especial significado para la fe debido a que ese fue el día de la resurrección de Cristo, lo cual es el día que representa la esperanza de glorificación que también nosotros aguardamos, no por eso es el único día en el cual debemos ocuparnos en la práctica de la fe.  Cada día debemos ser diligentes en ocuparnos en mantenernos, desde luego que primeramente en devoción con Dios, pero también en el compañerismo con otros creyentes a quienes podemos apoyar en el desarrollo de su vida cristiana, pero que también pueden ser muy útiles para contribuir a nuestra propia edificación.

Amados hermanos, que quede claro que ningún creyente es llamado para vivir una fe que se activa cada año, cada semestre, cada mes, e incluso solo cada sábado o domingo, sino que Dios extiende su gracia para vivirla “cada día”, que Dios añade personas a su iglesia para que vivan en la fe “cada día”.

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El tercer motivo que Dios tiene para añadir a una persona a la iglesia local, es:

III.- PARA APROVECHAR LA UTILIDAD DEL TEMPLO.

Desde que leemos los evangelios escuchamos a Jesús enseñar a través de su conversación con una mujer samaritana que: “la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre” (Juan 4:21).  El monte que Jesús menciona es el monte Gerizim en al cual los samaritanos creían que se debe adorar a Dios, pero los Judíos sabían por medio de las Escrituras que Jerusalén era el lugar correcto.  Sin embargo, Jesús aun siendo judío no quiso favorecer a sus paisanos sino que les habló con verdad que ni uno ni otro es el lugar esperado por Dios.  Su aclaración es muy aleccionadora para nosotros, pues Jesús le dijo a aquella samaritana: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:23).  Por supuesto que no es el lugar, sino la actitud espiritual con la que uno pretende acercarse a Dios.

Por eso es que en Hechos 2, aunque había finalizado el objetivo ceremonial del templo desde que Jesús fue recibido por Dios como el sacrificio perfecto que se dio a sí mismo para satisfacer la demanda de Dios en contra del pecador, y que Dios lo había indicado con el rompimiento extraordinario del velo del lugar santísimo del templo de Jerusalén; el templo de Jerusalén no fue desechado para reunión de quienes creían en Jesús y su evangelio, pues en el segundo capítulo de los Hechos de los apóstoles leemos que aquellos primeros cristianos se acercaban tanto a los hermanos como principalmente a Dios “en el templo” (Hechos 2:46).  Eso quiere decir que el templo tiene una utilidad muy práctica y apropiada para cultivar la práctica de nuestra fe.  El templo de Jerusalén siguió siendo un lugar de reunión de los creyentes de Jerusalén, pero también frecuentemente desde el tiempo de Jesús también leemos de él reuniéndose en las sinagogas de las comunidades y otras ciudades; y luego sus seguidores no desecharon reunirse como cristianos en las sinagogas (que eran un lugar de reuniones y enseñanza de las Escrituras).  Es por eso que también podemos reunirnos en las casas de los hermanos, en el parque u otro lugar público si contamos con los permisos correspondientes de las autoridades.  Pero reunirse “en el templo” (Hechos 2:46) es muy apropiado para nuestra fe.

Amados hermanos, Dios nos ha unido, aunque no al templo, sino a Jesucristo primeramente y a su iglesia universal, ahora también somos parte de la iglesia local, en la cual contamos con un templo de reunión en la que hemos estado de acuerdo en reunirnos de manera regular y sistemática. Tengamos cuidado de no caer en la irresponsabilidad que el apóstol a los Hebreos amonestó desde su época cuando les dijo: “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre” (Hebreos 10:25).  Aprovechemos la bendición que hoy gozamos de tener un templo que ha sido construido desde hace unos años, en el cual podemos reunirnos para adorar a Dios y para estudiar su santa palabra.

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El cuarto motivo que Dios tiene para añadir a una persona a la iglesia local, es:

IV.- PARA RECORDAR LA GRACIA DE CRISTO.

Como parte de la descripción de la reunión de aquellos primeros cristianos de Jerusalén, se nos dice que una manera de representar vivamente su fe en Jesucristo, era: “…partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios,…” (Hechos 2:46).  El partimiento del pan, el comer juntos con alegría, la sencillez de corazón, la alabanza a Dios, no era solamente un pretexto de convivencia social, no era solamente para satisfacer el hambre que nos persigue casi cada seis horas, sino eran para ellos ocasiones para reflexionar en las palabras de Jesús quien cuando instituyó el sacramento de la santa cena dijo: “Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19).  Cada reunión, cada comida, era ocasión para recordar la gracia de Cristo.

Amados hermanos, cada vez que nos reunimos, aun cuando no se ministre el sacramento de la santa cena, es para conmemorar la gracia de Cristo.  Cada elemento del culto evoca la gracia de Cristo.  En especial la palabra de Dios si es bien predicada debe guiarnos a recordar la gracia de Cristo por nosotros los pecadores, e invitarnos a tomar acciones de tal manera que entremos o no mantengamos en dicha gracia divina.  Hermanos, no menosprecien el valor del culto.  No descuiden la importancia y valor de los sacramentos, o sea: No se olviden de Cristo la cabeza de la iglesia, de Cristo el Salvador de cada uno de nosotros.  Incluso cada vez que coman en su casa o en cualquier lugar, traigan a su memoria el gratísimo recuerdo de Cristo dando su vida para el pago de nuestros pecados, lo cual nos asegura la salvación por medio de él.

 

El quinto motivo que Dios tiene para añadir a una persona a la iglesia local, es:

V.- PARA PRACTICAR LA EVANGELIZACIÓN.

Y finalizando el versículo 46, San Lucas nos describe el resultado que tenía para la misma iglesia que los creyentes cumplan en su vida los motivos de Dios.  El resultado final era que cada día iban “teniendo favor con todo el pueblo” (Hechos 2:46).  Tener el favor del pueblo no significa que los hermanos contaban con apoyos económicos del gobierno, sino que los dsicípulos eran vistos como gente confiable que creía y practicaba una fe verdadera, práctica, funcional, y que valía la pena experimentar; y como consecuencia, aquellos que se consideraban incrédulos terminaban creyendo en Jesús, y se unían a la iglesia.  En otras palabras, su testimonio de vida como creyentes se traduce en efecto evangelístico lo cual invitaba a los incrédulos a la conversión al cristianismo.

Amados hermanos, el compañerismo, y la centralidad de Cristo en la vida cotidiana, son elementos que contribuyen y preparan a un creyente así como a toda una iglesia para estar listos para evangelizar efectivamente a la gente que nos rodea.  Cada uno de los que aquí nos reunimos, y cada uno de los que hoy serán admitidos como miembros, vivan de tal manera que la gente sin fe en Cristo que les ve en este pequeño pueblo, se den cuenta que es bueno vivir con fe en Cristo y anhelen aceptar al Cristo que ustedes hoy públicamente profesan creer.  Ser parte de la iglesia local, pero más porque somos de Jesucristo, nos hace responsables de presentar a Jesucristo a los perdidos que necesitan salvación eterna con sentido de urgencia.  Hemos sido unidos por Dios a esta su iglesia local para dedicarnos entre otras cosas a la evangelización.

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El sexto motivo que Dios tiene para añadir a una persona a la iglesia local, es:

VI.- PARA QUE LOS SALVOS SEAN IDENTIFICADOS.

Pero como tampoco me limitaré en el versículo 46 sino que tomaré en cuenta el versículo 47, veamos el motivo de Dios que también allí nos presenta San Lucas cuando dice: “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47).  La iglesia no solamente somos un grupo de personas que administran bien su tiempo y saben sacar tiempo para reunirse a cantar, a orar, y a estudiar la palabra de Dios, sino que somos la comunidad de las personas que hemos sido salvadas de la condenación por Jesucristo. La iglesia entre cualquier otra asociación humana, debe distinguirse por la transformación que llega a las vidas de quienes la integran.  Son los salvos, y debe notarse.  La gente debe saberlo.  La gente lo ve.

Cuando una persona no es creyente en Jesucristo, difícilmente acudirá a una iglesia, y si va, no tendrá interés de unirse formalmente a ella, porque piensa que van a aumentar sus responsabilidades; pero cuando una persona primeramente ha creído en Jesucristo como su único y suficiente Salvador y Señor, muy pronto se dará cuenta que además de ser incluido en la iglesia universal e invisible, es necesario que también uno se una a una iglesia local, porque es en ella donde Dios integra a los que son salvos.  Pero, ¡mucho ojo!, la iglesia local no es el lugar en el que se cuelan por iniciativa propia aquellos que solo buscan ocultar su pecaminosidad y dar la impresión de que son personas espirituales.  Tiene que ser el toque que Dios pone en el corazón y la voluntad del creyente para que sienta amor por unirse a una iglesia local.  San Lucas dice que “el Señor añadía cada día a la iglesia”.  No la gente por sí sola se añade.  Si alguien se añade por sí solo, tal persona no es salva, y no va a demostrar un buen testimonio ni delante de Dios porque no puede, ni delante de la gente porque no ha buscado primeramente a Jesucristo quien transforma nuestra vida de tal manera que otros observan que hay un poder extraordinario que está cambiando nuestras vidas.  Pero cuando nos unimos a la iglesia local, porque ya somos creyentes en Jesucristo, todos van a darse cuenta que nuestra vida cambia, porque cada día somos santificados por la gracia de Dios.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, demos gracias a Dios porque nos ha añadido a su gloriosa iglesia universal pero también a su iglesia local.  Vivamos los motivos de Dios para que en nuestra vida personal, en la de nuestra familia, y en la misma iglesia local se observe que somos hijos salvos de Dios, de tal manera que esta congregación a la cual pertenecemos siga cumpliendo su función de crecimiento y de propagación.

   

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