CONDUZCAN A SUS HIJOS A LA GRACIA DE DIOS, Por: Diego Teh.

CONDUZCAN A SUS HIJOS A LA GRACIA DE DIOS

Deuteronomio 1:34-40.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Betel” de Homún, Yucatán; el día domingo 2 de Octubre del 2016, a las 12:00 horas, con motivo del bautismo de la infante Alondra Isabel Can Canché, hija de los hermanos Eduardo Can, e Isabel Canché.

INTRODUCCIÓN: En el mensaje que me propongo compartirles en esta ocasión de bautismo, no pretendo presentar una exposición teológica acerca de ningún detalle con respecto a la doctrina del bautismo cristiano.  Más bien me enfocaré en presentar para los que somos padres, lo importante que es conducir a nuestros hijos hacia la gracia de Dios.  Esos pequeños de edad que tenemos en casa, a quienes cada día tenemos que educar, corregir, y a veces hasta a soportar, cuentan con un afecto entrañable de parte de Dios.  Nuestro Señor Jesucristo enseñando a sus discípulos el amor de Dios por los niños, les dijo: “Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños” (Mateo 18:14).  El hecho de que Dios nos haya confiado aunque sea solo uno, o hasta muchos hijos, mientras vivan bajo nuestro techo y patria potestad Dios nos hace responsables de enseñarles a seguir la gracia de Dios.

Por eso en esta ocasión, voy a predicarles que aunque todo bien divino que el ser humano ha de recibir depende de la gracia de Dios, y no de lo que haga o no haga un padre de familia, sin embargo, los padres debemos asumir la responsabilidad de conducir a nuestros hijos hacia la gracia de Dios, mediante diversas maneras. / ¿Cuáles son las diversas maneras en la que un padre de familia debe asumir la responsabilidad de conducir a nuestros hijos hacia la gracia de Dios.  / Nuestro texto bíblico nos presentan cinco maneras de conducir a nuestros hijos hacia la gracia de Dios.

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La primera manera de conducir a los hijos a la gracia de Dios, es:

I.- SIENDO BUENO EN TU GENERACIÓN.

La generación a la que Moisés se dirige en esta ocasión son hijos de los que salieron de Egipto.  Ya eran adultos, pero no dejaban de ser hijos.  Dios le comunica a Moisés para que a su vez se los dijera a aquellos israelitas, que: No verá hombre alguno de estos, de esta mala generación, la buena tierra que juré que había de dar a vuestros padres” (v.35). A pesar de que Dios había prometido a sus padres darles a ellos y a sus hijos “la buena tierra”, hay una razón por la que ahora les dice que ni siquiera la verán.  La razón es porque se habían convertido en una “mala generación”.  Quizá sus padres tuvieron la culpa de no enseñarles a temer a Dios, pero quizá estos hijos fueron los que rechazaron la educación de sus padres, pero en fin, no podrán ver la tierra prometida.  Pero el detalle es que no solamente ellos no podrán ver la tierra prometida sino tampoco sus hijos la podrán ver.  El siguiente versículo dice que Dios solo lo permitirá que vean aquella tierra, Caleb y sus hijos. ¿Por qué los hijos de los demás no podrán ver o llegar a aquella “buen tierra” prometida.  La razón ya está dicha: Porque era una mala generación.

Cuando se habla de una “mala generación” no se limitaba a un solo par de padres de familia que había dejado de practicar los buenos valores que Dios esperaba de ellos, sino que todas las familias habían decidido vivir ajenos a los planes de Dios.  En otras palabras, aun cuando estaban siendo guiados y sabían que iban hacia la tierra prometida, no les interesaba.  Durante el avance, vivieron como se les pegó la gana, y por eso Dios no quiso que ellos llegaran a la buena tierra.  El problema es que hasta sus hijos aun siendo menores fueron afectados por aquella mala decisión de sus padres.   Pero si eran una “mala generación”, entonces todo cambiaría si fueran una “buena generación”, pero como no todos dejarían lo malo para hacer lo que es bueno, Dios estaba depurando la lista, pues solamente quedaban los que estaban decididos a esperar en Dios y amar lo que es bueno.

Amados hermanos, Dios espera que los padres de familia que deseen guiar a sus hijos hacia la gracia de Dios, tienen que ser diferentes a la mala generación.  Tienen que dar el paso correcto para estar de acuerdo con Dios y vivir para obedecerle.  El buen ejemplo de los padres, será una bendición para los hijos quienes también aprenderán lo importante que es vivir en obediencia a Dios.  En otras palabras, hermanos padres de familia, tenemos que ser diferentes a los padres de familia que viven sin tomar en cuenta a Dios porque si somos como ellos no vamos a poder guiar a nuestros hijos hacia la gracia salvadora de Dios.  Debemos ser no una mala generación, sino una buena generación, bondad que no es total y propiamente humana, sino una bondad que procede de Dios, y que se construye en la vida de una persona que da la bienvenida a Cristo en su corazón.  Es solamente con Cristo que podemos ser una buena generación en medio de esta mala generación que también nos tocó vivir, y solamente así podremos conducir a nuestros hijos a los pies de Cristo.  Eduardo e Isabel, para conducir a Alondra a la fe en Dios es necesario que ustedes primeramente sean una generación de padres que tengan a Cristo como el Salvador y Señor de sus vidas.

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La segunda manera de conducir a los hijos a la gracia de Dios, es:

II.- SIENDO FIELES A DIOS.

Entre aquella multitud de familias de una mala generación que fueron impedidos de llegar, entrar, y ver la tierra prometido, leemos que Dios decidió que: “excepto Caleb hijo de Jefone; él la verá, y a él le daré la tierra que pisó, y a sus hijos; porque ha seguido fielmente a Jehová” (v. 36). La razón que aquí se nos da acerca del por qué Caleb, juntamente con sus hijos podrían ver la tierra prometida, es “porque ha seguido fielmente a Jehová”.  Ser fiel a Dios no es una cuestión de opinión que uno mismo se hace a sí mismo, sino que es una evidencia práctica que se puede observar tanto por nuestros hijos como por toda la comunidad donde uno vive.  Pero especialmente Dios también ve la fidelidad que una persona tiene hacia Él, y no la pasa por alto. Aunque la fidelidad de un padre de familia hacia Dios no es la condición para que Él extienda su gracia a los hijos, Dios trata a estos hijos como si ellos mismo estuvieran siendo fieles, presentándoles a ellos también las oportunidades de aceptar de manera personal la gracia salvadora de Dios.  Es así como Dios cumple su pacto al extender sus bondades a los hijos de padres que han tomado la decisión de serle fiel a Dios.

Amados hermanos padres de familia, el llamado que también nosotros hemos recibido, que es mucho mejor que ir a la tierra prometida de Canaán, porque se trata de aceptar ser conducidos por Dios al cielo de la eternidad, es un llamado que requiere nuestra fidelidad.  Y si como padres permanecemos en fidelidad a Dios, eso traerá un buen ejemplo a nuestros hijos, y les servirá para darse cuenta que vale la pena ser fieles al llamado de la gracia de Dios.  Eduardo e Isabel, para conducir por ahora a Alondra a rendir su vida a la gracia de Dios por medio de Jesucristo, es necesario que ustedes primeramente sean fieles a Dios.

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La tercera manera de conducir a los hijos a la gracia de Dios, es:

III.- SIENDO ANIMADORES DE ELLOS.

Aunque junto con otra gran cantidad de malos padres, Moisés también quedó descalificado para entrar y ver la tierra prometida, todavía le quedaba una responsabilidad. Dios le dice a Moisés: “Josué hijo de Nun, el cual te sirve, él entrará allá; anímale, porque él la hará heredar a Israel” (v. 38).  Aunque Josué no era su hijo sino su siervo, un siervo en aquel tiempo también formaba parte de la familia, y en ese caso Moisés tenía no solo privilegios a su favor por parte de su siervo, sino que tenía también responsabilidades familiares para con su siervo Josué.  Y es Dios quien personalmente instruye a Moisés diciéndole: “anímale, porque él la hará heredar a Israel”.   Josué no solo entraría a la tierra prometida, sino que será usado por Dios como un nuevo caudillo que liderará la conquista de la tierra prometida, y la distribución equitativa de todo lo conquistado a todas las tribus israelitas.  No sé qué deficiencias, debilidades, o temores tenía Josué, lo cual Dios había detectado en él, por lo que fue necesario que Moisés sea responsabilizado para animarle a seguir rumbo a la tierra prometida, para que por nada del mundo desista de ello.  “Anímale”, fue la encomienda de Dios a Moisés como el padre de la familia a la que Josué pertenecía como siervo.

Amados hermanos, aunque alguna vez hemos fallado a Dios, no por eso no debemos hacer algo para reconciliarnos con Dios.  En la actualidad, la gracia de Dios es sumamente mayor para con nosotros que la gracia que tuvo para con sus mismos amados escogidos israelitas a quienes quiso llevar de Egipto a Canaán.  Cuando alguien fallaba en algún punto, Dios se tomaba en su libre y soberana voluntad, la decisión de acabar hasta con la vida de tal persona, y hasta de toda una familia que le haya fallado.  Hoy, Dios nos da la oportunidad de arrepentimiento no a corto sino hasta a largo plazo con tal de volver a sus caminos.  No nos extermina.  Debemos procurar nuestra restauración con Él porque Él es grandemente misericordioso por medio de Jesucristo para perdonarnos y darnos una nueva vida restaurada.  Pero ya sea que busquemos nuestra restauración con Dios que es lo ideal, o que alguien sea irresponsable en restaurarse en Dios por medio de Jesucristo; no debemos descuidar animar a nuestros hijos para que ellos busquen a Dios por medio de Jesucristo para su salvación.  Cuando leemos historias de la biblia como la del carcelero de Filipos que tras el testimonio y predicación de los apóstoles Pablo y Silas, creyó en Jesucristo, y luego este hombre animó a su esposa y a todos los que vivían en su casa para que también creyeran en Jesucristo e incluso para que sean bautizados (cf. Hechos 16:25-34).  Animar a nuestros hijos y a los demás integrantes de nuestra familia es un deber importante que debemos tomar en cuenta porque está de por medio la importantísima y gran salvación eterna de ellos.  Eduardo e Isabel, para conducir a Alondra a la gracia divina de la salvación en Jesucristo, es necesario que cada uno de ustedes no descuiden como padres en animarla a buscar a Dios, pues muchas veces van ustedes a descubrir que no quiere nada con Dios.  Van a tener que animarla una y otra vez.

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La cuarta manera de conducir a los hijos a la gracia de Dios, es:

IV.- SIENDO CONFIADOS EN DIOS.

Dios por medio de Moisés le recuerda a los israelitas que les había faltado confianza en Dios con respecto al futuro de sus hijos en la tierra prometida, pues les afirma: “Y vuestros niños, de los cuales dijisteis que servirían de botín, […] a ellos la daré, y ellos la heredarán” (v. 39a,c).  Estos padres se dieron por derrotados, y pensaron que sus mismos hijos iban a ser prisioneros de guerra que iban a ser cautivados por gentes extranjeras y poderosas.  Perdieron la confianza en que Dios iba a llegar tanto a ellos como a sus hijos a la tierra que antes les prometió.  Perdieron la confianza en Dios pensando que Él los había dejado perecer y que lo mismo ocurriría con sus hijos.  Pero Dios, ahora le estaba comunicando una buena noticia, un mensaje evangélico, pues les estaba haciendo de su conocimiento que si ellos habían pensado que sus hijos serían solamente botín del enemigo, pues que no será así, sino que Dios les afirma en cuanto a aquella tierra prometida que “a ellos la daré, y ellos la heredarán”.

Amados hermanos, quizá nuestra misma falta de espiritualidad nos haga considerar que ni nosotros tenemos suficiente esperanza en todo lo que Dios promete hacer con sus hijos tanto ahora como en la eternidad; y eso mismo nos lleve a pensar que ni nuestros hijos obtendrán los beneficios de la salvación ganada por Cristo para los elegidos de Dios.  Tal pensamiento revela una falta de confianza en Dios.  Eduardo e Isabel, no vivan pensado que no hay esperanza cuando llegue a su vidas las pruebas que una y otra vez van a hacer acto de presencia.  Cuando Alondra tenga una mayor edad, y se den cuenta que tiene dificultades y hasta rechazos y rebeldía ante las cosas de Dios, no pierdan la confianza en Dios de que Él estará moviendo cielo, mar, y tierra para que ella decida acercarse voluntariamente a Dios.  Sin embargo, oren por ella para que Dios actúe redentoramente en su vida.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos Eduardo e Isabel, tener hijos es una gran responsabilidad que va más allá de la alimentación, que va más allá del vestido y calzado, que va más allá del cuidado de la salud.  Es una gran responsabilidad de conducirlos hacia la gracia de Dios conforme vayan creciendo.  Aunque ahora ella es apenas una pequeñita de apenas un año, ella está percibiendo si como padres están en el camino del bien de Dios o si solamente se inclinan a lo que es malo.  Desde ahora lo que ve, lo que oye, y hasta lo que siente de ustedes, la está preparando para sus decisiones personales que tomará acerca de la fe.  Ella está percibiendo si ustedes son fieles a Dios o si no lo son.  Ella está percibiendo si ustedes la están animando o si la están desanimando a interesarse por Dios.  Ella está percibiendo si ustedes son personas que de verdad confían en que Dios tiene planes para ella, en la que ustedes están asumiendo su responsabilidad de conducirla a este plan de Dios.  Les invito en el amor de Jesucristo, que conduzcan a Alondra hacia la gracia de Dios.

   

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