VUÉLVEME EL GOZO DE TU SALVACIÓN, Por: Diego Teh.

VUÉLVEME EL GOZO DE TU SALVACIÓN

Salmo 51:7-12;  Lucas 15:11-32.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “EL DIVINO SALVADOR” de Mérida Yuc; el día domingo 11 de Diciembre del 2016, a las 11:00 horas, como sermón del tercer domingo de adviento, domingo de gozo.

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   INTRODUCCIÓN: En la epístola a los Hebreos, su autor, en el capítulo dos, al hacerles la observación de que Dios por su justicia fue firme en castigar a pecadores del pasado, les hace una interesante afirmación diciéndoles: “¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?” (Hebreos 2:3a).  Es muy apropiado que nosotros observemos que en esta pregunta hay una descripción acerca de la salvación de la condenación eterna que es considerada no algo de poca importancia sino “una salvación tan grande”, pero a la vez tiene el sentido de animar a todo pecador para que evite ser descuidado en cuanto a la salvación tan grande.  Usted tiene que escapar de la condenación eterna, pero solamente podrá hacerlo si usted no es descuidado en cuanto a salvarse de la condenación eterna.  Si usted se descuida, también perecerá como muchos lo han sido en todos los tiempos. No hay dedicación que más valga la pena, que una persona se ocupe en su salvación y se mantenga en la salvación por medio de Cristo.  Esta fue la encomienda que el apóstol Pablo le dio a los Filipenses cuando les dijo: “…ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12). ¿Está usted ocupado en su salvación, o está descuidando su salvación?  Además de lo grandioso de la salvación que consiste en ser librado por Dios mismo nada menos que de las llamas del infierno donde todo pecador ha merecido pasar toda la eternidad, la salvación también tiene sus efectos o beneficios en la vida presente, uno de ellos es el sentirse gozoso por haber sido salvado por Dios, un gozo especial que no pueden sentir los que no han sido salvados.  Es un gozo que aunque uno tenga fuertes y grandes problemas (no pecados), siempre va a permanecer, a menos que uno intencionalmente se deje arrastrar por algún pecado.

Según nuestro texto bíblico, David, tras haber cometido intencional y deliberadamente por lo menos un par de pecados: adulterio y homicidio, expresó a Dios palabras de arrepentimiento, confesión, y búsqueda de restauración, en las que hace mención de “la salvación”, diciendo: “vuélveme el gozo de tu salvación”. (Salmo 51:12a).  Hoy, como tercer domingo de adviento en el que corresponde enfatizar la importancia de experimentar el gozo de Dios por haber enviado a su Hijo Jesucristo a este mundo y a nuestra vida, voy a enfatizar basado en esta oración de David, que el gozo verdadero que un hijo de Dios puede disfrutar, depende de diversos factores espirituales. / ¿De qué factores espirituales depende el gozo verdadero que un hijo de Dios puede disfrutar?  / En este mensaje les voy a compartir tres factores:

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El primer factor espiritual del cual depende que un hijo de Dios disfrute el verdadero gozo, es:

I.- EL SER SALVADO DE LA CONDENACIÓN ETERNA.

Lo primero que quiero resaltar en este mensaje basado en esta oración de David en el Salmo 51 es que David estaba entendiendo correctamente que Dios le había antes salvado, no solamente de la muerte como en la ocasión que Dios le libró del gigante Goliat, ni solamente de las otras muchas ocasiones como cuando Dios le libró de las persecuciones de Saúl, luego hasta de su propio hijo Absalom, sino implícitamente hacía referencia a la salvación que Dios desde la antigüedad aun antes de Cristo hacía efectiva a sus escogidos para que fuesen salvados de la condenación eterna, y esta salvación especial siempre había sido para él un motivo sublime y máximo de gozo.

David, se había caracterizado por vivir lleno de gozo no solamente por las satisfacciones legítimas temporales como el haber sido un buen pastor que sabía defender a las ovejas que cuidaba desde su adolescencia, ni solamente por haber vencido al gigante Goliat, ni solamente por haber sido privilegiado por Dios al ser constituido rey de Israel siendo el menor de todos sus hermanos.  Su principal razón por sentirse gozoso en la vida es por haber sido antes salvado por Dios.  En el Salmo 21, disfrutando con gozo la salvación que David ya había recibido de Dios, le dice a Dios: “El rey se alegra en tu poder, oh Jehová; y en tu salvación, ¡cómo se goza!” (Salmo 21:1).  Es interesante observar que la salvación a la que David se refiere, no proviene de otra fuente más que de Dios, pues a Dios mismo le dice: “El rey se alegra… […] en tu salvación”.  Cómo no sentirse gozoso cuando no hay quien salve sino solo Dios, y justo ahora cuando se tiene la experiencia de ser salvado por Él.  El gozo por la salvación que se recibe de Dios es inevitable.  Cuando Dios salva tiene que haber gozo.

Amados hermanos, solo de Dios pudo provenir la salvación que usted ya ha recibido desde ahora con garantía de que seguirá salvo hasta la eternidad. Pero, ¿cómo pudo usted ser salvo, si Dios en su justicia exigía que el ser humano pecador para ser salvado de la condenación que había merecido por su desobediencia, tendría que pagar con su propia vida, pero que su vida estuviese sin mancha alguna de pecado para que el pago fuese satisfactorio para Dios?  Sin duda que ningún ser humano descendiente de Adán y Eva está en la condición de inmaculado para que pueda cumplir con este requisito de Dios.  Es por eso que Dios al enviar a su Hijo Jesucristo no creó a un nuevo ser humano que comenzase una nueva raza humana santa que fuese capaz de pagar por nuestra culpa, pues al ser de otra raza no estaría pagando por nosotros; sino que al enviar a Jesucristo lo hizo por medio de encarnarse como un ser humano “nacido de mujer” (Gálatas 4:4), que vivió en santidad perfecta delante de Dios y los hombres, pues el apóstol Pedro dice de Jesús: “el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca” (1 Pedro 2:22). Solamente así fue posible que la vida sin pecado de Jesús un ser humano, que al mismo tiempo era también Dios procedente de Dios, fuese aceptada como el pago por nuestros pecados.  Pero tal solución no fue un éxito humano, sino que solo pudo provenir de Dios quien quiso humillarse encarnándose en nuestra naturaleza humana.  De otra manera, seguiríamos destinados a la condenación eterna. ¿No es esto para usted causa de gozo, porque por medio de Jesucristo, Dios le ha salvado de no ir hacia la condenación eterna?  Siéntase siempre gozoso porque la salvación que usted ahora tiene solamente pudo haber procedido de Dios mismo.

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El segundo factor espiritual del cual depende que un hijo de Dios disfrute el verdadero gozo, es:

II.- EL ABANDONAR EL PLACER DEL PECADO DESTRUCTOR.

Quede claro que quien ha sido salvado no perderá su salvación, pero si alguien se encuentra perdido o se perderá es porque en realidad nunca ha sido salvo. En el caso de David, tras haber pecado contra Dios, al haber desenfrenado sus pasiones humanas contra Urías y Betsabé, se dio cuenta que ya no podía experimentar el gozo que antes tenía para servir a Dios, a pesar de que fue uno de los hombres salvados por Dios de la condenación eterna.  Es por eso que en su oración le dice a Dios: “Vuélveme el gozo de tu salvación” (v. 12a).  Esto no significa que David había perdido la salvación, porque no dice: Vuélveme tu salvación, sino que solamente había perdido la experiencia del gozo de ser salvo, por lo que su petición claramente es: “Vuélveme el gozo”.  Se debe sentir feo, saber que Dios te ama y ha hecho efectivo en ti la salvación, pero el pecado no te deja disfrutar del esencial beneficio de la gracia de Dios: la salvación.  Aunque un verdadero creyente elegido por Dios no perderá nunca la salvación, lo que uno puede perder es el gozo de ser salvo, gozo que se pierde porque uno decide hacer lo que no es agradable a los ojos de Dios.  Afortunadamente se puede recuperar el gozo si uno procede con verdadero arrepentimiento delante de Dios.

David, en el salmo 51 se ha dado cuenta que su falta de gozo es debido al poder intenso del pecado sobre su vida, de tal manera que en su oración le dice a Dios: “Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido” (Salmo 51:8). Sus palabras dejan ver la profundidad con la que uno sufre cuando uno toma la decisión de pecar contra Dios, pues dice que hasta los huesos de uno padecen los efectos del pecado.  En el libro bíblico de los proverbios, a manera de ejemplo de lo que un solo pecado puede causar como efecto profundo en una persona, salomón dice: “Mas la envidia es carcoma de los huesos” (Proverbios 14:30b).  Imagínese usted si al mismo tiempo uno se entrega intencionalmente a practicar más de un pecado.  El efecto en la salud tanto física como espiritual será peor. El gozo puede desaparecer o queda minimizado.  Estas expresiones que tiene que ver con los huesos, dejan ver que el pecado es terrible y horrible al grado de que hasta la persona muy amada, elegida, y salvada por Dios puede perder el gozo de la salvación, y sentir profundamente las consecuencias del pecado sufriendo depresiones, dolores de cabeza, tristezas, y más consecuencias.  El pecado genera sensaciones de placer que muy pronto se convierten en la tristeza y decepción de quien lo comete, porque no son la fuente del verdadero gozo.  El hijo pródigo, luego de vivir los placeres que tanto le atrajeron, su ruina fue mayor que el placer, pues no tenía otra opción de sentirse como los cerdos, deseosos de alimentarse de algarrobos y desechos con los cuales se alimentan esos animales (cf. Lucas 15:13-17).  Por eso es necesario huir del pecado que produce solo falsos placeres.  Desde que el pecado llegó a la vida del primer ser humano, juntamente con su esposa y sus hijos, el gozo fue desapareciendo.  El gozo de Adán y Eva se comenzó a esfumar cuando la vergüenza por el pecado y el miedo a Dios invadió sus vidas, al grado que comenzaron a intentar esconderse de Dios.  Luego, perdieron el gozo entre ellos mismos tratando de justificar su desobediencia a Dios comenzando a culparse el uno al otro.

Nehemías, cuando hizo leer la Ley de Dios por primera vez a los israelitas que regresaron de la cautividad babilónica, se llenaron de gozo en saber que Dios les había salvado de la cautividad y los tenía de regreso restaurados en su propio país, en sus propios hogares, él les dijo: “…porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza” (Nehemías 8:10).  Amados hermanos, el pecado condena, deprime, entristece, enferma, daña tanto el cuerpo como el alma, daña las emociones, la voluntad, y hasta las decisiones, por eso es importante anhelar el gozo de Dios, porque según Nehemías trae fuerza para hacer lo que es bueno y agradable a Dios.  Cuando uno se goza por su salvación, uno tiene fuerzas para servir a Dios no de vez en cuando, no con reservas, sino con todo el tiempo y con todas las fuerzas. Cuando a usted le ha faltado gozo, ¿tiene usted fuerzas o deseos de ponerse a orar, de leer la palabra de Dios, de acudir a los estudios bíblicos y cultos de la iglesia?  Quizá es la indicación de que usted necesita abandonar algún placer pecaminoso al que voluntariamente usted se ha entregado una y otra vez, y en consecuencia ha perdido gozo por las cosas de Dios, y fuerzas para comprometerse e involucrarse en la obra de Dios.

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El tercer factor espiritual del cual depende que un hijo de Dios disfrute el verdadero gozo, es:

III.- EL RECIBIR LA SALVACIÓN POR MEDIO DE JESUCRISTO.

No está en uno mismo el recuperar el verdadero gozo que conlleva la salvación. Muy acertadamente, David al decir “Vuélveme el gozo de tu salvación” (Salmo 51:12a), no acudió a la religión judía, sino acudió a Dios mismo, la verdadera fuente de gozo, quien está presto para obsequiarla al pecador arrepentido.  Pero ahora, en pleno conocimiento del evangelio, nos damos cuenta que el gozo es generado por Jesucristo el autor de la eterna salvación.

A propósito de recordar las profecías de adviento, voy a recurrir a una de las últimas profecías del Antiguo Testamento, que Dios hizo saber a los judíos e israelitas amados y elegidos de Dios, por medio del profeta Malaquías. Dios les dio un mensaje que anunciaba la entonces cercana primera venida de Jesucristo.  El mensaje fue: Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada” (Malaquías 4:2). El Sol de justicia al que se refiere estas palabras no se refiere al sol de nuestro sistema solar, ni a ningún otro sol de otros sistemas y galaxias del universo.  Observe usted en su biblia que está escrito con “S” mayúscula, indicando así que se trata de un Sol extraordinario que bajo una correcta interpretación se refiere a Jesucristo.  Luego de usar figuradamente a Jesucristo como Sol, pasa a presentar en un lenguaje muy conocido por los israelitas que conocían el comportamiento del ganado, un panorama de gozo como consecuencia del nacimiento de Jesucristo.  Las palabras finales del v. 2 con respecto al efecto del nacimiento de Jesucristo, dice: “saldréis, y saltaréis como becerros de la manada”.  Estas palabras proféticas son nada menos que una descripción ilustrada de la intensidad del gozo que embarga a una persona cuando recurre a Jesucristo para su salvación.

Amados hermanos, en el libro del santo evangelio según lo relata san Lucas, podemos apreciar que Jesús es el gozo planeado por Dios para el ser humano.  AL principio de su libro relata que tras el nacimiento de Jesús, un ángel anunció a unos pastores de ovejas cerca de Belén, que: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: / que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:10,11).  Es claro que desde el corazón de Dios, Jesús es la causa de gozo para los seres humanos.  Su solo nacimiento fue anunciado como “nuevas de gran gozo”.  Relativamente en el centro de su libro, relata que Jesús durante su ministerio, en una ocasión narró la parábola del hijo pródigo quien tras su arrepentimiento después de haber vivido perdidamente en condiciones infrahumanas, su padre (representando aquí la bondad de Dios) ordenó que se hiciera una gran fiesta (Lucas 15:23).  Jesús trajo a nosotros los pecadores un evangelio que trae fiesta, gozo a nuestra vida siempre y cuando recurramos arrepentidos a Jesús el autor del gozo de nuestra salvación.  Y al final de su libro, luego de que Jesús hubo pasado la crucifixión, muerte, resurrección, e incluso su ascensión de regreso al cielo, san Lucas nos relata que los discípulos después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo” (Lucas 24:52).  Yo creo que tras haberse despedido Jesús de ellos, aunque les haya bendecido, debieron quedarse muy tristes, pero no fue así, sino que el gozo de Jesús quedó impreso en sus corazones como evidencia de haberse apropiado de la salvación que Jesús trajo, siendo ellos los primeros discípulos privilegiados de recibir la salvación que Jesús vino a entregar a los pecadores arrepentidos.  Tiene razón Isaac Watts, el autor del himno: Gozo del mundo es el Señor.

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   CONCLUSIÓN: Estimados hermanos, el pecado nos hace seguros merecedores de la ira de Dios, así como de perecer en las llamas del infierno por toda la eternidad.  No hay nada fuera de Dios que pueda evitar que un pecador reciba este indeseable merecimiento. Solamente Dios por medio de su Hijo Jesucristo puede salvar al pecador de ese horrendo destino, por lo que si usted ha sido salvado de tal destino, usted tiene el mejor motivo por el cual debe vivir lleno de gozo.  Se trata de un gozo que debe estar en primer plano en nuestras vidas.  No importa si enfrentamos adversidades en esta vida por más crueles que sean estas adversidades.  El gozo de la salvación eterna debe permanecer en nuestra experiencia porque no hay nada mejor que el ser humano pueda recibir en esta vida y en la eternidad.

¿Alguno de ustedes está sintiendo que en su vida le hace falta gozo verdadero, que no ha encontrado en ningún placer, en ninguna terapia, ni en ningún otro recurso?  Hoy es el día que en Jesús usted puede recibir el verdadero gozo que acompaña hasta la eternidad al pecador arrepentido y salvado por Dios.  Usted debe decirle a Dios como dijera el hijo pródigo: “he pecado contra el cielo y contra ti” (Lucas 15:18-21), y como David le dijera: “Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve” (Salmo 51:7), y “Vuélveme el gozo de tu salvación” (Salmo 51:12a).  Dando este paso, usted recuperará el gozo de la salvación. El gozo de la salvación como lo sugiere la expresión, depende de que uno haya previamente experimentado la salvación, depende del mantenerse decididamente al margen de no entregarse ni deliberada ni voluntariamente a la práctica del pecado, y depende de la aceptación del gozo proveniente de Dios por medio de Jesucristo.

   

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