LO QUE DEBO DESEAR POR SABER QUE JESÚS NACIÓ, Por: Diego Teh.

LO QUE DEBO DESEAR POR SABER QUE JESÚS NACIÓ

Mateo 2:1-12.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “SIERVOS DE JESÚS” de Celestún, Yucatán; el día sábado 24 de Diciembre del 2016, a las 20:00 horas, como sermón de nochebuena.

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   INTRODUCCIÓN: Muchos de nosotros hemos tenido la experiencia de ser padres y hemos vivido momentos emocionantes aun antes de que nazcan nuestros hijos.  Hacemos con toda anticipación, preparativos como decorar un cuarto; adquirimos una cuna, pabellón para que no lo piquen los mosquitos; compramos sus primeras ropitas, zapatitos, calcetines, etc… Y cuando llega el momento del nacimiento, cuánto gozo invade nuestra vida al saber que nuestro bebé ha nacido.  Deseamos intensamente verlo por primera vez, hacemos todo lo posible de acechar en el área de cunas donde es muy seguro que podemos mirarle a través de los cristales de una ventana.  Luego seguimos ansiosos con tenerle en nuestros brazos.  Los hermanos también aunque con un poco de celos porque saben que el nuevo integrante de la familia les quitará parte de la atención que antes era para ellos; sin embargo, también hay emoción en ellos esperando conocer al pequeño y tierno bebito.  Mamá también tanto anhelo hay en su corazón por tener en sus brazos a ese pequeñito con quien tanto se ha encariñado desde hace meses atrás.  Pero no solo en la familia, sino también los parientes y demás amigos de la familia, desean conocerle, pedir que se los presten por un momento para abrazarle, y otros muy generosamente hasta le llevan algún regalito a los padres para que le sirva al recién nacido.  Un recién nacido despierta una diversidad de deseos, generalmente en sus seres queridos, pero también en amigos de la familia.

En el mensaje de hoy, que recordamos el nacimiento de Jesús, voy a compartirles que el conocimiento de su nacimiento también debería ser motivo para que toda persona manifieste deseos espirituales relevantes para con Jesús.  / ¿Qué deseos espirituales relevantes debería manifestar toda persona por saber que Jesús nació? / La visita que los magos de oriente hicieron al entonces niño Jesús en Belén, nos deja observar tres deseos espirituales relevantes que ellos manifestaron, y que toda persona debería manifestar al enterarse del nacimiento de Jesús.

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El primer deseo espiritual relevante que toda persona debe manifestar por saber que Jesús nació, es:

I.- EL DESEO DE CONOCER A JESÚS.

En el relato acerca de los magos que vinieron de tierras lejanas a Jerusalén en busca de Jesús, san Mateo nos dice que estos hombres fueron a preguntarle al rey Herodes: “¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente” (Mateo 2:2). Se aprecia que estos hombres, al parecer provenientes de distintas culturas tenían conocimiento de las profecías judías a pesar de que ellos no eran judíos.  Sabían acerca del extraordinario nacimiento de Jesús.  Sabían acerca de la realeza de Jesús.  Sabían que ya había nacido.  Sabían que una estrella serviría como señal de su nacimiento.  Es probable que conocían los libros de la ley de Moisés en sus respectivos lugares de procedencia, o tuvieron conocimiento de la profecía que anunciaba el nacimiento de Jesús como rey, pues es entre los libros de la ley de Moisés, en el libro de los Números, que se encuentra esta profecía.  La profecía consiste en que un hombre profeta de Dios llamado Balaam, fue presionado insistentemente por Balac rey de los moabitas un hombre impío para que llamó a Balaam para que maldijera a los israelitas a quienes Balac consideraba sus enemigos, pero Dios no lo permitió sino que cuando Balaam estaba a punto de pronunciar la maldición, salían de su boca palabras de bendición, como las que dicen: “Saldrá ESTRELLA de Jacob, Y se levantará cetro de Israel” (Números 24:17c).  Este es el origen de la profecía que desde tiempo de Moisés, desde el tiempo de la peregrinación de los israelitas en el desierto, dio a conocer el nacimiento de Jesús, al decir Balaam en su profecía “se levantará cetro de Israel”; y que habrá una estrella como señal, al decir Balaam en su profecía: “Saldrá estrella de Jacob”.  Pero, en fin, lo que ahora importa, es que aquellos magos de nuestra lectura bíblica, llegaron al país, seguros del nacimiento de Jesús, pero querían conocer a Jesús.  No les bastó con saber que había nacido, sino que se interesaron en conocerle personalmente; una buena lección para todos los que ahora sabemos por medio de la historia de que sí es verdad el nacimiento de Jesús, pero también es necesario de que procuremos conocerle.

En la historia del ministerio de Jesús, tenemos también el relato del caso de Zaqueo quien impedido su baja estatura estando atrás de una multitud no podía ver a Jesús quien estaba pasando en la calle principal de Jericó, por lo que buscó la manera de superar la estatura de la gente subiéndose él en un sicómoro.  No fue una simple curiosidad, sino un deseo sano e incluso espiritual de conocerle.  Zaqueo había escuchado mucho acerca de Jesús pero no se conformó con solamente haber escuchado de él, sino que se interesó y decidió conocerle.  El resultado de su deseo fue salvador, al grado de que Jesús al darse cuenta del deseo de este hombre quien se había subido al sicómoro para por lo menos verle pasar, Jesús le dijo que bajara de prisa y que se vaya a su casa porque Jesús pasaría a casa de Zaqueo a visitarle y descansar.  Qué sorpresa para este gran hombre pequeño, quien al querer conocer a Jesús recibió las palabras confirmadoras de Jesús mismo, de que “hoy ha venido la salvación a esta casa” (Lucas 19:9).

Tiempo después de que el apóstol Pablo estuvo en la ciudad de Corinto anunciando el evangelio de Jesucristo, al recordarles mediante su primera carta que les envió, cuál fue su proceder mientras él estuvo con ellos, les dice: “…para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Corintios 2:1,2).  Antes que anunciar el evangelio, su principal interés era saber o conocer acerca de Jesucristo, especialmente lo relacionado con el valor e importancia de su muerte redentora.  Es el conocimiento acerca de la persona y obra de Jesús lo que edifica la fe en un creyente, y lo que sirve de tema para anunciar la salvación de la condenación eterna.

Por su parte el apóstol Pedro hace una exhortación a los que somos creyentes, diciendo: “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18).  Ya que hemos iniciado en el conocimiento de Jesucristo desde que nos fue compartido, y desde que aceptamos su santo evangelio, siempre hay la necesidad de crecer “en […] el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”.  Este conocimiento acerca de Jesús debe ser también nuestro deseo permanente.  Siempre hay algo que saber, conocer, y aprender de él para crecer.  Este adviento que ha concluido fue tiempo para conocerle, pues los sermones y enseñanzas tuvieron el propósito de dar a conocer a Jesucristo.  Esta navidad también es tiempo de conocerle. Todo el siguiente año es tiempo de conocerle.

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El segundo deseo espiritual relevante que toda persona debe manifestar por saber que Jesús nació, es:

II.- EL DESEO DE ADORAR A JESÚS.

Lo primero que San Mateo nos relata con respecto al objetivo de la visita de los magos, es que ellos mismos le confesaron a Herodes que su razón de buscar al rey de los judíos es porque “venimos a adorarle” (v. 2).  Lo segundo es que cuando los magos llegaron a Belén, a la casa donde se encontraba Jesús junto con María y José, estos visitantes buscadores no hicieron lo que muchos de nosotros haríamos de pedir abrazar al bebé entusiasmados o emocionados, sino que su acción primaria fue que: “postrándose, lo adoraron” (v. 11).  Estoy seguro que este deseo de adorar a Jesús no surgió espontáneamente en ellos, y que no fue únicamente un acto protocolario de rendir homenaje a quien se le reconoce como un rey; sino que fue un deseo espiritual que Dios había puesto en sus corazones desde mucho tiempo atrás desde antes que iniciasen su viaje que debió llevarle varios meses.  Fue un acto de adoración al enviado de Dios que ellos habían entendido que nacería como un descendiente de Jacob, pero que al mismo tiempo era la encarnación del único Dios vivo y verdadero que visitaba especialmente a su pueblo, pero que esta manifestación tenía sus alcances universales fuera de los límites territoriales de los judíos y de todos los israelitas.  Ellos adoraron no al hombre Jesús, sino al Dios encarnado en la persona del niño Jesús.  Su deseo principal fue el de adorar.  Este es el mismo deseo que debe producir en nosotros el hecho de saber que en verdad Jesús nació no como un simple bebé humano sino como la encarnación de Dios quien dio este paso importante para traernos a los seres humanos al Dios-Hombre que tomaría nuestro lugar para representarnos delante de Dios para pagar por nuestros pecados.

En contraste con el verdadero y genuino deseo espiritual de rendir adoración que manifestaron aquellos magos, tenemos también en la misma historia el relato de un fingimiento que puede manifestar una persona cuyas intenciones nunca es adorar, pero pronto quedan manifiestas sus intenciones que evidencian la depravación y perversión de un corazón que no da lugar a Dios en su vida.  Herodes, al tomarle por sorpresa la información de que ha nacido el rey de los judíos, dijo a los magos: “Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore” (v. 8). Es ampliamente sabido que sus intenciones no era adorar sino matar a Jesús, pero como Dios mismo impidió que este hombre no obtuviera la información precisa para dar con Jesús, su odio lo desenfrenó enviando matar a todos los niños menores de dos años que estaban en Belén, sin embargo, Jesús ya no estaba en Belén cuando ocurrió la matanza que hizo este Herodes, pues Jesús por instrucción de Dios ya había sido llevado al lejano país de Egipto.  Este episodio del acontecimiento más terrible de la historia que circunda el nacimiento de Jesucristo, nos enseña que una persona que desconoce el plan de Dios es capaz de cometer las más viles acciones sino somete su vida en adoración al único Dios vivo y verdadero.

La ocasión cuando Jesús caminó sobre las aguas, y el apóstol Pedro al querer hacerlo estuvo a punto de ahogarse y fue salvado por Jesús, cuando Jesús subió a la barca donde estaban los demás apóstoles, dice Mateo que: “los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios” (Mateo 14:33). Esta es la razón por la que Jesús merece nuestra adoración.  Cuando Jesús hubo resucitado y salió al encuentro de María Magdalena y la otra María, dice Mateo que luego de saludarlas Jesús con un “Salve”, “…ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron” (Mateo 28:9).  Momentos después, de haberse mostrado Jesús a las dos Marías, se mostró también a sus apóstoles, de quienes nos dice Mateo que “cuando le vieron, le adoraron” (Mateo 28:17).  El haber resucitado es otra razón por la que ahora también nosotros debemos considerar el deseo de adorar a aquel que venció la muerte, porque nos garantiza a los creyentes la realidad de una vida después de la muerte.  Además, recuerde usted que Dios está buscando adoradores (cf. Juan 4:24).

Navidad es un buen recordatorio de que debemos desear antes que cualquier otra actividad humana, el dedicar tiempo para adorar a Jesús primero porque es Dios, segundo porque murió por nosotros, tercero porque resucitó y vive para siempre, y cuarto porque ahora es nuestro Salvador.  Y desde luego que hay muchas razones más. Acreciente usted su deseo de adorar a Jesús.  Todo ser humano siente la necesidad de adorar a una divinidad porque Dios nos creó para ser sus adoradores, pero cuando no correspondemos a esa configuración de ser sus adoradores, automáticamente entregamos adoración a otros supuestos pero falsos dioses, a otros seres humanos, a los cuerpos celestes, a animales, a imágenes, y hasta sí mismo; pero eso lo hace el ser humano cuando se encuentra en un estado de ignorancia.  Pero usted que ya tiene conocimiento de la verdad, su respuesta al conocimiento de la verdad es que usted debe desear adorar a Jesús el Hijo de Dios.

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El tercer deseo espiritual relevante que toda persona debe manifestar por saber que Jesús nació, es:

III.- EL DESEO DE DAR A JESÚS.

No solamente desearon conocerle, lo cual lograron; ni solamente desearon adorarle, sino que en realidad le adoraron; pero hay un detalle más que expresa la profundidad de una adoración, pues nos dice San Mateo que: “abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (v. 11b).  Es interesante que estos personajes desde que se propusieron conocer el cumplimiento de la profecía del nacimiento extraordinario del rey de los judíos, se propusieron no solo conocerle, ni solamente postrarse delante de él y adorarle, sino que también se propusieron darle presentes o regalos: oro, incienso y mirra.  Se cree que el valor económico de todos aquellos productos fue suficiente para costear el viaje que José, María, y Jesús, hicieron desde Belén de Judá hasta Egipto todo el tiempo que tuvieron que alejarse de la persecución de Herodes y su gente que quería la muerte de Jesús.  Aunque es verdad que Dios no requiere de dádivas humanas para su existencia y sobrevivencia, fue necesario que estando manifestado en la persona humana de Jesús utilizase recursos de procedencia humana y terrena para vivir como todo un auténtico humano.  Pero lo que aquí quiero enfatizar es la actitud de aquellos magos que visitaron a Jesús, teniendo deseo de darle lo que ellos legítimamente tenían bajo su propiedad.  No fueron a ver a Jesús deseando pedirle algo, porque adorar es darse uno mismo a Dios, a Jesús. Los magos no se limitaron a la postura físico-espiritual en que “postrándose, lo adoraron” (v. 11), sino que fueron más allá de lo fácil que es postrarse, de lo fácil que es pronunciar solo palabras que legítimamente expresen adoración; sino que fueron capaces de desprenderse de lo que poseían ofreciéndolos como presentes a Jesús.

Frecuentemente se puede uno mismo dar cuenta de que acudimos a la adoración congregacional no con la mentalidad de darnos en adoración a Dios.  Hay quienes suelen comentar que no estuvieron satisfechos con el culto, que salieron vacíos porque no se tuvo el tiempo de alabanzas con ritmos musicales muy ‘movidos’, porque no llegó el pianista o guitarrista y no hubo música, porque el director del culto o el de los himnos tuvo errores en su dirección, o por cualquier otra razón; pero amados hermanos el tiempo de adoración no es para satisfacer nuestros sentidos con lo que vemos, oímos, o palpamos durante el culto, sino que el culto es para dar de nosotros mismos lo máximo que podamos expresar o entregar a Dios con toda nuestra espiritualidad.  Sean nuestras ofrendas, cantos, oraciones, u otros elementos del culto debemos participar con ello con un sentido de que estamos entregando lo que tenemos y lo que somos al Dios que merece todo de nosotros.  Esa fue la actitud de aquellos magos, y que Dios espera de un adorador.

Obviamente lo esencial en un acto de adoración es el darse primeramente uno mismo antes que cualquier cosa material.  El alma debe primeramente conectarse con Dios, desde luego que por medio de Jesucristo, pero hay ocasión que no solamente es darse espiritualmente a Dios, sino que hay ocasión en el que se requiere dar algún bien para la causa de la obra de Dios.  En la gracia del evangelio en el cual pertenece nuestro llamamiento, no damos algo con el fin de ganar la salvación ni alguna bendición en particular, sino que damos por agradecimiento al incalculable valor de nuestra eterna e inmerecida salvación.  Pero cuando tenemos que dar lo que tenemos, tenemos el ejemplo de Jesús mismo quien según el apóstol Pablo a los Corintios: “por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9).  Es decir, no le importó desprenderse de su Divinidad, humillándose en nuestra condición humana para conseguir nuestra eterna salvación.

En términos humanos podemos ilustrarlo con el caso bíblico de David, en la ocasión cuando enojó a Dios por haber realizado un censo que no se le ordenó hacer.  Dios envió por medio de un ángel una mortandad en la que perecieron más de 70,000 personas.  El desgraciado causante de este mal que era David no fue alcanzado por la mortandad, pero sintiéndose culpable se arrepintió, y aún arrepentido pidió que Dios acabara con él y no con el pueblo porque él era el culpable.  Inmediatamente el profeta Gad vino a David para decirle que hiciese un altar y ofreciese un sacrificio a Dios para aplacar su ira.  David se dirigió al ‘rancho’ de Arauna un Jebuseo que vivía en su reino con el fin de comprarle a este hombre un espacio en su ‘rancho’ para hacer un altar y ofrecer allí el sacrificio.  Durante la conversación, Arauna (también conocido como Ornán; cf. 1 Crónicas 21:20-25), le dijo: “Tome y ofrezca mi señor el rey lo que bien le pareciere; he aquí bueyes para el holocausto, y los trillos y los yugos de los bueyes para leña. /  Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Luego dijo Arauna al rey: Jehová tu Dios te sea propicio. / Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata. /  Y edificó allí David un altar a Jehová, y sacrificó holocaustos y ofrendas de paz; y Jehová oyó las súplicas de la tierra, y cesó la plaga en Israel” (2 Samuel 24:22-25).  No se puede ser adorador con ‘sombrero ajeno’, sino con el propio. No le debe costar a otro lo que uno debe dar como acto de adoración. Tampoco se debe dejar de dar lo que uno debería dar en adoración al Dios que lo merece todo de nosotros los pecadores.  Esa fue la actitud de los magos que dieron de todo corazón lo mejor y hsta costoso que Dios les había antes concedido tener como sus respectivas propiedades, y no dudaron en ponerlo en manos de Jesús.

Lo mismo hicieron otros personajes, aunque solo quiero recordarles el caso de aquella mujer que derramó en los pies de Jesús un alabastro con una libra de perfume de nardo puro con un valor de 300 denarios (que san Juan nos dice que era “de mucho precio”; Juan 12:3), lo que equivaldría en nuestro medio como un año de salario mínimo (es decir, como de 30,000 pesos), aunque podría valer más según el tipo de cambio vigente.  Y no lo hizo porque quería recibir un beneficio a cambio, sino como un acto de adoración expresando su profunda gratitud porque Jesús le había sido una bendición de perdón y salvación. Así debería ser nuestra decisión de adorar a Dios, dándonos primeramente nosotros sin reserva a Dios, y cuando tengamos que dar de nuestros bienes materiales en adoración, lo hagamos con toda liberalidad y generosidad, antes que esperar por ello un favor a cambio.  Esa fue la actitud de aquellos magos, dar a Jesús como una muestra de adoración.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, el conocimiento del nacimiento de Jesús debería producir en toda persona, los deseos espirituales y relevantes de 1) CONOCERLE, 2) ADORARLE, y 3) DARLE TODO DE NOSOTROS. Que esta navidad ninguno de ustedes se pierda estas experiencias que nos conectan con Dios mismo por medio de su Hijo Jesucristo, el único Salvador que trajo la solución completa y definitiva a nuestro problema actual de pecado y a nuestro antes problema eterno de condenación.  Cristo nació para nuestra salvación.  Conócele, adórale, y dale todo de ti.  El hizo todo por ti.

   

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