SE NECESITAN HOMBRES PARA EL MINISTERIO, Por: Diego Teh.

SE NECESITAN HOMBRES PARA EL MINISTERIO

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Varios textos.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Luz de Vida” de la col. Bojórquez, de Mérida, Yucatán; el día domingo 08 de Enero del 2017, a las 18:00 horas.

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INTRODUCCIÓN: Durante mi infancia observé en muchas ocasiones a personas que con sentido de devoción pero por tradición, doctrina, o ignorancia religiosa, solían reunirse en casas a realizar novenas de rezo, pero siempre llamó mi atención que casi siempre eran solamente mujeres.  Solamente en algunas ocasiones veía a un varón entre ellas, que tomaba el liderazgo o la presentación del rezo al santo patrono que correspondía.  Siempre me cuestionaba, ¿por qué solo mujeres?  Pero, no vayamos tan lejos.  En nuestras iglesias y congregaciones, ¿quiénes son las que tienen una mayor presencia y hasta un mayor servicio? ¿Los hombres o las mujeres?  Sin duda que hay mínimas excepciones, pero en la gran mayoría son las mujeres que están verdaderamente comprometidas con el ministerio cristiano.  Esto no está mal, pero, y los hombres que deben estar, ¿dónde están?  Además, tenemos el fenómeno de que los pocos hombres que forman parte de la membresía y de los simpatizantes de las iglesias y congregaciones, no tienen suficiente compromiso e involucramiento en los ministerios que los hombres de la iglesia deberían estar ejerciendo.  Solamente un mínimo de varones está comprometido con el ministerio cristiano.  Por ejemplo, estimado varón que hoy ha venido a esta congregación, ¿está usted comprometido en el ministerio cristiano, especialmente con algún ministerio que aquí debe ser liderado por varones?

En el mensaje de hoy, lo que les quiero específicamente predicar es que se necesitan hombres cristianos para los diversos ministerios que debería implementarse y funcionar en las iglesias locales. / ¿Para qué ministerios se necesitan hombres en las iglesias locales? / Me propongo compartirles de manera breve, algunos de los ministerios que requieren de la responsabilidad no exclusiva pero sí principalmente de los hombres cristianos.

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Un ministerio que necesita hombres, es:

I.- EL MINISTERIO DE LA ADORACIÓN.

Desde que tengo uso de razón siempre he observado que las acciones de gracias por cumplir quince años de edad, es solamente una práctica realizada por las señoritas, aunque no voy a negar que he visto también algunos casos donde varoncitos también han estado de acuerdo con sus padres en ofrecer a Dios una gratitud pública a esa edad; sin embargo, son casos mínimos que quizá será solo un varón de cada quinientas señoritas.  No está mal que lo hagan las señoritas, pero sí está mal que no lo hagan los varones quinceañeros, porque los varones sin importar nuestra edad somos los principales responsables de acercarnos a Dios en adoración.

Nuestro libro de Disciplina de la iglesia, en su artículo 118, tocante a la celebración de cultos por XV años y otros aniversarios, al final de este artículo, dice: “…no es costumbre en nuestra iglesia celebrar estos cultos de XV años en relación con adolescentes varones.  Esto será decisión de las familias”.  Creo que en este punto, esto de no hacer estas celebraciones solamente porque no se tiene costumbre, es un error de nuestra teología pastoral.  No es que sea un requisito obligatorio que se haga una acción de gracias a los quince años de un varón o de una señorita, sino que el varón sea de quince, doce, o menos años de edad, debe saber que es principalmente su deber y responsabilidad como hombre presentarse en adoración delante de Dios.  Los varones crecemos con esta mentalidad.  Hay quienes luchan con tomar esta responsabilidad; pero según la biblia el ministerio de la adoración, no es una asunto propio para mujeres, sino más bien le presenta como principalmente propio de hombres, por lo que hasta hoy requiere de hombres de cualquier edad, menor o mayor de quince años, pero comprometidos a presentarse delante de Dios en adoración, y que ayuden a otros hombres y mujeres que se acerquen a Dios.

Cuando leemos en el libro del Génesis, sobre la vida de los patriarcas, una y otra vez leemos como en el caso de Abraham, que cerca de Betel, “edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová” (Génesis 12:7).  Lo mismo hizo Abraham después de la separación que pactaron entre él y su sobrino Lot, pues dice la historia que Abraham “vino y moro en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová” (Génesis 13:18).  Lo mismo hizo cuando solamente para probarle, Dios le pidió que le sacrificara a su hijo Isaac, pues también con respecto a este caso, dice la historia que “cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña” (Génesis 22:9).  Como estos, hay más casos de los patriarcas de Israel, y de otros períodos de la historia de Israel, y hasta del tiempo apostólico, donde esta responsabilidad de preparar la adoración, era una responsabilidad del varón que tenía que conducir a su familia a la adoración, no la esposa, ni la madre, ni las hermanas lo harían a favor de ningún hombre.  En los casos de Abraham, nunca su esposa tuvo que preocuparse por la preparación de algún altar.

Amados hermanos, en nuestras iglesias y congregaciones hacen falta varones que dirijan los cultos, que prediquen la palabra, que preparen y sirvan los elementos de la santa cena.  En los hogares hacen falta varones que estén dispuestos a liderar el devocional en el que tengan que explicar la palabra de Dios a su familia, etc…y así hay muchas otras cosas que los hombres han dejado de hacer, pero que tiene que ser retomado.  Un hombre no puede renunciar sus deberes ni para con su familia, ni para con Dios.

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Otro ministerio que necesita hombres, es:

II.- EL MINISTERIO DE SERVICIO.

Al servir, sin duda que hay servicios que requieren poca fuerza, y hay servicios que requieren mucha fuerza, así como hay servicios que demandan la intervención de muchas personas y otros servicios que demanda la intervención de solamente unas cuántas personas.  En la historia de la distribución del servicio de transportación de los muebles y accesorios del tabernáculo que Dios encomendó al profeta Moisés que construyera, leemos que Moisés al recibir diversos donativos de los príncipes de Israel, en su momento oportuno proveyó los siguientes recursos a diversos grupos de varones (no de mujeres) quienes tenían que realizar ministerios específicos de servicio.  La distribución de dichos recursos fue así: “Dos carros y cuatro bueyes dio a los hijos de Gersón, conforme a su ministerio, / y a los hijos de Merari dio cuatro carros y ocho bueyes, conforme a su ministerio bajo la mano de Itamar hijo del sacerdote Aarón. / Pero a los hijos de Coat no les dio, porque llevaban sobre sí en los hombros el servicio del santuario” (Números 7:7-9).  El hecho de que sus ministerios requieran de carretas y bueyes para el transporte, es clarísimo para entender que este ministerio de servicio no era para mujeres sino para varones porque requiere del uso de la fuerza propia de un hombre; por eso leemos que se comisionó a los hijos de Gersón, y de Merari.  El hecho de que un ministerio requería llevar cargas que requieren de la fuerza de un hombre porque literalmente lo llevarían “en los hombros” hasta distancias no cercanas; hace claro que no es un servicio que deba ser realizado por mujeres, pues por eso leemos que se comisionó a los hijos de Coat.

Hay ministerios de servicio que necesariamente tienen que ser hechos por el hombre, mucho más cuando se trata de fuerza. La mujer, fue creada con una anatomía externa, con organismos internos, con emociones y con sentimientos totalmente diferentes a las del varón, lo cual la hace un ser humano muy especial para funciones muy especiales que también no puede hacer un hombre.  Ella no está diseñada para levantar cosas pesadas, tal como los hombres sí lo podemos hacer, porque hemos sido diseñados también de manera especial para funciones que requieren nuestra fuerza e incluso nuestra rudeza.  Y en el ministerio muchas veces se requiere realizar servicios que requieren nuestra fuerza física.

Amados hermanos, no descuiden el ser los hombres para el ministerio que Dios necesita en este lugar.  Recuerden que la palabra que Dios dio a Moisés para los israelitas, fue: “amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5), y que Jesús ratificó este mandamiento cuando dijo: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.  Este es el principal mandamiento” (Marcos 12:30).  No todo es solamente convicción que opera en el corazón o en el alma, sino muchas veces es necesario que intervenga el uso de nuestra fuerza. Y ¿quién fue diseñado con el don de la fuerza, sino el hombre?  Esta congregación necesita las manos y fuerza de los varones para muchos quehaceres de servicio que son propios de nuestro género masculino, servicios que no se están haciendo aquí entre nosotros por la falta de varones como usted.

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Un ministerio más que necesita de hombres, es:

III.- EL MINISTERIO DE LA PREDICACIÓN.

En este momento no me propongo explicar algo acerca de la naturaleza, primacía, y urgencia de la predicación, sino me enfocaré a indicarles que es un ministerio y una función que en realidad aunque no es totalmente exclusiva del hombre, es una de las principales funciones del hombre cristiano.  Cuando el apóstol Pablo le dice a los varones de la iglesia de Corinto: “vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice” (1 Corintios 14:34), lo que les estaba diciendo es que quienes en la congregación deben entonces hablar son los esposos de ellas, o sea, los hombres de la iglesia.  Hablar en este contexto se refiere a la proclamación o predicación de la palabra que uno recibe de Dios.  El apóstol Pablo dijo estas palabras para poner orden en el momento de la predicación que en aquellos tiempos se podía hacer de manera espontánea mediante el don de hablar en lenguas, o mediante la revelación de algún entendimiento de la palabra de Dios que se puede compartir en el mismo momento.  Nadie debía tomar la palabra mientras otro estaba hablando.  Pero, cuando dice que en la congregación las mujeres deben callar, no significa que no haya momento alguno en el que puedan hacer uso de su voz para cantar, orar, platicar con otros, etc…, sino lo que les estaba recordando es que ellas no deben abrir la boca para predicar porque no es su función en la iglesia, pues la predicación le corresponde a los hombres.

Amados hermanos, el ministerio de la predicación que le corresponde a los hombres cristianos, es precisamente un ministerio no desarrollado por los hombres de esta como de otras congregaciones.  No es correcto que habiendo hombres cristianos en una congregación, sus encargados de coordinar el rol de predicadores, tengan que solicitar predicadores a la iglesia en la que están jurisdiccionados, contactando predicadores de otras iglesias o hasta de otras denominaciones.  También no es correcto que, cuando el que sabe predicar no lo hace; o cuando se ha ofrecido la enseñanza de cómo predicar la palabra de Dios, los hombres no asisten a las clases para aprenderlo, aunque es entendible que no todos son llamados a ser predicadores.  Pero, hermanos, este año, los hombres de esta congregación cristiana tienen que tomar esta responsabilidad de la predicación de la palabra de Dios.

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Un ministerio más que necesita de hombres, es:

IV.- EL MINISTERIO DE GOBERNAR.

Este pasado fin de año 2016, que tuve el privilegio de presidir cinco reuniones congregacionales para elección de directivos, resultando que en una congregación quedaron electos para los cuatro cargos directivos, cuatro hermanas, todas hermanas, ni un solo hombre.  Hubieron hombres presentes, pero cuando fueron propuestos para cada uno de los cargos que se eligieron, una y otra vez, uno de ellos que fue propuesto varias veces, cada vez dijo que no aceptaba.  Pero lo que más me llamó la atención es que hubo un hombre de buen testimonio que al ser propuesto, no dudó en responder que sí aceptaba, pero al llevarse a cabo la votación, tanto los otros hombres, como las mujeres que hacían mayoría en aquella reunión, no votaron por este hermano que no es de mal testimonio.  Caso curioso es que solamente tuvo un voto, pues solo votó por él quien le propuso, sin que haya votado por él la persona que secundó la propuesta. ¡Qué hermanas, que no tomaron en cuenta que es el varón cristiano que tiene la función de gobernar en la iglesia!

Cuando leemos “que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” (1 Corintios 11:3), eso significa que en el hogar el gobierno que comienza con Dios, continúa por medio de Cristo, se extiende luego al varón casado.  De la misma manera que cuando leemos que “Cristo es  cabeza de la iglesia” (Efesios 5:23), y cuando analizamos que los oficiales de la iglesia que fueron electos en los tiempos apostólicos siempre fueron ancianos (no ancianas), pastores (no pastoras), y diáconos (no diaconisas, excepto un caso extraordinario), es decir: todos varones.  Y cuando lo comparamos con los oficios del antiguo testamento, en los cuales vemos que Dios instituyó sacerdotes (no sacerdotisas), llamó profetas (no profetisas, excepto muy pocos casos extraordinarios), e instaló reyes (no reinas) para su pueblo Israel; nos damos cuenta también que todos son varones.  Entonces, nos queda claro que es voluntad de Dios que los varones tengan a su cargo el gobierno de su pueblo.

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CONCLUSIÓN: No cabe duda amados varones, que Dios también tiene funciones ministeriales para las mujeres cristianas.  Tu esposa, tu hija, tu madre que es cristiana pueden realizar funciones ministeriales.  Pero amados hombres cristianos, el ministerio en la iglesia de Dios, ya sea en una comunidad pequeña como nuestra congregación, o en una comunidad cristiana con mucha membresía, nosotros los varones tenemos también responsabilidades que en muchos casos hemos dejado que las mujeres cristianas las hagan por nosotros.  No es que no tengan el conocimiento, la habilidad, o la experiencia para hacerlo, porque muchas de ellas lo tienen; sino el problema es que les dejamos a ellas para que hagan lo que nosotros deberíamos hacer, mientras nosotros los varones solamente asistimos de vez en cuando a los cultos, estudios, y fiestas de la iglesia; o lo que es peor hay quienes solamente se quedan en la comodidad de sus casas mientras su familia está ocupada en el servicio de Dios; o en otras ocasiones preferimos irnos a paseos y convivencias con nuestros amigos; o en otros casos igual de inadecuados, simplemente hay quienes en lo absoluto no tienen ningún interés por asumir una responsabilidad en el ministerio cristiano.  Que el mensaje de hoy quede claro a cada uno de los varones que vinieron a este culto.  No se les olvide.  Se necesitan hombres cristianos para los ministerios cristianos.

   

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