HOMBRE DE VERDAD ¿QUIÉN LO HALLARÁ?, Por:Diego Teh.

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HOMBRE DE VERDAD, ¿QUIÉN LO HALLARÁ?

Génesis 3:9-15.

  Proverbios 20:6.

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“Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad, pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará?”

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Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Cristo es el Camino” de la col. Chuminópolis, de Mérida, Yucatán; el día domingo 15 de Enero del 2017, a las 9:30 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Supongamos que una señorita está esperando a un hombre de verdad, ¿será fácil que encuentre a uno? Muchas veces sus ‘príncipes azules’ resultan ser celosos enfermizos, manipuladores, inseguros, amenazadores, chantajistas, agresivos, violentos. ¿Son el tipo de hombre conveniente para una mujer cristiana? Por supuesto que no.  Por eso, tiene razón el proverbista al hacer la pregunta: “¿…hombre de verdad, ¿quién la hallará?” (Proverbios 20:6).  El hombre de verdad en la época que fueron compuestos estos proverbios, me parece que al igual que en la actualidad no eran personas que abundaban en todas partes, al grado que se tenía que preguntar ¿quién lo hallará?  Hasta Dios busca hombres llenos de equivocaciones, errores, y pecados, para convertirlos en hombres de verdad.  Desde que Adán desobedeció a Dios por primera vez, comenzó a ser un hombre cobarde e incapaz de ser el hombre según la creación original de Dios, se comenzó a depravar y en consecuencia inmediata a esconderse de Dios, quien también inmediatamente le lanza un llamado de búsqueda diciendo: “¿Dónde estás tú?” (Génesis 3:9).  Un hombre que se esconde de Dios no puede ser el hombre de verdad que este mundo necesita.  Afortunadamente, Dios provee por medio de la simiente de la mujer, a Jesús un verdadero hombre que también restaura al hombre pecador, para que este sea el hombre que Dios espera encontrar (cf. Génesis 3:15).

Hoy voy a predicarles cómo es un hombre de verdad que es difícil de hallar, pero no imposible porque existen, y usted puede ser uno de ellos porque no es nada difícil, pues debe tener características que le relacionan con Dios. / ¿Cuáles son las características que hacen a un hombre de verdad, según Dios? / Basado en nuestro texto base de Proverbios 20:6, y en otros pasajes del antiguo testamento, les compartiré solo tres de estas características que se pueden observar en personajes de aquellos tiempos bíblicos que se les reconoce que fueron hombres de verdad.

Aclaro que ningún ser humano puede ser el modelo fundamental que debemos imitar, sino Cristo. Si hay algo que se deba imitar de algún hombre, sería solo o todo aquello que centra su objetivo en Dios; tal como el apóstol Pablo escribió a los Corintios diciendo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1); y como el que escribe a los hebreos les dice con respecto a los pastores: “considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe” (Hebreos 13:7). En este sentido aunque se diga que se imite la característica de un personaje, lo que más bien se imita, es su característica centrada en Dios.  Es así que debemos entender las características que observaremos de los tres hombres de verdad que les presentaré en este mensaje.

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La primera característica que hace a un hombre de verdad, porque le relaciona con Dios, es que:

I.- TIENE UNA FE PRÁCTICA EN DIOS.

El primer caso de un hombre de verdad, que les voy a presentar es a Abraham, cuya característica sobresaliente entre otras, es que en verdad le creyó a Dios.  Fue un hombre de fe. Llama mucho la atención, que Abraham cuando fue llamado por Dios, era un hombre que en lo económico no tenía nada de qué preocuparse, era un buen hacendado, por lo que no tenía razón para que él tuviese la necesidad de dejar el poblado de Ur, donde se había bien establecido.  Evidente no tenía necesidades, pues era un hombre rico.  Es en esa condición que dice su historia que Dios le dijo: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. / Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. / Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. / Y se fue Abram, como Jehová le dijo” (Génesis 12:1-4a).  Además, como dato relevante, se nos dice que ya tenía 75 años de edad, no solo para indicarnos que a esa edad su esposa Sara no le había podido dar un hijo porque era estéril, sino para darnos a entender que ya era un hombre de trayectoria de oficio.  No era un hombre que buscaba futuro, pues ya estaba bien establecido en todos los aspectos; sin embargo, leemos que “se fue Abram, como Jehová le dijo”.  Su caso, ¿no le parece a usted que eso es tener fe?, porque creyó a Dios y siguió creyéndole a Dios.  Luego Dios le bendijo incluso con más riquezas, y hasta con un hijo que tanto había deseado. Pero siguió creyéndole a Dios quien no le defraudó, pues hasta en el caso cuando Dios le ordenó a manera de prueba que le sacrificara a su único hijo Isaac, Abraham tuvo todo listo y a punto de sacrificarle su hijo a Dios, lo hizo confiando en que Dios proveería un cordero para el sacrificio, lo cual así sucedió.  Después de este evento de prueba que Dios le aplicó, Abraham expresó uno de los fundamentos de la fe en Dios cuando dijo que “Jehová proveerá” (Génesis 22:14), confianza que hasta el día de hoy los cristianos tenemos en nuestra vida cotidiana.

Amados hermanos, especialmente usted que es varón.  No es suficiente que uno se acepte como varón.  Es necesario que usted sea un hombre de verdad, comenzando con creer en Jesucristo para ser librado de la condenación eterna. Luego es necesario que usted viva cada experiencia de la vida cotidiana con una fe práctica, no solamente pensando usted que es un creyente, sino viviendo la fe en Dios en cada experiencia.  Sea usted un hombre que tenga una fe práctica en Dios por medio de su Hijo Jesucristo.

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La segunda característica que hace a un hombre de verdad, porque le relaciona con Dios, es que:

II.- TIENE UN AMOR PROFUNDO A DIOS.

Otro caso de un hombre de verdad que les presento en este momento se llama David.  No era una ‘blanca palomita’.  Fue también un pecador como usted y yo, nada distinto en naturaleza humana ni pecaminosa.  Sin duda que cayó en pecados que usted y yo cometemos, y hasta escandalizó a su reino cuando se hizo adúltero y autor intelectual de un homicidio para intentar remediar su adulterio.  Sin embargo, a pesar de sus tantos pecados, tuvo suficiente conciencia para arrepentirse de ellos.  Siempre reconoció que le había fallado no solo a su familia, ni solo a un hombre que le había sido leal como soldado, sino a todo su reino, pero sobre todo también a Dios, quien viendo el corazón de David, no tuvo ninguna reserva para perdonarle. Si Dios le había perdonado a David sus pecados que ameritaban que fuese exterminado por Dios, ¡cómo no amar a Dios!.  En muchas ocasiones deja ver que como un hombre de verdad no descartó amar a Dios; pues en uno de sus salmos le expresa a Dios: “Te amo, oh Jehová, fortaleza mía” (Salmo 18:1);  y en otro salmo dice acerca de su relación con Dios: “Amo a Jehová” (Salmo 116:1).

En un episodio del ministerio de Jesús, una mujer ‘pecadora’ de la ciudad, irrumpió en la casa de un fariseo llamado Simón, quien llorando, literalmente regaba los pies de Jesús, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con perfume.  Simón se vio molesto por esto y se lo dijo a Jesús; pero Jesús le respondió: “…te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama” (Lucas 7:47).  Primero aclaro que la intención de esta expresión no es que por amar primero a Jesús le fueron perdonados sus pecados, sino que por haber sido ella perdonada amó mucho.  Y segundo, cada quien según considere si es grave o poco grave su pecado, al ser perdonado, va a amar mucho, muy poco, poco, o simplemente nada.  Es por eso que Jesús explica que ella amó mucho, porque sin duda que reconoció que su pecado era verdaderamente grave, y que la declaración de perdón que había recibido de Jesús era de muchísimo valor.  De manera similar, así era el caso de David, quien razón suficiente tenía para amar a Dios.

Amados hermanos, David expresó su amor a Dios de muchas maneras, como por ejemplo, amando obedecer los mandamientos de Dios que el consideraba son la ley de Dios, pues también le dijo a Dios: “cuánto amo yo tu ley!” (Salmo 119:97).  Por ese amor que le tenía a Dios, siempre buscó conocer el corazón de Dios.  Solo así fue que llegó a ser hombre conforme al corazón de Dios (Hechos 13:22).  Otra manera de demostrarle su amor a Dios es consagrando al servicio de Dios no solamente su habilidad de cantar, sino su habilidad de redactar los más excelentes himnos de adoración que los israelitas tuvieron para su culto, y que hoy todavía se conservan y los conocemos como los salmos que se encuentran en nuestras biblias.  Y al respecto, el mismo profeta Samuel le llama: “el dulce cantor de Israel” (2 Samuel 23:1), lo cual expresa la pasión y calidad con el que amaba y adoraba a Dios.  Este es un hombre de verdad, como usted lo puede ser, que no considera que amar y hasta cantarle a Dios es asunto de mujeres.  Hermano, si usted quiere ser el hombre de verdad que Dios, su familia, y su iglesia, están buscando, ame usted profundamente a Dios. Pues, si usted en verdad ha creído en Jesucristo, tiene razón al apóstol Juan cuando escribió que “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).  Un hombre de verdad que entiende cómo Dios le amó primero, estará totalmente convencido de amar a Dios.

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La tercera característica que hace a un hombre de verdad, porque le relaciona con Dios, es que:

III.- TIENE COMPROMISO DE SERVICIO A DIOS.

Un tercer personaje que les presentaré como un hombre de verdad, se llama Josué, el sucesor de Moisés que terminó de conducir a los israelitas a la tierra prometida. Estos israelitas que le tocó a Josué guiarlos, muchas veces se comportaron infieles al Dios que los sacó de Egipto, pues en su trayectoria hacia la tierra prometida, adoptaron la idolatría de las naciones que estaban a su paso.  Pero por fin llegó el momento cuando Josué les exhortó con sentido de ultimátum, diciéndoles: “escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15). Se ve que no se sentían comprometidos solamente con Dios, pues servían a veces a Dios pero también servían a los dioses falsos, pero la situación no debería continuar así, sino que tenían que tomar de una vez por todas, si Dios o los dioses falsos.  Esta era fundamentalmente la decisión que debían tomar los hombres padres de familia, representantes del pueblo y de sus familias. Pero lo que sobresale en este caso es la decisión de un hombre de verdad, Josué, quien dijo a los israelitas: pero yo y mi casa serviremos a Jehová”.  De aquí nos damos cuenta de que Josué estaba en condición de autoridad para exhortarles, primero porque él mismo había estado sirviendo a Dios, y estaba dispuesto a seguir sirviéndole, porque se sentía comprometido voluntariamente para servir a Dios; y segundo, porque nunca se dejó arrastrar por la influencia de la idolatría que proliferaba por todas partes donde ellos pasaban durante su viaje a la tierra prometida.

Otro detalle que apreciamos acerca de Josué en estas sus palabras, es que era un hombre que tenía influencia sobre su familia, y se observa que su familia se encontraba estable y espiritualmente saludable.  Este es un hombre de verdad primero porque está dispuesto a servir a Dios de manera personal, y segundo porque está dispuesto a enseñar también a su esposa y a sus hijos a que no sirvan a dos señores, tal como Jesús enseñó con respecto al amor al dinero cuando dijo: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24; cf. Lucas 16:13).

Amados hermanos, no sea usted de los hombres a quienes en la casa nos tengan que despertar porque es el día del Señor y hay que prepararse para iniciar nuestra jornada de estudio, adoración, y otras misericordias que debemos hacer en este día. Al contrario, usted, si es necesario es quien debe levantar a su familia, recordando que ya es hora de levantarse para acudir a los servicios de enseñanza y adoración. Usted debe ser el hombre de verdad que debe orar con su esposa y sus hijos en cualquier día y momento. Usted debe ser el hombre de verdad que al mismo tiempo que está dispuesto a servir a Dios en cualquier servicio que se requiera, está primeramente interesado en edificar primeramente a su familia para que también se comprometan a servir a Dios.  Si no lo hacen, mi estimado hermano, es tu responsabilidad instruirles amorosamente en el conocimiento y servicio a Dios.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, “hombre de verdad, ¿quién lo hallará?”, ojalá que primeramente sea Dios, quien siempre está en búsqueda de hombres pecadores que desean ser restaurados mediante Jesucristo a una vida más responsable y espiritual primeramente para la salvación, pero también para vivir con más fe, amor, y compromiso de servicio a Él.  Luego de Dios, estimado hermano, la familia de usted necesita un “hombre de verdad”, no solamente que físicamente impresione o hasta intimide a otros, no solamente que sea un buen proveedor de recursos financieros, sino que esté decidido a guiarles en el camino de Dios que es lo que más necesita la familia.  Y la iglesia también necesita un “hombre de verdad”, que esté dispuesto a ser parte del equipo que guía a la iglesia al servicio, gobierno, y propagación del evangelio de Jesucristo.  Sea usted un “hombre de verdad” que viva con fe en Dios, amor a Dios, y compromiso de servicio a Dios. “¿Quién lo hallará?” Somos escasos, pero usted puede serlo para la gloria de Dios, bendición de su familia, y edificación de su iglesia.

   

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