EL PROCESO DE LA SANTIFICACIÓN, Por: Diego Teh.

EL PROCESO DE LA SANTIFICACIÓN

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1 Corintios 1:1-3.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Siervos de Jesús”, de Celestún, Yucatán; el día sábado 04 de Febrero del 2017, a las 18:30 horas.

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INTRODUCCIÓN: Son muy interesantes las palabras de salutación con las que el apóstol Pablo dirige su primera epístola a los Corintios.  Primero, se dirige a ellos según el capítulo uno versículo dos, como “a la iglesia de Dios que está en Corinto”, pero inmediatamente además de llamarles “iglesia”, se vuelve a dirigir a ellos como: a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos”.  Son estas dos últimas frases compuestas que voy a enfatizar en esta predicación, específicamente las palabras que dicen: “santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos,…” que presentan el tema de la santificación como algo que ya ha ocurrido y que ya ha concluido, al afirmar que los creyentes ya han sido y son: “santificados…”, sin embargo, también presentan la santificación como algo que todavía debe ocurrir, al afirmar que los creyentes son: “llamados a ser santos”.  Estos dos tiempos de la santificación no son contradictorios ni distintos sino complementarios, pues son indicadores de que la santificación en el creyente no es un evento puntual ni del pasado ni del presente que termina en un solo acto, sino que es un proceso que va desde el pasado hasta el presente.

 

Basado en este versículo de 1 Corintios 1:2, les voy a predicar que la experiencia de la santificación que ocurre en el creyente consiste en un proceso. / ¿Cómo se desarrolla este proceso de santificación? / En este mensaje, les voy a compartir las etapas en las que se desarrolla el proceso santificador que ocurre en el creyente.  Un detalle importante que observaremos en cada una de estas etapas, es que todas están centradas “en Cristo Jesús”, pues es por eso que en nuestro texto, San Pablo dice que los creyentes son: “santificados en Cristo Jesús”.

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La primera etapa del proceso santificador que ocurre en el creyente, consiste en:

I.- LA ELECCIÓN EN CRISTO JESÚS.

Las palabras del apóstol Pablo a los Corintios con respecto al tema de la santidad, cuando dice: “santificados en Cristo Jesús” (1 Corintios 1:2), es evidente que primeramente indican que la santidad del creyente en Jesucristo comenzó en algún momento del pasado, por lo que en un sentido ya todos los creyentes ya fueron santificados; pero en segundo lugar indican que tal santificación es “en Cristo Jesús”.

Pero analizando bien el caso, descubrimos en la biblia que la santificación tiene su origen en la eternidad antes de la fundación de todo el universo, de la tierra, y del mismo ser humano, cuando previendo Dios que todos los seres humanos serían pecadores, y desde entonces por misericordia eligió a quienes él quiso salvar.  Este acto de elegir de entre toda la humanidad a quienes Dios quiso salvar, es también un acto de santificación, porque santificación significa separación, pues fue desde entonces que Dios separó (o sea, santificó) a quienes eficazmente se propuso salvar, y se puede decir que desde la eternidad los creyentes somos “santificados en Cristo Jesús”, porque cuando Pablo dice que Dios nos escogió en él antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4), se refiere a que Él nos escogió (o sea, separó, santificó) “en Cristo Jesús”, pero no hace poco sino desde antes de la creación del mundo.

A los Tesalonicenses el mismo apóstol Pablo: “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad” (2 Tesalonicenses 2:13).  El escogimiento que se dio “desde el principio”, más bien, desde la eternidad, incluyó la santificación, en el que Jesucristo ya estaba involucrado.  Igualmente cuando el apóstol Pedro escribe a los expatriados de Israel, les dice que fueron: “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo” (1 Pedro 1:2).  Es desde la eternidad que el Espíritu Santo, ya estaba aplicando santificación a aquellos que fueron elegidos “en Cristo Jesús”.

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La segunda etapa del proceso santificador que ocurre en el creyente, consiste en:

II.- LA MUERTE DE CRISTO JESÚS.

La santificación, también tiene un trasfondo posterior a la elección que siempre tiene relación con Jesucristo, evento que ocurre en el año 34 d.C. desde el justo momento cuando Jesús fue crucificado y muerto, porque aquellos que habían de creer en él en algún momento de la historia, solamente recibirían algún beneficio como la santificación, no solamente por haber sido elegidos por Dios el Padre “en Cristo Jesús”, sino propiamente como resultado de la ganancia de beneficios que Jesús obtuvo con su muerte sangrienta al pagar con su vida la culpa por los pecados de aquellos a quienes Dios el Padre eligió para salvar.  Este es también el significado que San Pablo comunicó a los Corintios al decirles que ya eran “santificados en Cristo Jesús”, haciendo referencia de que Jesús había ratificado en ellos la garantía de la santificación que el Padre había comenzado en la elección “en Cristo Jesús”.

Según San Juan en su primera epístola, es la sangre de Jesús la que “nos limpia (o sea, santifica) de todo pecado” (Cf. 1 Juan 1:7).  Así que es en el efecto de su muerte que se obtiene el beneficio de la santificación.  La Confesión de fe de Westminster que explica esta cuestión dice al respecto que: “Aquellos que son llamados eficazmente y regenerados, teniendo creados un nuevo corazón y un nuevo espíritu en ellos, son además santificados real y personalmente por medio de la virtud de la muerte y la resurrección de Cristo,… (Cf. 1 Corintios 6:11; Hechos 20:32; Filipenses 3:10; Romanos 6:5,6)[1].  Si fue necesaria la muerte sangrienta de Jesucristo, es porque nadie en su condición de humano y pecado está en capacidad de hacer algo para sí mismo para su santificación y salvación.

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La tercera etapa del proceso santificador que ocurre en el creyente, consiste en:

III.- LA INVOCACIÓN A CRISTO JESÚS.

La santificación también tiene un momento del pasado más reciente a nosotros que ocurrió cuando aceptamos que Jesucristo sea nuestro Salvador, porque a partir de ese momento Jesucristo y el Espíritu Santo comenzó a morar en nuestra vida, y es así como “en Cristo Jesus” hemos sido “santificados”, experiencia que según San Pablo, ocurre con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 1:2), es decir, desde el momento que una persona cree en Jesús.  Los que invocan a Jesús es porque primeramente han creído “en Cristo Jesús”, acción que hace efectiva la santificación en una persona en “Cristo Jesús”, y desde entonces comienza en todo creyente una vinculación del proceso de la santificación para el presente.  Creer en Jesús hace que de inmediato una creyente sea justificado, y que de inmediato comience directamente en su experiencia humana la santificación.

Haber creído en Jesús es recibir en la experiencia personal la santificación que Dios tanto ha deseado desde la eternidad que tenga cada uno de aquellos a quienes eligió para salvación, porque no hay de otra, si uno no tiene santidad recibida de Dios “en Cristo Jesús”, no puede haber salvación, pues sin santidad “nadie verá al Señor” (Hebreos 4:12).  Los pecadores al creer en Jesús somos considerados santos no como una conducta moral que se establece en nuestra vida, sino por una imputación que Dios hace a nuestra vida, haciendo que la santidad de su Hijo Jesucristo, sea vista por Él en nosotros.  Somos santos, pero a menudo se refleja más nuestra naturaleza pecaminosa.  Eso lo sabía el apóstol Pablo cuando les escribe a los Corintios, pues muy pronto después de saludarlos como santos, les recrimina que en su comunidad de creyentes hay mucho pecado como divisionismo, idolatría, y hasta inmoralidad.  Estoy seguro, que por eso les dice que son “llamados a ser santos”, con el fin de que si en verdad han creído en Jesucristo como su Salvador y Señor, vivan conforme a la voluntad de Dios que estén en santificación.  Pero es en el acto de creer que comienza una etapa más del proceso de santificación.

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La cuarta etapa del proceso santificador que ocurre en el creyente, consiste en:

IV.- LA PERMANENCIA EN CRISTO JESÚS.

Así que no hay duda de que los creyentes somos “santificados en Cristo Jesús” desde el acto de la elección divina desde la eternidad, que es ratificada con total garantía en la muerte  de Jesucristo, y que es también confirmada efectivamente en el momento de creer en Jesucristo como nuestro salvador.  Pero, cuando nuestro texto dice que somos “santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos”, hay una responsabilidad que nos corresponde vivir dentro del proceso que comenzó “en Cristo Jesús” desde la eternidad, que luego continuó siempre “en Cristo Jesús” en la cruz, y que luego continuó “en Cristo Jesús” cuando creímos en él; pero que ahora también tiene relación “en Cristo Jesús” requiriendo que permanezcamos en él.  Cuando San Pablo les dice a los Corintios de que ellos son “llamados a ser santos”, es obvio que lo que les dijo implica que cuando aceptamos creer en Jesucristo también aceptamos que seguiremos practicando la santificación que ya fue iniciada en nosotros.

Esta continuación de “ser santos” que nos corresponde, no significa que vamos a generar una nueva santidad propia, sino que vamos a permanecer en la santificación que Dios mismo ya creó en nosotros.  Hay un texto que voy a mencionar, pero que no voy a tratar a detalle en este mensaje porque tiene suficiente contenido para un estudio o mensaje independiente con respecto a la interpretación del tema de la salvación de una mujer, sino solamente enfatizaré la mención que hace con respecto a la permanencia en la santificación.  San Pablo le explica a Timoteo que la mujer se salvará engendrando hijos, SI PERMANECIERE en fe, amor, y SANTIFICACIÓN, con modestia” (1 Timoteo 2:15), sin embargo, esta permanencia en la santificación no es un requisito solamente para mujeres, sino también para hombres, pues Dios eligió tanto a mujeres como a hombres.  Pero lo que nos interesa observar aquí es que la salvación se concreta cuando se permanece en la santificación que es “en Cristo Jesús”.  Entonces, el llamado a ser santos significa que después de creen “en Cristo Jesús” es necesario permanecer “en Cristo Jesús”.

Amados hermanos, no permanecer en Cristo, es igual a no permanecer en la santificación que Dios está operando en nuestras vidas, es rechazar y ofender la gracia de Dios de haber tenido la iniciativa de favorecernos inmerecidamente con su plan de salvación.  Jesús mismo habló de esta permanencia en él, y dijo que Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí” (Juan 15:4b); por lo que cuando no se permanece en él, no hay fruto o evidencia de santidad, porque no permaneciendo unido a Jesús no se puede ser santo.  En el momento justo que usted se desconecte de su unión con Cristo por querer hacer algo que no concuerda con la voluntad de Dios, uno comienza a declinar y perder santidad operativa, y no comienza a darse cuenta que está retrocediendo, o que no avanza en espiritualidad.  Uno comienza a darse cuenta que nada que tiene que ver con Dios te llena ni te satisface.  Es solamente una alerta de que uno no está cuidando su santificación y de que uno no está unido a Cristo.  Si usted se ha visto en esta situación, procure recuperar su unión y permanencia en Cristo, y entonces usted estará cultivando frutos notables de santidad, que se reflejarán el gozo que usted tendrá por vivir conforme a la voluntad de Dios. Así que por el llamado a ser santos, es necesario permanecer “en Cristo Jesús” como parte del proceso.

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La quinta etapa del proceso santificador que ocurre en el creyente, consiste en:

IV.- LA VENIDA DE CRISTO JESÚS.

Aunque en nuestro texto de 1 Corintios 1:2 y sus contextos inmediatos no hacen mención acerca de la etapa final del proceso de santificación; pero en su epístola a los filipenses, el apóstol Pablo en su epístola a los gentiles, declara que está persuadido de una cosa: “…que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6b).  Este día de Jesucristo, es una referencia al día que Jesucristo venga por segunda vez a la tierra, y es entonces que aplicará en todo creyente una total santificación.  El perfeccionamiento es lo que ocurrirá cuando Jesucristo venga por su iglesia, cuando los muertos en Cristo sean resucitados, cuando los creyentes que estén vivos sean transformados inmediatamente.  Jesucristo aplicará en ese momento la plenitud de santificación en absolutamente todos los elegidos.

Amados hermanos, es Dios quien desde la eternidad comenzó “en Cristo Jesús” con todo el plan del proceso de nuestra santificación, y la va a terminar también “en Cristo Jesús”.  En la bendición que San Pablo expresa al final de su epístola a los Tesalonicenses les comunica esta verdad, diciéndoles: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo…” (1 Tesalonicenses 5:23a). La santificación nunca será obra humana, siempre será obra de Dios.  Usted solamente tiene con la obra de Dios que evitar dar un paso más hacia el pecado.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, voy a concluir recordándoles que el proceso de santificación de nosotros los creyentes todo comienza en “Cristo Jesús”, y todo culmina en “Cristo Jesús”.  Todo está centrado en “Cristo Jesús”.  Es por eso que San Pablo a los Corintios, les dice que los que conforman la iglesia de Dios son: “santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos” (1 Corintios 1:2), y por fin llegaremos a ser totalmente santos.

Nada es obra nuestra, pues si algo fuese obra nuestra, no prosperará, sino como dice el mismo apóstol Pablo a los mismos Corintios: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. / Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, / la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará” (1 Corintios 3:11-13).  Si no está centrado en Cristo, no es santidad, es apariencia de santidad, es solamente religión sin Cristo.

Amado hermano, Dios concluya en usted la santificación “en Cristo Jesús.

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[1] http://www.iglesiareformada.com/Confesion_Westminster.html, capítulo 13, acerca de la santificación, párrafo 1, inciso 1.

   

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