SER UN HOMBRE SABIO SE NOTA, Por: Diego Teh.

SER UN HOMBRE SABIO SE NOTA

Eclesiastés 8:1.

 Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en el centro misionero “Getsemaní” del fracc. Paseos de Itzincab, de Umán, Yucatán; el día domingo 19 de Febrero del 2017, a las 19:00 horas.

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INTRODUCCIÓN: Durante los siglos VII y VI antes de Cristo, en Grecia surgieron personajes que destacaron por su sabiduría, a tal grado que ahora se les conoce como Los siete sabios de Grecia, o Los siete sensatos.  Solo para recordar sus nombres, se trata de Tales de Mileto, Bías de Priene, Cleóbulo de Lindos, Periandro de Corinto, Pítaco de Mitilene, Quilón de Esparta, y Solón de Atenas, que hicieron reflexiones importantes sobre la vida humana, el planeta, los fenómenos físicos, los astros, las estaciones, y otros temas relacionados con la aritmética y la geometría.  Quizá en la escuela alguna vez escuchamos sus nombres y un poco acerca de su contribución al saber de la humanidad.  En la segunda década del pasado siglo XX, aquí en nuestro país, aunque quizá solamente uno que otro mexicano sabe algo sobre ellos, también hubo un grupo de personajes mexicanos, que fundaron una sociedad con el fin de propagar la cultura en estudiantes universitarios de la época.  La sociedad se llamó Sociedad de Conferencias y Conciertos, pero debido a que sus fundadores fueron siete, sus compañeros a manera de burla les comenzaron a llamar Los siete sabios de México, también conocidos como Generación de 1915; sin embargo, no sé si le hicieron honor al nombre, pero fueron más conocidos como Los siete sabios de México, que como Sociedad de Conferencias y Conciertos[1].  Pero la Biblia enseña que el ser sabio no es una cuestión de ser griego o ser mexicano, o de otra nacionalidad en particular, sino que es una cualidad que todo ser humano puede y por necesidad debe cultivar, mucho más si es una persona temerosa de Dios.

Nuestro texto para el mensaje de hoy, son palabras de Salomón un hombre que por don de Dios fue un gran sabio de Israel ante propios y extraños de naciones cercanas y lejanas.  Estas sus palabras son palabras de admiración acerca de una persona que es sabia, de quien dice: “¿Quién como el sabio? ¿y quién como el que sabe la declaración de las cosas? La sabiduría del hombre ilumina su rostro, y la tosquedad de su semblante se mudará” (Eclesiastés 8:1).  Basado en estas palabras me propongo predicarles que una persona que es sabia se nota de diversas maneras. / ¿De qué diversas maneras se nota que una persona es sabia? / Según estas palabras de admiración de Salomón, les compartiré tres maneras de cómo se nota que una persona es sabia.

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La primera manera cómo se nota que una persona es sabia, es:

I.- POR LO QUE DICE ANTE LOS DEMÁS.

Las primeras dos preguntas de nuestro texto son interesantes al preguntar: “¿Quién como el sabio? ¿y quién como el que sabe la declaración de las cosas?” (Eclesiastés 8:1). Se hacen más interesantes cuando quien las dice era en su tiempo, el más sabio de todos los sabios, Salomón.  Aunque hay un refrán que dice: ¡Para sabio, Salomón!, el mismo Salomón prefirió admirar más a otros sabios que admirarse y auto proclamarse a sí mismo, tal como lo hace en las palabras de nuestro texto.  En su admiración por los sabios dice que el sabio, “sabe la declaración de las cosas”, o sea, las respuestas que debe dar.  Un sabio, no se trata de una persona que habla solo por querer hablar diciendo cada cosa que solamente se tiene que soportar escucharle porque sus palabras no contribuyen para bien de nadie, pues solamente tiene ganas de hablar y ser oído con palabrerías que solamente reflejan el triste fundamento en el cual está mal edificando su vida y su saber.  Pero el sabio siempre tiene una respuesta para cualquier situación por más difícil y complicada que sea o parezca.  Quizá no sea una persona de mucho hablar pero cuando habla no atemoriza, no amenaza, no presiona, sino que aporta soluciones y buenos consejos.

En el caso de Salomón, aunque tuvo mucha experiencia de sabiduría, Jesús hablando de sí mismo,  dice y con toda razón: y he aquí más que Salomón en este lugar” (Mateo 12:42b), dando entender que para sabio, no Salomón, sino él (Jesús).  Y para evidencia, son suficientes sus propias palabras con las que respondió en muchas ocasiones a los escribas y fariseos, y hasta a los saduceos, todos religiosos de su época; y también por las palabras con las que enseñó a la gente que “se admiraba de su doctrina” (cf. Mateo 7:28; 22:33; Marcos 1.22; 11:18; Lucas 4:32).  Por eso el fundamento de nuestra sabiduría no debe ser un ser humano, ni siquiera Salomón muy sabio en política y gobierno, ni siquiera Los siete sabios de Grecia muy versados en muchas disciplinas físicas, filosóficas, astronómicas, y de ciencias exactas, etc…; ni de Los siete sabios de México, supuestos expertos en cultura.  El fundamento de nuestra sabiduría debe ser Jesucristo, quien es “más que Salomón”.

Amados hermanos, un hombre sabio que habla para dar soluciones y buenos consejos, es una persona que evita hablar con groserías, ofensas, insultos, maldiciones, pues sigue la instrucción apostólica que dice: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:30).  Para ser sabio, hay que aprender qué palabras debemos evitar de nuestro vocabulario, y qué palabras buenas debemos usar que resulten en edificación de quienes nos escuchan.  Cuando hablamos la gente rápidamente se da cuenta si estamos hablando sabiamente o no.  Nunca diga usted cualquier cosa solamente por hablar.  Si escribe en las redes sociales, tenga mucho cuidado con cada palabra que escribe y publica, porque si sus palabras no demuestran sabiduría es porque muy probablemente el fundamento de su saber no es Jesucristo.

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La segunda manera cómo se nota que una persona es sabia, es:

II.- POR LA EXPRESIÓN DE SU ROSTRO.

Después de las dos preguntas que afirman la alta estima del saber responder del sabio, Salomón hace otra afirmación no menos interesante que dice: “La sabiduría del hombre ilumina su rostro” (Eclesiastés 8:1), que la TLA traduce como: “El que es sabio siempre se ve sonriente” (TLA).  Desde luego, que por el hecho de ser sabio no significa que está libre de las aflicciones de la vida, y que en su rostro nunca se reflejarán los efectos de las adversidades; pero lo que es verdad es que en su trato con la gente, no pondrá ‘cara de limón’; pues, cuando su salud física y espiritual se conjuntan con su sano y divino saber, se podrá siempre ver en un sabio una sonrisa de oreja a oreja que no es de sarcasmo, ni de ironía, ni de burla, sino de una auténtica expresión de su alma, que quien mira la sonrisa en su rostro percibe que esta persona tiene sabiduría.  Pero en el rostro del sabio se pueden observar muchas cosas más, por ejemplo, se le puede ver pensando o reflexionando, y otras evidencias propias de una persona sabia que puede verse hasta solo en las facciones de su rostro.

El rostro, es el elemento sustancial que determina la identidad de una persona para diferenciarla de otra, pero además también a través de ello, uno refleja el estado de sus emociones. También el rostro es la parte líder del cuerpo que tiene control de nuestros sentidos, pues cuatro de nuestros cinco sentidos están concentrados prácticamente en el rostro: El oído (oreja), el olfato (nariz), la vista (ojos) y el gusto (boca), y en cuanto al tacto, también dispone de una representación en el rostro, más precisamente en una zona del labio que presenta una destacada sensibilidad.  Es por eso que es común que las redes sociales utilicen caritas para que el usuario comparta el estado de ánimo en el que considera que se encuentra, pues en las caritas o rostros aun en forma de íconos puede uno distinguir un estado emocional; y mucho más en el rostro real de una persona. Sin embargo, tanto en las redes sociales como en persona el estado que refleja la apariencia del rostro no siempre es una realidad absoluta, porque el ser humano es capaz de fingir lo que en realidad no siente, como un payaso que en función de su personaje tiene que reír ante su público como si en la realidad fuese una máquina que produce solo alegría, pues con todo y risas y sonrisas, en su realidad podría estar sufriendo lo que en ese momento no refleja su rostro, aunque momentos después de su show, su rostro regresa a la realidad.

Amados hermanos, ser sabio no se trata de tener el rostro físicamente más agradable o perfecto, pues la sabiduría no es cirugía plástica que corrige defectos físicos, sino que ser sabio es reflejar en parte con nuestro rostro la experiencia que tenemos de estar aprendiendo de Dios.  No importa si físicamente no tenemos el mejor rostro más cotizado del mundo, pues aun el rostro con menos belleza física puede irradiar la belleza de estar interiormente lleno de sabiduría que viene de Dios.  Aunque usted no lo crea o no siempre se dé cuenta de ello, pero una persona que ha procurado estar en comunión con Dios se puede percibir en su rostro.  Moisés el profeta de Dios, en una experiencia que tuvo al estar en el Sinaí en conversación con Dios, al descender de aquel monte, su rostro resplandecía.  Una persona que atesora sabiduría que aprende de Dios, es visible en su rostro, es perceptible en sus palabras y su voz, es evidente en sus acciones.  Hermanos, procuremos que nuestro rostro no refleje necedad, mal genio, apatía, indiferencia, enojo, ira, envidia, venganza, etc…, sino que refleje la sabiduría que usted ha adquirido de Dios

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La tercera manera cómo se nota que una persona es sabia, es:

III.- POR SU PROCEDER CADA VEZ MÁS AMABLE.

La última frase de las palabras de Salomón acerca de la expresión y realidad que manifiesta el rostro de una persona sabia, dice: “y la tosquedad de su semblante se mudará” (Eclesiastés 8:1).  ¿Alguno de ustedes tiene tosco el semblante?  Si intenta tocar su rostro, podría descubrir que usted es una persona sabia, o si quizá no esté tan tosco su rostro, entonces que solamente le falta un poco para ser sabio.  No se crea, la tosquedad a la que se refiere no se trata de consistencia física natural, sino al hábito pecaminoso de estar siempre molesto por cualquier cosa, y de molesto no pasa.  Estoy seguro que todos hemos luchado con esta tosquedad, pero creo que a estas alturas de nuestra vida y relación con Dios, ya no tenemos el rostro tosco. ¿No es así?  Otras traducciones de las mismas palabras de Salomón nos aclaran que lo que la sabiduría causa en el rostro de una persona, es que “hace que […] se ablanden sus facciones” (NVI); o en otras palabras “hace que cambie su duro semblante” (DHH). ¿Ha notado usted ese cambio en su rostro, facciones, o semblante?  Eso ayuda mucho, porque según la TLA “El que es sabio siempre se ve […] amable” (TLA).  Finalmente, la sabiduría obtenida de la experiencia de aprender a vivir en conformidad con la voluntad de Dios, trae transformación hasta en el carácter más desagradable que pueda tener una persona.

Hay un relato en el libro de los Hechos de los Apóstoles en el que San Lucas explica que los apóstoles Pedro y Juan, eran conocidos como “hombres sin letras y del vulgo”, pero había algo extraordinario que se notaba en ellos al hablar de Jesucristo quien hace a penas de un mes y medio a dos meses atrás había muerto, resucitado, y ascendido al cielo.  Los que conocían a estos apóstoles, “se maravillaban”, pero un dato muy relevante que San Lucas nos comparte es que la gente que les escuchaba “reconocían que ellos (Pedro y Juan) habían estado con Jesús” (Hechos 4:13).  El haber antes estado con Jesús, aprendido de él por su palabra y ejemplo, había sido para ellos muy transformador sobre todas las áreas de sus vidas.  El detalle relevante aquí es que su relación con Jesús evidenciaba estoy seguro que no solo en sus palabras sino también en sus rostros, de tal manera que la gente se daba cuenta de todo ello.

Amados hermanos, la estancia de una persona con Dios o su Hijo Jesucristo, siempre trae transformación que no puede quedar oculta, sino que se hace visible en todas las acciones que uno realice.  Y en cuanto al trato que uno da a sus semejantes, que podrían ser personas antes desconocidas, miembros de su propia familia, o hasta cristianos que forman parte de su círculo de hermandad, se nota el cambio en el mismo rostro, pues lo tosco, áspero, o atemorizante se va, y es renovado por un semblante ejemplar de una persona que ahora puede ser considerada sabia.  Todo esto, es por la relación transformadora que uno tiene con Jesucristo.

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La cuarta manera cómo se nota que una persona es sabia, es:

IV.- POR VIVIR SEGÚN DIOS LO ESPERA.

Aunque nuestro texto bíblico no lo dice expresamente pero lo sugiere, no solamente en el rostro se nota si alguien es sabio, sino también en otras áreas prácticas de la vida.  Aquí les comparto brevemente unos ejemplos.

1).- Un sabio no se deja dominar por la pereza, sino que es una persona trabajadora, pues de no ser trabajadora, solo acarreará su propia pobreza, pues otro proverbio dice: Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; / la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, / Prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. / Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño?” (Proverbios 6:6-9); y luego no tiene para comprar su casa o sus muebles, pues dice otro proverbio: Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará; / y con ciencia se llenarán las cámaras de todo bien preciado y agradable. / El hombre sabio es fuerte, y de pujante vigor el hombre docto” (Proverbios 24:3-5).

2).-  Un sabio se aparta del mal, pues un proverbio dice: El sabio teme y se aparta del mal” (Proverbios 14:6).

3).- Un sabio administra bien su dinero, no disipándolo como es hábito del insensato, pues un proverbio dice: “Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio; mas el hombre insensato todo lo disipa” (Proverbios 21:20).

4).- Un sabio es un hombre que trata con honor a su esposa, pues el apóstol Pedro, escribió una instrucción que dice: Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7).

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, especialmente a ustedes varones de Dios a quienes dirigí este mensaje, es muy necesario que como hombres cristianos, desarrollemos un carácter sabio que tanta falta hace en esta generación que nos ha tocado vivir.  Somos hijos, somos esposos, somos padres, somos ciudadanos, somos empleados, somos patrones, somos hijos de Dios.  En todas estas áreas de nuestra vida debe reflejarse que estamos adquiriendo sabiduría de Dios.  Debemos orar a Dios como lo hiciera Moisés cuando dijo: Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90:12).  No solo debemos vivir por vivir, sino que debemos tener la meta de ser sabios, no como los antiguos sabios de Grecia que vivieron sin temor de Dios, sino como los mejores sabios del mundo.  Aunque usted y yo nunca lleguemos a ser filósofos, ni físicos, ni matemáticos, ni especialistas en otras ciencias, nuestra sabiduría no es humana sino divina que nos es dada por Dios por medio de su hijo Jesucristo quien es nuestra sabiduría (cf. 1 Corintios 1:17, 30; 2:1-7; y 2 Corintios 1:12).

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[1] Leer sobre Los siete sabios de México, en https://es.wikipedia.org/wiki/Los_Siete_Sabios_de_M%C3%A9xico

   

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