Y AHORA, ¿QUÉ SIGUE?, Por: Diego Teh.

 

yahoraquesigueY AHORA ¿QUÉ SIGUE?

Hechos 2:36-47.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la Cong. “Siervos de Jesús” de Celestún Yuc; el sábado 08 de Febrero 2014; 19:00 hrs.

 

    INTRODUCCIÓN:      Un problema que a veces suelen tener algunos creyentes es que después de su arrepentimiento y manifestación de recibir la palabra de Dios, piensan que eso es todo, pero la Escritura nos enseña que el arrepentimiento es solamente el comienzo de una nueva vida.  Dios espera que el creyente tenga una nueva visión de la vida y de su iglesia en este mundo.

   La Biblia nos relata historias como el caso de Zaqueo quien tras haber aceptado las enseñanzas de Jesús, convencido de su nueva fe dijo: “He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado” (Lucas 19:7).  Otro ejemplo es el caso de Saulo de Tarso quien tras haber sido confrontado personalmente por Jesús camino a Damasco, se convenció en consagrar su vida al servicio de Jesús y le tuvo que preguntar: “Señor ¿qué quieres que yo haga?” (Hechos 12:6).  En estos dos casos, solo como ejemplo, podemos notar que la aceptación que hicieron de las palabras de Jesús, no fueron un solamente “Sí lo creo, o sí lo recibo, o sí lo acepto”, sino que inmediatamente tomaron en consideración que tras la aceptación de las verdades del evangelio había que continuar haciendo algo más como resultado y evidencia de esa fe.

   Nuestro texto en Hechos 2:36-47 nos presenta el importante detalle de que una persona compungida, arrepentida, y que recibe la palabra, vv. 37,38,41), continúa viviendo su nueva fe en Jesús a través de la iglesia establecida por Jesucristo mismo.  Por eso titulé el mensaje: Y AHORA, ¿QUÉ SIGUE?, considerando que después de creer, hay algo más que hacer después. // ¿Cómo se continúa viviendo la nueva fe en Jesús a través de la iglesia?  //  En este mensaje, basado en nuestro texto, les compartiré las maneras como usted debe continuar viviendo su nueva fe en Jesús a través de la iglesia.

 La primera manera es:

I.-  INTÉGRESE A LA MEMBRESÍA DE LA IGLESIA.

   El v. 41 nos dice que los que manifestaron arrepentimiento y que también recibieron la palabra “fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas”.    El bautismo es el acto formal y público mediante el cual anunciamos a creyentes y no creyentes que abandonamos nuestras creencias y prácticas anteriores que no van de acuerdo a lo establecido por Dios para nuestra salvación y vida como discípulos de Jesús.

   Un detalle que ocurre en algunos creyentes, de los cuales no dudo que en verdad tienen una fe real en Jesús, se trata del desinterés de hacerse miembro de la iglesia y recibir el bautismo.  Algunos me han dicho: “Pastor, es mucho compromiso”.  Pero déjame decirte que el compromiso no comienza con el bautismo o con la admisión como miembro de la iglesia, sino que comienza cuando te arrepientes y recibes la palabra y a su autor: a Jesús.  Integrarte a la iglesia local es solamente la evidencia de que ha sido real tu fe en Jesús y tu decisión por servirle.

    Hermanos, por cuestión de sentido común no se puede decir que uno es soldado y no estar integrado al ejército; no se puede decir que uno es estudiante escolarizado o semiescolarizado si no está matriculado en una institución académica.  De la misma manera sucede con el creyente quien no puede decir que es cristiano y no querer pertenecer a una iglesia local.  Creer y querer ser parte de la iglesia son elementos complementarios del proyecto de Jesús.  Lo vemos en los primeros creyentes que no creyeron solamente para después cada quien se haya ido a su destino ajeno a la iglesia sino que “fueron bautizados; y se añadieron aquel día…”.

   Por esta razón, invito y animo a todos aquellos antiguos y recientes creyentes en Cristo, y salvos por él, que se hagan miembros de la iglesia local, pues es una manera de demostrar interés por continuar viviendo la fe en Jesús con todos sus compromisos que se adquiere desde que se cree en él.

 La segunda manera es:

II.- APRENDA LA DOCTRINA DE LOS APÓSTOLES.

  El v. 42ª dice que los cristianos de la iglesia primitiva “perseveraban en la doctrina de los apóstoles”.   ¡Qué mejor manera de interesarse por las verdades del evangelio de Dios, aprendiendo la doctrina de los apóstoles!.

   Uno de los problemas de todas las épocas es el surgimiento de doctrinas no enseñadas en las Sagradas Escrituras, y que actualmente también están al día para ofrecer enseñanzas erróneas que lamentablemente mucha gente sigue por falta de conocimiento profundo de la doctrina apostólica o bíblica.  Bien dijo el apóstol Pablo que “vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oir, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias” (2 Timoteo 4:3).  Y esto es lo que ahora está pasando y se promueve por los falsos y mal llamados pastores, profetas, apóstoles que enseñan sin fundamento en la Biblia.  Por eso es importante que aprendas la doctrina e los apóstoles.

   Respecto a este asunto, pues quiero animarles a no descuidar el estudio de la palabra de Dios que se nos ofrece en este lugar durante la semana así como en días sábado y domingo.  Les animo a no considerar importante solamente el venir a los cultos, sino también a los estudios bíblicos.  También son importantes, y de esta manera manifestamos interés por continuar manteniéndonos en la correcta fe en Jesús, y no viviendo según nuestras creencias personales o provenientes de aquellos que falsamente ostentan llamarse maestros de la fe.

 La tercera manera es:

III.-  CONVIVA CON LOS HERMANOS EN CRISTO.

  El v. 42b dice que los cristianos de la iglesia primitiva “perseveraban… en la comunión unos con otros”, y en el v. 44ª dice que  “Todos los que habían creído estaban juntos”,  y en el v.46 dice que: “perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón”.

   Uno de los enfoques de todas estas frases es la convivencia notable que había entre aquellos primeros creyentes miembros de la primera comunidad cristiana.  Veían el templo (aunque creo que no como un salón social) como el mejor lugar para convivir.  Tenían sus casas, abiertas para la convivencia fraternal en el amor de Cristo.  Sus convivios incluían tiempos de comida.  Y un buen detalle adicional es que la “sencillez” era la regla.  Y otro que dejé para mencionar de último es que convivían “con alegría”.

  Me ha tocado conocer en algunos lugares donde las convivencias, la verdad, no se dan con alegría.  Otros terminan no con alegría sino con quejas, pleitos, discusiones, malentendidos, y más porque alguien se quedó con una buena parte del refrigerio que otros donaron, etc…

   Hermanos(as), les animo a no tener en poco el valor de convivir como hijos de Dios.  Después de haber creído en Jesús, un paso importante es el compañerismo con otros creyentes.  Para eso Jesús nos hizo hermanos (familia).  No fuimos llamados solamente para adorar a Dios en los cultos, sino también para compartir nuestra fe unos con otros.

La cuarta manera es:

IV.-  REÚNASE PARA LA ADORACIÓN EN EL TEMPLO.

   El v. 45 nos relata que aquellos creyentes perseveraban unánimes cada día “en el templo”.   Aquellos primeros creyentes judíos conocían muy bien la importancia del templo.  Era entendido como el lugar de la presencia de Dios en medio de su pueblo.  El lugar donde la gente se reúne para ofrecer a Dios sacrificios por sus pecados, cosa que ahora ya no se tenía que hacer porque Jesús fue el sacrificio definitivo para los pecados.

  Un uso que siempre se dio en el templo de Jerusalén fue la adoración a Dios.  No hay duda que las reuniones perseverantes de aquellos creyentes fue para adorar.  Estoy seguro que se les enseñó que el templo de Jerusalén no era ni el mejor ni el único lugar para adorar, sino que se podría adorar en cualquier otro lugar, como el día de hoy tenemos multitudes de templos donde podemos hacerlo, sin embargo no como lugares únicos, pues podemos adorar en ellos o aún fuera de ellos.

   Hermanos, no quiero enfatizar en este punto la validez de la adoración personal, e incluso familiar, sino la congregacional donde todos los creyentes se reúnen masivamente para la adoración.   Les animo en el amor de Cristo, que no se queden en sus casas en los momentos de culto congregacional.  Reúnanse para adorar.  Tiene sus beneficios muy particulares.

 La quinta manera es:

V.- PARTICIPE EN EL PARTIMIENTO DEL PAN.

   El v. 42 nos dice que en sus reuniones participaban “en el partimiento del pan”, y el v. 46 recalca que perseveraban “partiendo el pan en las casas”.   Con estas palabras puede entenderse que se trataba de un simple comer pan como botana o refrigerio, pero no deja de indicar también que se trataba de “hacer memoria de Jesús mediante el pan sacramental”.   Esto indica la importancia que ellos le daban a la santa cena, eucaristía, o comunión sacramental.

   Hermanos, un problema que surge en las iglesias es la abstención de participar del sacramento de la santa cena.  Es verdad que como pastores exhortamos a no comer y beber el sacramento de la cena a los no creyentes, a los que no son miembros, y a los que practican pública o secretamente pecados de los cuáles no están arrepentidos; sin embargo si alguien se encuentra en esa situación de manera permanente, significa que no está velando por su propia vida espiritual, pues no debe pasar largo tiempo sin participar de la cena del Señor.

   Amado hermano, si usted se encuentra entre esta lista de creyentes sin participar de la santa cena, le animo a ordenar su vida en este aspecto.

 La sexta manera es:

VI.-  PRACTIQUE LA ORACIÓN CON LOS HERMANOS.

   El v. 42 nos dice que los primeros creyentes, entre las diversas prácticas que perseveraban, una de ellas era “en las oraciones”.

   Una de las observaciones que puedo hacer a ustedes basado en la realidad de muchas iglesias es la falta de asistencia de los creyentes a las reuniones de oración que se establece.  Por la gracia de Dios siempre hay aunque sea poco, pero un grupo fiel de oración en casi todas las iglesias.  Aunque en una iglesia de casi 500 miembros haya solamente 20 fieles “en las oraciones”, pero hay gente orando.  Pero eso no es el ideal.  Todos deberíamos ser parte del gran número que se reúne para orar.

   Hermanos, es mi intención a través de este mensaje animarles también a dar el paso de venir a las reuniones de oración, y a practicar oraciones espontáneas unos con otros en sus pláticas sea en las casas, en el templo, o en la calle, etc…

Después haber creído en Jesús, la oración es un paso importante qué dar.

 La séptima manera es:

VII.-  DEDIQUE TIEMPO PARA DIOS CADA DÍA.

   El v. 46 nos informa de los cristianos de la primera iglesia local de Jesús que perseveraban unánimes “cada día en el templo […] en las casas,”.   No quiero enfatizar en este punto los lugares donde se reunían sino el tiempo que dedicaban. ¿Cada cuándo?  “cada día”.   ¿Cuánto tiempo cada día?  Yo creo que por lo menos era una hora, pero estoy seguro que lo hacían más tiempo cada día.  Tampoco significa que habría que ser irresponsables en nuestros deberes de trabajar y de estar con la familia.

   Una de las realidades que podemos observar ahora es que algunos hermanos solamente dedican 1.5 horas semanales, máximo 3 horas semanales en una sola visita al templo.  Fuera de allí, adiós y hasta la próxima semana.

   Si cada día dedicáramos por lo menos una hora a cuestiones de servicio a través de la iglesia, dedicaríamos 7 horas a la semana, haciendo un total de 28 horas al mes; sin embargo, creo que hay una gran mayoría que no alcanza de la mitad de este mínimo de tiempo que deberíamos dedicar en nuestro servicio como iglesia.  Felicito a todos aquellos que alcanzan el mínimo y a los que voluntariamente superan este tiempo de dedicación a Dios y en su Nombre también a los que todavía están sin esperanza.   Y por otra parte animo a los que no alcanzan el mínimo, a que se esfuercen cada día, y cuando tengan oportunidad, de consagrar su tiempo a la obra de Dios.

  CONCLUSIÓN:   Ha sido mi intención compartirles en este mensaje que el haber creído en Jesucristo fue solamente un punto de partida para ocuparnos en nuevos deberes que exaltan y glorifican al Dios que nos amó y que envió a su Hijo para darnos vida.  Ningún hijo de Dios debe quedar estancado solamente en la gracia de la fe, sino que debe crecer en todos los aspectos de la vida cristiana.  Hermanos, creer fue el comienzo de una nueva visión.  Pregúntate siempre: Y ahora ¿qué sigue?

 

 

 

   

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