JESUS SE ENCUENTRA CON TESTIGOS DE SU TRANSFIGURACIÓN, Por: Diego Teh.

JESÚS SE ENCUENTRA CON TESTIGOS DE SU TRANSFIGURACIÓN.

Isaías 42:1-9; Mateo 17:1-13.

Predicado por primera vez por el
Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Ebenezer” de la col. San José Tecoh, de Mérida, Yucatán; el día miércoles 12 de abril del 2017, a las 20:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Era la época cuando la gente comenzó a hacer ideas falsas acerca de Jesús. Unos comenzaron a decir que era “Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas” (Mateo 16:14); pero fue entonces cuando el apóstol Pedro por revelación de Dios identificó correctamente a Jesús, diciéndole: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16). “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mateo 16:21). Seis días después de este sublime descubrimiento de Pedro (cf. Mateo 17:1), ocurrió en Jesús un evento extraordinario conocido como transfiguración, que consistió en que repentinamente su rostro y ropa se hizo radiantemente luminoso que según san Mateo: “resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz” (Mateo 17:2b). Los testigos de esta transfiguración de Jesús fueron los apóstoles Pedro, Jacobo, y Juan (cf. Mateo 17:1); sin embargo, cuentan como testigos los dos personajes que espontáneamente aparecieron junto a Jesús: Moisés y Elías. Y el Testigo principal, aunque no visible pero presente en la escena fue Dios, a quien se le escuchó hablar como en la ocasión cuando Jesús fue bautizado.

Analizando este evento lleno de testigos de diversas naturalezas, les voy a predicar que a través de los detalles de la transfiguración de Jesús tenemos la enseñanza de que Jesús debe ser la centralidad de la vida del ser humano. / ¿Cuáles son los detalles de la transfiguración que nos enseña que Jesús debe ser la centralidad de la vida del ser humano? / Específicamente les voy a compartir algunos detalles.

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El primer detalle de la transfiguración que nos enseña que Jesús debe ser la centralidad de la vida del ser humano, es:

I.- LA PRESENCIA DE MOISÉS y ELÍAS ALREDEDOR DE JESÚS.

En la descripción de este evento, nos dice san Mateo: “Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él” (Mateo 17:3). ¿Por qué ellos? Bueno, estos personajes eran representantes de las dos partes principales de las Sagradas Escrituras que los israelitas habían tenido a lo largo de su historia. Moisés fue el redactor de los primeros cinco libros del Antiguo Testamento que conocemos por diversos nombres como Ley, Pentateuco, y entre los israelitas como Torah.  Elías fue uno de los profetas más prominentes de Israel que en este evento representó a todo el conjunto de los profetas que predicaron a israelitas y judíos, y de los que también dejaron los escritos de sus predicaciones. Pero, ¿qué vinieron a hablar con Jesús en el momento de su transfiguración? San Mateo no dice que vinieron a hablar con Jesús estos dos máximos representantes de la Ley y de los Profetas, pero san Lucas nos dice que: “hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén” (Lucas 9:31b). Sabemos, primero gracias a Jesús mismo que las Escrituras del Antiguo Testamento, precisamente, aunque eran antiguas, daban testimonio acerca de él (cf. Juan 5:39). Moisés y Elías eran los representantes de todo este testimonio, y estaban allí como grandes amigos de Jesús para animarle en su estado humano y encarnado a seguir adelante con su misión tal y como las Escrituras dicen que él debería cumplir cada detalle del plan de salvación. Ellos eran las mejores personas indicadas para tratar con Jesús. Ni siquiera fueron unos ángeles sino los testigos de primera mano acerca de lo que dicen las Escrituras de la Ley y de los Profetas.

Ante esta escena de la aparición de Moisés y Elías junto a Jesús, Pedro le dijo a Jesús: “Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías” (Mateo 17:4). San Lucas describiendo este mismo acontecimiento dice que Pedro dijo esto “no sabiendo lo que decía” (Lucas 9:33c). Esta propuesta que Pedro hace a Jesús no es mala en sí misma, pues se trataba de una práctica que los israelitas realizaban desde 1500 años atrás cuando por orden de Dios tenían que celebrar durante siete días la Fiesta de los Tabernáculos (cf. Levítico 23:24-42). Lo que Pedro estaba proponiendo es que este acontecimiento de la transfiguración en el que lo que habían mirado es una manifestación de la gloria de Dios como la que se manifestaba en el tabernáculo antiguo y luego en el templo, ameritaba quedarse allí por lo menos siete días como lo hacían en la Fiesta de los Tabernáculos, porque la gloria de Dios había estado justo en ese lugar. No hubiese nada de idolatría en esto, pues el problema que esta propuesta conllevaba es que Jesús no podía quedarse toda una semana para perder siete días de celebración con sus discípulos en aquellas enramadas, pues el tiempo de ir a Jerusalén para morir en la cruz estaba a escasos días de distancia. Quedarse en la enramada era perder tiempo, lo cual Jesús no podía darse el lujo, por lo que él y sus discípulos deberían continuar su camino a la ciudad que sería testigo de su muerte y resurrección. Jesús estaba enfocado en su misión de dar la vida por los pecadores.

Amados hermanos, si el total de las Sagradas Escrituras centraron su atención en la persona de Jesús, y si en la transfiguración de Jesús ambos representantes de las dos partes fundamentales de tales Escrituras acompañaron a Jesús para platicar con él acerca del cumplimiento del plan de redención de los pecadores por quienes él muy pronto daría su vida, es sin duda un claro mensaje que los seres humanos por quienes Jesús dio su vida, deberíamos también centrar nuestra atención solamente en él para recibir el beneficio de la salvación que por sus méritos obtuvo para nosotros.

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El segundo detalle de la transfiguración que nos enseña que Jesús debe ser la centralidad de la vida del ser humano, es:

II.- LA PALABRA DE DIOS DESDE LA NUBE QUE CUBRIÓ A JESÚS.

Pedro, todavía estaba diciéndole a Jesús que sería bueno que hicieran enramadas para Moisés, Elías, y Jesús, cuando según Mateo, de repente: “…una nube de luz los cubrió; y be aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mateo 17:5). No hay duda que este aspecto de toda la escena es el mejor testimonio que no viene de hombre alguno sino de Dios mismo quien expresa aprobación en todos los sentidos a favor de su Hijo amado. Dios estaba satisfecho porque su Hijo había comenzado a anunciar que ya iniciaba su viaje a Jerusalén para la mejor expiación que ocurriría aquí en la tierra para beneficio de los pecadores. Sin embargo, cuando Dios dice: “a él oíd”, hay un encargo que Dios hace primeramente a sus discípulos pero también a la humanidad entera de que si hay alguien a quien se debe obedecer con el fin de agradar a Dios es a Jesús.

Pedro y Juan, dos de los apóstoles que fueron testigos de esta luminosa y gloriosa transfiguración de Jesús, escribieron su interpretación acerca de esta experiencia que presenciaron como testigos. En su segunda epístola el apóstol Pedro explica: “Porque no os hemos dado a conocer e/ poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. / Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. / Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo” (2 Pedro 1:16- 18). Pedro enfatiza interesantemente que Jesús: “recibió de Dios Padre honra y gloria” en aquella transfiguración, lo cual pone a Jesús en el centro de atención de Dios mismo. Por su parte, el apóstol Juan al escribir el evangelio según su versión, justo al comienzo de su versión, se refirió a este evento cuando dijo de Jesús: “y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre” (Juan 1:14). Esta transfiguración luminosa de Jesús fue una viva manifestación divina, manera habitual como Dios se manifestaba entre los israelitas sobre el tabernáculo y posteriormente sobre el templo, lo cual no generaba duda de que se trataba de una manifestación de la presencia gloriosa de Dios con su pueblo. La transfiguración de Jesús fue nada menos sino igual que las manifestaciones de la gloria de Dios, pues por eso el apóstol Juan no dudó en explicar que la transfiguración era verdaderamente la gloria del mismo Padre, pero ahora manifestado por medio de su único Hijo.

Amados hermanos, si Dios mismo honró a su Hijo, ¡cuánto más nosotros debemos honrarle con nuestra obediencia, habiendo sido él aprobado por Dios como el obediente Salvador! Nuestra obediencia no es para pastores, ni para los modernos mal llamados profetas o apóstoles, ni para cualquier otra persona que se ostente como autoridad religiosa, aunque estos hablen genuinamente en nombre de Dios, pues el único que merece nuestra obediencia es Jesús; pues Dios mismo es quien con su viva voz y palabra dijo acerca de Jesús que: “a él oíd”.

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El tercer detalle de la transfiguración que nos enseña que Jesús debe ser la centralidad de la vida del ser humano, es:

III.- LA PERMANENCIA DE JESÚS EN LA TIERRA.

Después de que los discípulos Juan, Pedro, y Jacobo, escucharon las palabras de Dios, nos dice Mateo que “se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor” (Mateo 17:6). Y luego dice que: “Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis” (Mateo 17:7). Pero luego hablando de los tres discípulos, dice de ellos: “y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo” (Mateo 17:8). Lo que quiero enfatizar aquí es el hecho de que “a nadie vieron sino a Jesús solo”. ¿Por qué esto es relevante? Es relevante, porque estando Jesús envuelto por aquella luminosa gloria, es como si Jesús estuviese en su glorioso estado celestial. Así como desaparecieron Moisés y Elías con aquella gloria que se los llevó, Jesús se pudo haber esfumado en aquel mismo momento, y adiós plan de salvación.

Además, ¿recuerdan ustedes como fue Jesús llevado de regreso al cielo? San Lucas escribió que Jesús “fue alzado, y le recibió una nube” (Hechos 1:9). Pues aquella nube no era una nube ordinaria sino una nube especial en la que Dios siempre se manifestó a su pueblo. Cuando Dios se manifestó para guiar a los israelitas en el desierto, fue en una nube especial. Cuando Dios se manifestaba presente con su pueblo sobre el Lugar Santísimo tanto del tabernáculo como del templo fue en una nube especial. Pues esa nube en la que Dios suele transportarse y ocultarse, ahora estaba allí presente envolviendo a Jesús junto con Moisés y Elías, pues Mateo nos dice que “…una nube de luz los cubrió” (Mateo 17:5). ¿Saben qué? Jesús se pudo haber ido al cielo en aquel momento en aquella nube, y en aquella luz gloriosa, pero no lo hizo. Además, estaba su Padre allí mismo envuelto y oculto en la nube, por lo que se pudo haber llevado, pero Jesús prefirió quedarse aquí en la tierra porque tenía una misión que cumplir, que era dar su vida en los próximos días por los pecadores que no tienen otra manera de librarse de sus pecados, ni de tener vida eterna.

Amados hermanos, si Jesús decidió enfocar toda su atención a favor de nosotros los pecadores, sin renunciar al único plan que podría funcionar para librarnos de nuestra antes segura condenación, ¿por qué nosotros no centramos nuestra vida en su persona, y obra redentora? Su fidelidad a su compromiso debe ser nuestro incentivo para que seamos fieles en ser sus discípulos de la actualidad.

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CONCLUSIÓN: Amados oyentes, la historia de la transfiguración de Jesús es muy clara en presentarnos que si las Escrituras, Dios mismo, y Jesús mismo, se centraron en cumplir la misión de pagar con la vida de Jesús la culpa de los pecadores, ahora corresponde a nosotros poner a Jesús en el centro de nuestra vida aceptando que él sea nuestro único y suficiente salvador. Si usted no ha dejado que Jesús sea el salvador y centro de su vida, ¿está usted de acuerdo en comenzar en este día a dejar que Jesús ocupe un lugar central en su vida? Le invito a que usted le diga a Jesús: Señor Jesús, reconozco que sin merecerlo te interesaste a morir por mí y así pagar mis pecados, acepto que a partir de este momento seas mi salvador, y acepto que ya no viviré conforme a mi propia voluntad, sino que dejaré que tú seas también el que gobierne mi vida. Tú serás el centro de mi atención. Me entrego a ti como tú te entregaste por mí. Amén.

   

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