JESUS SE ENCUENTRA CON SUS AMIGOS EN UNA CENA, Por: Diego Teh.

JESÚS SE ENCUENTRA CON SUS AMIGOS EN UNA CENA.

Proverbios 17:17; Juan 13:1-10.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Unidad en Cristo” de la col. Morelos Oriente, de Mérida, Yucatán; el día jueves de comunión, 13 de abril del 2017, a las 19:30 horas; estando presente el coro Galaad de la iglesia El Divino Salvador.

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INTRODUCCIÓN: No era una cena social sino era la cena de pascua, el sacramento con el cual los israelitas celebraban el aniversario de su liberación de la opresión de la que fueron víctimas en Egipto. Dios les instituyó esta celebración (cf. Éxodo 12), para que ellos no olvidaran que fue Él quien intervino para darles libertad, y para llevarles a una tierra nueva que sería de abundante bendición; pues desde la institución de esta cena pascual, Dios les dijo a los israelitas liberados: “Y guardaréis la fiesta de los panes sin levadura, porque en este mismo día saqué vuestras huestes de la tierra de Egipto” (Éxodo 12:17a). Jesús, en su condición humana no fue desobediente a esta divina institución sacramental. Debió haberla comido muchas veces con José y María sus padres terrenales desde su niñez, pero ahora que ya era todo un adulto que rebasaba los treinta años, solía juntarse cada año con otras personas para comer la sacramental cena de la pascua. Lo que se comía en aquella cena era la carne de un cordero sin defecto, que sea macho, que tenga por lo menos un año, pero les fue instituido por Dios que “comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. / Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas” (Éxodo 12:8,9).

La escena que hoy recordamos, la cual popularmente la gente le llama la última cena, fue precisamente una cena de pascua (cf. Mateo 26:17-19; Marcos 14:12, 14,16; Lucas 22:7,8). Jesús aprovechó aquella ocasión para instituir el sacramento de nuestra fe cristiana, usando no la carne asada del cordero pascual sino una fracción de uno de los panes sin levadura que tenía a la mano a la hora de la cena de pascua, acerca del cual dijo: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí” (1 Corintios 11:24). Luego usando la bebida disponible en aquella cena que se ha considerado que era jugo de la uva, ya servido en una copa dijo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que /a bebiereis, en memoria de mí” (1 Corintios 11:25). Desde entonces, los discípulos de Jesús, aunque fuesen israelitas ya no tenían que comer la pascua, sino solamente una fracción de pan, y un poco de jugo de uva, los dos elementos de esta nueva cena que simboliza y representa sacramentalmente la obra redentora de Jesús. Sin embargo, en este mensaje no pretendo hacer hincapié en el hecho de la institución de la nueva cena, la Cena del Señor, sino en algunos detalles de lo que ocurrió aquella noche de la doble cena, la de Pascua y la de Jesús.

En los capítulos 13 al 17 de evangelio según San Juan tenemos un amplio panorama de lo que ocurrió aquella noche de la última cena de pascua de Jesús con sus más íntimos amigos y a la vez sus apóstoles. Primeramente, quiero hacerles la observación de que no se reunieron solamente para cenar y listo. No se reunieron solamente porque por causa de un mandamiento de Dios estaba programado que aquella noche había que reunirse para cenar ya sea con la familia o con los amigos siempre israelitas, sino que se pasaron por lo menos cuatro horas en el aposento donde cenaron, aprovechando Jesús todo ese tiempo para darles a sus discípulos un largo discurso acerca de las responsabilidades prácticas que deberían tomar en cuenta a partir de ahora.

   Específicamente de la lectura bíblica de Juan 13 que es parte de todo lo que se hizo y se dijo aquella noche mientras Jesús y sus discípulos comían la cena de pascua, les voy a predicar que: Nuestras reuniones deben ser no el cumplimiento mecánico de un deber cristiano, sino ocasiones que debemos aprovechar para tomar conciencia de las responsabilidades prácticas que nos corresponde como discípulos de Jesús. / ¿Cuáles son esas responsabilidades prácticas que nos corresponde como discípulos de Jesús? En este mensaje basado específicamente en el episodio del lavamiento de pies que Jesús hizo a sus discípulos durante la cena de pascua, y basado en el establecimiento del nuevo mandamiento de amarse entre unos y otros luego de exhibir a Judas como traidor, les compartiré solamente dos de estas responsabilidades.

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La primera responsabilidad práctica que nos corresponde como discípulos de Jesús, es:

I.- EL SERVICIO QUE SE DEBE PRESTAR A LOS DEMÁS.

Durante la cena ocurrió algo sorprendente que tiene por lo menos un significado relevante. San Juan nos relata que “sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, / se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. / Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido” (Juan 13:3-5). Cuando Pedro observó esta acción de Jesús, el muy atrevido, primero le dijo a Jesús: “¿Tú me lavas los pies?” (Juan 13:6), como que no quería. Pero como Jesús le dijera “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo” (Juan 13:8), muy pronto Pedro siguiendo con su atrevimiento le dice: “Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza” (Juan 13:9). Jesús le aclara que con el lavamiento de los pies será suficiente. Pero Jesús tenía un propósito importante al realizar aquel lavamiento de pies. Quizá observando que sus mismos discípulos no entendían por qué Jesús estaba haciendo eso, él mismo les pregunta: “¿Sabéis lo que os he hecho?” (Juan 13:12). La explicación que Jesús les dio fue breve, pero clara: “ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. / De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. / Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13:15-17). En palabras más sencillas, lo que Jesús les estaba diciendo es que tanto en las reuniones de los que son discípulos de Jesús, y aún fuera de las reuniones, en cualquier lugar los que son discípulos deberían poner en práctica la servicialidad. Prácticamente Jesús les estaba diciendo: Está bien. ¿Vinieron a cenar? Excelente, pero no se cuelguen. Hay oportunidades de hacer algo en beneficio de los demás.

Amados hermanos, hay momentos que no va a ser necesario que uno esté obligado a hacer algo, pero hay circunstancias que no solamente en la iglesia, sino también en nuestra casa, en el camino, en el trabajo, en el lugar donde has ido a recrearte, será necesario que uno active su responsabilidad práctica de servir a los demás, antes de solo esperar que uno sea servido. Jesús en la ocasión que la mamá de dos de sus apóstoles, vino a Jesús a decirle que en su reino uno de sus hijos se siente a su derecha y el otro a su izquierda; él les dijo de sí mismo a todos sus discípulos que “el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir” (Mateo 20:28), lo cual siempre lo vivió, y no quedó mal ni ante sus discípulos ni ante nadie. Y ahora, quería enfatizarles a sus discípulos que no todo es liturgia, ni siempre se trata de solo comer en las fiestas espirituales, sino que hay que vivir con vocación de servicio.

La segunda responsabilidad práctica que nos corresponde como discípulos de Jesús, es:

II.- EL AMOR QUE SE DEBE TENER HACIA LOS DEMÁS.

Después de aquella enseñanza, Jesús se conmovió (Juan 13:21) porque ya se había dado cuenta de las intenciones traicioneras de uno de sus apóstoles: de Judas. Jesús entendiendo que las intenciones de Judas eran irrevocables, mejor le dijo: “Lo que vas a hacer, hazlo más pronto” (Juan 13:27). Luego Jesús aprovechó el momento para decirle a los demás apóstoles que “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. / En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:34,35). La traición entre los hijos de Dios es una conducta reprobable, no aceptable, por eso Jesús tuvo que decirles que la mejor conducta que hace que la gente identifique que uno es verdaderamente un discípulo de él es que haya amor entre unos y otros, lo cual debe ser así también entre los que nos reunimos en esta amada congregación.

¿Conoce usted a alguien que ha sido traidor(a) en algún lugar? ¿Verdad que no es una acción agradable que pueda ser aprobada por la gente? ¿Se imaginan que eso ocurra entre los hijos de Dios que se reúnen en una digna iglesia del Señor Jesucristo? Aunque eso no desacredita a Jesús ni a su santo evangelio, los discípulos sí quedan desacreditados ante el mundo como si no fueran discípulos de Jesús. La gente que no sabe bien la situación no solamente comienza a hablar pésimo del traidor, sino que suele generalizar a todos los que forman parte de la organización, en este caso de una auténtica iglesia local de Jesucristo. La solución planteada y ordenada por Jesús, para que en ningún momento alguno de nosotros cometa un acto de traición, deslealtad, u ofensa en contra de otra persona que se reúne junto con nosotros, es poner en práctica el amar a los demás creyentes en el nombre de Jesucristo. Donde hay amor, los discípulos de Jesús son rápidamente identificados, y el testimonio de su amor contribuye al extendimiento exitoso de la obra de Dios.

Amados hermanos, la palabra de Dios dice que los que somos verdaderos discípulos de Jesús estamos en la capacidad de demostrar amor hacia los demás, primero porque como dice el apóstol Pablo, “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones” (Romanos 5:5), y esto no es solamente porque fuimos elegidos por Dios desde la eternidad para salvación, ni solamente porque específicamente Cristo murió por nosotros, no según nos aclara el final de esta descripción del apóstol Pablo, es “por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5), y esto no ocurre ni en la eternidad, sino desde el momento que uno abre y entrega su corazón al santo evangelio. Desde entonces el corazón de cada creyente está capacitado para amar a los demás. Amor no nos falta, sino solamente decisión de amar a los demás, porque se supone que si usted ya entiende en qué consiste el amor de Dios por usted, entonces amar a los demás en vez de traicionarles, ofenderles, o faltarles respeto, debe ser un deber necesario pendiente en nuestra conciencia.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, las reuniones de los que somos discípulos de Jesús nunca debe ser con sentido de tradición. Quienes consideran nuestras reuniones solamente como una tradición, en algún momento se sentirán fastidiados, aburridos, y no verán necesario e importante reunirse aun en estos días apropiados para recibir la bendita palabra de Dios. Hay lugares en los que en estos días en vez de que la palabra de Cristo more entre ellos en abundancia (cf. Colosenses 3:16), prefieren convocar a la iglesia a ver una ‘película cristiana’, lo cual nunca es lo apropiado cuando se puede aprovechar la ocasión para que la palabra de Dios sea la que edifique nuestra práctica. Esto es lo que pasa cuando una reunión cristiana se ve solamente como una tradición. Se reemplaza la centralidad de la palabra directamente de las Escrituras, con cualquier otra inadecuada actividad. Aprovechemos espiritualmente cada oportunidad de reunión para aprender cómo poner en práctica las responsabilidades que las enseñanzas de Jesús han establecido, y que después lo pongamos en práctica como Jesús lo espera. Jesús aprovechó la pascua no solamente para reunirse a cenar con sus amigos sino para exponer y practicar al mismo tiempo la importancia del servicio y del amor.

   

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