JESÚS SE ENCUENTRA CON DOS VIAJEROS EN EL CAMINO, Por: Diego Teh.

JESÚS SE ENCUENTRA CON DOS VIAJEROS EN EL CAMINO.

Lucas 24:13-35.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Cristo es el Camino” de la col. Chuminópolis, de Mérida, Yucatán; el día domingo de resurrección 16 de abril del 2017, a las 10:00 horas.

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INTRODUCCIÓN: El apóstol Pedro no por su propia habilidad de interpretar sino por iluminación de Dios reconoció sin problema alguno la identidad de Jesús diciéndole: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16); pero Caifás cuando interrogó a Jesús la noche que fue arrestado no pudo hacer lo mismo que Pedro sino que le dijo a Jesús: “Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios” (Mateo 26:63), pues no podía ni por su razonamiento, ni por su conocimiento hacer la misma confesión que Pedro hizo. Cuando Jesús fue crucificado, la gente enfurecida contra él, le gritaba: “Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz” (Mateo 27:40), poniendo en duda su procedencia de Dios. Incluso uno de los dos malhechores que estaban crucificados junto a Jesús, el que no demostró ningún poco de arrepentimiento se atrevió a decirle a Jesús: “Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros” (Lucas 23:39), pues no pudo afirmarlo como Pedro pudo afirmar que Jesús era el Cristo. Todo esto es porque nadie puede por sí solo sin la intervención de Dios, creer y confesar una verdad relacionada con cualquier persona de la divinidad: Padre, Hijo, y Espíritu Santo, ya sea sobre la potestad de Dios como Creador, sobre la muerte expiatoria de Jesús, o hasta acerca de la misma resurrección de Jesús.

En el caso de nuestra lectura bíblica tenemos una historia de dos personas: Cleofas y su amigo, que, a pesar de estar caminando juntos con Jesús ya resucitado, y a pesar de estar conversando con él, no pudieron identificarle ni por su voz ni por su rostro a pesar que era de día. Y en cuanto al tenor de su conversación con Jesús demuestra que no podían creer que es verdad que Jesús ya había resucitado, a pesar de que durante la mañana de ese día, las mujeres que fueron al sepulcro y que luego encontraron vivo a Jesús en un lugar aparte, fueron las que personalmente se las habían dicho a los once discípulos, incluso a estos dos. Simplemente no tenían la capacidad de creer que Jesús había resucitado.

En esta predicación voy a exponerles que hay muchas causas por las que un ser humano no puede creer fácilmente y por sí solo que Jesús resucitó de entre los muertos. / ¿Cuáles pueden ser algunas de las muchas causas por las que un ser humano no puede creer fácilmente y por sí solo que Jesús resucitó de entre los muertos? / La conversación que Cleofas y su compañero de viaje, tuvieron con Jesús en el camino a Emaús, nos ayuda a entender algunas de las causas por las que un ser humano no puede creer fácilmente y por sí solo que Jesús resucitó de entre los muertos.

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La primera causa por la que un ser humano no puede creer fácilmente y por sí solo que Jesús resucitó de entre los muertos, es:

I.- UNA EQUIVOCADA ESPERANZA QUE NO INTERPRETA BIEN LA MISIÓN DE JESÚS.

A pesar de que Cleofas y su compañero estaban platicando con Jesús, no pudieron darse cuenta que con quien estaban platicando y caminando juntos era Jesús. Es probable que en Jesús haya ocurrido un cambio significativo de voz o de acento, causa por la cual Cleofas no se dio cuenta ni se imaginó que quien estaba junto ellos era Jesús. Sin embargo, por alguna razón de la cual hablaré más adelante, “los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen” (Lucas 24:15). Pero entre toda la conversación que tuvieron con Jesús mientras caminaban hasta llegar a la aldea Emaús, hubo algo que estos viajeros le dijeron a Jesús, lo cual revela que ellos aceptaron creer que Jesús era el Mesías que los israelitas esperaban, pero ahora estaban confundidos porque le comentan a Jesús: “Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido” (Lucas 24:21). Lo que observamos en estas palabras de aquellos viajeros es que su esperanza en cuanto a la obra de Jesús como Mesías es equivocada.

Ellos esperaban ver a un Jesús que no caería en manos de delincuentes, de insurgentes, y mucho menos de las autoridades romanos, pues suponían que Jesús como Mesías sería el héroe que acabaría primeramente con la invasión de los romanos en territorio de los israelitas. Esperaban ver a un Jesús militarizado, y con un ejército de israelitas invictos expulsaría poderosamente a los romanos. Esperaban además que Jesús convirtiera no solo Judá sino a todo Israel como la nación del mundo más gloriosa en sus aspectos político, económico, social, religioso, etc…, por lo que sin saber que estaban platicando con él mismo, le comentaron que Jesús fue crucificado y que finalmente murió, pero pésimamente y con falta de esperanza le dicen además que: “hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido”.  Lo que observamos en las palabras de estos viajeros es que su esperanza en Jesús no era la esperanza correcta que ellos debieron tener. Esto es lo que precisamente no les ayudaba a creer que Jesús ya había resucitado, a pesar de que a esa hora del día en el que se encontraban caminando rumbo a la aldea Emaús, ya habían escuchado que unas mujeres fueron las primeras en ver que Jesús no estaba en el sepulcro y que le habían visto y hasta abrazado sus pies para comprobar que era él totalmente real y vivo. Igualmente se habían enterado directamente de los apóstoles que comprobaron que es verdad que Jesús ya no estaba en el sepulcro. Sin embargo, o mintieron o no sabían la verdad completa, pues hablando de Jesús le dicen a Jesús: “pero a él no le vieron” (Lucas 24:24). Jesús solamente les escuchó sin interrumpirles hasta que más tarde les aclararía cuál debió ser su misión como el Mesías de aquellos israelitas, y en realidad como el Mesías de la humanidad.

Amado oyente, ¿qué espera usted de Jesús?, porque depende de lo que usted espere de Jesús, lo que le ayudará a usted a creer en que el murió pero que resucitó. Jesús no vino para ser un político, un gobernante, o un consentidor de los intereses y caprichos de las personas, sino que vino a ser “un salvador” (Lucas 2:11) tal como fue anunciado por un ángel a los pastores que fueron testigos de que Jesús había nacido; y tal como un ángel instruyó a José el padre terrenal de Jesús diciéndole: “llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Esto es lo que Cleofas y su compañero de viaje debieron haber tenido en su mente, antes de esperar la redención política y militar de Israel. No es correcto esperar que Dios haga algo a nuestro favor si eso no está en su plan. Lo correcto es aceptar que Dios por medio de Jesucristo sea nuestro salvador. ¿Está usted dispuesto a aceptar que Jesús murió para pagar por nuestros pecados y así ser nuestro salvador, y que luego vivió por el poder de Dios mismo quien le resucitó como testimonio de que Él aceptó como válido y eficaz lo que Jesús hizo para nuestra salvación?

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La segunda causa por la que un ser humano no puede creer fácilmente y por sí solo que Jesús resucitó de entre los muertos, es:

II.- UN SIMPLE ASOMBRO QUE NO GARANTIZA FE EN LA RESURRECCIÓN DE JESÚS.

Continuando Cleofas su conversación con Jesús, le dice: “Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro; / y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive. / Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron” (Lucas 24:22-24). Cleofas no era una persona ajena al movimiento de Jesús, sino que en realidad también era su discípulo. De esto nos damos cuenta porque en cuanto a las mujeres que fueron al sepulcro se refiere a ellas como “unas mujeres de entre nosotros” (cf. v. 22), y en cuanto a los discípulos que más tarde fueron al sepulcro se refiere a ellos como “de los nuestros” (cf. w. 22,24), y aunque casi todos los de su grupo ya tenían conocimiento de la resurrección de Jesús, Cleofas insiste asegurando: “pero a él no le vieron”. No podía creerlo tal como le sucedió a Tomás quien para creerlo tenía que verlo. Afortunadamente unos momentos después hasta que hubo de por medio una intervención divina pudieron darse cuenta de que la persona con quien estaban caminando y conversando era Jesús. Pero observen, por qué no creían muy bien que Jesús ya había resucitado. Las mismas palabras de Cleofas a Jesús cuando dijo: “también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros” (v. 22), dejan claro que lo única que hubo en ellos desde un principio fue solamente un simple asombro lo cual no contribuye para tener fe en que Jesús resucitaría o que había resucitado, tal como lo dijo en repetidas ocasiones a sus discípulos, y esto lo deberían saber ellos porque eran discípulos cercanos a Jesús.

Amado oyente, hoy quiero animarle a usted a que no se retire de esta reunión sin que crea que Jesús resucitó luego de haber muerto por pagar especialmente los pecados de usted. Que no pase este día sin que usted crea en que la resurrección de Jesús fue el poder y testimonio de su Padre Celestial quien daba por aprobado y eficaz la muerte de su hijo para que usted, yo, y más pecadores, seamos salvos de la condenación eterna que merecen nuestros pecados. Que no considere usted toda esta semana solamente como un recordatorio de hechos asombrosos que un hombre llamado Jesús vivió en la ciudad de Jerusalén y sus alrededores, sino que al recordar cada episodio o evento de su ministerio redentor, pueda usted crecer en fe en que Jesús es el Hijo de Dios que por pagar la pena tanto física como espiritual y eterna que usted merecía, él murió pero resucitó y ahora vive en la eternidad celestial esperando que usted se arrepienta de sus pecados, y esperando darle a usted la bienvenida en su cielo eterno. Pero no se quede usted solamente asombrado sino desarrolle fe en la persona, ministerio, muerte, resurrección, ascensión, y segunda venida de Jesús.

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La tercera causa por la que un ser humano no puede creer fácilmente y por sí solo que Jesús resucitó de entre los muertos, es:

III.- UN INSUFICIENTE CONOCIMIENTO EN LA PALABRA QUE NO PRODUCE FE SUFICIENTE EN JESÚS.

Ahora que a Jesús le tocó el turno para hablar y corregir la equivocada esperanza, y para ayudarlos a superar el simple asombro de Cleofas y su compañero de viaje. Jesús les dice: “… ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho/ / ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? / Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían” (Lucas 24:25-27). El problema que manifestaban era la dificultad “para creer todo lo que los profetas han dicho”.  La pregunta aclaratoria que Jesús les hace: ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?, demuestra que ellos no tenían suficiente conocimiento de ello o por lo menos, aunque alguna vez lo supieron no le dieron importancia, por lo que ahora no podían creer que Jesús tras haber padecido, ya debió también haber resucitado. En su conversación con Jesús no manifestaban ni un poco de fe en la esperanza de que resucitaría, sino que hasta lo dudaban diciendo que las mujeres que fueron al sepulcro por la mañana “no le vieron” (cf. v. 24), cuando en realidad ellas sí le vieron. Todo este drama de incredulidad que le expresaban a Jesús, era el resultado de su falta de conocimiento en las Sagradas Escrituras. Además, como San Lucas describe que Jesús “comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían”, eso hace evidente que hasta Jesús se dio cuenta del insuficiente conocimiento que ellos tenían de las Escrituras, teniendo él que explicarles un panorama general de todo el TANAJ (Antiguo Testamento), para que sean capaces de creer que Jesús ya había resucitado.

Debido a lo interesante que fue la plática o exposición que Jesús les hizo de las Sagradas Escrituras, aunque sea de manera general, pero enfocada en lo que se dice de él, estos dos viajeros cuando llegaron a la aldea de Emaús ya siendo muy tarde, obligaron a Jesús a quedarse con ellos. Participaron de una cena con pan seguramente sin levadura porque todavía eran el tercero de los siete días de la pascua en los que se comía panes sin levadura, pero Jesús hizo lo mismo que en la cena que tuvo con sus discípulos la primera noche de pascua. Jesús “tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. / Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista” (Lucas 24:30,31). Pero sucedió que después de haber desaparecido Jesús de la vista de ellos, Cleofas y su compañero comenzaron a decirse mutuamente “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?” (Lucas 24:32). Esto es una indicación que mientras la palabra de Dios es comunicada al ser humano, y el ser humano centra su atención en dicha palabra, aun en el corazón más incrédulo se produce la fe como efecto de la palabra de Dios. Fue hasta ese momento en que su conocimiento en la palabra de Dios fue suficiente, que ellos pudieron creer que Jesús en verdad debió ya haber resucitado, aunque ellos no le habían visto.

Amados hermanos, la palabra de Dios es muy necesaria para la experiencia humana. El apóstol Pablo en su epístola a los romanos les explica que “…la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:27). Si alguien no puede manifestar fe para creer en alguna verdad de Dios como la verdad de que Jesús resucitó, es porque tal persona ha cerrado su oído a la palabra de Dios o porque su conocimiento acerca de la palabra es en realidad superficial e insuficiente. La falta de relación con la palabra de Dios bloquea el surgimiento de la fe necesaria y suficiente para creer toda verdad de Dios. Es por eso, amados hermanos, que leer y estudiar la palabra de Dios es de mucha importancia. Cuando usted tengas dudas acerca de Dios o de la vida cristiana, recurra a la palabra de Dios que está lista para orientar al incrédulo, al confundido, y hasta al que absolutamente no sabe nada.

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La cuarta causa por la que un ser humano no puede creer fácilmente y por sí solo que Jesús resucitó de entre los muertos, es:

IV.- UN INSENSIBLE SENTIDO QUE NO PERCIBE LA PRESENCIA DE JESÚS.

Es significativo que cuando Jesús abordó a Cleofas y a su compañero de viaje, san Lucas dice que: “Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. / Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen” (Lucas 24:15b, 16). Tras su resurrección, Jesús por lo menos en esta ocasión no podía ser identificado por estos dos caminantes ni por la voz ni por su rostro. Cuando Lucas dice que “los ojos de ellos estaban velados”, no creo que no podían ver bien de cerca o de lejos, pues no se dice que hayan tenido problema para conducirse por el camino. La velación de sus ojos no fue una negativa divina de no querer permitirles identificar a Jesús, sino más bien fue la insensibilidad de sus sentidos, por lo menos del oído y de la vista porque ni le pudieron reconocer por la voz ni por el rostro, a pesar de que por mucho tiempo ellos también habían sido discípulos de él viajando a pie con él a muchos lugares. Es en realidad, el efecto de la naturaleza pecaminosa lo que afecta todos los sentidos humanos para no poder percibir nada que sea de procedencia divina; sin embargo, si Dios interviene, los ojos velados pueden ser ‘abiertos’ para percibir cualquier manifestación divina.

En la época del profeta Elíseo, cuando el rey de Siria vino hasta la ciudad de Dotán, Israel y en una noche la sitió con su ejército porque quería prender (atrapar) a este profeta. Cuando amaneció el criado de Elíseo al ver al ejército del rey de Siria se preocupó y le dijo al profeta: “¡Ah, señor mío! ¿qué haremos?” (2 Reyes 6:15), y la respuesta que Elíseo le dio fue: “No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos” (2 Reyes 6:16). Sin embargo, el criado de Elíseo solamente veía al ejército del rey de Siria mas no veía a las personas que Eliseo le decía “más son los que están con nosotros” Entonces Eliseo hizo a Dios una oración a favor de su criado, diciéndole: “Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo” (2 Reyes 6:17). Físicamente el siervo de Eliseo estaba bien de los ojos, pero no podía percibir en aquel momento la manifestación de la presencia no solamente de ángeles en forma humana en el monte en las afueras de la ciudad, sino tampoco podía percibir la presencia divina rodeando a Eliseo en carros de fuego dentro de la misma ciudad. Pudo percibirlo, no precisamente por la oración de Eliseo su señor, sino hasta que “Jehová abrió los ojos del criado, y miró”. En el caso de Cleofas y su acompañante, fue hasta que recibieron de las manos de Jesús el pan sin levadura de la pascua que había sido bendecido por Jesús, que “les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron” (Lucas 24:31). Solo hasta entonces se dieron cuenta que era Jesús que en verdad había resucitado. Como en el caso del criado de Elíseo, Dios tuvo que intervenir para que ellos pudieran reconocer a Jesús, y entonces creer que en verdad Jesús había resucitado.

Amados oyentes, el ser humano como pecador no puede por sí solo percibir ni con los ojos, ni con los oídos, y ni siquiera con el alma, la presencia de Dios, aunque sin duda está presente. No puede el ser humano por sí solo creer si Jesús murió por el pecado de cada quien, ni tampoco puede uno creer por sí solo que luego de su muerte también resucitó al tercer día. No puede el ser humano por sí solo aceptar la palabra y obra de Dios que algún amigo cristiano o un predicador o maestro le comparte. Aunque los oídos físicos de una persona le permiten percibir el sonido de las palabras, su alma no puede percibir por sí sola el valor y significado de tales palabras. Todo esto es porque los sentidos físicos no pueden percibir lo que es divino, e incluso ni nuestro sentido espiritual puede percibirlo porque el pecado pone una barrera que nos separa totalmente de Dios. Solamente si Dios mismo interviene en una persona es que hay una aceptación de la palabra de Dios, hay fe en Jesucristo, y hay un cambio de estado espiritual. Es lo que el apóstol Pablo explica a los Efesios cuando les dice: “… él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, / en los cuales anduvisteis en otro tiempo, …” (Efesios 2:1,2a). Amado oyente, crea usted que Jesús murió por usted y que resucitó para garantizarle a usted que en él hay vida eterna, vida que comienza aquí en la tierra y que continúa en la eterna y celestial presencia de Dios.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, Jesús resucitó no para asegurar las esperanzas vanas y caprichosas que una persona pueda tener, sino para asegurar que él es el único y suficiente salvador a quien toda persona debe acudir con fe, por lo que mejor cerciórese de que ahora su esperanza no sea esperar solo prosperidad económica como algunos lo hacen, sino que su esperanza actual sea el regreso de Jesús para llevarnos a los creyentes a su gloria celestial. / También es importante que usted tenga no solamente asombro o admiración aun por las obras de Dios, sino fe en que Dios hace obras portentosas que nada ni nadie puede ni igualar y ni siquiera imitar. El simple asombro solamente es placer de la vista y del cerebro, pero no produce efectos espirituales en la vida, pero la fe en Jesús si obtiene por gracia bendiciones espirituales que transforman desde el alma hasta ios hechos personales. / Además es importante que usted conozca la palabra de Dios en su totalidad, desde Génesis el primer libro hasta Apocalipsis el último libro, porque cada libro aunque no menciona directamente el nombre de Jesús, siempre tiene enseñanzas acerca de Jesús. Jesús les explicó a los dos viajeros, porciones desde el Génesis hasta Malaquías la totalidad de los libros que ya existían en su tiempo. Desde aquellas Escrituras les confirmó que eran Escrituras que hablaban de él. Hoy además de esos libros de Génesis hasta Malaquías, tenemos también los libros que van desde Mateo hasta Apocalipsis los cuáles son más claros, explícitos, y suficientes para enseñarnos de Jesús. Pues mientras más conozcamos acerca de él por medio de la Palabra, más podemos tener fe en él. Usted no debe descuidar leer la biblia, y por si acaso tiene usted dificultades para poder leer hay opciones como escuchar una grabación o hasta escuchar con atención las lecturas que se hacen en los cultos y otras reuniones. La Palabra de Dios es importante para la edificación de nuestra fe, y no quedarnos solamente con una simple sensación de asombro.  Y finalmente, no confíe usted en ninguno de sus cinco sentidos como fundamento de alguna seguridad espiritual, porque puede ser que en la realidad Dios está llevando a cabo una obra espiritual en usted, y sus sentidos simplemente no lo pueden percibir; pero puede ser que a sus sentidos falsamente les parezca que algo es cierto cuando realmente no lo es, o que no es cierto cuando realmente sí lo es. Por ejemplo, alguien que manifiesta creer en el evangelio de Jesucristo, puede que diga yo no siento nada diferente en mí, pues lo dice con fundamento en su sentimiento, sin embargo, la realidad de lo que está ocurriendo en tal persona no se asegura y garantiza por lo que uno siente o no siente, sino porque la palabra de Dios así lo dice. En este caso, si la palabra de Dios dice: “El que tiene al Hijo tiene Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.  / El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:11,12), aun si alguien no siente esto, eso no deja de ser real en la vida de quien ha creído en Jesucristo como su salvador. Jesús resucitó, aunque usted no lo haya visto. Testigos hubieron de sobra. Lo que falta es que usted viva creyendo en que Jesús vive, y viva usted en santidad porque sin la santidad “nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14), pero con santidad usted verá al Señor quien vive y reina para siempre. Dios le ayude a usted a creer que Jesús murió por usted y que resucitó para esperarle en su gloria celestial.

   

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