ELISABET, AYUDA IDÓNEA PARA EL MINISTERIO, Por: Diego Teh.

ELISABET, AYUDA IDÓNEA PARA EL MINISTERIO

Lucas 1:5-25.

 Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yuc; el día domingo 28 de Mayo del 2016, a las 11:00 horas, como 7mo sermón de la serie GRANDES OBRAS DE MUJERES DESCONOCIDAS DE LA BIBLIA.

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   INTRODUCCIÓN: En la Biblia hay dos mujeres que llevan el nombre de Elisabet. La primera fue esposa del primer sacerdote y sumo sacerdote de los israelitas, y fue madre de cuatro varones: Nadab, Abiú, Eleazar, e Itamar (cf. Éxodo 6:23) que, siendo ya mayores de edad, desempeñaron la función también de sacerdotes, aunque los dos mayores Nadab y Abiú se hicieron intencionalmente rebeldes a Dios.  Pero de esta mujer y esposa de un hombre que consagró su vida a Dios no tenemos más información.  Sin embargo, hay una segunda Elisabet (como a 1500 años después de la primera), esposa también de un sacerdote llamado Zacarías, y madre del último profeta del Antiguo Testamento[1]: Juan el Bautista. De esta segunda Elisabet, basado en el texto de San Lucas 1:2-25 que ya hemos leído, podemos observar a una mujer como otras muchísimas mujeres de las historias bíblicas, supo ser la ayuda idónea para su marido Zacarías quien tenía la responsabilidad del oficio sacerdotal en el templo de la ciudad de Jerusalén.  Sin embargo, esto de ser una ayuda idónea no se limita a las que son esposas de personas que sirven en algún oficio religioso como los pastores, ancianos, y diáconos, sino también para las que son esposas de cristianos que están consagrados a un oficio de la iglesia.  Sin embargo, esto de ser ser una ayuda idónea tampoco se limita a las que son esposas de maridos cristianos y con oficios de la iglesia, sino que también aplica a las esposas que tienen maridos que no han tomado la decisión de aceptar el evangelio de Jesucristo, y a Jesucristo mismo como su único y suficiente Salvador y Señor de sus vidas.  Ser ayuda idónea es un deber universal de toda esposa.

  Cierto esposo cristiano que no contaba con el apoyo de su esposa para que él dedicara tiempo y sus dones al servicio de la obra de Dios, al platicar él con ella y le intenta convencer para que ella le apoye moral y espiritualmente, ella le responde: “¿Qué más ayuda quieres que te dé? Lo que tú ganas en tu trabajo no nos alcanza para vivir, y por eso estoy trabajando para ayudarte en lo que tú no puedes hacer.  ¿No es ayuda eso para ti?”.  Otra esposa, le echa en cara a su esposo, ¿qué ayuda es lo que quieres si personalmente te lavo la ropa, y todos los días te sirvo la comida, te plancho la ropa, y no has tenido que pagarme ni un solo peso por ello?  Uno no sabe a fondo lo que sucede es estos matrimonios, pero la cuestión de ser ayuda idónea del esposo va más allá de ayudar en el hogar con la aportación de dinero, de lavar y planchar la ropa, de preparar y servir la comida de todos los días, pues tiene que ver con el desarrollo y la práctica de virtudes o características que uno adquiere del santo evangelio del reino de Dios, y se comparte con el esposo que Dios le ha dado para que usted sea su esposa y ayuda idónea.  La historia bíblica de Elisabet al lado de su esposo el sacerdote Zacarías es una buena historia para aprender a ser la esposa que funciona como la ayuda idónea de un hombre consagrado a Dios, sin embargo, también se puede aprender a ser la ayuda idónea de ese hombre terrible que no quiere nada con Dios, pero que usted tiene que ayudarle a encaminarle para que él entregue su vida a Jesucristo.

   En este mensaje, que especialmente va dirigido a todas las que son esposas de hombres cristianos, les voy a predicar que una esposa que desea ser ayuda idónea para el ministerio de su esposo debe manifestar características que son el resultado de su comunión con el evangelio de Jesucristo. / ¿Qué características que son el resultado de la comunión con el evangelio de Jesucristo, debe manifestar una esposa que desea ser la ayuda idónea para el ministerio de su esposo? / La historia de Elisabet como esposa de Zacarías un hombre consagrado al sacerdocio les ayudará a entender qué características debe manifestar una esposa cristiana para no perjudicar ni ser indiferentes con su esposo con respecto a su ministerio, sino para ser la ayuda idónea que él necesita.

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   La primera característica que resulta de la comunión con el evangelio de Jesucristo, la cual una esposa cristiana debe manifestar hacia su esposo para ser su ayuda idónea, es:

I.- SU TEMOR A DIOS.

  Una de las primeras descripciones que tenemos de ella en conjunto con su esposo, es que: “Ambos eran justos delante de Dios” (Lucas 1:6a).  Esta descripción es muy clara porque nos revela que el objetivo principal en la vida de ellos dos no fue quedar bien con las personas a quienes Zacarías tenía que servir como sacerdote, sino que su objetivo principal era hacer el bien “delante de Dios”.  Esta justicia es solamente una palabra que resume la gran conciencia que ambos tenían acerca de la importancia de hacer “delante de Dios” todo lo que es bueno.  Pero esto de hacer lo justo “delante de Dios”, no se refiere únicamente al momento de presentarse en la casa de Dios en donde antes se manifestaba y se representaba la presencia de Dios, sino que se refiere a la decisión de hacer siempre el bien en cualquier lugar donde se encontrasen, pues Dios está presente en todas partes por lo tanto uno siempre se encuentra “delante de Dios” quien todo lo ve.  Esto es lo que también se llama tener temor a Dios, lo cual no solamente fue una responsabilidad de Zacarías, sino también de ella como esposa.

   Amadas hermanas, hay esposas que tienen el privilegio de tener un esposo que verdaderamente está demostrando decisión y convicción por vivir agradando a Dios, pero la esposa no vive con temor de Dios.  Es probable que le acompaña a la iglesia, hace uno que otro pequeño acto de piedad, pero después su vida es solamente una vida llena de acciones que no demuestran temor de Dios sino todo lo contrario.  Esto no es ser ayuda idónea para un esposo que guiándose bajo los principios de Dios se esfuerza por vivir para agradar y glorificar a Dios en todo.  Usted como esposa para ser la ayuda idónea que él necesita debe estar totalmente decidida a que ambos vivan con temor a Dios, de hacer “delante de Dios” todo lo que es justo o bueno a su mirada divina.  Este vivir con temor a Dios, solamente lo puede usted tener si está dispuesta a conocer, entender, aceptar, y poner en práctica el evangelio de Jesucristo.

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   La segunda característica que resulta de la comunión con el evangelio de Jesucristo, la cual una esposa cristiana debe manifestar hacia su esposo para ser su ayuda idónea, es:

II.- SU CONDUCTA CUIDADOSA.

   Otra descripción relevante que tenemos de Elisabet también en conjunto con su esposo, es que: “…andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor” (Lucas 1:6).  Esto de andar irreprensibles es una forma de referirse a la conducta que uno deja ver ante la gente que nos mira.  Al respecto de esta conducta, la versión Nueva Traducción Viviente dice que: “eran […] cuidadosos en obedecer todos los mandamientos y las ordenanzas del Señor” (Lucas 1:6; NTV).   Esta descripción que aplica a ambos cónyuges, la enfatizaré con relación a Elisabet.  Es notorio que ella sin ser sacerdote, no dijo a su esposo: Zacarías, eso de andar “irrepresible” (RV60) o de ser “cuidadosos en obedecer”, es cosa tuya no mía, yo no soy la sacerdotisa, el sacerdote eres tú.  La cuestión de su conducta personal, la consideró como un deber que también a ella le correspondía.  No se deslindó de este deber, sino que verdaderamente junto con su esposo tuvo la profunda conciencia de que sus acciones a la vista de las personas, reflejen una conducta cuidadosa.

   Supe de cierto misionero a quien se le encargó el establecimiento de una obra en una ciudad lejana.  Este hombre, apasionado por ver a personas creyendo en el evangelio, era muy diligente en compartir el evangelio a las personas que contactaba.  Muy pronto llegó a reunir a una considerable cantidad de personas a quienes se dedicó a discipular, y entrenar para el ministerio.  Sin embargo, la esposa que no fue cuidadosa en el control de su carácter, muy pronto se dice que en parte fue la causa de que aquellos nuevos creyentes no siguieran bajo la atención pastoral del misionero.  Un hombre cristiano con semejante responsabilidad necesita a una esposa cuya conducta sea cuidadosa para que de esta manera usted sea la ayuda idónea para su ministerio.

   Amadas hermanas, el evangelio de Jesucristo enseña tanto a hombres cristianos como a ustedes mujeres cristianas que la conducta cuidadosa de una esposa es un asunto importante para que pueda ser la ayuda idónea de su marido.  El apóstol Pedro, dice que hasta el inconverso espera ver la conducta cuidadosa de su esposa, por eso a las mujeres cristianas que tienen un esposo, este apóstol las exhorta diciéndoles: “mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, / considerando vuestra conducta casta y respetuosa” (1 Pedro 3:1,2).  Sin embargo, y con más razón, si su esposo es un cristiano que ha decidido no solamente confesarse creyente, sino que también ha decidido comprometerse y dedicarse a servir de alguna manera en la obra de Dios, usted debe ser su ayuda idónea para él, siendo cuidadosa con su conducta.

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    La tercera característica que resulta de la comunión con el evangelio de Jesucristo, la cual una esposa cristiana debe manifestar hacia su esposo para ser su ayuda idónea, es:

III.- SU SERVICIO ALEGRE.

   En la descripción acerca del andar irreprensible de Elisabet y su esposo Zacarías, se puede observar que ni ella ni su esposo eran selectivos para obedecer solamente lo que les convenía, sino que enfáticamente dice San Lucas que el andar irreprensible tanto de Zacarías como también de ella era: “…en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor” (Lucas 1:6b).  Esto nos ayuda a entender la profunda pasión con la que primeramente su esposo se dedicaba a servir a Dios no solamente como sacerdote en el templo sino en todos los aspectos prácticos de la vida cotidiana.  Un hombre así necesita una esposa que sea su ayuda idónea que no le orille a hacer su servicio a Dios solamente a medias, ni que le orille a dejar el ministerio que Dios le tiene para él, sino que le ayude a mantenerse sirviendo a Dios sin queja alguna y así pueda andar “en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor”.  Un hombre así de comprometido en servir a Dios, incluso si no está bien y totalmente comprometido en servir a Dios, requiere de una esposa que como ayuda idónea se una a su proyecto de vida de servir a Dios.  En el caso de Elisabet, leemos que su obediencia, servicio, y todo lo que hacían no era cuestión sólo del marido sino de “Ambos” (v. 6). 

   Un detalle significativo acerca de esta noble mujer, y que se puede apreciar no solo en ella sino en casi todas las mujeres de la historia bíblica que pasaron por la experiencia de la esterilidad es que no vivió ni amargada ni deprimida porque no podía tener ni un solo hijo. Antes del nacimiento de Jesús cada mujer aguardaba la espera del posible privilegio de ser la madre del Mesías prometido para la humanidad, y quien no podìa tener hijos, llegaba a pensar que Dios no ha querido favorecerle, e incluso socialmente era visto como una maldición, lo cual ponía en profunda aflicción a una mujer en tal condición.  Sin embargo, si este pensamiento pasó alguna vez en la mente de Elisabet, no lo consideró como motivo para reaccionar en contra de Dios y por ello no estar dispuesta a servirle; ni tampoco porque no era una sacerdotisa, y ni porque quizá ni siquiera tenía una responsabilidad en el santuario como lo tenía su esposo, no por eso ella no tendría por qué servirle; sino que ella también alegremente servía a Dios “en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor”, siendo así la ayuda idónea de su esposo, pues todo esposo que tiene una esposa que comparte con él la decisión de servir a Dios, se siente mucho más entusiasmado y se vuelve altamente efectivo en lo que hace.

   Amadas hermanas, el Salmo 100 en el que su autor exhorta a la humanidad a vivir agradecidos con Dios, dice: “Servid a Jehová con alegría” (Salmo 100:2a).  La manera de servir a Dios no debe ser de mala gana solamente porque su esposo ha aceptado de Dios una responsabilidad, sino que debe ser un servicio que se lleva a cabo con toda la alegría posible. Y esto es no solamente un deber del hombre que tiene un ministerio bajo su cargo, sino también para hombres que no tengan un oficio eclesiástico como ministerio, Pero también es deber de una mujer temerosa de Dios servirle con alegría cualquiera que sea su estado civil, sin embargo si es casada debe ser la ayuda idónea que su esposo necesita, sirviendo a Dios siempre con alegría y juntamente con él; y si él no está dedicado a servir a Dios, sea usted su ayuda idónea para encaminarlo al servicio de Dios.

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   La cuarta característica que resulta de la comunión con el evangelio de Jesucristo, la cual una esposa cristiana debe manifestar hacia su esposo para ser su ayuda idónea, es:

IV.- SU HUMILDAD DISTINGUIDA.

   Cuando San Lucas describe la procedencia familiar de Elisabet, menciona que “era de las hijas de Aarón” (v. 5).  En realidad, no provenía de una familia de poco o ningún prestigio, sino de una de las familias notorias y distinguidas en toda palestina por el derecho hereditario sacerdotal que desde hace 1500 atrás había sido desempeñado por esta familia.  Si bien ella no podía ser sacerdotisa, sin embargo, tenía tan solo por eso, mucha causa y motivo para equivocadamente sentirse la importante, pero no sucedió así con ella, sino que se puede apreciar su humildad en diversas ocasiones.  Versículos más adelante, leemos que por intervención de Dios ya había podido concebir y ya llevaba cinco meses de embarazo cuando fue visitada desde Nazaret de Galilea, nada menos que por su prima María una muchacha mucho menor que ella en edad, quien también llevaba como dos meses de un embarazo extraordinario del cual nacería Jesús.  Elisabet era una señora “de edad avanzada” (v.7), pero sus palabras a María dejan ver su humildad, al decirle: “¿Por qué se me concede esto a mí…? (Lucas 1:43).  Ella ve como un privilegio que haya sido visitada por una menor que ella, que privilegiadamente llevaba dos meses de embarazo de quien sería el Salvador de los pecadores elegidos de Dios para salvación. Ella no toma ninguna ventaja por su edad para imponerse como la persona más importante, ni porque Dios mismo le haya querido favorecer con un hijo.  Su pregunta: “¿Por qué se me concede esto a mí…?”, evidencia su humildad.

    Amadas hermanas, el apóstol Pablo enseñó a los Filipenses “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Filipenses 2:3), pero no es un complejo de inferioridad sino simplemente no sentirse superior a los demás.  Esto significa que una esposa no debe sentirse superior a su esposo, y desde luego que el esposo tampoco debe sentirse superior a su esposo.  El mismo apóstol escribió, ahora a los Colosenses: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Colosenses 3:12), comunicándoles así que la humildad es una de las muchas virtudes de las que debe estar vestido tanto un hijo como una hija de Dios.  La humildad es el resultado de someter la vida al evangelio del reino de Dios; y es un deber de todo cristiano ya sea que tenga un oficio eclesiástico o no, y también es una virtud que debe ser practicada tanto por hombres como por mujeres.  La humildad de una esposa, con mucha más razón si es una esposa cristiana, es una característica que le sirve de mucho para poder ser la ayuda idónea de su marido.  Pero, una esposa que no es humilde ante los demás, no es una gran ayuda para su esposo, pues su actitud pecaminosamente orgullosa y vanagloriosa, que es conocida por las demás personas, pudiera afectar la credibilidad y buen testimonio de su marido.  Así que, hermanas, sean ayuda idónea para sus respectivos esposos, poniendo en práctica la humildad.

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   La quinta característica que resulta de la comunión con el evangelio de Jesucristo, la cual una esposa cristiana debe manifestar hacia su esposo para ser su ayuda idónea, es:

V.- SU FE REAL.

   Cuando Zacarías recibió del ángel Gabriel (v. 11, cf. v. 19) el aviso de que Elisabet su esposa “dará a luz un hijo” (v. 13), inmediatamente expresó palabras que solo demuestran su incredulidad o falta de fe.  Su pregunta y argumento que presentó a Gabriel fue: “¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada” (Lucas 1:18).  Para solucionar su incredulidad quería una prueba, pero el ángel le dice que su presencia como ángel es suficiente prueba de que en verdad Elisabet podrá concebir un hijo.  Pero como él quería una prueba adicional y diferente, el hombre tuvo que recibir la prueba siendo hecho mudo por determinación divina por lo menos durante nueve meses y una semana más.  Ni siquiera pudo decirle a su esposa que había recibido del ángel Gabriel la buena noticia de que ella quedaría inmediatamente embarazada.  Quién sabe si lo pudo comunicar bien a su esposa por medio de señas, y quién sabe si ella pudo entenderle por señas si así se lo comunicaron por Zacarías.  Al parecer ni siquiera recibió como en el caso de su prima María, la visita de un ángel para anunciarle que ya fue habilitada para la concepción, pero al darse cuenta que ya estaba embarazada sus palabras fueron verdaderamente llenas de fe, palabras que sin duda una y otra vez usó para testificar diciendo: “Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres” (Lucas 1:25).

  Estas palabras de Elisabet son más claras en otras versiones como la Nueva Versión Internacional que dice: “Esto —decía ella— es obra del Señor, que ahora ha mostrado su bondad al quitarme la vergüenza que yo tenía ante los demás” (Lucas 1:25; NVI); como la versión Dios Habla Hoy que dice: “El Señor me ha hecho esto ahora, para que la gente ya no me desprecie.” (Lucas 1:25; DHH); y como la versión Traducción en Lenguaje Actual que dice: “¡Dios ha hecho esto conmigo para que la gente ya no me desprecie!” (Lucas 1:25; TLA).  Como se puede observar, su fe estaba centrada en que su embarazo “es obra del Señor” (NVI), de que “El Señor me ha hecho esto ahora” (DHH), y que “¡Dios ha hecho esto conmigo…!” (TLA).  Una esposa con una fe real centrada en Dios, puede ser la ayuda idónea de un hombre a quien en determinado momento su fe es sacudida y confundida por las circunstancias.

  Amadas hermanas, Zacarías un hombre de quien dice San Lucas que era sacerdote, y que justo a la hora en el que estaba “ejerciendo […] el sacerdocio delante de Dios” (Lucas 1:8), “se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso” (Lucas 1:11), se supone que en ese momento debió ser más espiritual y lleno de fe, pero fue cuando más le alcanzó la duda y la incredulidad.  ¿Se imagina usted cómo la fe puede faltar más cuando uno está inactivo en el ministerio, distraído por otras circunstancias cotidianas de la vida?  Pero usted puede ser una esposa que, en medio de los altibajos de fe de su esposo, le ayude idóneamente a superar sus dudas e incredulidades.  Si su esposo es cristiano, sin duda que él también será para usted una bendición para ayudarle a vivir y desarrollar una fe real e intensa enfocada en Dios, pero usted que es la persona más cercana a él, debe estar presta para ayudarle para que su fe no falte cuando más lo necesita.

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  CONCLUSIÓN: Amadas hermanas, el objetivo de este mensaje es que cada una de ustedes se hagan la pregunta: ¿soy la ayuda idónea para mi esposo ya sea que esté trabajando o no en un ministerio u oficio cristiano?  De paso, hágase hoy las siguientes cinco preguntas: 1.- ¿Verdaderamente soy temerosa de Dios y comparto esta convicción con mi esposo?, 2.- ¿Es cuidadosa mi conducta hacia mi esposo, y hacia las personas que me conocen?, 3.- ¿Sirvo alegremente a Dios juntamente con mi esposo, dispuesta a poner en práctica no solo lo que me conviene sino todos los mandamientos y ordenanzas de Dios?, 4.- ¿Mi forma de ser con mi esposo y ante la gente cristiana y no cristiana con quien trato cada día refleja la humildad que corresponde a una verdadera hija de Dios?, y 5.- ¿Manifiesto ante las circunstancias de cada día, una fe real e intensa centrada en Dios, y con esa fe ayudo a mi esposo y a las demás personas para que confíen más en Dios?

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[1] El último profeta literario del Antiguo Testamento es Malaquías, sin embargo no es el último profeta.  Juan el Bautista es el último profeta, que no fue literario.

   

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