CÓMO OFRENDAR PARA LA OBRA DE DIOS, Por: Diego Teh.

CÓMO OFRENDAR PARA LA OBRA DE DIOS

1 Crónicas 29:1-17.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, Mérida, Yucatán; el día domingo 2 de Julio 2017, en el culto de las 11:00 horas.

.

   INTRODUCCIÓN: Desde que los israelitas salieron de Egipto, construyeron su primer templo movible que tenían que transportar mientras viajaban hacia la tierra prometida.  Todos los israelitas aportaron los abundantes y diversos materiales que se utilizaron para tal santuario que fue llamado Tabernáculo.  Así pasaron muchos años, incluso varios siglos de haberse establecido en la tierra prometida, cuando el rey David tuvo la iniciativa de querer sustituir aquel Tabernáculo por un templo que estaría cimentado firmemente sobre las rocas. Dios estuvo de acuerdo, solamente que la construcción quedaría a cargo de Salomón su hijo, sin embargo, David tuvo la iniciativa de aportar mucho de los materiales de construcción que se necesitaría para la nueva y digna casa de Dios.  Luego, muchos jefes de familia y otros oficiales se unieron a la iniciativa.  Nosotros también, en la actualidad tenemos como iglesia de Jesucristo el gran proyecto de Dios de predicar el evangelio en todas partes, proyecto que tiene que ser financiado con las aportaciones de todos los creyentes. Se hace necesario invertir en Biblias, folletos, cursos, utilerías, etc… Aunque construir templos y todas sus construcciones complementarias no es la prioridad, muchas veces también se hace necesario.  Es bajo este plan de Dios que tenemos que ofrendar, pero tenemos que saber cómo ofrendar para la obra de Dios.

   La manera cómo todas estas personas participaron en ofrendar para un proyecto que se puede considerar como para la obra de Dios, nos enseña los principios fundamentales bajo los cuales se debe ofrendar para la obra de Dios. / ¿Cuáles son los principios fundamentales bajo los cuales se debe ofrendar para la obra de Dios? / En el ejemplo del rey David, en conjunto con sus oficiales, y todo el pueblo de Israel, podemos aprender algunos de los principios fundamentales de cómo se debe ofrendar para la obra de Dios en nuestro tiempo.

.

   El primer principio fundamental bajo el cual se debe ofrendar para la obra de Dios, es:

I.- CON TODA NUESTRA FUERZA.

   ¿Qué significa dar con todas nuestras fuerzas? Significa dar más de lo que uno ha estado acostumbrado a dar, pero también significa dar con esfuerzo y sacrificio a pesar de lo poco que uno tiene. En la historia tenemos muchos casos de personas que dieron con todas sus fuerzas, o también se puede decir, con todo esfuerzo.  Por ejemplo, la viuda de Sarepta de la época de Elías, quien no heredó ni seguro de vida, ni una pensión, ni otro medio de sustento.  De repente un día un hombre extraño que estaba de paso en su pueblo, se acerca a ella y le pide un vaso de agua, pero mientras ella iba por el agua este extraño le dice, ah, me traes también algo para comer.  Aquella pobre mujer “solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija” para preparar lo que quizá sería la última comida de ella y de su hijo (1 Reyes 17:12), pero a insistencia de aquel hombre ella decide preparársela al extraño.  Esto es dar con todas nuestras fuerzas.

   En el caso de David, fue dar más de lo que estaba acostumbrado a dar bajo otras circunstancias.  Nunca había dado tanto como estuvo dispuesto a hacerlo para que la casa donde Dios manifiesta su presencia sea mucho más digno que como había estado durante muchos años, más bien siglos.  David mismo le dice a la gente que gobernaba: “Yo con todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios, oro para las cosas de oro, plata para las cosas de plata, bronce para las de bronce, hierro para las de hierro, y madera para las de madera; y piedras de ónice, piedras preciosas, piedras negras, piedras de diversos colores, y toda clase de piedras preciosas, y piedras de mármol en abundancia” (1 Crónicas 29:2).  Alguna vez usted se ha propuesto dar más de lo que está acostumbrado a dar.  La obra de Dios lo requiere, y usted puede ser partícipe de una aportación con todas sus fuerzas.

   Amados hermanos, el apóstol Pablo, hablando de los cristianos macedonios que aportaron para un noble proyecto de la obra de Dios en su tiempo, dice de ellos que: Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas” (2 Corintios 8:3).  Dios nunca está esperando que usted de igual o más que los que tienen mucho más que usted, sino lo que Dios está esperando es que usted tenga la decisión de dar a pesar de que usted tiene poco o menos que los demás.

.

   El segundo principio fundamental bajo el cual se debe ofrendar para la obra de Dios, es:

II.- CON TODA NUESTRA VOLUNTAD.

   Los israelitas desde que fueron liberados de la esclavitud en la que vivían en Egipto, recibieron de Dios todo el plan financiero para el correcto y óptimo funcionamiento de toda la obra de Dios que tenía que realizarse en el Tabernáculo, y que posteriormente siguió vigente cuando se construye el templo por Salomón.   Entre este plan financiero, estaba la aportación del diezmo como la primera aportación que sin excusa alguna tenía que ser entregado para el sostenimiento de todos los sacerdotes y para otros detalles.  Luego había otro plan llamado ofrenda voluntaria.  En comparación con el diezmo, se puede decir que el diezmo era estrictamente obligatorio, pero la ofrenda no era obligatoria sino voluntaria, pero la ofrenda no se daba en vez del diezmo.  Cuando se pedía ofrendas que eran voluntarias, el que ofrendaba tenía que cerciorarse de que ha dado primeramente el diezmo.  Ahora, también cuando usted escuche que es tiempo de ofrendar, debe primeramente considerar si ha dado el diezmo que primero debe ser entregado.

  En el caso que hemos leído en 1 Crónicas, David sin duda que ya habiendo cumplido con el diezmo establecido, comunica a la gente que gobernaba que él ya tenía preparado para la obra del santuario de Dios, una gran cantidad de materiales y metales preciosos.  Era su ofrenda, no era su diezmo pendiente que estaba cubriendo de manera atrasada.  En esa ocasión hace una atenta y cordial invitación a los ciudadanos que gobernaba y les dice: “¿Y quién quiere hacer hoy ofrenda voluntaria a Jehová? / Entonces los jefes de familia, y los príncipes de las tribus de Israel, jefes de millares y de centenas, con los administradores de la hacienda del rey, ofrecieron voluntariamente” (1 Crónicas 29:5b,6).  La característica que sobresale tanto en David, como en los jefes de familia, los príncipes de las tribus, los administradores de la hacienda del rey, es que todos “ofrecieron voluntariamente”.  Esto significa que además de querer dar lo establecido como obligación, también aceptaban dar aquello que nada les obligaba darlo, pero tratándose de un noble proyecto dedicado a Dios, lo “ofrecieron voluntariamente”.  Luego leemos también en esta misma crónica que “…se alegró el pueblo por haber contribuido voluntariamente; porque de todo corazón ofrecieron a Jehová voluntariamente” (1 Crónicas 29:9).   Fue voluntario, porque no fue impuesto por ninguna ley de Dios, y ni siquiera por decreto del rey David, sino que cada quien decidió “de todo corazón”, de la misma manera como a los cristianos se nos enseña cuando el apóstol Pablo dice que: “cada uno de como propuso en su corazón” (2 Corintios 9:7a).

.

   El tercer principio fundamental bajo el cual se debe ofrendar para la obra de Dios, es:

III.- CON TODA NUESTRA GENEROSIDAD.

   Permítame primeramente contarle parte de la experiencia de un hombre que se llamó Robert Gilmour LeTourneau, que a los 14 años abandonó los estudios, desde entonces se dedicó a ser mecánico, y por la gracia de Dios aceptó ser cristiano, y debido a su consagración a la obra de Dios fue conocido como El empresario de Dios.  Una biografía cuenta de él que: “en sociedad con un amigo, abrió una empresa. Todo parecía ir bien, hasta que tuvo que ausentarse para trabajar en la manutención de navíos durante la Primera Guerra Mundial. Al volver, descubrió que estaba endeudado y quebrado. Para saldar las deudas, trabajó en el arreglo de un tractor y fue contratado por el propietario para nivelar varios acres de tierra, usando también un scraper (máquina niveladora).  Se apasionó por este trabajo. Compró un tractor y, con un scraper alquilado, comenzó el negocio del terraplanaje”[1].  Dios bendijo a este hombre con buenas ganancias en este trabajo, y LeTourneau siempre fue un fiel diezmador de sus ingresos para la obra de Dios.  Pero mientras él se dedicaba a este trabajo al mismo tiempo estaba ideando como fabricar nuevas maquinarias y sus accesorios. En mayo de 1921 estableció una primera fábrica de maquinarias.  En 1930 ya tenía dos fábricas. En 1930 cometió el error de no dar el diezmo durante todo ese año, para que lo invirtiera en sus fábricas, pero dijo que lo daría sin falta y con creces al año siguiente; sin embargo, su plan de inversión no funcionó, y no tuvo ganancias.  Tiempo después el escribió: “Dios no hace negocios de esa manera. Dios no nos dice que volvamos el próximo año cuando pedimos su ayuda. Si usted espera ver cómo será la cosecha antes de darle a Dios su parte, será visto por Él como un hombre de poca fe. Dios con certeza percibió mi justificación falsa”[2].  A partir de su mala experiencia, y de su correspondiente arrepentimiento, comenzó a ser prosperado nuevamente, y poco a poco decidió dar GENEROSAMENTE no el diezmo sino hasta el 90% de sus ganancias para la obra de Dios (nueve veces el diezmo).  Además, del 10% que él tomaba para sus propios gastos, lo utilizaba también para solventar sus gastos cuando viajaba a diversos lugares a dar testimonio de su fe y servicio a Dios.

   En el caso de la colaboración de David como rey, y como ciudadano, los jefes de familia y los principales de las tribus de Israel, e incluso los administradores de la hacienda del rey (cf. v. 6), dice el texto bíblico que “…dieron para el servicio de la casa de Dios cinco mil talentos y diez mil dracmas de oro, diez mil talentos de plata, dieciocho mil talentos de bronce, y cinco mil talentos de hierro. / Y todo el que tenía piedras preciosas las dio para el tesoro de la casa de Jehová, en mano de Jehiel gersonita” (1 Crónicas 29:7,8).  Esto es una muestra práctica de lo que significa la generosidad.  Su generosidad consistió en que no se limitaron a dar solamente una pequeña primicia, ni solamente el diezmo de alguna ganancia, sino que pusieron en práctica una gran generosidad dando en abundancia todo aquello que también tenían bajo su propiedad o administración.

   Amados hermanos, la generosidad no es una cuestión de los ricos o de los que más tienen, pues en el nuevo testamento, en la segunda epístola a los Corintios podemos leer que los creyentes de Macedonia que se encontraban en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad” (2 Corintios 8:2).  De igual manera, la obra de Dios que se lleva y llevará a cabo en nuestra iglesia requiere de una aportación generosa.

.

   El cuarto principio fundamental bajo el cual se debe ofrendar para la obra de Dios, es:

IV.- CON TODA NUESTRA ALEGRÍA.

   Es significativo leer lo que el texto bíblico dice acerca del estado de ánimo del pueblo israelita que respondió a la iniciativa de su rey David.  La crónica del caso dice: “Y se alegró el pueblo por haber contribuido voluntariamente; porque de todo corazón ofrecieron a Jehová voluntariamente” (1 Crónicas 29:9).  La alegría fue una de las respuestas notorias en la gente que “de todo corazón ofrecieron a Jehová voluntariamente”.  No es provechoso si una persona hace sin gozo algo aunque lo que haga es bueno a la vista de Dios, tal persona va a sentir un vacío en su alma.  De entrada a tal persona le hace falta entender o darse cuenta que la obra que Cristo ha hecho en su vida es motivo suficiente y determinante para vivir y servir a Dios siempre rebozando de gozo.  En el libro de los salmos, especialmente el salmo 100 se contiene una de las frases con las que los israelitas eran enseñados a servir a Dios.  La frase dice: “Servid a Jehová con alegría” (Salmo 100:2a).  Y dar la ofrenda, incluso el diezmo, la primicia, y otras aportaciones son aspectos de servicio a Dios que deben darse igualmente con alegría.

   Quizá alguna vez usted ha escuchado de aquel niño a quien su madre lo envió a la iglesia, y le dio dos monedas del mismo valor.  Su madre le dijo: Una moneda es para tu ofrenda, y la otra es para lo que tú te quieras comprar.  Pero nunca le señaló cuál moneda específicamente era para ofrendar.  Sucede que camino a la iglesia, el niño jugando con las monedas, accidentalmente se le cayó una moneda directo en la alcantarilla.  Momentáneamente se quedó triste porque pensó: Ya no podré comprarme algo después del culto.  Pero instantáneamente su mente pensó: Me quedaré con esta moneda que me queda.  A la hora del culto, cuando pasaron a recolectar la ofrenda, el niño simplemente dijo en su pensamiento: Señor, la ofrenda que me dieron para ti, se me cayó en la alcantarilla.  ¿Se imagina el dolor que el niño iba a tener en su corazón si daba en ofrenda la otra moneda, porque se privaría de comprarse su golosina preferida?  Ojalá que a usted no le suceda que le duela dar su ofrenda para la obra de Dios, pues la biblia nos dice a los cristianos que: “Cada uno de como propuso en su corazón no con tristeza, …” (2 Corintios 9:7), y eventualmente se nos recuerda a la iglesia por medio del canto cuya letra en parte dice: “que no te quede el dolor cuando hayas ofrendado”.  Dios quiera que usted de con toda la alegría que pueda expresar su corazón, recordando con profunda gratitud la salvación que Dios ha hecho para usted.

.

   CONCLUSIÓN: La Biblia aclara perfectamente el propósito de ofrendar: poner a Dios en primer lugar en nuestras vidas. Debemos dar a Dios lo primero y lo mejor de lo que ganemos. Por ejemplo, lo primero que hacemos con nuestro dinero revela lo que más valoramos. Darle inmediatamente a Dios la primera parte de nuestra paga centra nuestra atención en Él. Además, nos recuerda que todo lo que poseemos le pertenece a Él. El hábito de ofrendar con regularidad puede mantener a Dios en primer lugar en nuestra lista de prioridades y nos da una perspectiva adecuada en todo lo demás que tenemos.

——————————————-

[1] http://blogs.universal.org/bispomacedo/es/2013/03/14/un-mecanico-al-que-dios-bendijo/

[2] http://blogs.universal.org/bispomacedo/es/2013/03/14/un-mecanico-al-que-dios-bendijo/

   

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.