LO QUE DIOS HACE CON SUS MAYORDOMOS, Por: Diego Teh.

LO QUE DIOS HACE CON SUS MAYORDOMOS

Génesis 39:1-5, 19-23.

Mateo 25:14-30.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, Mérida, Yucatán; el día domingo 30 de Julio 2017, en el culto de las 18:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: José el más joven de los hijos de Jacob, a la vista de sus hermanos mayores era solo un muchachito que alimentaba su visión del futuro con falsas ilusiones y expectativas, al grado que por eso “le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente” (Génesis 37:4).  Cuando Dios le comenzó a dar sueños proféticos, y él las contaba a sus hermanos, ellos “le aborrecieron aun más a causa de sus sueños y sus palabras” (Génesis 37:8).  Como Jacob, el padre de todos ellos amaba mucho a José “sus hermanos le tenían envidia” (Génesis 37:11).  Muy pronto José estuvo a punto de ser asesinado por sus hermanos, pero finalmente decidieron venderlo como esclavo a un grupo de mercaderes ismaelitas.  Usted diría que ni siquiera Dios estaba pendiente de este muchacho de apenas diecisiete años.  Luego estos ismaelitas madianitas (vv. 25, 36) lo vendieron a Potifar capitán de la guardia del faraón de Egipto, quien muy pronto descubrió que este muchacho tenía algo especial que lo distinguía, que todo lo que hace es grandemente prosperado.  Potifar, siendo egipcio solamente era un politeísta cuyos dioses eran una larga lista de animales, astros, y personajes mitológicos; pero quizá por palabras del mismo joven José, Potifar entendió que Jehová el Dios de Abraham, Isaac, Jacob, y de José y sus hermanos “estaba con José” (cf. Génesis 39:1-3), y muy pronto Potifar “le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía” (Génesis 39:4).  Pero en todo esto, era Dios quien estaba usando a José como su mayordomo, más que como mayordomo de Potifar.  Potifar solamente reconoció la cualidad de José de ser un mayordomo.  Pero, usted diría que, si Dios estaba con José, Dios no permitiría que a su mayordomo le pasara situaciones indeseables, sin embargo por problemas no de José sino de la esposa de Potifar quien falsamente acusó a José de intento de deshonrarla (cf. Génesis 39:17), muy pronto Potifar su amo juzgó equivocadamente a José y “lo puso en la cárcel” donde también fue responsable y eficiente en la tarea que allí se le encomendó, y porque “Jehová estaba con José” (cf. Génesis 39:20, especialmente vv. 21, 23); sin embargo, como Dios estaba con este ahora adulto joven, muy pronto fue sacado de la cárcel y fue hecho nada menos que gobernador de todo Egipto Génesis 41:38-46).  Fueron 13 años de dificultades en los que Dios estaba guiando a su mayordomo a una posición estratégica para ser bendición cada vez más a un número mayor de personas.  Cuando pareciera que Dios no estaba con él, Dios estaba con él para llevarlo a otras esferas de servicio, en el que sin duda como mayordomo de Dios y no del hombre José sería un mayordomo fiel, y así lo fue.

La parábola del evangelio del reino de los cielos, que hoy también hemos leído y es la que usaré como fundamento de esta predicación, aunque es ampliamente conocida como la parábola de los talentos, también puede considerarse como la parábola de los tres mayordomos o simplemente de los mayordomos.  En la historia de José observamos qué es lo que Dios hace para posicionar estratégicamente según su voluntad a uno de sus mayordomos.  En esta parábola lo que observaremos es lo que Dios hace no para posicionarlos donde él quiera ponerlos sino lo que Él hace o puede hacer con cada uno de sus mayordomos.    En otras palabras, lo que les voy a compartir en esta predicación es que Dios lleva a cabo acciones especiales con cada uno de sus mayordomos. Hasta aquí permítame recodarle que usted llamado y salvado por la gracia de Jesucristo, ha sido hecho por Dios, uno de sus mayordomos en este mundo.  / Entonces, lo que ahora debemos saber, es: ¿Cuáles son las acciones especiales que Dios lleva a cabo con cada uno de sus mayordomos? / A través de la parábola encontraremos una lista de acciones que Dios lleva a cabo con cada uno de sus mayordomos como usted y yo.

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La primera acción que Dios lleva a cabo con cada uno de sus mayordomos es, que:

I.- LES OTORGA SUS BIENES PARA SER ADMINISTRADOS.

Lo primero que leemos en la parábola es: “Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes” (Mateo 25:14).  La parábola evoca el regreso de Jesús al cielo, el llamamiento a la salvación y al ministerio, y la entrega de “sus bienes”.  ¿De qué bienes se refiere?  No se trata de bienes inmuebles o materiales, sino los “bienes” divinos con los cuales el ser humano puede ser alcanzado y alcanzar a sus semejantes para la salvación eterna.  Cuando la parábola habla de talentos, literalmente se trata de dinero, por lo que tomando en cuenta que es una parábola, tales elementos solamente simbolizan la entrega de valores importantes que Jesús hace “a sus siervos” o mayordomos.  Tratándose del “reino de los cielos”, fue un recurso retórico de Jesús para referirse a los dones de la gracia de Dios con el cual todos sus discípulos no son solamente llamados de Dios a la salvación, sino que son comisionados para ser mayordomos de “sus bienes”.   Dichos bienes, sin duda son para ser administrados bajo los lineamientos e intereses de Dios.

Diciéndolo de otra manera, usaré las palabras del apóstol Pedro quien escribe a los creyentes en general diciéndoles que: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10).  Usted no recibe el dinero moneda romana que en tiempo de Jesús se llamaba talento, sino que usted recibe por lo menos un don, pero podría ser más de un don, que corresponde(n) a la multiforme gracia de Dios.  Los que recibimos algún don o dones ministeriales de la gracia de Dios (todos los creyentes lo reciben), el apóstol Pedro nos describe “como buenos administradores” (lo que es lo mismo que ser mayordomos).  En otras palabras, nosotros recibimos los bienes ministeriales de Dios para administrarlos con el fin de hacerlos llegar a otros, tanto a creyentes como a no creyentes.

Amados hermanos, Dios ha puesto en manos de usted, algún don de su gracia salvadora para ayudar a otros cristianos a edificarse dentro del reino de Dios.  Son los “bienes” espirituales del reino de Dios que usted ha recibido para administrarlos en beneficio de otras personas.  Es por eso que usted es un mayordomo de Dios, porque un mayordomo no es el dueño de los bienes que administra, sino que administra lo que no es suyo sino de su señor.  Qué privilegio para un ser humano que Dios nos conceda el administrar dones divinos para ayudar a nuestros semejantes que podrían ser hasta los de nuestra propia familia, para que, así como nosotros, ellos también establezcan un relación espiritual con Dios que les cancele el merecimiento de la condenación eterna, y les otorgue la gracia de la salvación eterna.

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La segunda acción que Dios lleva a cabo con cada uno de sus mayordomos es, que:

II.- LES HACE RESPONSABLES DE PRODUCIR RESULTADOS.

En el texto de la parábola, y con relación a los resultados que rindieron los tres siervos o mayordomos, leemos primero que el amo: “A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. / Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. / Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. / Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor” (Mateo 25:15-18).  ¿Qué observa usted acerca de los resultados obtenidos por los siervos o mayordomos?  Lo más notorio es que los dos primeros según las distintas cantidades que recibieron, sus resultados fueron siempre al 100%, excepto el último que su resultado fue nulo, ni siquiera el 1%.  En sus respectivos resultados observamos que lo que el amo espera, que en el caso del reino de los cielos es Jesús, son resultados no escasos sino por lo menos del 100%.

Quizá una mejor explicación acerca de los resultados es la que Jesús dio a sus doce discípulos en su discurso que les presentó la noche de su última cena de pascua cuando les dijo: “yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca” (Juan 15:16ª2).  Dios responsabiliza a cada uno de nosotros sus discípulos a producir resultados, o frutos, en lo que hacemos con los bienes de su gracia que nos confía.  Dios pone a cada mayordomo de su reino en diversas ocupaciones administrativas, o más bien, ministrativas de su gracia no para quedarse sin fruto sino para producir por lo menos un fruto del 100% tal como se describe en la parábola que quien recibió dos talentos rindió dos talentos más, quien recibió cinco talentos rindió otros cinco talentos.  Aunque en el servicio del reino de los cielos, es posible y es mejor si se rinde frutos mayores que el 100%.  El 100% solamente es el mínimo.

Amados hermanos, una de las razones para la cual fuimos llamados por Dios a través de Jesús no es para pasarnos el tiempo solamente recibiendo cada vez más gracia sobre gracia, sino para que la gracia o dones que hayamos recibido sea invertido en la vida tanto de otros creyentes como de no creyentes, esperando que el fruto que cada uno rinda a Dios sea que más de uno responda al evangelio de Jesucristo.

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La tercera acción que Dios lleva a cabo con cada uno de sus mayordomos es, que:

III.- LES ESTABLECE TIEMPO PARA RENDIR CUENTAS.

Ahora leemos del amo de la parábola que, sin duda, en la realidad tiene que ser Jesús el amo del reino de los cielos, de quien dice: “Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos” (Mateo 25:19).  Se trata de una auto descripción de Jesús quien después de su resurrección y ascensión no se fue en definitiva a su cielo eterno donde merece estar, sino, aunque el tiempo aquí transcurra de tal manera que alguien piense que no parece que Jesús vuelva, la realidad de la promesa es que volverá.  Pero, ya no volverá como la primera vez, “tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:7b), sino que vendrá “con poder y gloria” (Mateo 24:30; Marcos 13:26; Lucas 21:27), y entre estas facultades para arreglar cuentas con cada mayordomo, o sea, con cada cristiano.  Sin duda que para los que creemos en Cristo, no será para evaluar si ganamos el cielo de Dios lo cual ya ha sido ganado para nosotros por la obra de Cristo, sin embargo, es la evidencia importante para Dios evidenciar que tan fiel o no fiel han sido cada uno de sus mayordomos.

Dios ha sido bueno al no habernos exigido cuenta total en estos momentos, porque es muy probable que muchos de nosotros no podamos rendir la cuenta correcta.  Aprovechemos que todavía estamos a tiempo de ponernos las pilas para hacer lo que responsablemente nos corresponde, y entonces cuando Jesucristo regrese tengamos por lo menos una cuenta del 100% de rendimiento para informarle y entregarle.

Amado hermano, hasta aquí es momento de reflexionar acerca de qué cuentas le va usted a rendir a Dios.  Tengo que aclarar que de manera general, no solamente recibimos de Dios bienes espirituales o dones ministeriales del reino de los cielos, sino también otros dones de Dios como la vida misma, la familia, el trabajo, etc…, cosas de las cuales también tenemos que rendir cuentas a Dios, pues nuestra mayordomía implica muchos aspectos de los cuales somos responsables delante de Dios. ¿Cuál es la cuenta que usted va a rendir a Dios con respecto a su familia, con respecto a su trabajo, con respecto a su iglesia, con respecto a su obra en general?  Ojalá que en el tiempo establecido que corresponde a nuestra entrega de cuentas o resultados finales, lo podamos hacer sin vergüenza de no haber rendido ni siquiera el mínimo esperado por Dios.

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La cuarta acción que Dios lleva a cabo con cada uno de sus mayordomos es, que:

IV.- LES RECOMPENSA SU TRABAJO REALIZADO.

En la parábola de los talentos, Jesús relata el momento cuando cada siervo o mayordomo se presenta delante del amo que ha regresado de tan lejos.  Al respecto de los mayordomos dice: “Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. / Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. / Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. / Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:20-23).  El enfoque de esta narración no solamente sobresale lo responsable que fueron dos de los mayordomos, sino que también sobresale la acción del amo que recompensa a cada uno de ellos, primero felicitándoles con palabras como: Bien, buen siervo y fiel; y luego dándoles más confianza o algo así como un ascenso al decirles: sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré”; y finalmente dándoles más privilegios al decirles: entra en el gozo de tu señor”.  Todo esto que se dice en el recurso literario de la parábola, en lo literal significa que Dios no pasa desapercibido el trabajo o responsabilidad que cada discípulo y mayordomo suyo realiza, pues cada uno recibirá de Dios alguna plena e inmerecida recompensa.

El apóstol Pablo, luego de argumentarles a los Corintios la realidad, certeza, y beneficios de la resurrección de Jesucristo, les dice en su primera epístola: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).

Amados hermanos, cada servicio que usted realiza en nombre del Señor nuestro Salvador Jesucristo.  No es en vano.  Hay recompensas que usted comenzará a disfrutar aquí mismo en la tierra, aunque también habrá recompensas que usted tendrá que esperar recibirlas en la eternidad, pero de que habrán recompensas, las habrán.

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La quinta acción que Dios lleva a cabo con cada uno de sus mayordomos es, que:

V.- LES DISCIPLINA CUANDO ACTÚAN CON NEGLIGENCIA.

Finalmente, y también con mucha relevancia, tenemos en la parábola el relato bastante amplio acerca del tercer mayordomo, pues de los 17 versículos de la parábola, los 7 últimos versículos se enfocan en él.  Jesús dice de este mayordomo: “Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; / por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. / Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. / Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses” (Mateo 25:24-27). Esta parábola de Jesús hace evidente que no todo aquel que acepta trabajar como siervo es fiel a su amo, sino que hay trabajadores infieles a sus patrones.  En vez de ser descrito como fiel, la descripción que su amo le dice a él es que es un “siervo malo y negligente”, y es natural que lo único que le espera es la disciplina correspondiente.

¿Qué ocurre en una empresa cuando un empleado no realiza el trabajo que le ha sido encomendado?  Lo más seguro es que muy pronto es despedido.  Esa es la disciplina que la empresa le aplica.  Y en el reino de los cielos, es tan cierto y real que Dios aplica este tipo de disciplina a los siervos malos y negligentes.  En la parábola el “malo y negligente” recibió la disciplina que su actitud merecía. Tuvo que escuchar y experimentar la indeseable disciplina que a pulso ganó contra sí mismo por su actitud ante sus deberes para con su amo.  Su amo, se vio en la penosa necesidad de ordenar a otros de sus mayordomos, lo siguiente: “Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. / Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. / Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 25:28-30).

Amado oyente, el “siervo malo y negligente” de esta parábola, solamente ilustra al que se ostenta como creyente o discípulo de Jesús, pero en realidad no lo es, y como resultado, se nota en él su falta de frutos dignos de arrepentimiento y su falta de servicio.  Quiera Dios que usted no sea una persona que ostente ser el cristiano que no es.  Usted no tiene porque ser echado en las tinieblas de afuera, donde se llora y se crujen los dientes (una suave representación del sufrimiento eterno).  Líbrese solamente por medio de Jesucristo, de esta disciplina que Dios pone a los siervos o mayordomos malos.  Usted puede ser de los buenos mayordomos de Dios.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, y mayordomos de todos los bienes que Dios han puesto en nuestras manos.  Aunque nuestro Salvador y Señor Jesucristo se fue al cielo de su gloria eterna, no por eso deja de ser el dueño de todo lo que nos ha encomendado, ni tampoco por eso deja de ser el Señor o amo nuestro.

I.- Jesús es el Señor quien a nosotros: OTORGA SUS BIENES PARA SER ADMINISTRADOS.

II.- Jesús es el Señor quien a nosotros: HACE RESPONSABLES DE PRODUCIR RESULTADOS.

III.- Jesús es el Señor quien a nosotros: ESTABLECE TIEMPO PARA RENDIR CUENTAS.

IV.- Jesús es el Señor quien a nosotros: RECOMPENSA EL TRABAJO REALIZADO.

V.- Jesús es el Señor quien a nosotros: DISCIPLINA CUANDO ACTUAMOS CON NEGLIGENCIA.

Seamos sus buenos y fieles siervos.

   

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