LA PALABRA DE DIOS NO VUELVE VACÍA, Por: Diego Teh.

LA PALABRA DE DIOS NO VUELVE VACÍA

Isaías 55:10-11.

Hechos 8:26-40.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, Mérida, Yucatán; el día domingo 06 de Agosto 2017, en el culto de las 18:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: En febrero de este año, el portal Impacto Evangelístico publicó una noticia que me llamó mucho la atención: Ocultando por razones de seguridad el verdadero nombre de un cristiano, decía la publicación: “Oliver[1], colaborador de Puertas Abiertas[2], trabaja para difundir la Palabra de Dios en la Península Arábiga. En medio de la noche, cuando todo está oscuro, entra en su coche para repartir la luz de Cristo colocando Biblias en las puertas de los hogares musulmanes. Después, espera a ver qué pasa, sabiendo que la Palabra de Dios no volverá vacía (Como iglesia tenemos un proyecto similar no dirigido a musulmanes sino a por lo menos 500 vecinos de nuestras congregaciones a quienes próximamente con el apoyo de ustedes entregaremos una biblia en cada hogar, y no hay duda de que tal palabra de Dios no será un desperdicio de Biblias, ni de dinero, ni de nuestro tiempo, ni de nuestro trabajo). (Ahora siguiendo con el caso de Oliver, les explicaré cómo realiza su labor colportora). La noche ha caído después de un día especialmente caluroso. Finalmente, la temperatura comienza a caer. Intentando no hacer mucho más ruido que el necesario, Oliver lleva una caja de cartón a su coche. Se limpia el sudor de la frente y ora (de nuevo) por la protección de Dios durante las próximas horas. La caja está llena de biblias en árabe. Cuidadosamente, las esconde debajo de los asientos, esperando que nadie lo note en caso de que se cruce con un control policial. Se trata de una misión peligrosa. Oliver vive en uno de los países de la Península Arábiga donde está estrictamente prohibido intentar convertir a los musulmanes al cristianismo. La distribución de biblias es ilegal y Oliver podría acabar deportado o incluso encarcelado.  El peligro no impide que Oliver extienda la Palabra. De ninguna manera. Sólo piensa en compartirla, aunque le pueda costar la vida. Es el amor por la Palabra de Dios lo que lo impulsa. En los años que ha estado sirviendo al Señor en este país, ha visto su tremendo poder de transformación. Ha visto ocurrir muchísimos milagros cuando los musulmanes empiezan a leer la Biblia.  Han pasado cuatro meses. Esta vez es a plena luz del día. Es la primera vez que Oliver regresa al mismo pueblo después de su expedición nocturna en aquel día caluroso. Ha estado orando por la gente de ese pueblo todos los días. Hoy no traerá ninguna Biblia. No. Hoy le toca a Dios trabajar y mostrarle a Oliver cómo ha usado las Biblias que él trajo.  Al llegar a la plaza, Oliver pide una taza de té entre un grupo de hombres locales que se está tomando el descanso de la tarde. “No eres de aquí, ¿verdad?”, dice el camarero en árabe. Oliver se apresura a admitir que en realidad es extranjero.  La siguiente pregunta es siempre la misma, en esta cultura dominada por el islam. “Entonces, ¿eres musulmán?”. La mayoría de la gente aquí sólo conoce a musulmanes, muchos nunca han conocido a nadie que crea en otra cosa. “No, no lo soy. Soy cristiano”, responde Oliver.  Uno de los hombres en la tetería responde: “¿cristiano dices? ¿Puedes explicar algo sobre la Biblia?”.  El mismo hombre comparte que hace unos meses encontró una Biblia en su puerta y que ha estado leyéndola desde entonces. Pero no lo entiende todo. Oliver: “No tengo una Biblia conmigo”, responde. “Pero si quisiera traer la suya, estaré encantado de estudiarla con usted”.  Este es el momento donde Dios le muestra que su palabra no vuelve vacía[3].  En nuestro contexto también nos damos y daremos cuenta que es verdad que la palabra de Dios no vuelve vacía.

  En un mensaje de Dios a los israelitas por medio del profeta Isaías, les dice: “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, / así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:10,11).  ¿Cómo es posible esta declaración de Dios de que la palabra que sale de su boca no vuelve a él vacía, sino que hace todo lo que él quiere?  En este mensaje, voy a compartirles algunas razones por las que la palabra de Dios que en la actualidad tenemos en la Biblia, cada vez que está en contacto con un ser humano no vuelve vacía a Dios quien habla mediante ella, sino que cumple su objetivo para con el humano.

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   La primera razón por la que la Biblia es palabra de Dios que no vuelve vacía, es porque:

I.- CON SOLO LEERLA, AUNQUE TODAVÍA NO SEA ENTENDIDA ESTARÁ GUIANDO A SU LECTOR HACIA LA FE SALVADORA EN CRISTO.

   Hay una historia en el libro de los Hechos de los Apóstoles que nos presenta esta realidad.  Se trata de un “un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes” (Hechos 8:27).  No era un descendiente de Abraham, por lo que ni en número, ni de ninguna otra manera era parte del pueblo de Dios.  Su cultura etíope no le enseñaba del Dios de los israelitas, pero se ve que este hombre había tenido el interés de investigar no sé si hasta de los dioses de otras naciones y religiones, pero en el marco de la narración que San Lucas nos presenta, este etíope ya estaba convencido del Dios de Israel el único Dios vivo y verdadero, pues dice su historia que: “había venido a Jerusalén para adorar” (Hechos 8:27).  Lo interesante del caso es que no sé de dónde lo obtuvo, si desde Etiopía o si en Jerusalén durante su estancia para adorar, pero ahora que ya estaba de regreso a Etiopía (cf. v. 28a), traía con él tampoco sé si todo un rollo del libro del profeta Isaías o si solamente una fracción de tan grandísimo rollo, lo cual venía leyendo aun cuando no entendía lo que esto significaba.

   El relato nos dice que el evangelista Felipe recibió instrucción del Espíritu Santo de Dios para que se acercara al carro en el que este hombre viajaba de regreso a su tierra.  Pronto Felipe y el etíope se encontraban conversando, y en la conversación surge la pregunta de Felipe: “¿Entiendes lo que lees?” (Hechos 8:30b).  La respuesta fue no menos importante que la pregunta, pues el etíope le dijo al evangelista: “¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él” (Hechos 8:31).  Lo que observamos en la historia es que el etíope simplemente estaba leyendo, pero mientras leía, Dios estaba produciendo en él un interés genuino y salvador por la verdad. Es verdad que ni siquiera estaba entendiendo la sagrada lectura, pero el Espíritu Santo de Dios, estaba operando en él para que tuviese un mejor entendimiento de la lectura.  Dios le envió al evangelista Felipe, y muy pronto este hombre estaba entendiendo la verdad esencial de toda la Escritura, y expresó creer en el Cristo de la palabra de Dios.

   Amados hermanos, esta iglesia en conjunto con nuestras congregaciones y misiones, tenemos el proyecto de entregar por lo menos 500 biblias en 500 hogares donde sus integrantes no tienen una biblia, donde quizá nunca en su vida se interesarán en comprarse una, pero en realidad la necesitan.  Quizá alguien diga que es un desperdicio de dinero y de esfuerzo, que nadie la va a leer, y que si la leen no lo van a entender.  Usted no se preocupe.  Dios sabe usar su propia palabra.  Él por medio de su Espíritu como lo hizo con el etíope sabrá dar el resultado de nuestro trabajo de llevar su palabra a toda criatura.  Como lo hizo con Felipe, sabrá a quién enviar para que dicha palabra sea entendida, creída, y obedecida en esos hogares.  No dude usted en donar desde una hasta cinco o más biblias.  La gente necesita la palabra de Dios en su hogar.  Usted puede ser el medio que Dios usará para que su palabra sea conocida en un hogar por toda una familia.

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   La segunda razón por la que la Biblia es palabra de Dios que no vuelve vacía, es porque:

II.- ES PODEROSA PARA TRANSFORMAR LA VIDA DE UNA PERSONA POR MÁS COMPLICADA QUE ESTA SEA.

   En una reflexión llamada “El hechizo”, publicada en el portal de radio en internet denominado “Radio Cristiana CVCLAVOZ”, se relata que “Un indígena acudió muy afligido a un misionero, porque su perro había devorado algunas hojas de una Biblia que le había sido regalada pocos días antes por la misión.   – No se preocupe tanto por la pérdida de una Biblia – le replicó el misionero- pues fácilmente podemos conseguirle otra.   – No es eso – respondió el aborigen- No se trata del libro, sino de mi perro que era un magnífico cazador. Ahora, ¿cómo voy a dar de comer a mi familia?  – ¿Qué quiere decir? – preguntó intrigado el misionero.   – Se lo explicaré- dijo el indígena. Yo he visto muchos casos de gente que ha venido a la misión y por el hechizo de este libro, los que antes eran guerreros y pendencieros se han vuelto mansos como corderos, y ya no quieren pelear ni matar a nadie. Si mi perro ha caído bajo el hechizo de este libro se volverá también manso y, ¿cómo voy a hacer para atrapar la caza?  El misionero le explicó que el “hechizo” no consiste en comer, sino en creer y aceptar las enseñanzas del Sagrado libro.  Si bien es cierto que no se trata de ningún “hechizo”, el argumento de este nativo y su declaración de lo que había visto en otros, nos muestra que la Palabra de Dios tiene poder cuando es aceptada y se busca obedecerla con humildad[4].

  De nuestra historia bíblica del libro de los Hechos de los Apóstoles, como ya mencioné en el punto anterior, surge la pregunta: ¿cómo un hombre que vive en medio de personas de toda una nación pagana e idólatra como lo era Etiopía, pudo pensar en “adorar” al único Dios vivo y verdadero? (cf. Hechos 8:27).  En los tiempos bíblicos, eso solamente ocurría cuando uno ha tenido algún contacto con la palabra revelada de Dios hablada ya sea por medio de un profeta u apóstol de los tiempos bíblicos, o por medio de un rollo o pergamino de las Sagradas Escrituras, o por medio de una visión o sueño especial y personalizado.  Lo mismo ocurrió con los magos de oriente que cuando hubo nacido Jesús vinieron en busca de él, diciendo que “su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle” (Mateo 22:2). ¿Cómo supieron de “su estrella”?  Sin duda que en los lugares lejanos de donde ellos venían, alguna vez llegó ya sea por tradición oral o mediante copias de los escritos de Moisés una pequeña frase profética que dice: “Saldrá estrella de Jacob” (Números 24:17), pequeña pero poderosa frase que cambió la vida de aquellos personajes y los hizo viajar miles de kilómetros para venir a adorar y traer sus presentes a Jesús el Hijo de Dios cuando humanamente era un recién nacido.  San Pablo, un bravucón que perseguía a los discípulos de Jesús para encarcelarlos e incluso para procurar su muerte, pero en un encuentro con Jesús donde inicialmente tras escuchar solamente breves palabras salidas de la boca de Jesús que personalizadamente le dijeron: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9:4), y tras escuchar Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón” (Hechos 9:5b), fue suficiente para dejar de hacer su propia voluntad y comenzar a hacer la de Jesús, pues desde ese preciso momento le dijo a Jesús: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hechos 9:6a).  Por más complicada que sea la vida depravada del ser humano, la palabra de Dios es poderosa para rectificarla.

   Amados hermanos, la Biblia es la palabra de Dios que no vuelve vacía, donde quiera que sea leída, predicada, enseñada, memorizada, etc… siempre producirá resultados para la gloria de Dios.  Incluso en este culto, la Palabra de Dios que leímos y escuchamos directamente del texto bíblico, producirá en cada uno de nosotros algún resultado favorable y personalizado para nuestra vida.  Incluso esta predicación no volverá vacía sino que hará en usted lo que Dios quiere que su palabra realice, y esto no depende de mí que soy solamente un humilde predicador, sino que depende de Dios quien dice: “… mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isaías 55:11).  Por eso insisto, es importante que leamos la palabra de Dios no solo en el culto sino también en nuestras casas solos o con la familia, es importante escuchar la predicación de la palabra de Dios, y vale la pena que usted haga su aportación para adquirir Biblias para distribuir en los 500 hogares de los alrededores de nuestras congregaciones.

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   La tercera razón por la que la Biblia es palabra de Dios que no vuelve vacía, es porque:

III.- LIMPIA EL CORAZÓN DEL SER HUMANO POR MÁS PECAMINOSO QUE ESTE SEA.

   La noche durante la última cena de pascua de Jesús y sus discípulos, fue una de las noches en las que aprovechó reiterarles las enseñanzas que les compartió a lo largo de aproximadamente tres años y medio.  Era algo así como una reunión de graduación.  Entre su discurso dirigido a ellos, Jesús dijo entre otras enseñanzas: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Jan 15:3).  Esta frase de Jesús es muy reveladora en cuanto al efecto de toda palabra que sale de la boca de Dios.  Jesús es la boca de Dios con la cual se pronunciaron palabras divinas y de salvación eterna jamás antes escuchadas por la humanidad.  Jesús les afirma que el efecto de la palabra que les había estado hablando les había limpiado.  No se refería a limpieza del cuerpo o de los pies, pues eso lo harían con agua y jabón, y a propósito de limpieza del cuerpo, esa misma noche tuvieron que lavarse con agua los pies que traían bastante sucios, pero lo que no podían lavar con agua era sus corazones, pues solamente la Palabra de Dios podía limpiárselos.  Es en el corazón donde la palabra de Dios hace una limpieza de lo pecaminoso. Jesús les dijo que ese efecto limpiador de la palabra de Dios que él les había hablado, estaba ocurriendo en ellos.  Estaban siendo limpiados, es más ya estaban limpios por la palabra de Dios que Jesús les había hablado.

   En el Salmo 119, quien haya tenido la inspiración de escribirlo, hace en el salmo una reflexión expresada en una pregunta que hace a Dios, diciendo: “¿Con qué limpiará el joven su camino?” (Salmo 119:11a).  Sin rodeos sino de manera contundente, en pocas palabras da la respuesta diciendo: “Con guardar tu palabra” (Salmo 119:11b).  Pero la palabra de Dios no hace su efecto solamente en jóvenes, sino en toda persona sin importar su edad.  Es posible que en su reflexión el salmista estaba pensando en las rebeldías que ensucian la integridad de un joven que sin duda la palabra de Dios tiene el poder de limpiarle, pero también puede ser una realidad en personas de cualquier edad cuando aceptan y viven obedientemente la palabra de Dios.  Usted, ¿desea ser limpiado de todo aquello que perjudica su vida personal, espiritual, familiar, etc…?  Solamente la palabra de Dios puede hacerlo en usted.

   El día de hoy tenemos registradas en la Biblia (Palabra antes hablada, ahora escrita), las palabras de y acerca de Jesús.  En todo el Antiguo Testamento, la parte más grande de la Biblia también presenta a Jesús.  Por eso a los judíos que le criticaban les dijo: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).  De manera específica en los evangelios del Nuevo Testamento, pero también en la historia de los Hechos de los Apóstoles, en las epístolas apostólicas, y en el apocalipsis se habla del mismo Jesús.  Amados hermanos, la Biblia entera trata de Jesús la Boca de Dios quien con su palabra y obra redentora limpia el corazón humano.  Cada palabra de él o acerca de él, que es leída, escuchada, creída, aceptada, y obedecida trae limpieza al corazón, de tal manera que no perdemos el tiempo, sino que lo estamos aprovechando cada vez que nos acercamos a la Biblia. Es por eso que podemos afirmar que la palabra de Dios no vuelve a Él vacía, sino que hace lo que él quiere para limpiar el corazón del humano pecador.   Dejemos que la palabra de Dios limpie el pecado que pesa sobre nuestra vida.

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   CONCLUSIÓN: Para terminar, amados hermanos, hemos recordado que la palabra de Dios no es palabra incapaz sino poderosa que cumple la voluntad de Dios en la vida de los seres humanos, transformando su manera presente de vivir enseñándoles eficazmente a glorificar a Dios; y que esa misma poderosa palabra de Dios es la única guía eficaz para conducir a los pecadores al conocimiento de la salvación y vida eterna que podemos obtener en Cristo Jesús. Por tal verdad y realidad con respecto a la palabra de Dios, debemos procurar leerla y aprenderla, así como proclamarla a los que no saben de su valor e importancia.

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[1] Oliver* : El nombre verdadero se ocultó por motivos de seguridad

[2] Puertas Abiertas, es una organización que fue fundada por el Hermano Andrés en 1955, conocido como El Contrabandista de Dios que introdujo miles de Biblias a países donde estaba prohibido leerla. Puertas Abiertas tiene su sede internacional en Holanda, y se dedica a servir a los cristianos que son perseguidos. Cuentan con más de 20 oficinas alrededor del mundo y actualmente trabajan en 60 países. Leer más en: https://www.puertasabiertas.org/visitanos/quienes-somos/organizacion/

[3] http://impactoevangelistico.net/noticia/7965-reparten-biblias-puertas-hogares-musulmanes

[4] http://cvclavoz.com/cvc-devocionales/el-hechizo/

   

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