LA PALABRA DE DIOS COMO SEMILLA DEL EVANGELIO, Por: Diego Teh.

LA PALABRA DE DIOS COMO SEMILLA DEL EVANGELIO

Salmo 126:1-6; Marcos 4:14-20.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, Mérida, Yucatán; el día domingo 20 de agosto 2017, en el culto de las 11:00 horas.

.

   INTRODUCCIÓN: Con respecto a la parábola de El Buen Sembrador que hemos leído en Marcos 4:14-20, gracias al evangelio según San Lucas podemos saber que “La semilla es la palabra de Dios” (Lucas 8:11), lo cual san Marcos no precisa mucho, pues su enfoque es describir más al sembrador y no a la semilla, pues en su caso dice: “El sembrador es el que siembra la palabra” (Marcos 4:14), palabra que obviamente se refiere a la palabra de Dios que es representada por la semilla que “el sembrador salió a sembrar” (Marcos 4:3).  Esta parábola fue inicialmente expuesta por Jesús ante mucha gente (cf. Marcos 4:1) las cuales no sabemos cuántos de ellos respondieron con arrepentimiento; pero luego, de manera literal y con profundas reflexiones Jesús explicó esta parábola a sus discípulos y a la gente que demostraba interés por aprender las lecciones del evangelio de Jesús (cf. Marcos 4:10).  Por eso, podemos concluir que dicha parábola ya explicada es más no para oyentes desinteresados de las verdades del evangelio, sino para oyentes que han aceptado ser discípulos comprometidos con la misión de Jesús.

   Por eso, en este mensaje les voy a predicar lo siguiente: Que los que somos discípulos de Jesucristo debemos tomar en cuenta las consideraciones acerca de la palabra de Dios que es simbolizada en esta parábola como “la semilla”.  / ¿Cuáles son las consideraciones que debemos tomar en cuenta acerca de la palabra de Dios como semilla del evangelio?  / En este mensaje quiero presentarles tres consideraciones, que voy a presentarles de manera invertida comenzando con el versículo 8, luego con los versículos 4 al 7, y finalmente con el versículo 3.

.

   La primera consideración con respecto a la palabra de Dios como semilla del evangelio, es:

I.- QUE ES ALTAMENTE PRODUCTIVA EN CORAZONES RECEPTIVOS.

   De todas las semillas, o sea de toda la palabra de Dios que cayó en diversas tierras, relata Jesús mismo que la que “… cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno” (Marcos 4:8).  Aunque nunca sabremos anticipadamente cómo son los corazones de quienes recibirán la palabra de Dios, semilla del evangelio, cuando la semilla es sembrada en el corazón receptivo, el fruto que se producirá en él será grandemente visible, aunque tratándose siempre de un corazón humano pecaminoso, siempre habrá varianza entre un corazón y el otro en cuanto al porcentaje de frutos.  Esto no es porque la palabra de Dios no sea eficaz, sino porque el pecado siempre presente en el corazón humano aun de los creyentes, limita la producción de los frutos divinos que Dios está esperando.  Pero, donde sea que se siembre la semilla del evangelio, habrá frutos del poder de Dios. Si es que no hay frutos, es muy probable porque la semilla no está siendo sembrada.

   Quizá ustedes han escuchado hablar del misionero Hudson Taylor, cuya historia comienza de la siguiente manera: James Taylor (su padre) tenía una farmacia en Yorkshire, Inglaterra.  A principios de 1832 él se arrodilló en la parte trasera de su tienda al lado de Amelia su esposa embarazada, y oró: “Amado Dios, si tú nos das un hijo, permite Señor que trabaje para ti en China”. Unos pocos meses después, Dios les dio un hijo y le llamaron James Hudson Taylor.  Aunque sus padres por años no le dijeron nada sobre la oración que hicieron por él, de niño Hudson decía a menudo: “Cuando sea un hombre, quiero ser un misionero e ir a China”. (…) se embarcó para China a la edad de veintiún años.  En ese tiempo fueron bautizados trescientos cincuenta creyentes chinos.  Durante su primer término contrajo matrimonio y realizó varios viajes evangelísticos en el interior de China, pero se vio obligado a regresar a Inglaterra por motivos de enfermedad.  Al recuperar su salud sintió una gran carga por los millones que habían en el interior de China. (…) Inicialmente Hudson oró por veinticuatro trabajadores, dos para cada provincia a las que todavía no había llegado ningún misionero en China.  Los primeros quince se embarcaron en mayo de 1866, y para 1882 la Misión en el Interior de China contaba con trabajadores en cada provincia.  Para 1895 tenía seiscientos cuarenta y un misioneros y para 1914 era la mayor organización misionera, llegando a su cifra máxima en 1934, a mil trescientos sesenta y ocho misioneros.  Para entonces ya había quinientos mil creyentes bautizados en China, pero estalló la guerra civil entre los chinos nacionalistas y los comunistas.  Los dos enemigos unieron fuerzas para luchar en contra de Japón, pero concluida la guerra volvieron a pelear los unos contra los otros.  Para septiembre de 1949 los chinos comunistas habían ganado, y los nacionalistas se retiraron a la isla de Taiwán.  Los últimos trabajadores de la Misión en el Interior de China salieron de China el 20 de julio de 1953, dejando tras de sí cerca de un millón de cristianos. Las primeras dos décadas bajo el comunismo fueron unas de intensa persecución.  En reacción, la iglesia se tornó clandestina, y muchos cristianos dejaron de asistir a los lugares de adoración.  Sin embargo, para 1980 había un millón de creyentes. Desde principios de la década de 1980, el crecimiento de la iglesia en China no tiene paralelo en la historia.  Se estima que para el año 2000 había aproximadamente setenta y cinco millones de cristianos.  La iglesia del Señor Jesucristo en China es más numerosa que el partido comunista. La semilla sembrada tanto por los misioneros de la Misión en el Interior de China, como de otras misiones dio fruto al mil por ciento.  A pesar de todo, Dios decidió remover a los misioneros antes de la siega, y así sólo Él recibir la gloria[1], pues los resultados al mil por ciento, después de todo no dependieron de poder alguno de los misioneros ni de los mismos cristianos en general, sino de la misma semilla de la palabra de Dios que fue sembrada.

   Amados hermanos, la iglesia El Divino Salvador, no debe quedarse como ahora se encuentra desde hace varios años con un número estancado de creyentes.  Para que haya un incremento de personas convertidas a Jesucristo y su evangelio, es necesario que haya en cada uno de nosotros la responsabilidad y hábito de sembrar la semilla del evangelio, que por su naturaleza divina muy pronto estará reflejando resultados en la vida espiritual de cada creyente, pero también en la cantidad de personas que se estarán congregando para adorar y servir a Dios nuestro Padre celestial.

.

   La segunda consideración con respecto a la palabra de Dios como semilla del evangelio, es:

II.- QUE DEBE SER SEMBRADO EN TODO TIPO DE CORAZONES.

   Hay que tomar en cuenta que sembrar la palabra no es lo mismo que sembrar semillas de maíz en la milpa del campesino.  El campesino al momento de estar sembrando puede ver las áreas que son pedregosas, las áreas donde por alguna razón quedaron montones de ramas que no se lograron quemar en su momento, y sabe que no puede sembrar sobre o entre ellas porque es improbable o poco probable que la semilla pueda germinar o que habiendo germinado pueda crecer.  Pero, en el caso de la siembra de la semilla del evangelio que es la palabra de Dios, el sembrador de la palabra de Dios no puede mirar la condición receptiva o irreceptiva de los corazones humanos, no puede evitar dejar la semilla en cada corazón.   Es por eso que, en su parábola de el sembrador, Jesús enfatiza que al sembrar la semilla que es la palabra de Dios (cf. Lucas 8:11): “…aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron. / Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra. / Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. / Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. / Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció, y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno” (Marcos 4:4-8).  No hubo selección de corazones o tipo de corazones.  La palabra de Dios, semilla del evangelio tiene que ser sembrada en todo corazón o tipo de terreno, aunque será solamente germinará, crecerá, y producirá el o los resultados esperados en los corazones que permitan a la palabra de Dios producir los frutos del plan salvador de Dios.

   En este punto veo necesario recurrir a manera de ilustración a la parábola del trigo y la cizaña, la cual es una parábola complementaria de la parábola del sembrador, pues esta parábola dice que: “El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; /pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. / Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña” (Mateo 13:24-26).  Nunca sabe uno qué otras semillas que no son del evangelio han sido antes sembradas o están siendo sembradas en los corazones de las personas, por lo que hace urgente insistir en la siembra de la semilla del evangelio la cual “es poder de Dios para salvación” (cf. Romanos 1:16).

   Amados hermanos, no se preocupen si sembrando la semilla del evangelio les dan la espalda por las personas a quienes están entregando el mensaje de Dios; no se preocupen si alguna vez les cierran la puerta de una casa frente a ustedes, o si les reciben solamente por la rendija de la puerta o la ventana.  Por más duro que sea el corazón de una persona, es cuando más necesita el evangelio de Dios para que su vida espiritual muerta y perdida pueda ser transformada a una vida que es verdaderamente vida de Dios que vale la pena experimentar.  Entreguen un folleto que contenga versículos de la palabra de Dios; o reciten y expliquen sabiamente frases o textos completos de la palabra de Dios a las personas con quienes suelen conversar; o regalen un nuevo testamento o toda una biblia a alguien que sin darse cuenta lo necesita para su vida personal y para la vida de su familia entera.  Eso sí, usted no sabe cómo responderá el corazón espiritual de tal persona, pero en cuanto caiga en manos de una persona cuyo corazón sea receptivo al santo evangelio, usted habrá contribuido a alcanzar por lo menos a una persona para la salvación eterna.

.

   La tercera consideración con respecto a la palabra de Dios como semilla del evangelio, es:

III.- QUE NECESITA DE SEMBRADORES DEDICADOS A LA SIEMBRA.

   Una de las primeras cuestiones que Jesús menciona en la parábola es: “He aquí, el sembrador salió a sembrar;” (Marcos 4:3).  Entonces, se trata de una semilla que requiere de sembradores, y que cada sembrador debe siempre andar con semillas suficientes para sembrarlas; y déjenme anticiparles que cada uno de nosotros es o debería ser un sembrador de la palabra de Dios la semilla del evangelio.

   Para explicar esto, voy a recordarles que en la Gran Comisión en la que Jesús les encarga una misión importante a sus primeros discípulos, les dice: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; / enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:19,20); es notable que parte de esa tarea de hacer discípulos, consiste en enseñar que guarden todas las cosas que él les había mandado, lo cual significa que las palabras de Jesús que son la vida de la semilla del evangelio, tiene que ser sembrado.

   Amados hermanos, en la actualidad los sembradores somos cada uno de la que hemos aceptado el llamamiento para salvación y proclamación del evangelio que ha cambiado el destino antes horroroso al destino glorioso y eterno de salvación.  Somos los llamados a sembrar la palabra de Dios y palabras de su hijo Jesucristo, la semilla del evangelio que ahora tenemos en nuestras manos por medio de la palabra escrita de Dios reveladas en las Sagradas Escrituras.  Sea usted un sembrador no como los campesinos que siembran una o máximo dos temporadas al año, sino sea usted un sembrador dedicado a sembrar los 365 días del año.  Consiga un folleto, una biblia, o memorice la palabra de Dios y compártala.  Es más, usted puede llevar consigo su propia biblia al momento de compartirla.  Sea usted un sembrador de la semilla del evangelio.

.

   CONCLUSIÓN:    Amados hermanos, recientemente prediqué aquí con ustedes el texto de Isaías 55:11 en el que Dios mismo decía: “…mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”.  Pronto estaremos comprobando nuevamente que es verdad que la palabra de Dios no vuelve vacía.  Y en nuestro texto bíblico de este mensaje aprendimos que Dios dará resultados no mínimos sino abundantes si como iglesia sembramos la semilla del evangelio. Nuestra única responsabilidad será solamente sembrar la semilla que es la palabra de Dios.  Solamente hagamos como dice el antiguo himno: “Sembraré la simiente preciosa del glorioso Evangelio de amor.  Sembraré, sembraré mientras viva.  Dejaré el resultado al Señor. / Sembraré en corazones sensibles la doctrina del Dios del perdón. Sembraré, sembraré mientras viva.  Dejaré el resultado al Señor.  / Sembraré en corazones de mármol la bendita palabra de Dios.  Sembraré, sembraré mientras viva.  Dejaré el resultado al Señor”[2].

———————————————

[1] http://radioiglesia.com/reflexiones/1285-plantando-la-semilla-del-evangelio

[2] http://www.himnosevangelicos.com/showhymn.php?hymnid=329

   

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.