IDENTIFICA SI ERES APÁTICO, Por: Diego Teh.

IDENTIFICA SI ERES APÁTICO

Amós 6:1-6.

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Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Luz de Vida” de la col. Bojórquez, de Mérida, Yucatán; el domingo 10 de septiembre 2017, a las 18:00 horas.

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    INTRODUCCIÓN:  A ver si adivinan de qué se trata. Suele andar con los cristianos cuando vamos a los cultos. No es alguien de tu familia, es más no se trata de un ser humano, sino de un problema espiritual.  Es la responsable de estar bostezando mientras está la predicación porque a ti no te parece interesante; es la responsable de hacer que tengas falsas ganas de ir al baño, y de salir a tomar agua no porque de verdad tienes sed sino solamente para no que no permanezcas en el culto; es la responsable de hacerte entrar y salir a cada rato durante el culto o durante la predicación, porque ni quieres adorar, ni quieres escuchar lo que la palabra de Dios tiene para ti; es la responsable de hacerte mirar el reloj para calcular si ya mero termina el culto o si falta mucho, porque ya no te interesa estar en el culto; también es la responsable de no permitir a algunos el esperar un poquito más de tiempo para escuchar los avisos acerca de las actividades en las que todos podemos participar o apoyar durante la semana o en fechas próximas. La responsable de todo esto y de mucho más es un problema espiritual, ¿Cómo se llamará este problema espiritual?  Correcto: Apatía.  Y si existe este problema espiritual, entonces ¿cómo se les llamará a las personas que tienen este problema espiritual?  Correcto: Se les llama apáticos.  Pero, ¿cómo podría definirse: Apatía?  Aristóteles, filósofo del siglo IV a.C. (384 a. C. – 322 a. C.), usaba esta palabra para describir a una persona “sin sentimiento”. Los estoicos, contemporáneos del ministerio de Jesús y de los apóstoles, en realidad hasta más de un siglo después de ellos (del siglo III a. C. hasta finales del siglo II d. C) también usaban esta palabra en su doctrina filosófica para expresar lo que ellos consideraban era una virtud que consiste en estar libre de experiencias que causen emoción.  Una definición no de diccionario, sino práctica y actual, es que la apatía es el estado mental de uno que es insensible y sin emoción: es una falta de interés; es una condición decaída; es indiferencia, aburrimiento, tibieza, pereza, despreocupación e indolencia.    En realidad, hay apáticos en todas partes, pues pueden estar presentes en la casa, en la escuela, en el trabajo, y hasta en las iglesias. ¿Conoce usted a alguien que posee algunas, muchas, todas, o hasta más de estas manifestaciones de apatía con relación a los deberes que los hijos de Dios tenemos para con él?  Ojalá que usted no sea uno de ellos, porque al parecer, por ejemplo, el lugar donde es más fácil ser apático es en las iglesias donde también, por ejemplo, muchos llegan siempre mucho más tarde de la hora de inicio y no les preocupa (eso es apatía), pero en la escuela o en el trabajo procuran ser puntuales porque allí podría haber alguna sanción.

   Según nuestra lectura bíblica, el profeta Amós, en uno de sus mensajes anunciados a los israelitas de su tiempo, les advirtió acerca de sus autoridades, diciéndoles: “Ay de los reposados en Sion, y de los confiados en el monte de Samaria” (Amós 6:1).  A los apáticos les llama “reposados”, y “confiados”, lo cual es una actitud impropia especialmente para una persona que tiene responsabilidades que les han sido delegadas y que tiene el deber de cumplirlas para el bien común, pero no las hace; sigue reposando y sigue confiando de que si algo no se hace no pasa nada, o que, si algo se hace mal no importa porque no pasa nada.  Al fin y al cabo, pase lo que pase nada les importa.  Pero el mensaje de Amós a los israelitas, obsérvenlo bien en la primera palabra de dos letras en el versículo uno, comienza con la palabra “Ay”; y en la biblia cuando se menciona esta palabra “ay”, es que alguien o algo está funcionando mal, y en este caso se trata de los apáticos.  Pero también cuando en la biblia se menciona la palabra “ay” sobre cualquier conducta inapropiada es que la o las personas implicadas en un mal proceder están inevitablemente a punto de cosechar las terribles consecuencias de su conducta, a menos que se arrepientan de su proceder.  Por eso los cristianos no deberíamos caer en el problema de la apatía.

   Basado en Amós capítulo 6, pero solamente en parte del mensaje que el profeta Amós comunicó a los israelitas acerca de los “reposados” y “confiados”, o sea la gente apática, les voy a compartir que una persona apática se reconoce por sus características singulares.  / ¿Cuáles son las características singulares por las que se puede reconocer a una persona apática? / Especialmente por medio de Amós 6:1-6 les voy a exponer algunas de sus características singulares.

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   La primera característica singular que identifica a una persona apática, es:

I.- QUE NO LE INTERESA NI SIQUIERA CONSERVAR SUS LOGROS.

  Después de advertirles con un “ay”, lo que les podría suceder, Amós hace una invitación a sus oyentes a darse un tour o paseo educativo en la historia primigenia, específicamente en algunas ciudades que antes fueron grandes ciudades, pero que en algún momento de su historia cayeron en la apatía o desinterés en mantener su supremacía, y entonces sufrieron el ser derrotados por otras ciudades que estaban fortaleciendo su visión de ser conquistadores.  Amós en la invitación al tour educativo, les dice: Pasad a Calne, y mirad; y de allí id a la gran Hamat; descended luego a Gat de los filisteos; ved si son aquellos reinos mejores que estos reinos, si su extensión es mayor que la vuestra,” (Amós 6:2). ¿Qué es lo que el profeta les quiere demostrar con esta instrucción?  Que aquellas ciudades-reino que antes fueron importantes por tener entre ellas a importantes y diestros guerreros, siempre fueron grandes conquistadores de nuevos territorios, pero al paso del tiempo por confiarse en que son los más poderosos fueron perdiendo sus territorios, y aun sus propias ciudades fueron reducidas en extensión porque ellos se convirtieron en apáticos sin hacer algo a favor de sus respectivos reinos que habían construido.

   Calne, era nada menos que la antigua ciudad-reino fundada por Nimrod, bisnieto de Noé, vigoroso cazador, fundador de ciudades como Babel, Erec, Acad, Nínive, Rehobot, Cala, y Resén (cf. Génesis 10:9-12); pero en la época de Amós, ¿dónde estaba Calne? Había desaparecido del mapa desde tiempos más antiguos.  Calne y sus ciudades hermanas solamente se sostuvieron crecientes mientras tuvo un líder que las supo mantener en el progreso, pero cuando muere y el liderazgo pasó en manos de otros que por su apatía no les importó lo que pudiera suceder, entonces comenzaron a perder sus logros.  Hamat, según el diccionario bíblico adventista, fue una ciudad con la que el rey David vivió una relación amistosa (2 Samuel 8:9,10; 1 Crónicas 18:3, 9, 10), pero Salomón parece haber ocupado parte de su territorio, porque construyó ciudades allí (2 Crónicas 8:4). Sin embargo, debió haber reconquistado su independencia con el fin del reinado de Salomón, porque en el tiempos de Acab rey de Israel se unió con otros estados sirios y palestinos en su lucha contra Asiria[1]. Algunos años más tarde todavía tenía mucha influencia, porque Amós la llamó “la gran Hamat” (Amós 6:2), pero eso había sido en el pasado.  Pero ahora, en la época de Amós, Jeroboam II de Israel[2], estaba recuperando la ciudad de Hamat para su reino (2 Reyes 14:28), sin embargo, ya había perdido su tiempo glorioso porque sus representantes perdieron su visión y no les importó si perdían lo que habían conquistado[3].  Todavía existe en la actualidad como una de las ciudades supervivientes más antiguas de la humanidad como a dos horas de Damasco rumbo a Alepo[4] en Siria, pero nunca más fue “la gran Hamat”.  Su caso es uno de los mejores ejemplos, de cómo tantas veces los representantes de una comunidad caigan en la apatía, poco a poco, o en un abrir y cerrar de ojos perderán lo mucho o aun lo poco que hayan logrado.  Gat, fue una de las cinco grandes ciudades de los filisteos[5]. Los israelitas conocieron esta ciudad cuando Josué dirigió la conquista de la tierra prometida, era una ciudad donde vivían muchos gigantes de donde 400 años después surgió el gigante Goliat que fue enfrentado por David (Josué 11:22; 1 Samuel 17:4,23).   Eran poderosos. Por mucho tiempo fue la capital de otras cinco ciudades que conformaron su imperio[6].  Cuando David llegó al trono, conquistó Gat (1 Crónicas 18:1), y su nieto Roboam la fortificó (2 Crónicas 11:8).  Luego, Hazael rey de Damasco la tomó cuando Joás era rey de Judá (2 Reyes 12:17), pero tiempo después el rey Uzías de Judá la reconquistó y destruyó su muro (2 Crónicas 26:3,6).  Desde ese tiempo en adelante no se la menciona más entre las ciudades filisteas[7].  Amós fue testigo de todo esto porque desempeñó su ministerio en tiempos de Uzías rey de Judá; y por eso les invita a darse cuenta de lo que puede pasar cuando llega la apatía en los que tienen el gobierno de una asociación de personas sea grande o pequeña. Por su apatía fueron perdiendo el territorio que ellos tenían.  Desde luego que Dios estaba soberanamente dirigiendo sus destinos.  Así es como Amós quería que se dieran cuenta mediante la experiencia histórica de aquellos antiguos reinos, que cuando los líderes se vuelven apáticos, ya no les interesa ni siquiera el conservar sus propios logros.  Por eso les dice: ved si son aquellos reinos mejores que estos reinos, si su extensión es mayor que la vuestra,” (Amós 6:2).

   Amados hermanos, aquí en esta congregación Luz de Vida, debemos luchar contra la apatía que muchas veces suele aparecer en nosotros.  Cuando usted se dé cuenta que las cosas no están marchando bien, y que podría conducir al fracaso de un proyecto, al decaimiento de la vida general de esta amada iglesia de Jesucristo, NO SE QUEDE APÁTICO.  Jesús no está de acuerdo con la apatía de los que hemos aceptado ser sus seguidores, pues tampoco es digno ser apático como creyente de un Dios y Salvador que se preocupó por nosotros para librarnos de nuestra antes segura condenación.  Solamente los apáticos dejan que se deterioren, se destruyan, o fracasen los mismos proyectos que a ellos mismos les pertenecen.

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   La segunda característica singular que identifica a una persona apática, es:

II.- QUE NO LE INTERESA SI SU APATÍA PRODUCE PROBLEMAS.

   Salomón, en el libro de los proverbios cuando a cierto perezoso, expone la excelente responsabilidad de las hormigas, le dice: “Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? / Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; / Así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado” (Proverbios 6:9-11).  Esta ilustración comparativa entre la hormiga trabajadora e incansable, explica lo que en nuestra experiencia podemos comprobar que es verdad.  Al perezoso y dormilón no le importa el trabajo, pero pronto llega su necesidad y pobreza.  Acuéstese usted a perder un día, o muchos días sin trabajar, y verá si no pronto se va usted a ver en necesidad y hambre si tener dinero para comprar su propio alimento.  La apatía manifestada como pereza o de cualquier otro modo, no trae nada bueno, sino todo lo contrario: Trae desgracia.  Por eso, el profeta Amós le dice a estos reposados, flojos, decaídos, indiferentes, tibios, perezosos, despreocupados, e indolentes judíos e israelitas: “oh vosotros que dilatáis el día malo, y acercáis la silla de iniquidad” (Amós 6:3).  La NVI que es más clara al traducir estas mismas palabras del profeta Amós, dice: “Ustedes creen alejar el día de la desgracia, pero están acercando el imperio de la violencia” (Amós 6:3; NVI).  Es por eso que, desde el inicio de su mensaje a ellos, les dice: “Ay de los reposados en Sion, y de los confiados en el monte de Samaria” (Amós 6:1).  La desgracia pronto vendría tanto para los de Samaria como para los de Sión.  Samaria era la capital del territorio de los israelitas del reino del norte de Israel, que en el año 721 a. C, muy pocos años después del ministerio del profeta Amós, fueron invadidos, y llevados cautivos a ciudades de otros países por el emperador de Asiria.  Así les llegó su desgracia, porque fueron deportados para jamás volver a su propia tierra.

   Una desgracia similar le ocurrió a los de Sión. Sión, fue un nombre que en diversas épocas identificaba diferentes zonas y lugares de Jerusalén, pero por lo general se utilizó para referirse a toda la ciudad de Jerusalén, la capital del territorio de los judíos que pertenecían al reino del sur de Israel.  El “ay” o desgracia, producto inevitable de su apatía, les llegó unos siglos más tarde que a sus hermanos del reino del norte, pero siempre les llegó entre los años 606 y 586 a.C, cuando por órdenes del emperador de Babilonia perdieron la majestuosidad de su capital Jerusalén, quedando asolada toda la ciudad. Jesús durante su ministerio les hizo una importante observación y al mismo tiempo una advertencia de lo que les podría suceder, esperando él que para que ello no suceda, estos procedan a arrepentirse de sus propias maldades; pues sus padres nunca quisieron arrepentirse.  Jesús, prácticamente, aunque no pronuncia la palabra “ay” en su observación, el sentido   de sus palabras es como si les anunciara un “ay”, pues les dice: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! / He aquí vuestra casa os es dejada desierta” (Mateo 23:37-38). En muchos siglos de historia tanto los habitantes como autoridades de esta ciudad especial y privilegiada, nunca quisieron vivir bajo la dirección de Dios, y cuando fueron llamados al arrepentimiento por medio de los profetas de Dios, preferían apedrearlos antes que arrepentirse.  Eso es apatía espiritual, cuando a pesar de que Dios enviaba a sus siervos a comunicar con toda fidelidad su voluntad, eso no les importaba a ellos, pero de lo que no se salvarán es de las consecuencias inevitables de su apatía.

 Aquel histórico día de la entrada triunfal de Jesús en la ciudad de Jerusalén, nos relata San Lucas acerca de Jesús que “…cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, / diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos” (Lucas 19:41-42).  Nuevamente no les interesaba el mensaje divino que Jesús les había traído, y menos entenderían lo que aquel día comenzaba a ocurrir en su ciudad donde durante una semana se desarrolló el escenario divino terrenal de la pasión, crucifixión, y resurrección de Jesucristo, lo cual ni les interesó.  Por su total apatía todo sucedió entre ellos sin que percibieran la trascendencia y beneficios de la presencia y obra redentora de Jesús.  Eran evidentemente apáticos en su vida espiritual.  Pero, por causa de su apatía, el “ay” les sería inevitable, pues Jesús dice a toda aquella ciudad: “Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, / y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación” (Lucas 19:43-44).  Esto sucedió no al momento, ni a los ocho días después, ni al mes ni al año, sino 27 años después cuando en el año 70 d.C., Tito el entonces emperador romano vino y destruyó esta ciudad que Dios mismo había escogido para ser el lugar de la manifestación de su presencia para su pueblo y para toda la humanidad.  27 años más de paciencia de Dios a una ciudad de gente llena de apatía hacia Dios, no fue suficiente para que ellos procedieran al arrepentimiento, y le hicieran caso a Dios. Así les llegó una de sus tantas desgracias en su historia. Cuando debieron ser una ciudad próspera, lo perdieron todo por causa de hacer a un lado de sus vidas a Dios. Los apáticos suelen ser así.  No les importa si vendrá una desgracia.  Les da igual.

   Amados hermanos, cuando nuestra apatía la trasladamos a la amada congregación de Jesucristo, muy pronto surgen decaimientos, muy pronto no hay maestros, no hay predicadores, no hay evangelistas, no hay ministerio, nadie quiere hacer algo.  Lo poco que se hace sale mal.  Cuando los creyentes en Jesucristo, ya sea en la iglesia o en cualquier otro lugar donde podemos y debemos contribuir nos comportamos de manera apática quedándonos con los brazos cruzados, lo que estamos haciendo es dar paso a la decadencia, al fracaso, al triunfo de lo que es malo, cuando lo que deberíamos hacer es luchar para que todo lo que está bajo nuestra responsabilidad prospere.

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   La tercera característica singular que identifica a una persona apática, es:

III.- QUE NUNCA SE AFLIGEN POR VIVIR SOLO PARA SUS INTERESES.

   El profeta al denunciar la apatía de los israelitas, los describe de la siguiente manera: “Duermen en camas de marfil, y reposan sobre sus lechos” (Amós 6:4a); ¿Cuál es el problema si Dios te concede tener este lujo en tu casa, y puede dormir en ello lo más cómodo posible? ¿No hasta el día de hoy se venden las mejores camas, las mejores almohadas para lograr un buen descanso cada vez que uno los usa?  Creo que tenerlo de manera legítima como resultado de tus ganancias honestas, y usarlo en la comodidad de tu hogar no es ningún problema.  Luego, Amós en su denuncia dice de los apáticos dirigentes de Israel: “y comen los corderos del rebaño, y los novillos de en medio del engordadero” (Amós 6:4b); Cuál es el problema si usted solito puede comerse un cordero entero, o toda una res, o toda una lata de 50 kilo de rico lechón o cochinita; o un pavo de 10 kilos cuando llegue la próxima navidad. Solamente, por cuestiones de salud, y por si no tiene el dinero suficiente para ello, usted pondrá sus propios límites, pero no hay problema por lo que usted quiera comer.

  La denuncia de Amós continúa diciendo que ellos: “gorjean al son de la flauta, e inventan instrumentos musicales, como David” (Amós 6:5); Les gustaba dedicarse a componer e improvisar canciones, aunque no fueran muy atinados en cantarla armónicamente con algún instrumento musical.  Esto no era para que sean artistas profesionales sino solamente para perder el tiempo porque no querían hacer sus responsabilidades más importantes y prioritarias.  Esta descripción parece que sugiere que solamente les gustaba andar de fiesta en fiesta, sin ser responsables en sus deberes de gobernar bien y atender a la ciudadanía, porque recuerden que ellos eran gobernantes de los dos reinos de Israel.   Les gustaba hacer instrumentos musicales, lo que en realidad no es hacer nada malo.  Es productivo.  Esto tampoco es problema.  Finalmente, Amós dice de ellos que: “beben vino en tazones, y se ungen con los ungüentos más preciosos” (Amós 6:6a). ¿Tiene usted algún tazón de calidad y que tiene un alto costo en el que le gusta servir su comida o botanas caseras? Si alguien usa un perfume que cueste 20 pesos, y alguien usa un perfume de 1000 pesos. Si hay personas que usan desodorantes que cuestan solo 10 pesos, y otros usan desodorantes que cuestan hasta 150 pesos. ¿Hay algún problema en que alguien use cosméticos de marcas que tienen costos elevados?  Por supuesto que no hay problema por ello.

   Entonces, ¿cuál es el problema?  El verdadero problema que Amós quería denunciar es lo que enfatiza en la segunda mitad del versículo 6, cuando dice: “y no se afligen por el quebrantamiento de José” (Amós 6:6b).  Aquí está el problema.  No hay nada de malo que uno pueda disfrutar el fruto de sus trabajos, pero uno debe vivir solamente para sus propios intereses y placeres. Uno debe tener en cuenta que, a pesar de nuestras ocupaciones e intereses personales legítimos, hay un Dios vivo y verdadero a quien servir.  Pero aquellos apáticos dirigentes de Sión y Samaria, no les importaba que estaban viviendo desinteresados de Dios, y de servir a su pueblo, tenían el problema espiritual que consistió en que “no se afligen”.

   Amados hermanos, Dios espera que quienes viven en apatía hacia Él, en apatía hacia el servicio a favor de su obra aquí en esta tierra, se aflijan.  Es decir, que se den cuenta de que están en un error, que se arrepientan, y que se dispongan a poner manos a la obra.

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   CONCLUSIÓN: Mis amados hermanos, con estas tres largas reflexiones que describen las características muy singulares y sutiles que identifican y evidencias a una persona apática.  ¿Cómo se identifica usted?  ¿Es usted una persona apática o es una persona no apática?  Las personas NO apáticas son muy valiosas, porque donde quiera que se encuentren siempre tienen la mentalidad de contribuir, edificar en conjunto con los demás.  No son solamente espectadores. Son responsables en todo lo que se les encomienda, e incluso aun cuando no se les encomienda, siempre quieren colaborar en algo.  No permiten que el lugar donde se encuentra decaiga, sino que están siempre dispuestos a conquistar todo lo necesario con tal de fortalecerla.  Sin duda, que, en vez de personas apáticas, esta congregación necesita personas NO apáticas.  Jesús no quiere apáticos en su iglesia, pues a una iglesia, la de Sardis, le dijo lo siguiente: “Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios” (Apocalipsis 3:2).

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[1] Hamat tomó parte en la batalla contra Salmanasar III (en Qarqar, 853 a.C.) con 700 carros, 700 hombres a caballo y 10,000 soldados de infantería.

[2] Amós desempeñó su ministerio en tiempos de Jeroboam II rey de Israel, y cuando Uzías era rey de Judá (Amós 1:1).

[3] Después Jeroboam II de Israel, Hamat pronto se independizó, para caer poco después otra vez ante los asirios (2 Reyes 18:34; 19:10-13), quienes en esta ocasión deportaron a sus habitantes hasta Samaria de Israel, mientras los samaritanos fueron llevados a aquella ciudad de Hamat (2 Reyes 17:24,30; Isaías 11:11)[3].  Después también estuvo de Babilonia (Jeremías 39:5), y de Antioco Epifanes de Siria (c. 175-164 a. de J.C.) y le cambió el nombre a Epifanea en su propio honor.

[4] Alepo, actualmente es la primera ciudad más grande de Siria, y después le sigue Damasco.

[5] (Asdod, Gaza, Ascalón, Gat y Ecrón) (Jos 13:3), (1 S 5:8-9), (1 S 6:17).

[6] Le pertenecían las ciudades subordinadas de Siclag (1 Samuel 27:6), Jabnia (2 Crónicas 26:6) y Moreset-gat -literalmente “posesión de Gat”- (Miqueas 1:14).

[7] Sin embargo, Sargón II de Asiria cuenta que tomó la ciudad de Gat durante su campaña contra Asdod en el 711 a.C., pero ya Gat no era una gran ciudad.

   

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