REY MANASÉS: LA REFORMA PERSONAL NO DEBE COMENZAR DEMASIADO TARDE, Por: Diego Teh.

MANASÉS: LA REFORMA PERSONAL NO DEBE COMENZAR DEMASIADO TARDE.

2 Crónicas 33:1-20.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Siervos de Jesús” de Celestún, Yucatán; el domingo 21 de octubre 2017, a las 19:30 horas; como sermón de la serie: REYES REFORMADORES DEL ANTIGUO TESTAMENTO.

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   INTRODUCCIÓN: Hoy utilizaré la historia de un rey descendiente de David, cuyo nombre fue Manasés.  Fue hijo de un gran hombre temeroso de Dios, el rey Ezequías quien fue un gran reformador de la vida religiosa y también política de su reino.  Tras la muerte de Ezequías, su hijo Manasés ocupó el trono del reino de Judá, y observen lo siguiente: “De doce años era Manasés cuando comenzó a reinar, y cincuenta y cinco años reinó en Jerusalén” (2 Crónicas 33:1).  Sumando su edad cuando comenzó a reinar con los años que reinó, el resultado es que este hombre vivió 67 años.  Otros reyes vivieron menos años que él.  La verdad que Manasés tuvo tiempo suficiente para vivir y gobernar.  No todas las personas llegan a esa edad, aunque también es cierto que algunos viven mucho más que 67 años.  Pero, lo que el texto bíblico nos expone es cómo este hombre desperdició muchos años de su vida no tomando en cuenta a Dios, lo cual fue para él a final de cuentas nada provechoso, sino desastroso.  El texto bíblico tiene un mensaje apropiado no solamente para las personas que ya comenzaron la tercera edad de los 65 para arriba, sino que también para todos los menores de 65 años. ¿Tiene usted 50, 40, 30, 20, 15 años o menos?, el mensaje tiene aplicación para usted.

   En el mensaje de este momento les voy a predica que: La reforma personal que todos necesitamos no debe comenzar demasiado tarde. / ¿Por qué la reforma personal que todos necesitamos no debe comenzar demasiado tarde? / En este mensaje basado en la crónica del rey Manasés de Judá, les voy a compartir algunas razones.

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   La primera razón por la que nuestra reforma personal no debe comenzar demasiado tarde en nuestra vida, es porque:

I.- EL QUE NO SE REFORMA PUEDE HACERSE MÁS PERVERSO.

   Con respecto a este rey Manasés dice el cronista: “Pero hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a las abominaciones de las naciones que Jehová había echado de delante de los hijos de Israel. / Porque él reedificó los lugares altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a los baales, e hizo imágenes de Asera, y adoró a todo el ejército de los cielos, y les rindió culto. / Edificó también altares en la casa de Jehová, de la cual había dicho Jehová: En Jerusalén estará mi nombre perpetuamente. / Edificó asimismo altares a todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa de Jehová. / Y pasó sus hijos por fuego en el valle del hijo de Hinom; y observaba los tiempos, miraba en agüeros, era dado a adivinaciones, y consultaba a adivinos y encantadores; …” (2 Crónicas 33:2-6b), pero observen cómo termina el versículo 6, que dice de Manasés que: se excedió en hacer lo malo ante los ojos de Jehová, hasta encender su ira” (2 Crónicas 33:6c).  ¿Observó usted que no solamente “hizo lo malo ante los ojos de Jehová” (v. 2), sino que “se excedió en hacer lo malo ante los ojos de Jehová” (v. 6c)?  Mientras más deje uno pasar el tiempo y uno no tome la decisión de reformar su vida personal, uno se expone al efecto de la depravación total que hay en nuestra naturaleza.  Somos capaces de hacer lo más perverso que nadie ni nosotros mismos nos hicimos la idea de estar haciendo tales cosas.

   Amados oyentes, somos como Manasés de la misma naturaleza humana.  Es más fácil para cualquiera de nosotros hacer cosas malas que buenas.  Es igualmente fácil que hagamos peor nuestra vida y la de los demás, porque no decidimos ponerle un alto a nuestra mala conducta.  Quizá usted no ha hecho cosas como las que hizo Manasés, pero no puede usted negar que ha hecho cosas que Dios no estaba esperando de usted, por lo que tenga usted cuidado de no hacerse cada vez más perverso que se diga de usted como de Manasés que éste sí que “se excedió en hacer lo malo”.  La buena noticia es que Jesucristo puede ser el divino reformador para la vida personal de usted porque él “quita el pecado” (cf. Juan 1:29).

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   La segunda razón por la que nuestra reforma personal no debe comenzar demasiado tarde en nuestra vida, es porque:

II.- EL QUE NO SE REFORMA ATRAE PARA SÍ MISMO LA IRA DE DIOS.

   Recuerde usted que Manasés “se excedió en hacer lo malo ante los ojos de Jehová”, pero observe cual fue una consecuencia natural procedente de Dios.  La descripción final del v. 6, dice: “hasta encender su ira”. ¿La ira de quién? La de Dios.  La evidencia se deja ver donde el cronista dice que, en consecuencia: “Jehová trajo contra ellos los generales del ejército del rey de los asirios, los cuales aprisionaron con grillos a Manasés, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia” (2 Crónicas 33:11).  Esto y más puede hacer Dios con todo su soberano derecho contra aquel que hace lo malo ya sea mínimo o en exceso.  Mientras Manasés al paso del tiempo no dejaba sus malas acciones contra Dios, su culto, y su pueblo, él iba acumulando el peso de sus pecados sobre sí mismo y haciendo que otros muchos también acumulen sus pecados.  Y Dios, a pesar de toda su paciencia, misericordia, bondad, gracia, y amor, siendo Dios no puede permitir que su propia criatura a quien hizo para su obediencia siga descarada y cínicamente haciendo lo malo, por lo que inevitablemente su ira tiene que encenderse.  En el caso de la historia que nos ocupa, la ira de Dios no era solamente sobre Manasés sino también sobre todo el pueblo.

  Jesús durante su ministerio habló de la razón principal porque ahora viene la ira de Dios, pero también enseñó la manera de huir de dicha ira divina. A Nicodemo el hombre que buscó en él respuesta para su vida personal, le dijo: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).  La incredulidad de toda persona hacia la persona y poderes de Jesús resulta en que “la ira de Dios está sobre él”, pues tanto el pecado original que se imputa a todo ser humano, mas los pecados que personalmente uno haya decidido cometer, al no haber sido perdonados, inevitablemente atraen la ira de Dios, cuyo resultado actual podría resultar en una lamentable desgracia, pero para la eternidad será la separación definitiva de la presencia de Dios. Sin embargo, “el que cree en el Hijo tiene vida eterna”, recibe perdón, y la ira de Dios se aparta de él, y a cambio recibe vida eterna.

   Amado oyente, hoy puede usted librarse de la ira de Dios, y vale la pena. Si usted no ha comenzado a trabajar en la reforma de su vida personal, hoy puede usted comenzar a hacerlo creyendo en la persona y obra de Jesucristo, creyendo que él dio su vida tomando el lugar de usted para pagar sus pecados los cuales ofenden a Dios y atraen su ira.  Entonces, eso le librará de la ira de Dios. ¿Está usted dispuesto a comenzar la reforma personal de su vida con este paso?  Esto es lo esencial que usted debe hacer. Cualquier otra cosa que usted haga, no quitará nunca la ira de Dios que está muy cerca de caer sobre usted.

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   La tercera razón por la que nuestra reforma personal no debe comenzar demasiado tarde en nuestra vida, es porque:

III.- EL QUE NO SE REFORMA NO PUEDE SER GUÍA DE OTROS.

   Por un momento supongamos que su excedencia se dio solamente en lugares profanos no consagrados para Dios, sería menos mal.  Pero esto no fue así, sino que decidió también usar la misma casa de Dios, el templo de Jerusalén, para afectar intencionalmente la vida espiritual de los verdaderos fieles a Dios.  Esto sí que es una excedencia.  La crónica dice que: “Además de esto puso una imagen fundida que hizo, en la casa de Dios, de la cual había dicho Dios a David y a Salomón su hijo: En esta casa y en Jerusalén, la cual yo elegí sobre todas las tribus de Israel, pondré mi nombre para siempre; / y nunca más quitaré el pie de Israel de la tierra que yo entregué a vuestros padres, a condición de que guarden y hagan todas las cosas que yo les he mandado, toda la ley, los estatutos y los preceptos, por medio de Moisés” (2 Crónicas 33:7,8).  Pero observen cuál fue el resultado final, que según la crónica dice: “Manasés, pues, hizo extraviarse a Judá y a los moradores de Jerusalén, para hacer más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel” (2 Crónicas 33:9).  Siendo rey de Judá, aunque no era el sumo sacerdote, ni solo sacerdote, ni siquiera levita, tenía la facultad de ser el dirigente espiritual del pueblo de Dios bajo su reino.  Pero, en este caso como sucedió con otros reyes judíos, Manasés hizo todo lo contrario.  En otras palabras, no estaba en condiciones de ser el guía espiritual que su dignidad de rey le confiere. No había comenzado a reformar ni siquiera su propia vida. ¿Cómo lo haría con los demás?  No se puede.

   Amados oyentes, usted y yo no somos reyes con autoridad civil y religiosa sobre toda una nación, pero guiamos a nuestra familia, a nuestros hijos.  Y en nuestra calidad de cristianos guiamos a gente no creyente, e incluso a creyentes.  Pero ¿cómo los vamos a guiar si no dejamos que primero nuestra vida personal sea cambiada y capacitada por la gracia de Dios?  Recuerde usted que Jesús enseñando a los fariseos de su tiempo que querían que otros hagan lo bueno delante de Dios, pero ellos no hacían lo que es bueno, y de paso mal guiaban a quienes les aceptaban como sus guías espirituales.  Jesús les exhortó fuertemente diciéndoles que “recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros” (Mateo 23:15), y limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia” (Mateo 23:25), y “limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio” (Mateo 23:26).  Estas palabras de Jesús nos recuerdan que es con uno mismo que hay que comenzar, y así podremos guiar a nuestros hijos, a toda nuestra familia, a cualquier persona, y hasta a la iglesia de Dios.

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   La cuarta razón por la que nuestra reforma personal no debe comenzar demasiado tarde en nuestra vida, es porque:

IV.- MÁS VALE HACERLO AHORA QUE MÁS TARDE.

   Ya hemos visto que la ira encendida de Dios fue benevolente con Manasés, porque Dios pudo haber sido más drástico con él.  Pero de todas maneras esperó que llegara el momento indeseable cuando los generales del ejército del rey de los asirios, le aprisionaron con grillos, y atado con cadenas lo lleven a Babilonia, pues fue hasta ese momento que dice la crónica acerca de él: “Mas luego que fue puesto en angustias, oró a Jehová su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres. / Y habiendo orado a él, fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios” (2 Crónicas 33:12,13).  Fue hasta que se vió en aprietos que consideró hacer algo favorable y espiritual por su propia vida.

   Amado oyente, usted no tiene qué esperar que lleguen las angustias en su vida para que entonces decida buscar a Dios.  No espere cuando los problemas sin siquiera haber tocado la puerta ya se encuentren bien adentrados en su vida, para que entonces usted se acuerde que es necesario orar a Dios.  Desde luego, que si usted pudo buscar a Dios, y orarle en esos momentos, es que todavía no es demasiado tarde, pero en realidad ya es tarde. Usted habrá perdido mucho tiempo de su vida, pues si usted hubiese buscado desde antes a Dios, y si usted le hubiese orado a Dios desde antes, usted se estaría ahorrando las angustias de vida con las que ahora está cargando, y/o las que más adelante podrían llegar a su vida.  Manasés después de tanto tiempo de rechazar a Dios, por fin se dio cuenta que ahora le necesitaba, y entonces se tuvo que humillar grandemente ante Dios.  Afortunadamente si Dios todavía quiere oírle a usted como lo hizo con Manasés, no es demasiado tarde, pero si de repente algo espontáneo acaba con la vida de usted sin haberle podido orar a Dios, entonces déjeme decirle que para usted se está haciendo demasiado tarde desde ahora mismo.  Estimado oyente, vale la pena que usted comience a reformar su vida personal ahora mismo, buscando a Dios, orándole a Él.  Acudiendo a Él por medio de su Hijo Jesucristo quien no solamente le va a escuchar a usted, sino que le va a convertir en la mejor persona que hace falta en su casa, en la escuela o en el trabajo, en la iglesia, y en cualquier lugar del mundo.  Pero reciba a Jesucristo hoy mismo como su salvador personal, y se dará cuenta que su vida será verdaderamente cambiada.

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   La quinta razón por la que nuestra reforma personal no debe comenzar demasiado tarde en nuestra vida, es porque:

V.- EL TIEMPO PERDIDO NO SE RECUPERA.

   En el caso de Manasés, su humillación fue muy buena, apropiada, con buenos resultados, por lo que observen la diferencia de sus últimos hechos con sus primeros hechos.  Comenzó a hacer lo bueno que no había hecho, y a destruir o revertir todo lo malo que había hecho.  Sus reformas los relata así el cronista bíblico: “Después de esto edificó el muro exterior de la ciudad de David, al occidente de Gihón, en el valle, a la entrada de la puerta del Pescado, y amuralló Ofel, y elevó el muro muy alto; y puso capitanes de ejército en todas las ciudades fortificadas de Judá. / Asimismo quitó los dioses ajenos, y el ídolo de la casa de Jehová, y todos los altares que había edificado en el monte de la casa de Jehová y en Jerusalén, y los echó fuera de la ciudad. / Reparó luego el altar de Jehová, y sacrificó sobre él sacrificios de ofrendas de paz y de alabanza; y mandó a Judá que sirviesen a Jehová Dios de Israel” (2 Crónicas 33:14-16).  De verdad, que quería recuperar el tiempo perdido. ¿No así le parece a usted?  Pero observe usted que lo que pudo haberse evitado desde el principio, ahora no era fácil, pues el cronista relata: “Pero el pueblo aún sacrificaba en los lugares altos, aunque lo hacía para Jehová su Dios” (2 Crónicas 33:17).  El tiempo perdido pudo haber sido útil para que la gente no se involucre y arraigue en el pecado que para muchos no es fácil ni posible salir una vez que hayan entrado en su mundo.  Ahora, ¿cómo le iba a hacer para revertir el daño espiritual que le había causado a las personas, y a su propia familia?  De hecho, cuando él muere, su hijo Amón que asume el trono, un muchacho de 22 años que ya tenía un hijo de 6 años, lo primero y lo único que hizo en sus escasos dos años de reinado fue hundir de nuevo al pueblo en la idolatría.  Manasés no pudo recuperar el tiempo perdido, ni revertir lo malo que había hecho.  Por eso Dios, tuvo que poner en el trono al hijo de Amón, el nieto de Manasés cuando solamente tenía 8 años.  Él tendría toda una vida para reformar su propia vida y la del pueblo que gobernaba.

   Amados oyentes, pongan alto al desenfreno que podría alguno de ustedes estar viviendo justo en este momento.  ¡Alerta!  Todo lo que usted desajuste en su propia vida y en la de su familia, u otras personas, no será fácil revertirlo si es que llega a ser posible la reversión.  Es mejor que ahora mismo comience la reforma personal de su vida.  Salomón, probablemente aconsejando a su hijo Roboam, le escribió: Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento” (Eclesiastés 12:1).  Es hoy que usted debe comenzar su reforma personal, en la edad que usted tiene, antes que pasen los años, y su problema se agrave.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, el objetivo de este mensaje fue que ahora que usted tiene oportunidad, comience a dar paso a la gracia de Dios que quiere obsequiarle a usted una mejor vida aquí en la tierra, y una gloriosa vida para cuando usted tenga que dejar este mundo para llegar a la eternidad.  Usted debe tener también en cuenta las palabras de Jesús que le dijo a un hombre que estaba viviendo como muchos de nosotros, no pensando en el tiempo ni en la brevedad de la vida, sino solamente en su trabajo y en la adquisición de más abundancia.  Jesús le dijo a este hombre: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Lucas 12:20).  Lo que quiero enfatizarle a usted no es la incógnita acerca de quién va a heredar todo lo que ahora es de usted, sino en que quizá usted no alcance vivir ni 30, ni 50, ni 65, ni 80 o 90 años, pues, puede que hoy mismo acabe su vida.  ¿Está usted seguro de su salvación?  Pero, si Dios le permite a usted vivir más tiempo, ¿dejará que Dios reforme la vida personal de usted, para que no se hunda usted y los suyos en los problemas, en las angustias, en el pecado, en la ira de Dios, y en la condenación?  Cristo Jesús le puede ayudar.

   

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