ORDENA TU CASA, PORQUE MORIRÁS, Por: Diego Teh.

ORDENA TU CASA, PORQUE MORIRÁS.

2 Reyes 20:1-11 (v. 1).

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la cong. “Cristo es el Camino” de la col. Chuminópolis, de Mérida, Yuc; el dom. 19 de nov. 2017, a las 11:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Hoy hemos leído la historia de un hombre llamado Ezequías que comenzó a reinar a la edad de 25 años (cf. 2 Reyes 18:2), y que reinó durante 29 años (cf. 2 Reyes 18:2).  Según estos datos, ¿a qué edad murió? Correcto, a sus 54 años; pero según nuestra lectura en 2 Reyes 20, estaba a punto de morir por causa de una terrible llaga ordinaria y aparentemente incurable, y Dios le sanó y le concedió 15 años más de vida.  ¿Qué edad tendría entonces cuando comenzó su tiempo de gracia para vivir? De sus 54 años, le restamos los últimos 15 que vivió, entonces tenemos el resultado de que tenía 39 años.  Y si comenzó a reinar a sus 25 años, entonces ¿cuántos años llevaba como rey? Correcto, 14 años.

   En el mismo segundo libro de los reyes, y en el segundo libro de las crónicas, los narradores de su historia nos dicen acerca de Ezequías: “E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre” (2 Reyes 18:3; 2 Crónicas 29:2).   Sin embargo, según nuestra lectura, a sus 39 años de edad, y a sus 14 años de ser rey de Judá, recibe de Dios el siguiente mensaje: “Ordena tu casa, porque morirás” (2 Reyes 20:1). ¿Qué significan estas palabras? ¿No que era un hombre recto? ¿Qué enseñanzas nos aportan estas palabras de Dios?  Pero, para darle una aplicación práctica a nuestra vida, permítame hacerle un par de preguntas: ¿Usted tiene en orden su casa? ¿usted tiene en cuenta que, si bien no está a punto de morir, de todas maneras, algún día la muerte le sorprenderá?  El orden en la casa siempre es una necesidad con respecto a nuestras pertenencias.  Nunca debería haber un tiradero de cosas en nuestra casa, ni nunca deberíamos dejar que la suciedad permanezca, porque es a través del orden y la limpieza que también reflejamos santidad o falta de santidad.  También, el orden en la casa siempre es una necesidad con respecto a los bienes que hemos adquirido.  Es importante que, en previsión de nuestra muerte, acudamos al notario, y dejemos constancia de nuestra voluntad para la distribución de la herencia que dejaremos.  Sin embargo, las palabras de Dios a Ezequías: “Ordena tu casa, porque morirás”, no tiene que ver ni con el ordenamiento de todas nuestras pertenencias, ni con el ordenamiento de nuestros asuntos legales, aunque estas cosas de por sí son necesarias.  Entonces, ¿qué significa: “Ordena tu casa, porque morirás”.?

   En este mensaje les voy a compartir que para el cumplimento de las palabras de Dios: “Ordena tu casa, porque morirás”, es necesario llevar a cabo diversas responsabilidades. / ¿Qué responsabilidades son necesarias de llevar a cabo para cumplir las palabras de Dios: “Ordena tu casa, porque morirás”.?  / En este mensaje, les voy a compartir algunas de las responsabilidades necesarias de llevar a cabo para ordenar la casa.

   La primera responsabilidad necesaria de llevar a cabo para cumplir las palabras de Dios: “Ordena tu casa, porque morirás”, es:

I.- PREPARAR BIEN A ALGUIEN QUE SIGA TUS BUENOS PASOS.

   En el idioma hebreo en el que fue escrito originalmente la palabra que en nuestra traducción tenemos como “ordena”, es: (?????, tsa?va?h cuya traducción tiene el sentido de: constituir, encomendar, o establecer).  Si había algo que había de poner en orden en su casa, no eran sus pertenencias, pues como rey tenía a su servicio un buen número de sirvientes que se ocupaban de poner todo en orden en todas las áreas de su casa.  Sin embargo, había algo que hacía falta de constituir, encomendar, o establecer.   Dios no le estaba reclamando a Ezequías que su vida era un desorden, porque él había sido un rey que a diferencia de otros reyes que le habían precedido, estaba haciendo “lo recto ante los ojos de Jehová” (2 Reyes 18:3; 2 Crónicas 29:2).  Le estaba diciendo a Ezequías que antes de que él muera, encomendara a alguien que responsablemente tomen su función de gobernar bien al pueblo de Judá, como él lo había estado haciendo.

   ¿Pero quién debería ser su heredero al trono?  Por derecho divino, era el primogénito.  Pero el detalle relevante, es que, a sus 39 años de edad, Ezequías no tenía un hijo que le sucediera en el trono, pues el dato que tenemos es que su primer hijo Manasés al comenzar a reinar tenía solamente 12 años (cf. 2 Reyes 21:1), lo cual quiere decir que le nació a Ezequías al tercer año de los 15 años de gracia que Dios le dio.  “Ordena tu casa”, era para él, buscarse una esposa con quien tener por lo menos un hijo, porque a su antepasado David, Dios mandó a decirle por medio de su profeta Natán: “Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” (2 Samuel 7:16). Y Ezequías como descendiente de David no podía quedar sin hijo, pues es por eso que Dios le dijo: “Ordena tu casa, porque morirás”, y la razón de añadirle 15 años más de vida, le fue explicado de parte de Dios por el profeta Isaías, diciéndole: “añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo” (2 Reyes 20:6).  El amor de Dios por su pueblo, requería de un hijo de Ezequías, para que siguiera el cumplimiento de la promesa hecha por Dios a David.  Finalmente, así ocurrió. Ezequías tomó por mujer a Hepsiba quien fue la madre de Manasés el sucesor de Ezequías en el trono (cf. 2 Reyes 21:1).  Y tendría Ezequías doce años para instruirle, lo cual tenía que aprovechar al máximo porque su tiempo estaba medido.  Desafortunadamente, a pesar de la instrucción del temor a Dios que Ezequías le debió haber enseñado a Manasés, por mucho tiempo fue un rebelde haciendo lo malo delante de Dios, pero finalmente tras una dura circunstancia que tuvo que enfrentar por fin Manasés reconoció que Jehová era Dios (cf. 2 Crónicas 33:10-13); y entonces comenzó a hacer lo bueno delante de Dios.  En este sentido, para Ezequías, la exhortación “ordena tu casa”, era la instrucción de Dios para que este dejara en su hijo un buen legado.

   Amados hermanos, cada uno de nosotros los padres de familia, tenemos la responsabilidad de ordenar nuestra casa, primeramente, enseñando a nuestros hijos los principios de temor a Dios para que ellos hagan la buena voluntad de Dios; aunque si alguna vez no la hicieren, nosotros ya habremos cumplido nuestro deber. Ya habremos sembrado la buena semilla que germinará en su momento, y luego producirá el fruto del bien.

   La segunda responsabilidad necesaria de llevar a cabo para cumplir las palabras de Dios: “Ordena tu casa, porque morirás”, es:

II.- EDIFICAR LA VIDA ESPIRITUAL DE TU FAMILIA.

   En el original hebreo la palabra “casa” que leímos en español en 2 Reyes 20:1, se utiliza la palabra: (bayit (??????) que en un español más preciso su acepción es: familia o linaje.  La traducción “casa” no es incorrecta, sin embargo, no es precisa para entenderla en nuestro contexto porque la palabra “casa” tiene diversas acepciones tanto en el idioma hebreo como en nuestro idioma español.   La acepción precisa es: familia o linaje.  En el concepto hebreo, familia son todos los que viven bajo el mismo techo de un padre de familia, incluyendo a menudo hasta a los sirvientes o esclavos en el caso de que lo hubiesen.  Es así que la exhortación “ordena tu casa”, no era solamente la exhortación para que Ezequías se buscase una esposa, y que tuviese con ella un hijo que continuara la dinastía de David a quien Dios le prometió un descendiente que en cada generación sería un rey; sino que “ordena tu casa”, era también la exhortación de poner orden la vida espiritual tanto de él como el de todas las personas que estaban al servicio de Ezequías.  En otras palabras, Ezequías tenía que preocuparse no solamente de proveer el salario o la manutención de sus siervos, familiares, y parientes, sino que también tenía que guiarlos hacia el temor de Dios.  No era profeta, ni sacerdote, sino rey, pero aun así tenía que velar por la vida espiritual de los que dependen de él para el trabajo y manutención.  Esto también es lo que sucede en casa en una familia, el padre de familia, aunque no sea un pastor, misionero, predicador, evangelista, o maestro de biblia o religión, tiene el deber de conducir espiritualmente en la fe primeramente a los hijos, pero también a todo aquel que vive bajo nuestro techo.

   Amados hermanos, en la vida cristiana de nuestro tiempo a unos 2,700 años después de Ezequías, siempre tenemos la responsabilidad de procurar que toda nuestra familia sea consagrada a Dios por medio de Jesucristo.  La esposa debe estar procurando que su esposo venga a la fe, pues el apóstol Pedro enseña a las casadas, diciéndoles: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, /  considerando vuestra conducta casta y respetuosa” (1 Pedro 3:1,2).  El hombre casado también debe procurar que su esposa sea creyente, pues el mismo apóstol Pedro enseña a los casados, diciendo: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7).  E igualmente los padres deben estar haciendo lo mismo para con sus hijos que no han abrazado la fe cristiana.  Los hijos creyentes cuyos padres no profesan la fe cristiana también deben estar ayudando a sus padres a integrarse a la fe cristiana. Entre hermanos en la familia también deben ayudarse mutuamente para que nadie se pierda la gracia salvadora de Jesucristo.  Esta es una casa o familia que busca ser ordenada con respecto a la eternidad a la que un día todos tenemos que entrar.  Se espera que usted entre por la puerta de la eternidad del cielo, y no por la puerta de la eternidad del infierno.  Para que no entre usted ni su familia por la puerta del infierno, ordene usted su casa en el aspecto espiritual ayudando a todos los integrantes de su familia a que crean y reciban a Jesucristo como el único salvador que puede librar de la condenación eterna no solamente a una persona sino a toda la familia.

   La tercera responsabilidad necesaria de llevar a cabo para cumplir las palabras de Dios: “Ordena tu casa, porque morirás”, es:

III.- PREPARARSE PARA EL MOMENTO DE LA MUERTE.

   Las crónicas bíblicas nos relatan que Ezequías por haber sido un rey recto delante de Dios, fue por ello “prosperado […] en todo lo que hizo” (cf. 2 Crónicas 32:30), pero como suele ocurrir con mucha gente, se le estaba olvidando que algún día iba a morir y que había cosas importantísimas que él debía ordenar para cumplir así el propósito de Dios para su vida.  Es por eso que, de parte de Dios por medio del profeta Isaías, recibió la exhortación “ordena tu casa”, pero con un indicativo relevante acerca del motivo por el cual es necesario estar en orden en casa: “porque morirás”. ¿Quién está listo para morir?  Sin estar esperando que la muerte nos ocurriera pronto o el mismo día de hoy, deberíamos ya estar listos por si acaso nos sorprende tan inesperado día.

   Og (o Agustín Mandino), aunque su perspectiva no es cristiana sino humanista y superacional, en el quinto pergamino de su libro best seller: “El vendedor más grande del mundo”, dice: Viviré este día como si fuese el último de mi existencia. Y si no lo es, caeré de rodillas y daré gracias”[1].  Este escritor, aunque solamente explica lo importante que es aprovechar el hoy sin arrastrar los problemas del ayer tras nosotros, y sin preocuparse de lo que traerá el mañana, tiene razón en que es importante vivir cada día como si fuese el último día de nuestra vida.  Aunque Jesucristo tendría muchas cosas que corregirle a Mandino, porque su perspectiva solamente es filosófica-metafísca[2] y no cristiana, es cierto que para muchos hoy será el último día. ¿Qué tal si hoy es el último día para mí o para usted?

  Jesucristo nuestro Señor, les refirió una parábola a sus discípulos acerca de un hombre que él califica como necio porque no piensa que el último día o momento de su vida podría ser hoy mismo.  La parábola va así: “La heredad de un hombre rico había producido mucho. / Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? / Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; / y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. / Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Lucas 12:16b-20).  La vida no es solamente para trabajar, ni solamente para acumular cada vez más ganancias, aunque estas se obtengan de manera legítima, pues una vez que uno muere, todo ello quedará en manos de otra persona.  Por supuesto que eso no tiene nada de malo, porque así dejamos un patrimonio útil y beneficioso para quienes nos hereden.  Pero, al mismo tiempo que vivimos y trabajamos hay que prepararse y mantenerse preparados para esperar el momento cuando tengamos que partir al otro mundo de la eternidad.  No se trata de estar temiendo la llegada de nuestra muerte, sino de estar siempre preparados para evadir el infierno ardiente, y asegurarnos de que estamos camino a la casa celestial.

  Amados hermanos, nosotros debemos vivir pendientes de que en cualquier momento puede llegar el fin de nuestra vida.  No debemos estar solamente preparados para trabajar, adquirir más bienes, ser exitoso en todo lo que hacemos, sino que es necesario estar pendientes y preparados para el inesperado momento de nuestra muerte.  La razón principal de prepararse para el momento de la muerte es para evitar ir a la condenación eterna, y en vez de ello, para ir al cielo eterno de Dios.  Y esto solamente es posible si mientras vivimos creemos y perseveramos en la fe en Jesucristo.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, además de un impecable diseño de nuestras casas, a pesar de tener nuestras pertenencias muy en orden en nuestras casas, Dios espera que estemos dejando en nuestros hijos y demás miembros de nuestra familia una huella o legado de nuestra fe y obediencia que les servirá para enfrentar los embates del pecado que amenazarán a la siguiente generación.  Sobre todo, y de una manera muy personal es necesario prepararse por medio de la fe en Jesucristo para acceder no a la infernal eternidad sino a la gloriosa eternidad donde Dios el Padre y su Hijo Jesucristo serán el centro de atención que vale la pena conocer.

   Ojalá usted quiera poner en orden su vida personal, pero también pueda ordenar su casa o familia, para que todos estén en sintonía con la voluntad de Dios.

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[1] http://kikovelezmoro.com/el-vendedor-mas-grande-del-mundo/pergamino5/

[2]  Según el Wikipedia, Og Mandino, “tras el final de la guerra […] se encontró con enormes dificultades para encontrar empleo, por lo que probó suerte como vendedor de seguros pero fracasó. Debido a varios deslizamientos se vuelve alcohólico y termina perdiendo a su familia y trabajo. Pensó varias veces en suicidarse, pero su vida cambió cuando entró en una biblioteca bajo el pretexto de leer cuando sólo quería recibir refugio ya que había mucho frío afuera. Un libro digno de mención, “Actitud Mental Positiva: Un Camino al Éxito” por Napoleon Hill y W. Clement Stone; Empezó a leerlo, y a partir de ese día comenzó a ser instruido con varios libros de autoayuda que le ayudaron a salir de la depresión y el alcoholismo. Con el tiempo se convirtió en un escritor de éxito que logró llegar a la sala de la fama de la National Speakers Association (“National Speakers Association”).  https://es.wikipedia.org/wiki/Og_Mandino

   

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