CONDICIONES PARA EXPERIMENTAR LA PAZ DE DIOS, Por: Diego Teh.

CONDICIONES PARA EXPERIMENTAR LA PAZ DE DIOS.

Números 6:24-26; Filipenses 4:4-9.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la Iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán; el domingo 03 de diciembre 2017, a las 11:00 horas; como tema del segundo domingo de Adviento.

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   INTRODUCCIÓN: Por naturaleza, pero ahora más por causa del pecado, la paz es una necesidad del ser humano desde los principios de la existencia de la humanidad. Cuando los primeros dos seres humanos vivieron sin haber pecado, estaban en paz entre ellos mismos, e igualmente estaban en paz también con Dios.  Pero tan pronto hubieron desobedecido por primera vez a Dios, su paz con Dios se rompió.  Aunque justamente Dios por su carácter y naturaleza de santidad tenía todo el derecho de retirar su paz para ellos, no fue Dios quien primeramente rompió esa paz, sino el mismo pecado, pues inmediatamente su propia vergüenza de desobediente le hizo perder confianza en Dios y hasta comenzó a tenerle temor.  Ya no había paz en el corazón ni en Adán ni en Eva.  Tan pronto Dios los confronta, Adán comenzó a demostrar su falta de paz contra Eva, luego lo mismo hizo ella.  Sus hijos, especialmente Caín no quiso estar en paz con su hermano Abel, y finalmente le mató porque no había paz en el corazón de Caín.  La paz es esencial en la vida de cada persona para estar en paz con Dios y con el prójimo. Ha sido tan necesaria desde que ha existido el primer ser humano.

   Luego que, con el paso de los siglos, Dios con los descendientes de Abraham, siguiendo la línea de Isaac su hijo y Jacob su nieto, se formó un pueblo que Él amó y sigue amando de manera extraordinaria; Dios mismo ordenó que tanto el sumo sacerdote como los sacerdotes tendrían que bendecir a la gente en el nombre de Jehová, y una de las bendiciones incluidas junto con el nombre era la frase: “Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz” (Números 6:26).  Dios está dispuesto a dar su paz especialmente a los que son su pueblo como la iglesia de hoy es su pueblo amado.  Es por eso, que san Pablo le escribió a los Efesios: “Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. / Porque él es nuestra paz” (Efesios 2:13,14a).

   Para el presente mensaje acerca de la paz de Dios, se escogió aquí en la iglesia el texto apostólico que dice: Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. / Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6,7).  Con fundamento en esta lectura, ahora les voy a predicar que la paz de Dios es segura para personas que cumplen las condiciones esenciales para obtenerla.  / ¿Cuáles son las condiciones esenciales que las personas tenemos que cumplir con toda seguridad la paz de Dios? / Específicamente les voy a compartir cuatro de estas condiciones esenciales.

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   La primera condición esencial que las personas tenemos que cumplir para obtener con toda seguridad la paz de Dios, es:

I.- ORAR A DIOS ANTE TODA CIRCUNSTANCIA.

   El apóstol Pablo, después de exhortar a los Filipenses a no afanarse porque si se supone que ellos ya eran personas convertidas muchas de ellas del paganismo al cristianismo no tenían por qué afanarse, pues su nueva fe, estaba siendo la solución a los problemas reales y cotidianos que a todos los seres humanos nos toca enfrentar.  Bajo estas situaciones de la realidad de la vida, y de la efectividad de la nueva fe, fueron amonestados a no descuidar la importancia de practicar la oración.

   La instrucción que recibieron fue: “…sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. / Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6,7).  Lo que Pablo está diciendo es que cuando uno ora a Dios buscando en Él la solución de las adversidades que nos agobian cada día, entonces nos llegará su paz muy especial.

   Usted tiene que poner en oración a Dios toda circunstancia que haga acto de presencia en su vida y que amenace o atente contra la paz de su alma.

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   La segunda condición esencial que las personas tenemos que cumplir para obtener con toda seguridad la paz de Dios, es:

II.- ENTREGAR A DIOS EL CORAZÓN.

   El apóstol Pablo luego de explicar cómo llega la paz de Dios, explica la calidad de esta paz diciendo “que sobrepasa todo entendimiento”, pero inmediatamente explica las áreas de su efectividad, y al respecto primeramente dice que esa paz: guardará vuestros corazones…” (Filipenses 4:7b1). Nadie puede tener paz sino ha entregado a Dios su corazón para que en él Dios deposite la abundancia de su paz.

   El problema principal de los seres humanos es nuestro corazón que por naturaleza hereda en sí mismo la propagación del pecado, por lo que está contaminado, preactivado y predispuesto para hacer cualquier cosa incluso si se trata de una acción que perturba la misma paz que uno tanto necesita.  Es por eso que la Biblia nos alerta diciendo: Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso” (Jeremías 17:9a); y Jesús en sus enseñanzas insistía diciendo: “No os turbéis” (Mateo 24:6; Marcos 13:7), y “No se turbe vuestro corazón” (Juan 14:1, 27).

   Usted tiene que entregarle a Dios el derecho de administrar su corazón, para que sus reacciones no sean de preocupación, desesperación, ni de pecado sino de paz.

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   La tercera condición esencial que las personas tenemos que cumplir para obtener con toda seguridad la paz de Dios, es:

III.- CONSAGRAR A DIOS LOS PENSAMIENTOS.

   Después de haber explicado que el corazón es una de las áreas de alcance de la paz de Dios, el apóstol dice también que la paz de Dios: guardará” (no solamente el corazón, sino también) “vuestros pensamientos” (Filipenses 4:7b2).  La palabra “guardará” en el versículo 7, tiene su aplicación tanto para el corazón como para los pensamientos.

   Uno de los problemas que la humanidad siempre ha tenido es con sus propios pensamientos hacia Dios, el prójimo y hacia sí mismo.  Moisés al escribir la historia del Génesis, especialmente al referirse a una de las causas esenciales por las que Dios trajo el diluvio sobre la humanidad fue, según el texto de Moisés, porque: “todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5b).  Este estado pecaminoso de los pensamientos sin someterlos a Dios son trastornantes para la personalidad, por lo que revelan la existencia o la falta de paz en la vida humana.  Los pensamientos tienen una función muy especial para la espiritualidad del ser humano, los cuales como instrumento en las manos de Dios pueden favorecer nuestra santificación en vez de conducirnos más a la depravación.

   Usted necesita someter sus pensamientos a Dios, alimentándolos con las palabras de su santo evangelio.  Esto traerá a su vida la paz de Dios, paz que usted deberá seguir cultivando con un pensamiento disciplinado y enfocado en lo que es santo y conveniente; por eso Pablo también les dice a los Filipenses: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).  Este es el resultado de una mente o pensamiento que ha recibido la paz de Dios, pues puede pensar todo lo que es correcto; de lo contrario, por ejemplo si en vez de pensar en palabras de alabanza para o acerca de otras personas, solo está buscando ocasión para hablar mal y negativo de otros, tal persona no tiene paz pues sus pensamientos no están sometidos o consagrados a Dios. Necesita alimentar más sus pensamientos con el santo evangelio.

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   La cuarta condición esencial que las personas tenemos que cumplir para obtener con toda seguridad la paz de Dios, es:

IV.- ESTAR “EN CRISTO JESÚS”.

   El apóstol Pablo, luego de explicar la calidad de la paz de Dios, y su efecto en la vida espiritual de un creyente, enfatiza que tal efecto depende de un parámetro especial afirmando de que todo ello según las últimas palabras del versículo siete, realmente ocurre “en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7).  En otras palabras, la paz de Dios solamente la experimenta el que cree “en Cristo Jesús”; el que cree que él es el Hijo de Dios igual a Dios y que es Dios mismo, y que él siendo Dios se hizo hombre sin dejar de ser Dios para que con su obra representativa de morir en nuestro lugar por nuestras culpas.  Es esta vivencia y creencia permanente acerca de Cristo Jesús la que hace fluir la paz de Dios en los creyentes.

   Un detalle importante en esta experiencia de estar “en Cristo Jesús”, es que toda la divinidad, aunque previamente había estado actuando en el corazón de aquel que vivía sin fe en Cristo, ahora que uno cree en él, el Espíritu Santo de Dios en una labor conjunta con el Padre y con el Hijo, comienza a producir frutos útiles para nuestra relación con los demás, con nuestra propia personalidad, y con Dios mismo.  En la epístola a los Gálatas podemos leer esta acción del Espíritu Santo cuando San Pablo les explica: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, / mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22, 23a).  Así queda claro que la paz de Dios, así como otros muchos dones divinos, no depende de un esfuerzo humano que consista en hacer convenios con otras personas.  La paz de Dios tampoco es la desaparición automática de las adversidades que por ley tenemos que enfrentar y vencer cada día; y tampoco es una técnica esotérica de inhalar y exhalar para armonizar la mente y el cuerpo con la naturaleza y la contra naturaleza; sino que es fruto producido por el Espíritu de Dios.  Es por eso que Jesús mismo dijo a sus discípulos: La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).

   Amado oyente, ¿desea usted experimentar la paz de Dios? Solamente puede ser segura la paz de Dios para usted, si usted cree y permanece en la fe “en Cristo Jesús”.

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   CONCLUSIÓN: Amados oyentes, estamos a 21 días de una celebración más de la Navidad.  Estamos de alguna manera entusiasmados y ansiosos de recordar aquel gran día cuando la gracia de Dios se manifestó en este mundo, al nacer un niño que era Dios mismo que decidió encarnarse.  Siendo nada menos que Dios, tenía y sigue teniendo en sus manos el darnos todo beneficio que fuese necesario para la vida cotidiana de nosotros humanos y pecadores.  Uno de estos beneficios es la paz de Dios que tanto necesitamos todos los días.

   Que esta temporada de espera de un ciclo litúrgico para recordar y celebrar el nacimiento de la gracia encarnada de Dios, usted centre sus intereses, pensamientos, corazón, acciones, y oración, solamente en el poder, la gracia, persona, y obra de Jesucristo.  Como creyentes recordemos que solamente “él (Cristo Jesús) es nuestra paz” (Efesios 2:14a). En este adviento, la navidad, y todos los demás días litúrgicos festivos, así como todos los días ordinarios de la liturgia, vivamos llenos de gratitud, esperanza, paz, gozo, y amor, por haber tenido acceso a la paz de Dios por medio de Jesucristo.

   

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