FUNCIONES DE LA IGLESIA CON UNIDAD, Por: Diego Teh.

FUNCIONES DE LA IGLESIA CON UNIDAD

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Romanos 12:1-3.

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Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de de Mérida, Yucatán; el domingo 14 de enero 2018, a las 11:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Estamos en la plena era de la robótica. Actualmente se fabrican robots humanoides que simulan la forma y los movimientos del ser humano. El año anterior (2017) se construyó un robot que fue llamado(a) Sophia. Una publicación de la BBC del 30 octubre 2017, dice que “Su piel está hecha de una silicona especial, imita más de 60 gestos y expresiones humanas, las cámaras de sus ojos de robot humanoide registran y analizan lo que ve…”[1]. ¿Cree usted que es tan sencilla su composición mecánica y electrónica para que Sophia pueda hacer todos esto?  Además, el periódico El Financiero en una publicación del 2 de noviembre 2017, describiendo a este(a) robot Sophia, dice que: “… tiene un rostro femenino que puede mostrar emociones. Sophia habla inglés. Sophia hace bromas. Podrías tener una conversación razonablemente inteligente con Sophia”[2].  ¿Se imagina usted, toda la complejidad electrónica y mecánica de este robot para que pueda llevar a cabo las funciones para las cuáles fue diseñada? Todo esto es asombroso, pero, la competencia sigue, pues apenas el reciente 22 de diciembre 2017, un equipo de científicos de la Universidad de Tokio, anunciaron en una revista la creación de dos nuevos robots humanoides llamados Kenshiro y Kengoro.  En el canal de televisión RT (Russia Today) se explicó que “Kengoro es el más avanzado de los dos robots. Es capaz de hacer flexiones, abdominales, flexionar la espalda, etc…”, y se señaló que “cada vez se elaboran robots más complejos y con funciones más diversas”[3].  Interesante, ¿verdad?

   Imagínese lo complejo que es nuestro cuerpo humano, y todavía más interesante que a pesar de todas sus complejidades, funciona con una maravillosa coordinación, excepto cuando le ha alcanzado alguna enfermedad. Por ejemplo, ¿Sabe usted cuántos huesos tiene nuestros cuerpos? Una vez desarrollado por completo, el cuerpo humano tiene 206 huesos y 230 articulaciones. Todos en su conjunto funcionan a la perfección para todos nuestros movimientos y funciones.  Ninguno es inútil, todos son útiles para el correcto funcionamiento de los demás miembros del cuerpo. El cráneo tiene 28 huesos —8 craneales, 14 faciales y 6 en el oído—. Tenemos, además, 26 vértebras en total: 7 cervicales, 12 dorsales, 5 lumbares, el sacro y el coxis. En el tórax tenemos 25 huesos: el esternón y 24 costillas[4].  Y además de huesos, tenemos tendones, venas, diversos sistemas: el nervioso, el respiratorio, el reproductor, etc…  Cada milímetro de nuestro cuerpo está saturado de células vivas que en su conjunto hace que nuestro cuerpo funcione maravillosamente.

   En la lectura bíblica de hoy, se nos presenta un cuerpo igualmente complejo, maravilloso, y funcional que se llama iglesia, que surgió de la mente y corazón de Dios, y que ahora se encuentra establecida aquí en la tierra, y le conocemos también como el cuerpo de Cristo.  El apóstol Pablo lo presenta comparándolo con el cuerpo humano para resaltar su complejidad, pero al mismo tiempo indica que este cuerpo de Cristo, la iglesia, es excelentemente funcional.

   En el mensaje de este momento, basado en nuestra lectura bíblica de Romanos 12:1-5, voy a predicarles según nuestro texto bíblico, que el cuerpo de Cristo compuesto por muchos miembros tiene funciones que se deben llevar a cabo con unidad. / ¿Cuáles son las funciones del cuerpo de Cristo que se deben llevar a cabo con unidad? / Específicamente, les voy a explicar algunas de estas funciones la iglesia debe llevar cabo con unidad?

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   La primera función que la iglesia como cuerpo de Cristo, tiene que llevar a cabo con unidad, es:

I.- ADORAR A DIOS DE MANERA RAZONADA.

   Las primeras palabras del apóstol Pablo que leemos en Romanos 12, dicen: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (v. 1).  Cuando el apóstol Pablo instruye a los cristianos romanos a que deben presentar sus “cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios”, está usando una metáfora o comparación con el sacrificio de un cordero que los israelitas tenían que ofrecer para presentar a Dios su adoración.  Aquellos sacrificios representaban dos cosas: la primera, que el adorador por ser culpable de pecado no pudiendo pagar por su pecado, ofrecía a un animal físicamente perfecto, que representara su vida, pues solamente así podía acercarse a Dios; la segunda, que la sangre que era derramada, representaba el precio que se debería pagar por el pecado, que aun siglos antes de Jesucristo, ni una persona, ni un animal sacrificado podía pagar, sino solamente el ser prometido por Dios que ellos esperaban, pagaría con su propia vida y derramamiento de su sangre, el precio del perdón de los pecados de las persona que tenga arrepentimiento de sus pecados.  Este ser, fue Jesucristo. Pero, ahora que Cristo fue la persona que pagó por nuestros pecados, ya no es necesario el sacrificio sangriento de animales, ni sacrificio sangriento humano que no tiene valor para auto redimirse, sino que por gratitud a Dios porque su Hijo dio su vida por nosotros los pecadores, se nos pide que presentemos nuestros “cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios”, lo cual quiere decir que no tenemos que ofrecer sangre, sino adoración y una vida santa.  Este deber no es de uno solo, ni de unos cuántos, sino de todos los creyentes que conformamos la membresía del cuerpo de Cristo.

   Este “sacrificio vivo, santo, agradable”, debe ser ofrecido nada menos que “a Dios”.  El énfasis que añade el apóstol Pablo es que la vida de adoración debe ser ofrecida a Dios, y no a otro destinatario. La razón de dicho énfasis es porque en aquellos tiempos, en su entorno los romanos ofrecían cultos a criaturas como a los césares que eran considerados como dioses, a los astros, a la naturaleza, y hasta los animales. Y ofrecer culto a Dios no era lo mismo que ofrecer culto a toda aquella multitud de falsedades divinas que ellos conocían. Dios y solo Dios tiene que ser la mira de nuestra adoración. / Y al final de estas palabras en el versículo uno, el apóstol Pablo llama “culto” a esta adoración, y dice que debe ser hecha de manera “racional”.  El cuerpo de Cristo, la iglesia nunca debe dar a Dios una adoración en la que no estemos usando la razón en cada palabra que se dice por quienes nos presiden el culto; en cada palabra que decimos al leer, cantar, u orar; y en cada acto que nos corresponda llevar a cabo.

  A manera de observación, tengo que decirles que hay cultos que en algunos lugares y que muchas personas ofrecen, aunque esencialmente están dirigidas a Dios, en tales cultos las personas no usan bien la habilidad de razonamiento. Es más, en algunos de ellos la gente pierde la razón, y eso no corresponde al “culto racional” al cual se refiere el apóstol Pablo.  Los cultos no racionales, son aquellos en los que solamente hay un total desenfreno de las emociones que resultan en palabras, gritos, movimientos, y gestos, que ni siquiera son requeridos por la palabra de Dios para el ofrecimiento de su culto. Sin embargo, si el culto realmente es para Dios, aunque implica el uso de nuestra fe, de nuestras emociones, de nuestros movimientos, y de nuestra voluntad, debe también ser ofrecido usando nuestro razonamiento para comprender lo que hacemos para Dios, y lo que recibimos de Él como beneficio en el culto.

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   La segunda función que la iglesia como cuerpo de Cristo, tiene que llevar a cabo con unidad, es:

II.- RENOVAR EL ENTENDIMIENTO.

   En el versículo dos leemos que el apóstol dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (v. 2).  Aquí hay una responsabilidad.  El cristiano no puede seguir pensando tal como pensaba cuando vivía ajeno al conocimiento del evangelio de Dios.  Ahora, tiene que renovar su entendimiento.  Esta renovación, consiste en hacer a un lado nuestra manera de tomar decisiones según estábamos acostumbrados a tomarla simplemente porque así lo hacíamos o porque así lo aprendí en mi familia.  Ahora, es necesario que aprendamos las normas sabias y eficaces del evangelio. Es necesario, por lo menos leer la palabra de Dios, pero también es necesario estudiarla, meditarla, pero sobre todo comenzar a practicarla.

   Los miembros del cuerpo de Cristo tenemos esta gran responsabilidad. No podemos alimentar nuestro entendimiento con las tendencias sociales que descartan el temor de Dios. No podemos alimentar nuestro entendimiento con moralismos de las literaturas clásicas universales.  Es solamente el evangelio que da un entendimiento sabio y efectivo a toda persona. Con más razón, el cristiano necesita el evangelio, pues es solamente el evangelio lo que va a renovar todo el entendimiento que antes ha estado en nuestra cabeza, lo cual no nos había transformado en mejores personas sino en peores hijos, esposos, padres, estudiantes, trabajadores.  Dios quiere mejores personas y nos ofrece su santo evangelio para hacernos mejores personas que reflejemos la excelencia y la obediencia de Cristo.

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   La tercera función que la iglesia como cuerpo de Cristo, tiene que llevar a cabo con unidad, es:

III.- TRATAR CON HUMILDAD A TODOS.

   En el versículo tres leemos que el apóstol Pablo dice: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (v. 3).  Sin duda, que Pablo se daba cuenta de que en las iglesias donde había servido, se habían integrado personas que se entregaban a la fe, y deseaban vivir conforme a la voluntad de Dios, pero estaban luchando con sus malas costumbres de no tratar bien a sus semejantes.  Había nuevos creyentes que, por diversas ventajas sociales, políticas, o económicas se sentían superiores a los demás.  Es especialmente para estas personas por quienes el apóstol Pablo decía “que no tenga más alto concepto de sí”.  Nadie es más que otro.  Todos tenemos la misma dignidad de la imagen de Dios. Nadie debe ser menospreciado por alguna desventaja que haya tenido por circunstancias de la vida.

   El cuerpo de Cristo, la iglesia somos instruidos para ser humildes con los demás. Debemos desechar de nuestra relación con los demás, toda aparición de altivez, pues finalmente es una ofensa para Dios mismo al menospreciar a nuestros hermanos en la fe a quienes Dios ha querido darles la gracia de buscarle para la salvación.  Es igualmente de pecaminoso, no ser humildes aun con personas que no han venido a la fe, porque lejos de demostrarles el buen resultado de estar en el cuerpo de Cristo, les damos la impresión de que en el cuerpo de Cristo en el cual estamos en relación con Cristo, no vale la pena, porque no hay mejora alguna de nuestra conducta, lo cual no es así.  Seamos humildes con propios extraños, pues eso contribuye a alcanzar a otros para Cristo.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, nuestra amada iglesia El Divino Salvador, es parte del gran Cuerpo universal de Cristo. Aunque aquí entre nosotros mismos, funcionamos como un solo cuerpo que tiene más de 400 miembros.  Todos en unidad debemos llevar a cabo las funciones para los cuales Dios nos diseñó.  Debemos adorar unidos no conforme a nuestras invenciones sino conforme al razonamiento fundamentado en el conocimiento de la palabra de Dios. Debemos renovar nuestro entendimiento unidos, para que con la mente de Cristo en nosotros aprendamos a tomar mejores decisiones, para que con el evangelio de Cristo en el entendimiento hagamos no lo que promueven las tradiciones humanas sino las cosas correctas que Dios promueve en su palabra revelada.  Todos en unidad debemos tratar de manera humilde a los que se congregan junto con nosotros, aunque también tenemos que extender este trato con propios y extraños.  La iglesia El Divino Salvador no somos una iglesia que fomenta divisionismo, sino que somos una iglesia que lleva a cabo todas sus funciones con unidad.  La alta cantidad de miembros que tenemos diferentes temperamentos, formaciones, y opiniones, etc… no son causa de divisionismo, sino que nuestro número de miembros es precisamente el instrumento de Dios para guardar la unidad en todas las funciones que llevamos a cabo.

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[1] http://www.bbc.com/mundo/noticias-41803576

[2] http://www.elfinanciero.com.mx/tech/sophia-la-primera-robot-humanoide-que-cuenta-con-ciudadania-reaviva-debate-sobre-la-ia.html

[3] https://actualidad.rt.com/actualidad/258170-equipo-japones-crea-robot-humanoide-avanzado

[4] https://www.vix.com/es/btg/curiosidades/2011/03/17/cuantos-huesos-tiene-el-cuerpo-humano

   

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