UNA VIDA PARA OTROS, Por: Diego Teh.

UNA VIDA PARA OTROS

Mateo 22:34-40.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 11 de febrero 2018, a las 18:00 horas, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

Este bosquejo corresponde al sermón # 02 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

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   INTRODUCCIÓN: Hay algunas personas que tienen el buen hábito de que cuando tienen que tomar una decisión la toman pensando también en el bien de otros o de los demás; sin embargo, hay muchas personas que cuando tienen que tomar una decisión la hacen solamente pensando en sí mismos. ¿Cómo le hace usted? ¿Solo piensa en sí mismo o también considera el bien de otros o de los demás? Cuando a Jesús nuestro salvador le preguntaron maliciosamente “¿Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?” (Mateo 22:36), su respuesta fue “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. / Este es el primero y grande mandamiento” (Mateo 22:37-38).  Pero, su respuesta no acabó allí, sino que consideró añadir un detalle más que pareciera no ser respuesta a la pregunta que le habían hecho, sin embargo, está estrechamente conectada con la primera por dos vínculos esenciales: el amor, y toda la palabra de Dios. El detalle que añadió dice: “Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39).

  Quizá no hemos sido perfectos en amar a Dios, pero también tenemos que perfeccionarnos en amar también al prójimo, y no centrarnos solamente en el legítimo derecho de amarnos solo a nosotros mismos.  En el primer sermón de esta serie se predicó que nuestra vida debe ser UNA VIDA PARA DIOS, pero en este mensaje se enfatizará que dedicar nuestra vida para Dios, inseparablemente también implica que involucremos nuestra vida como UNA VIDA PARA OTROS. Jesús, nos enseña que no todo debe ser centrado en nosotros mismos; y lo que también llama la atención es que ni Dios mismo acapara toda atención de amor en Él, sino que ordena que también se ame a otros.

   En este mensaje, basado en la palabra de Dios, lo que hoy les voy a predicar es que un creyente que vive para Dios, aunque vive lo necesario para sí mismo, también vive para bendición de otras personas. / ¿Quiénes son esas otras personas para quien el cristiano debe ser bendición? / Basado en diversos textos de las Sagradas Escrituras, les voy a enfatizar quienes deben ser las otras personas por quienes un creyente debe ser una bendición.

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   La primera de las personas (más bien es un grupo de personas), por quien después de Dios, el creyente debe vivir sirviéndole de bendición, es:

I.- CADA MIEMBRO DE NUESTRA FAMILIA.

   Lo primero que voy a enfatizar es que el prójimo se encuentra en cada ser querido más cercano a nosotros, y se trata de todos los que son nuestra familia. Ellos deben ser tratados como Jesús dijo: “Amarás a tu prójimo” (Mateo 22:39). En esta categoría podemos incluir a nuestros padres que, aunque es muy probable que no viven bajo nuestro mismo techo, pero son de nuestra familia, y requieren también de nosotros. También se incluye en esta categoría a nuestros hijos, que mientras sean menores de edad, e incluso aunque sean mayores, pero se encuentran estudiando, e incluso cuando ya no viven con nosotros y se encuentren en situaciones de vulnerabilidad o de necesidad, necesitan de nosotros. Incluso para los que no son padres, pero son hermanos miembros de la familia, son responsables del bien de los demás.

   Por cierto, en la primera epístola del apóstol Pablo a Timoteo en el capítulo 5, que muy apropiadamente en la versión 60, fue subtitulada como Deberes hacia los demás, el apóstol entre varios deberes instruye a Timoteo escribiéndole: “No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; / a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza. / Honra a las viudas que en verdad lo son. / Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan éstos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios” (1 Timoteo 5:1-4); y le añade: si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8).

   Hacer esto por los padres o por los hijos, o sea, por la familia, es una de las maneras de vivir para Dios, pero al mismo tiempo siendo bendición para otras personas, y qué privilegio que primeramente sean los que pertenecen a nuestra familia.

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   La segunda de las personas (que es parte de la familia), por quien el creyente debe vivir sirviéndole de bendición, es:

II.- EL CÓNYUGE.

   En segundo lugar, quiero decir que nuestro cónyuge también es el prójimo de quien Jesús dijo: “Amarás a tu prójimo” (Mateo 22:39).   El apóstol Pablo, en su epístola a los Efesios les dice a los hombres que son maridos: Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, / para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, / a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:25-27).

  A las mujeres que son esposas les dice: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; […] Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Efesios 5:22-24). Su sujeción, y respeto, igualmente es un aspecto del amor, en el cual cada cónyuge no solamente debe pensar en sí mismo sino siempre en favor del otro.  Es así que cada cristiano vive para Dios, pero al mismo tiempo para ser bendición de otras personas comenzando con su propio cónyuge.

   Lo que podemos apreciar en esta explicación del apóstol Pablo es que Jesús como si fuera esposo para su iglesia como si fuera su esposa, fue claramente amada por él. Jesús se entregó por la iglesia aun antes de ser iglesia, porque le amaba.  De la misma manera, tanto el esposo como la esposa en el matrimonio, deben mutuamente expresarse tanto con palabras como con acciones, el amor necesario para beneficiarse el uno al otro.

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   La tercera de las personas (más bien es otro grupo muy especial), por quien el creyente debe vivir sirviéndole de bendición, es:

III.- CADA HERMANO EN LA FE.

   Hay una numerosa lista de frases en el nuevo testamento que indican el interés genuino y favorable que debemos desarrollar por otros.  Por ejemplo, Jesús dijo a sus discípulos: como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34); “y perseverban … en la comunión unos con otros” (Hechos 2:42); “abrazándonos los unos a los otros” (Hechos 21:6); “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Romanos 12:10); “recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió” (Romanos 15:7); “podéis amonestaros los unos a los otros” (Romanos 15:14); “Saludaos los unos a los otros con ósculo santo” (Romanos 16:16); “servíos por amor los unos a los otros” (Gálatas 5:13); “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Gálatas 6:2); “soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor” (Efesios 4:2); y otras frases similares.  Todas estas frases enfatizan que, habiéndonos convertido a la fe cristiana, los que ahora son nuestros hermanos en la fe están para contribuir en la edificación de nuestra fe, y nosotros estamos también para lo mismo.

   No somos hechos independientes por Dios, sino que somos integrados en un solo cuerpo donde todos somos co-responsables de aportar alguna bendición para los demás.  El apóstol Pablo, específicamente no tanto a los que él evangelizaba sino por aquellos que ya se habían convertido al santo evangelio de Jesucristo, dice a los Corintios: Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos” (2 Corintios 12:15).  Los creyentes era una de sus prioridades por quienes él vivía “por amor” de sus almas. Esto es también amar al prójimo.

   Como cristianos que hemos sido unidos por Cristo en su iglesia donde están nuestros hermanos, somos también hechos responsables de apoyar a los demás en el caminar de su vida de fe.  En el culto o en la calle con solo saludarles sin ignorarles les estamos expresando el amor al prójimo que Dios ordena que demos.  En el culto cuando oramos por otros, cuando cantamos para compartir la fe a otros, y otras muchas cosas que hacemos o que podemos hacer, también expresamos el amor de Dios al prójimo.

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   La cuarta de las personas (que también podrían ser un grupo numeroso), por quien el creyente debe vivir sirviéndoles de bendición, es:

IV.- CADA UNA DE NUESTRAS AMISTADES.

   En esta categoría de amistades se puede considerar a toda persona con la que tenemos un mayor grado de acercamiento y convivencia.  Estos podrían ser hermanos en la fe, o aun no cristianos que están en nuestro vecindario, en nuestras redes sociales, en diferentes puntos de la ciudad, y hasta en otros municipios o estados, que en algún momento descubrimos que ellos requieren de apoyo ya sea espiritual, material o humanitario. Es por ellos también que Jesús dice: “Amarás a tu prójimo” (Mateo 22:39).

   Jesús no da ejemplos claros del amor hacia el prójimo con quien se ha establecido una relación de amistad genuina.  Por ejemplo, él visitaba a sus amigos como lo hizo con Lázaro y sus hermanas Marta y María, a quienes en diversas ocasiones les expresó su amor interesándose por la salud de Lázaro, y hasta por resucitarle cuando hubo fallecido la primera vez.  Cuando su discípulo Pedro no tenía para pagar un impuesto, Jesús le solucionó su problema, ordenando la pesca de un pez en cuya boca fue extraído un estatero, moneda que equivalía a cuatro dracmas, para que Pedro pudiese pagar su impuesto de dos dracmas, y las otras dos dracmas le sirvieron a Jesús (Mateo 17:27).

   El apóstol Pablo, enseña que es necesario tomar en cuenta hacer todo tipo de bien no solamente a los que son nuestros hermanos, sino a toda persona en general, obviamente si está a nuestro alcance. A los Gálatas les escribió: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. / Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:9-10).  La instrucción es clara: “Hagamos bien a todos”.  También es clara la preferencia que deberíamos tener cuando dice: “mayormente a los de la familia de la fe”, sin embargo, no excluye a nuestras amistades, sino que les incluye.  Es por eso, que no solamente debemos vivir para nosotros mismos, sino que mientras vivimos un poco para nosotros y más para Dios, también debemos vivir para beneficio de otras personas como nuestro cónyuge, nuestra familia, y en su ocasión también para beneficio de nuestras amistades.

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   La quinta de las personas (que ojalá no haya, o si lo hay que sean pocas), por quien el creyente debe vivir sirviéndoles de bendición, es:

V.- CADA UNO DE NUESTROS ENEMIGOS.

   Los enemigos, o por lo menos alguien que sin razón se opone no necesariamente a nuestras ideas, sino que se opone a nuestra persona, aparecen a veces en nuestra vida sin causa que se pueda atribuir a nosotros mismos.  Más de un cristiano tiene enemigos.  No todos tenemos enemigos, pero cuándo surgen, aun cuando no somos los causantes de su enemistad, siempre tenemos que seguir el mandamiento que Jesús recalcó: “Amarás a tu prójimo” (Mateo 22:39).  El enemigo no deja de ser el “prójimo”.

   Jesús, en una ampliación del mandamiento de amar al prójimo, enseñó lo siguiente: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; / para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. / Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? / Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? / Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:44-48).  La enseñanza de Jesús es bastante clara.  Obviamente, amar a los amigos, cualquiera lo puede hacer, y en realidad no tiene valor relevante, sino solamente valor básico; pero amar al enemigo, o a los enemigos, eso sí que tiene valor relevante, espiritual, y de obediencia que pasa la aprobación de Dios. Un enemigo necesita nuestra oración no para que sea castigado sino para que Dios tenga misericordia de él.  Amar a un enemigo, es considerado por Jesús como la mejor oportunidad de ser perfecto como nuestro Padre celestial es perfecto (cf. v. 48).

   Dios quiera que usted no tenga enemigos, pero si los tiene o llegase a tener, recuerde usted que Dios también espera que viva para ser bendición para otras personas.

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   CONCLUSIÓN: Para concluir, amados hermanos, el segundo mandamiento está establecido según Jesús como una responsabilidad irrevocable de los Diez Mandamientos, así como en el espíritu de toda la palabra de Dios tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

   Jesús mismo vivió en su relación con su familia terrenal, con sus hermanos de fe del judaísmo, con sus amistades, y aun con sus enemigos, el principio del mandamiento de amar al prójimo como una prioridad relevante antes que amarse a sí mismo.  Cuando Jesús enseñó a sus discípulos acerca de la importancia de amarse unos a otros especialmente entre discípulos, lo que llamaríamos entre hermanos en la fe, les recalcó: Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13).  Jesús, es nuestro ejemplo de que la vida no es solamente para amarse a uno mismo, sino para amar al prójimo.  Hasta Dios no exige que solamente él sea amado, pues, aunque el primer y gran mandamiento nos conduce a amar a Dios, Jesús nos recalca que hay un segundo mandamiento semejante al primero, que es igual de importante que el primero y que consiste en amar al prójimo, lo cual implica que también vivimos para ellos.

   Amar al prójimo, implica dar todo no solamente por un amigo, sino por tu cónyuge, por tu familia, por tus hermanos en la fe, y hasta por tus enemigos.  Amar al prójimo, significa que además de vivir para Dios, aunque necesariamente se tiene que vivir para uno mismo, lo más importante es que debemos vivir más para otros que para nosotros mismos.  Solamente así se vive el amar al prójimo.

   

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