SALVO, ¿DE QUÉ?, Por: Diego Teh.

SALVO, ¿DE QUÉ?

Hechos 4:8-12; Romanos 8:1.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 25 de febrero 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

Este bosquejo corresponde al sermón # 02 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

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   INTRODUCCIÓN: Si una persona se está ahogando ya sea en una piscina o en cualquier agua de cenote, río, laguna, o mar, y no puede evitarlo por sí mismo, necesita ser salvado. Si alguien está siendo agredido a golpes por una persona mucho más fuerte, necesita ser salvado de la agresión por otra persona con mayor fortaleza o habilidad física.  En las malas experiencias que hemos tenido en muchos momentos de nuestra vida, hemos necesitado que otras personas nos salven o presten algún auxilio de la situación en la que nos encontrábamos.  Hay muchos contextos en los que se puede hablar de salvación, pero, en el mensaje de este momento, hablaré de salvación estrictamente según el contexto bíblico que señala que toda persona por ser pecadora se encuentra condenada al infierno por toda la eternidad, pero que aquellos que creen en Jesucristo son salvados de dicha condenación.  Les voy a predicar acerca de la salvación bíblica referida en los textos como los que Pedro hablando de Jesús dice: Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4:12); Pablo predicándole a un carcelero le dice: “cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa (Hechos 16:31); y como cuando Pablo le explica a los Efesios: “Por gracia sois salvos…” (Efesios 2:8), etc… y otra larga lista de textos bíblicos que hablan de salvación.  ¿Salvación? ¿De qué? Bueno, eso pretendo responder de manera básica en esta predicación.

   Específicamente, en este momento les voy a predicar que los creyentes en Jesucristo somos salvados de diversas realidades propiciadas por las consecuencias del pecado. / ¿Cuáles son las diversas realidades propiciadas por las consecuencias del pecado, de los cuáles los creyentes en Jesucristo somos salvados? / Basado en diversos textos de la palabra de Dios, les voy a compartir solamente algunas de las realidades propiciadas por las consecuencias del pecado, de las cuales los creyentes en Jesucristo somos salvados?

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   La primera realidad de la cual el creyente en Jesucristo es salvado, es:

I.- DE PAGAR SU CULPA.

   A través de las Sagradas Escrituras encontramos la verdad enunciada en el Catecismo de Heidelberg, (uno de nuestros símbolos doctrinales), que, con respecto a la persona y cualidades de la persona necesaria para pagar por el pecado humano, en su pregunta número 16 dice: ¿Por qué debe ser verdadero hombre y perfectamente justo?”, y responde: “Porque la justicia de Dios exige que la misma naturaleza humana que pecó, pague por el pecado; el hombre que es pecador, no puede pagar por otros”.  Pues así está difícil el asunto porque no podíamos ni podemos hacer nada para satisfacer la justicia de Dios. Nadie, aunque tenga naturaleza humana, puede pagar por su pecado, porque nadie es perfectamente justo.  Y si acaso hubiese alguien, lo cual no hay, que pueda pagar por su propio pecado, siendo pecador, no puede pagar por el pecado de alguien más, así que prácticamente siempre quedaríamos bajo la imposible obligación de pagar por nuestro pecado.

   Pero, sepamos que hubo alguien que cumplió el requisito de ser un humano, no lo era porque era Dios, pero se hizo humano.  No fue pecador, eso aseguró que él pueda pagar por nuestras culpas, pero no por él porque él no fue pecador, sino por las culpas de todos los seres humanos pecadores, a quienes representó.  Este hombre se llama Jesús el Hijo de Dios. El centurión que comandó y presenció la crucifixión de este Jesús, al ver todos los portentos y milagros que ocurrían en el momento intermedio desde su crucifixión hasta su muerte, terminó diciendo: “Verdaderamente este hombre era justo” (Lucas 23:47).  El apóstol Pablo hablando de Jesús también dice de él: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21).  El apóstol Pedro por su parte dice de Jesús que él: “padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 Pedro 3:18).  Jesús tomó nuestro lugar para pagar por nuestros pecados.  Somos salvos de pagar, porque él ya lo pagó con su vida justa y santa.

   Amados hermanos, en otras palabras, los creyentes nos salvamos de pagar nuestra culpa mediante una muerte cruel y sangrienta, pues Jesús lo pagó por nosotros. De nada serviría nuestra propia muerte, ya sea natural, accidental, como víctima o mártir, aun sea sangrienta.  Nuestra propia muerte física solamente serviría como un paso más de nuestros pasos a la muerte eterna.  Pero, afortunadamente, por la gracia de Dios, Jesús el Hijo de Dios el que vino a nacer y a vivir entre la humanidad hace casi dos milenios, él cumplió los requisitos exigidos por la justicia divina. Usted ya no tiene que pagar ni con su propia vida, ni con dinero, ni con obra alguna para ser librado de condenación.  Intentar pagarlo con esfuerzos, dinero, o de otra manera, es rechazar la eficacia salvadora de la muerte de Jesucristo.  Esta es una verdad que debemos tener en nuestro conocimiento para poder compartir el mensaje de salvación cuando hacemos trabajo de evangelización.

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   La segunda realidad de la cual el creyente en Jesucristo es salvado, es:

II.- DE LA MUERTE ESPIRITUAL PRESENTE.

   La consecuencia inmediata desde que el ser humano comenzó su mala experiencia de ser un desobediente y pecador delante de Dios, consistió en la muerte espiritual presente.   Esta muerte espiritual, comienza en realidad desde que somos concebidos.  Así que todos los seres humanos desde que nacemos, aunque nacemos físicamente vivos, nacemos muertos espiritualmente; pero estando físicamente vivos, todavía tenemos oportunidad de salvación para la muerte espiritual que nos ha acompañado.  Es a esto que el apóstol Pablo se refiere cuando dice a los Efesios: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, / en los cuales anduvisteis en otro tiempo, …” (Efesios 2:1,2a).  Este “él” se refiere a Jesucristo quien puede solucionar el estado de muerte espiritual de en una persona, y a cambio darle vida.  Por eso, enfatiza el apóstol que “él (Cristo) os dio vida […] cuando estabais muertos en vuestro delitos y pecados”.  Esta solución o salvación de la muerte espiritual se hace una nueva realidad cuando uno cree en Jesucristo.

   Amados hermanos, el pecado que nos acompaña aun desde antes de nacer, y que permanece en nosotros durante nuestra vida, mata nuestra vida espiritual, y nos hace incapaces de buscar a Dios, nos hace incapaces de hacer lo que es bueno. Es por eso que muchas personas que no han recibido la vivificación espiritual no se interesan por buscar a Dios para adorarle, aprender de él, y servirle.  Es por eso que muchas personas no sienten ningún pesar por sus malas decisiones y acciones, pues en vez de amar el bien, aman más el hacer lo que es malo.  Pero los creyentes en Jesucristo, hemos sido salvados de esta muerte espiritual, pues desde el momento que creímos en Jesús, él (Cristo) nos dio la vida espiritual que acabó con la muerte espiritual a la que estábamos condenados primero en el presente y luego también en la eternidad.  Pero, primero, Jesucristo salva de la muerte espiritual que acompaña a los seres humanos en la vida presente. Esta es otra de las verdades que tenemos que saber y compartir en nuestra labor de evangelización.

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   La tercera realidad de la cual el creyente en Jesucristo es salvado, es:

III.- DE LA MUERTE ETERNA.

   No solamente existe la realidad de la inevitable muerte física, y la realidad de la muerte espiritual mientras estamos vivos en el presente, sino que también existe la realidad de la muerte eterna. ¿Qué es esto de la muerte eterna? Para entender este concepto de la muerte eterna, primero debemos saber que la palabra muerte simple y sencillamente significa separación.  Cuando decimos que una persona se murió es porque su espíritu o alma se separó de su cuerpo.  Y cuando la biblia habla de muerte eterna, se refiere a la separación que una persona después de la muerte física, tanto su cuerpo como su alma, quedan separados de Dios de manera eterna.  No hay peor condenación que pueda ocurrirle a una persona, que la muerte eterna.    Por eso dice el apóstol Pablo: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Desde que nacemos no solamente estamos espiritualmente muertos, sino que en consecuencia también estamos “destituidos de la gloria de Dios”, eternamente muertos, estamos separados de Dios eternamente, pero mientras estamos físicamente vivos, hay solución no solamente para la muerte espiritual presente, sino que también hay solución para que se cancele nuestra muerte eterna, y no quedemos eternamente separados de Dios. Así que muerte eterna, entiéndase como separación eterna de una persona con respecto a Dios, lo cual es una condenación segurísima a la que todo pecador está sujeto, a menos que recurra a Jesucristo para salvarse de tal muerte eterna. Por eso también explica el apóstol Pablo que: “la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).  Pero, si durante toda la vida no se recurre a Jesucristo, entonces, al momento de la muerte física, inmediatamente comienza la terrible muerte eterna al quedarse excluido de las bondades eternas de Dios, por lo que el pecador se encontrará directamente nada menos que en las dimensiones del castigo eterno en el infierno mismo, sin la presencia celestial de Dios.

   En una ocasión en los Estados Unidos de América, un juez en la ciudad de Louisville, Kentucky decidió que el jurado había sido demasiado severo con un hombre declarado culpable de cinco robos y un secuestro. Los miembros del jurado decidieron que el hombre debió servir una condena de 5.005 años en la cárcel.  ¡Cinco mil cinco años! – exclamó el juez. ¡Es una sentencia excesiva! Al oír estas palabras, el acusado sintió un poco de esperanza. ¡El juez le iba a reducir la sentencia! Efectivamente, esto es lo que sucedió. De inmediato, el juez redujo la sentencia a sólo mil años y uno[1].  Obviamente no podía ser absuelto de sus culpas.  Pero en el caso de nuestra situación legal de pecado cuya sentencia debe ser no de 5,005 años sino eterna, cuando es reducida por Cristo Jesús, ni siquiera es reducida solo a 1,001 años, y ni siquiera a una sola milésima de segundo, sino queda es reducida a cero instantes, totalmente cancelada, eliminada.  El creyente en Jesucristo ni un instante más es condenado a la muerte eterna o separación de Dios.  Por eso el apóstol Pablo recalca que totalmente: “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1).  Por eso, se puede afirmar que El creyente en Jesucristo, es salvo de la condenación de muerte eterna. Ahora, en vez de muerte eterna, ya tenemos “vida eterna” (cf. p. ej. Romanos 6:23).

   Amados hermanos, la muerte eterna llega a su fin solamente cuando uno cree en Jesucristo, estableciendo así una relación de conocimiento del único Dios vivo y verdadero.  Así entonces, cuando nos llega la muerte física, solamente continuamos con la vida eterna, porque hemos sido salvados por Jesucristo de la muerte eterna.  Ya no seremos separados de Dios.  Somos salvos.  Pero cuando una persona muere físicamente, y no accedió a la fe en Cristo durante su vida, entonces automáticamente queda muerto espiritualmente para siempre, o sea, queda separado eternamente de Dios; pues habiendo muerto físicamente ya no tiene manera de acceder a la solución de la muerte eterna.   Pero usted como creyente, no se preocupe.  Usted es salvo de la muerte eterna, pues desde ahora usted ya “tiene vida eterna” si ha creído en Jesús (cf. Juan 5:24).  Esta es entonces, otra de las verdades que tenemos que saber y compartir en nuestra labor de evangelización.

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   La cuarta realidad de la cual el creyente en Jesucristo es salvado, es:

IV.- DE LA MUERTE FÍSICA ETERNA.

   Desde que el pecado hizo acto de aparición en los seres humanos Eva y Adán, la condenación de la muerte física fue la primera de las sentencias que ellos recibieron y en consecuencia toda su descendencia estaría sujeta a tal indeseable experiencia.    Luego, en cada página de la biblia podemos observar que el ser humano vive bajo la segura condenación de muerte. Es por eso que todos los seres humanos tenemos que morir del cuerpo. En Ezequiel leemos que “el alma que pecare esa morirá” (Ezequiel 18:4). El apóstol Pablo también recuerda frecuentemente esta realidad cuando dice a los romanos: “Porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). ¿Quién podría escapar de esta sentencia si todos los seres humanos somos pecadores?  Nadie puede evitar la muerte.  El apóstol a los hebreos lo enfatiza diciendo: “está establecido para los hombres que mueran una sola vez…” (Hebreos 9:27). No hay escapatoria, hay que morir, pero el hecho de que diga que hay que morir “una sola vez”, es porque no habrá muerte por segunda vez, sino que deja lugar a una segura esperanza real de vivir de nuevo esta vez para siempre. Tenemos que morir, pero la buena noticia es que volveremos a tener cuerpo como ahora tenemos. Eso será fabuloso, excelente.

   El apóstol a los hebreos dice: “así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (Hebreos 9:28).  “Salvar a los que le esperan”, en este contexto, implica toda la edición final de la salvación, pero implica que habrá una salvación de la muerte física, no evitando la muerte, pero sí superándola, porque según la misma palabra de Dios, cuando Cristo vuelva o aparezca por segunda vez, “los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Tesalonicenses 4:16).  Pero dejemos que el apóstol Pablo explique cómo será esta resurrección.  Él pregunta: “… ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?” (1 Corintios 15:35), y responde: los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. / Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (1 Corintios 15:52,53). Durante el tiempo que experimentamos lo que llamamos muerte, realmente usted sigue vivo solamente con su espíritu, pero Dios quiere que nuevamente todos tengamos un cuerpo que en esa ocasión será incorruptible pues no habrá nada que lo dañe, pues será inmortal porque no morirá como nuestro cuerpo presente.

   Amados hermanos, gracias a Cristo, esa condenación llamada muerte física, tiene solución.  Solamente es una separación del cuerpo y el alma por breve tiempo, porque Jesús quien dijo: “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25) no lo dijo solamente con respecto a sí mismo sino también para todos los que crean en él.  Pues con respecto al cuerpo, y no al alma que nunca muere, dijo: Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Juan 11:26).  Usted por ser creyente en Jesucristo, es salvo de la muerte física, porque Cristo asegura que usted no morirá eternamente, sino que será resucitado incorruptible.  Así que la muerte no debe causarle ningún temor, ninguna preocupación pues es solamente una sentencia temporal que en Cristo ya tiene solución, que en Cristo ya hay salvación porque por él tendremos resurrección.  Esta es otra verdad que es parte del contenido que debemos saber y compartir en nuestra tarea de evangelización.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, estas cuatro realidades que les he expuesto deben ser motivadores de nuestra responsabilidad de hacer trabajo de evangelización. Jesús es el autor y responsable de nuestra salvación de toda condenación adquirida por el pecado.  Compartamos a nuestros amigos, conocidos, compañeros de trabajo, familiares, etc… que Jesús nos salva: 1) de pagar la pena legal que corresponde a nuestra culpa, pues él lo pagó todo; que Jesús nos salva: 2) de la muerte espiritual que nos persigue en nuestra naturaleza en el presente, pues él nos da vida espiritual; que Jesús nos salva: 3) de la muerte eterna que separa de Dios para siempre, porque en él tenemos vida eterna; y que Jesús nos salva: 4) de la muerte física eterna, porque por él la muerte física se convierte en una experiencia temporal, pues él nos asegura una resurrección incorruptible.

   Dios ponga en nuestros labios las palabras necesarias para explicar estas verdades a las personas a quienes compartimos el evangelio de la salvación por medio de nuestro Salvador y Señor Jesucristo.

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[1] Hancock, Tony; No hay condena; http://www.iglesiatriunfante.com/sermon/sermon355.htm

   

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