DEJA DE HACER LO QUE DIOS NO ESPERA QUE HAGAS, Por: Diego Teh.

DEJA DE HACER LO QUE DIOS NO ESPERA QUE HAGAS

Varios textos.

.Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 18 de marzo 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 03 de la serie: SÚPER OCUPADOS.

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   INTRODUCCIÓN: Todos los que tenemos un empleo invertimos un promedio de 10 o más horas diarias fuera de casa. Y estando en casa, muchos duermen menos de cuatro horas por la noche antes de levantarse de nuevo para ir al trabajo al día siguiente. Los más relajados aprovechan dormir hasta seis horas.  Muy pocos aprovecharán dormir hasta ocho horas diarias.  Después del tiempo de trabajo de cada día en el empleo y antes de dormir, tenemos familia, tenemos parientes, tenemos iglesia, tenemos amigos, por quienes también dedicamos algún tiempo todos los días.  En ese lapso de tiempo hacemos algunas, y a vece muchas cosas. La verdad es que algunas sí valen la pena hacerlas, otras no valen la pena hacerlas. Solamente perdemos el tiempo sin provecho que valga la pena para otras personas o por lo menos para uno mismo. En el mensaje de hoy, no hablaré acerca del exceso de tiempo dedicado a trabajar en el empleo, profesión, u oficio, y que por ello caemos en la irresponsabilidad de dedicar el tiempo necesario a nuestra devoción con Dios, a nuestra familia, a la iglesia y su misión, etc… Hoy abordaremos otro aspecto en el cual muchas personas incluyendo a cristianos, desgastan sus vidas, su tiempo, y otros recursos, en actividades que no deberían estar haciendo porque desenfocan la vida de lo que verdaderamente vale la pena hacer.  A menudo, a estas personas, si alguien le pide que se involucre en un buen proyecto, siempre te van a responder: No puedo, porque tengo un compromiso ese día, esa hora; tengo algo qué hacer; etc…  Si ese fuera el caso de usted, ¿cree usted que las cosas que está haciendo son las cosas que Dios espera que usted haga, o son cosas que Dios no está esperando que usted haga?

   En el mensaje de este momento, basado en diversos textos de la palabra de Dios, voy a predicarles que para obtener mejores resultados en las cosas que hacemos, es necesario establecer criterios esenciales para dejar de hacer lo que Dios no espera que hagamos, y así hacer solamente lo que es realmente importante. / ¿Qué criterios esenciales se deben establecer para dejar de hacer lo que Dios no espera que hagamos, y así hacer solamente lo que es realmente importante, y entonces obtener mejores resultados? / En el desarrollo de este mensaje les voy a compartir algunos criterios esenciales que usted debe tomar en cuenta para que no haga cosas que Dios no espera que usted haga, sino solamente las que él espera que usted haga, y entonces se vean los resultados concretos.

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   El primer criterio esencial para no hacer lo que Dios no espera que hagamos, sino solamente lo importante que debemos hacer, para tener mejores resultados, es:

I.- TODO LO QUE HAGAS HAZLO POR MEDIO DE METAS.

   El apóstol Pablo en su epístola a los Corintios, les escribe lo siguiente: “Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire” (1 Corintios 9:26).  Es decir, en una carrera oficial ¿qué es lo que el corredor espera? Sin duda que llegar a la meta. Entonces, aunque se sienta cansado, no se va a detener bajo una sombra a descansar mientras los demás le rebasan rumbo hacia la meta. No se va a sentar ni recostar en algún lugar cómodo que él encuentre en el camino; sino que siempre va a pensar y hacer todo lo posible para llegar hasta la meta, y obtener el premio.  Los que compiten en el boxeo, no buscan solamente golpear el aire sino a su oponente para derrotarlo. En la vida cristiana, es igual, como dice el apóstol: “corro, no corro como a la ventura, […] peleo, no como quien golpea el aire”.   En otras palabras, la vida cristiana exitosa, implica establecerse metas bien definidas.

   Usted debe saber qué es lo que desea lograr, y se va a enfocar solamente en ello.  Cualquier otra cosa que aparezca como una oportunidad, o aún como una urgencia que no sea médica, pero que no contribuye a lograr la meta establecida, usted tiene que descartarlo, usted no tiene qué hacerlo, porque solamente va a ser una pérdida de tiempo. No es que Dios no quiera que usted haga eso, sino que para lograr la meta que está usted persiguiendo, Dios no espera que usted haga lo que no contribuye a alcanzar su meta.

   Jesús mismo sabía cuál era su meta en esta vida. Durante su ministerio, por ejemplo, en casa de Zaqueo dijo acerca de él mismo, que: “el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).  Esa fue siempre su misión. Así lo anunciaron los ángeles a un grupo de pastores apenas había él nacido, cuando dijeron de él: “os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:11). Durante su ministerio, cuando tenía que viajar a otros lugares, dice los evangelios acerca de él, que: “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, …” (Mateo 9:35a,b,c). No iba con otras metas que no sea buscar y salvar personas.  Cuando oraba, esa era su objetivo.  Cuando platicaba de persona a persona, como lo hizo con la Samaritana, con el joven rico, con Zaqueo, era con ese fin.  Cuando hablaba a las multitudes, cuando hablaba a religiosos, cuando trataba con extranjeros, cuando hablaba con políticos y gobernantes, su meta era buscar y salvar perdidos.  Incluso cuando murió fue solamente para hacer efectiva su meta de buscar y salvar lo que se había perdido.

   Amados hermanos, si establecemos metas apegadas a la voluntad de Dios, tendremos una buena guía para no salirnos de la meta.  Si su meta es glorificar a Dios y servir en su obra, usted no perderá su tiempo en cosas que no contribuyen a ese fin, usted trabajará en su empleo o negocio propio, pero no tendrá problema para suspender su trabajo a determinada hora o en determinado día como el día del Señor para hacer lo que a Dios le glorifica y así usted pueda servir en su obra.  Usted no estará dejando de asistir a su iglesia precisamente el día del Señor.  Usted no estará yendo a la playa, al estadio, e incluso juntándose con familiares y amigos dos o tres domingos al mes en horario de adoración.  Todo esto es importante, pero tiene su tiempo.  En el día del Señor, está fuera de la meta, está corriendo “como a la ventura”, sin meta. Sus resultados, usted mismo se dará cuenta, manifiesta irresponsabilidad, su crecimiento espiritual es bajo e incluso nulo, sus frutos de ministerio para el Señor no se ven. Si usted no tiene metas apegadas a la voluntad de Dios, usted se encontrará haciendo miles de cosas, aunque estas cosas no sean malas sino buenas, pero no son las que Dios está esperando que usted haga.

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   El segundo criterio esencial para no hacer lo que Dios no espera que hagamos, sino solamente lo importante que debemos hacer, para tener mejores resultados, es:

II.- TU PRIORIDAD SIEMPRE DEBE SER TU VIDA ESPIRITUAL.

   Nadie espera que con los brazos cruzados nos lleguen las cosas que nos gustaría obtener, ¿verdad?  Pero no se debe abusar ni siquiera del tiempo de trabajo para conseguirlo.  Dice muy ciertamente, el autor del salmo 127: Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores” (Salmo 127:2a).  La verdad, es por demás, si en afán de conseguir lo que desordenadamente uno quiere conseguir, uno descuida su propia vida espiritual.   Jesús, así lo explicó.  Durante la predicación de su memorable sermón del monte, él hizo a sus oyentes la observación de que muchas veces las personas tendemos a preocuparnos y hasta a ocuparnos demasiado por las cosas que necesitamos o queremos en la vida.  Sin embargo, aunque se trata de cosas lícitas, obviamente hay que trabajar por ellas para conseguirlas.  Pero, en medio de los afanes que nos presenta la vida cotidiana, Jesús enseñó: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).  Buscar a Dios y su reino, es el gran secreto para no estar ocupados en hacer cosas que Dios no espera que estemos haciendo, especialmente en los tiempos que de tiempo completo y propiamente sin ninguna otra cosa qué hacer, deberíamos estar ocupados en nuestra vida espiritual.

   Es interesante observar que Jesús dice que esta búsqueda de Dios y su reino debe hacerse “primeramente”, antes de cualquier otra cosa material que lícita y legítimamente querramos obtener.  Esta es la prioridad de la vida. Quienes “primeramente” buscan a Dios, su reino, y su justicia, después de ello, todas las cosas que necesitan, dice Jesús: “serán añadidas”. No es al revés como muchas veces lo establecemos haciendo nuestro propio orden, poniendo que primeramente queremos las cosas que necesitamos y queremos, y entonces luego, y solo luego, ponemos a Dios en la lista.  Pero, si el corazón se nos llena de ambición y avaricia, otra vez decimos: Quiero más cosas primero, y hasta que yo consiga esto, esto, y esto, entonces, luego lo que tiene que ver con Dios.  Esta es la manera de pensar de muchos que no han entendido bien el evangelio de Jesucristo, o que aun habiéndolo entendido no quieren vivir lo que es una verdadera prioridad. Pero, para nosotros los discípulos de Jesús, la prioridad de la vida, debe ser nuestra vida espiritual, buscando primeramente a Dios, su reino, y su justicia.

   Amados hermanos, si tenemos este criterio esencial bien establecido, de tener como prioridad nuestra vida espiritual, no nos hallará Dios ocupados en cosas que Él no espera que hagamos; sino estaremos haciendo siempre lo que es más importante que él quiere y espera que hagamos; y finalmente los resultados buenos y abundantes serán evidentes.  Por eso cada uno de nosotros debemos buscar “primeramente el reino de Dios y su justicia”.

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   El tercer criterio esencial para no hacer lo que Dios no espera que hagamos, sino solamente lo importante que debemos hacer, para tener mejores resultados, es:

III.- APROVECHA BIEN EL TIEMPO DE CADA DÍA.

   En una exhortación que el apóstol Pablo hizo a los Efesios, instruyéndoles que en este mundo donde abunda la maldad, sean diligentes en andar como es correcto, siendo sabios en sus decisiones; y para ello, les especifica que debe ser: aprovechando bien el tiempo” (Efesios 5:16). ¿Cuánto tiempo desperdicia usted para lo que es verdadera y realmente provechoso? Solo recuerde ¿Cuánto tiempo se pasa usted durmiendo durante el día?  Para empezar quizá se levanta a avanzadas horas de la mañana, luego después de la comida, opta por una siesta que se prolonga en un gran tiempo de dormir.  Esto no es correcto, ni apropiado para una persona cristiana.  Además, cada día, ¿cuánto tiempo dedica al televisor, en programas recreativos, con mala filosofía, y que no tiene nada edificativo, sino una pésima moral?  Hay quienes ocupan más de cuatro horas diarias en ver televisión.  Dios no espera que usted haga esto cada día, ni siquiera de vez en cuando. ¿Cree usted que esto es aprovechar bien el tiempo, en el sentido que lo dijo el apóstol Pablo?  Desde luego que Dios espera que usted trabaje el tiempo necesario cada día, y no está en desacuerdo que usted trabaje tiempos extra cuando las circunstancias lo requieren.

   Pienso en un día de Jesús durante su ministerio.  Escogí partes de la narración de San Marcos.  Por ejemplo, para aprovechar bien el tiempo de cierto día, dice San Marcos que Jesús: Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35). Cuando usted se dé cuenta que durante el día no tiene tiempo para orar, entonces eso quiere decir que para aprovechar bien el tiempo, quizá usted tiene que madrugar o simplemente dormir unos minutos más de su hora normal de dormirse por la noche, o quizá tiene que dormir menos su siesta, o quizá debe disminuir el tiempo de sus paseos o de ver la televisión, o el Youtube.  Aquel día de Jesús, habiendo amanecido bien, para aprovechar bien el tiempo, Jesús les dijo a sus discípulos: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. / Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios” (Marcos 1:38,39).  Bueno, para aprovechar bien el tiempo del día ¿sacaría usted por lo menos un poco de tiempo para ir y compartir el santo evangelio a alguien? ¿o de qué manera aprovecharía bien el tiempo después de su tiempo ordinario de trabajo?

   Pero, en otro día de Jesús, el día que le tocó alimentar a más de cinco mil personas, dice San Marcos, que después: “En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. / Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar” (Marcos 6:45,46). Jesús ya les había predicado, ahora, les da de comer, pero al final se va a otro lado, y cuando llega sin duda que ya era de noche, pero nuevamente, leemos que: “se fue al monte a orar”. No importa si ya es de noche, la prioridad de Jesús no era el dormir sin haber orado, sino orar antes que cualquier otra actividad.

   Así que amados hermanos, cuando hay genuino interés de aprovechar bien el tiempo, si es necesario madrugar, los cristianos lo hacemos.  Si es necesario posponer el descanso, lo hacemos.  Si es necesario dormir un poco más noche, también lo hacemos.  Sin embargo, no se trata de hacer más para parecernos a un súper héroe, o para que otros vean que nosotros si hacemos más, y que hasta hacemos lo que otros no quieren hacer.  Tampoco se trata de hacernos voluntariamente víctimas de estar siempre y extremadamente ocupados.  Solamente hacemos lo que está en nuestra meta de vida, a nuestra meta del año, del mes, de la semana, o del día, pero de acuerdo a la voluntad de Dios.  No nos levantaremos más temprano, ni tampoco nos dormiremos más noche solamente porque vamos a hacer cosas que no son parte de nuestra meta.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, a menudo usted se ha dado cuenta que ya no tiene tiempo para muchas cosas que usted realmente debería hacer.  Eso suele suceder porque usted estuvo haciendo muchas cosas o quizá una sola cosa, pero por mucho tiempo, cosa o cosas que usted no debió haber hecho.  Eso le sacó del camino de la meta.  Eso le robó el tiempo para lo más importante de la meta.  Usted tiene que dejar de hacer cosas que Dios no espera que usted haga.  El año solamente tiene 365 días los cuales no son suficientes para hacerlo todo. Solamente son el tiempo necesario para hacer lo que es importante que Dios espera que usted haga, para poder ver el buen resultado.  Haga un análisis de sus actividades por lo menos de casa semana o hasta solamente del fin de semana, para descubrir qué son las cosas que están fuera de meta y que le han impedido a usted desarrollar una vida realmente cristiana durante la semana, y hasta el fin de semana.

  Por ello, para no desperdiciar el tiempo, ni las fuerzas en actividades que no están de acuerdo a nuestra meta como cristianos, es necesario establecer criterios esenciales para dejar de hacer lo que Dios no espera que hagamos, y así hacer solamente lo que es realmente importante: I.- TODO LO QUE HAGAS HAZLO POR MEDIO DE METAS; II.- TU PRIORIDAD SIEMPRE DEBE SER TU VIDA ESPIRITUAL; y III.- APROVECHA BIEN EL TIEMPO DE CADA DÍA.  Así, usted se encontrará haciendo siempre lo que Dios espera que usted haga.

   

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