LLAMADOS CON UN PROPÓSITO: ¡PREDICAR!, Por: Diego Teh.

LLAMADOS CON UN PROPÓSITO: ¡PREDICAR!

Marcos 16:14-16.

1 Corintios 1:17-21.

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Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán; el domingo 08 de abril 2018, a las 11:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Nuestro texto de hoy está estrechamente relacionado con la entonces reciente resurrección de Jesucristo, cuya conmemoración llevamos a cabo hace solamente una semana.  Después de que Jesús hubo resucitado, se presentó ante diversas personas y grupos, para hacerles encomiendas muy especiales. Nuestro texto bíblico para este momento, relata la última de estas presentaciones de Jesús, que específicamente fue con sus once discípulos que para aquellos días estaban pasando una fuerte crisis de fe, y de espiritualidad.  Jesús en aquel encuentro con sus discípulos “les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado” (Marcos 16:14).  Pero, en este mensaje no me enfocaré en el reproche, sino en la encomienda o Gran Comisión que él les hizo en aquella ocasión.  La comisión de Jesús a ellos fue, según San Marcos: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).  En este momento estaré enfocado en el análisis de la comisión de ir a predicar. ¿Se referirá a lo que hacemos los pastores y predicadores de esta iglesia? Esto es parte de lo que pretendo comunicarles en este mensaje.

  Este mensaje lo podría resumir en esta frase: “La Gran Comisión: “predicad”, tiene detalles importantes que deben ser tomados en cuenta por cada discípulo de Jesús”. / ¿Cuáles son eso detalles importantes que deben ser tomados en cuenta por cada discípulo de Jesús, con respecto a la Gran Comisión “predicad”? / Descubramos juntos cada uno de estos detalles.

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   El primer detalle con respecto a la Gran Comisión: “Predicad”, que debe ser considerado por todo discípulo de Jesús, es:

I.- QUE EL MÉTODO DE LA PREDICACIÓN ES LA PROCLAMACIÓN.

   Esta Gran Comisión de Jesús a los discípulos, según la versión de San Marcos, comienza diciendo: “Id por todo el mundo y predicad…” (Marcos 16:15).  Lo que en este punto quiero indicarles es que el apóstol Marcos registró el mandato “PREDICAD”, usando la palabra griega: “????????” (Kyrísate) que proviene de verbo Kerusso (proclamar, anunciar) que hace referencia a la labor que hacían los Keryx (Los Heraldos), que desde los tiempos del imperio griego hasta en los tiempos del imperio romano, tenían la función de reunir a los habitantes de cada ciudad, pueblo, o aldea para anunciar o proclamarles a nombre del rey o emperador lo que este les quería comunicar. La palabra “????????” (Kyrísate) que Jesús utilizó en este mandato, indica la función de un Keryx (heraldo), como si el emperador estuviese diciendo a sus heraldos: Vayan a proclamar, vayan a anunciar, vayan a predicar lo que les voy a decir.  Me tomé el tiempo de revisar la traducción de 19 versiones en español, que si no usan la palabra: “predicad”, usan las palabras: “proclamen” o “anuncien”.  Tal como los Keryx (heraldos) tenía que predicar, así los discípulos de Jesús tienen que ir a predicar.

 Así, podemos tener claro que cuando Jesús envió a los discípulos a predicar, no fue para buscar el púlpito de una sinagoga o de un templo, sino que fue para que buscaran y reunieran personas en cualquier lugar para anunciarles o proclamarles la buena noticia del santo evangelio de Jesús.  Esto es el deber actual no solo de pastores, ancianos, y predicadores en general, sino de todos los que ahora somos discípulos de Jesús. Predicar, se hace no solamente ocupando el púlpito de los templos, donde la gente que ya conoció el evangelio de Jesús, llega por sí sola a recibir también por medio de la predicación, el adoctrinamiento de su nueva vida en el evangelio, sino que predicar implica ir a anunciarles el evangelio a las personas donde ellos están. Es verdad que aquí proclamamos o anunciamos porque se habla delante de muchas personas, pero el sentido original es ir hacia la gente para reunirlos en cualquier lugar y proclamarles.

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   El segundo detalle con respecto a la Gran Comisión: “Predicad”, que debe ser considerado por todo discípulo de Jesús, es:

II.- QUE EL CONTENIDO DE LA PREDICACIÓN ES EL EVANGELIO.

   Junto con el mandato “Id por todo el mundo y predicad”, Jesús dejó bien claro cuál sería el contenido de esta predicación, proclamación, o anuncio.  Sería según su indicación: “el evangelio (Marcos 16:15).  Los heraldos imperiales (los Keryx), anunciaban o proclamaban tanto las buenas como las malas noticias que se les encomendaba comunicar, pero los discípulos de Jesús solamente son enviados a predicar: “el evangelio”, es decir, solo la buena noticia. Ni si quiera las buenas noticias sino en singular la buena noticia.  La noticia del evangelio en palabras del apóstol Pablo, es que Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8); que “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15).

  Es solamente el evangelio, la buena noticia de parte de Dios, la que puede sacar al pecador de su condición miserable de pecado y sus consecuencias.  Al ir a anunciar el evangelio, se está llevando un mensaje muy distinto a todos los mensajes que alguna vez los heraldos griegos o romanos llevaron a todas partes de sus respectivos territorios.  Se está llevando un mensaje que cambia vidas desde el corazón.  No solamente cambia conductas externas como si el evangelio fuera un sistema de programación neurolingüística, sino que cambia el mismo corazón humano de donde proceden todos los males y pecados que experimentamos los seres humanos.  Vale la pena anunciar, proclamar, o sea, predicar el evangelio de Jesús.

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   El tercer detalle con respecto a la Gran Comisión: “Predicad”, que debe ser considerado por todo discípulo de Jesús, es:

 III.- QUE LA AUDIENCIA DE LA PREDICACIÓN ES TODA CRIATURA.

   Después del mandato “Id por todo el mundo y predicad”, y después de indicar que el contenido de la predicación de los discípulos debe ser “el evangelio”, Jesús añade que la predicación de este evangelio debe ser hecho “a toda criatura (Marcos 16:15).  La predicación o anuncio del santo evangelio no debe ser limitado a los creyentes que asisten a las reuniones como la nuestra en este preciso momento, porque si bien, es verdad que predicamos “el evangelio”, también es verdad que aquí no está presente “toda criatura”, aunque sin descartar que pudiese estar presente algunos no creyentes, la gran mayoría somos los creyentes discípulos de Jesús; entonces, predicando solo aquí, y solo nosotros los predicadores de esta iglesia, no estamos llevando a cabo la tarea de manera completa.

   La iglesia, los discípulos de la actualidad debemos procurar no predicar “el evangelio” solamente a nosotros mismos, sino a “toda criatura” a la que no ha llegado este evangelio de Jesucristo, e incluso aunque les haya llegado “el evangelio”, pero si no lo han creído, es necesario seguir anunciándoselos.  Eso es predicar “el evangelio a toda criatura”.  Esta iglesia tiene un proyecto de predicar el evangelio a toda criatura.  Acérquense con su servidor o con nuestro hermano el anciano Walter, para que usted se una a este proyecto de la iglesia.  Debemos predicar no solamente a nosotros mismos, sino a los que están sin Cristo y que nunca vendrían aquí a escuchar lo que nosotros siempre escuchamos del evangelio.

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   El cuarto detalle con respecto a la Gran Comisión: “Predicad”, que debe ser considerado por todo discípulo de Jesús, es:

IV.- QUE LA RESPUESTA HACIA LA PREDICACIÓN ES LA FE.

   Junto con su gran mandato, Jesús también les explica a sus discípulos acerca de la respuesta que debe esperarse de los que escuchen el mensaje proclamado del evangelio.  Al respecto, Jesús, después de decirles que por todo el mundo, los discípulos prediquen el evangelio a toda criatura, les dijo también: “El que creyere y fuere bautizado,…” (Marcos 16:16a). No voy a tocar en este mensaje el tema del bautismo que, si bien tiene su importancia, el punto a resaltar aquí no es el bautismo sino la fe, la fe como la respuesta más relevante que se debe esperar que los oyentes manifiesten cuando el evangelio les es predicado.  Jesús les estaba diciendo a los discípulos que como resultado de la predicación del evangelio las personas, aunque obviamente no todas responderían igual, siempre habría quien se convertirá de la incredulidad a ser creyente; pues por eso Jesús dijo: “el que creyere…”.  En esta decisión de creer, significa que el oyente, por la gracia que Dios le está comunicando mediante su Espíritu y mediante el contenido del evangelio, la fe estará brotando en su corazón, con tal de que pueda creer este evangelio.

   Si en esta labor de predicar el evangelio, usted se da cuenta que la persona o las personas a quien usted les anuncia el evangelio, todavía no tiene fe en la persona y obra de Jesús, no se desanime, hay que seguir hablándoles en otra pronta ocasión.  Recuerde usted que, la fe “es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17), pues por eso hay que insistir en hablarles del evangelio para que en una de esas ocasiones, mientras oyen la palabra de Dios, alguien responderá con fe, alguien va a creer.  Lo que procuramos cuando anunciamos el evangelio no es hacer amigos o contactos, sino procuramos que las personas crean en Jesús como el Hijo de Dios y acepten que él sea el Señor y Salvador de sus vidas.

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   El quinto detalle con respecto a la Gran Comisión: “Predicad”, que debe ser considerado por todo discípulo de Jesús, es:

V.- QUE LA META DE LA PREDICACIÓN ES LA SALVACIÓN.

   En la explicación que Jesús dice con respecto a “El que creyere y fuere bautizado”, él añade un par de palabras muy importantes que indican cuál debe ser la meta final de la predicación que él encargó a sus discípulos.  La meta final es que cada persona que se convierta en un creyente: “será salvo” (Marcos 16:16); sin embargo, Jesús hace un señalamiento espeluznante al añadir: “mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:16).  La verdad del asunto es que toda persona está en condenación de pasar la eternidad sin Dios en el lugar de castigo eterno, por causa del primer pecado de Eva y Adán quien representando nuestra naturaleza desobedeció a Dios.   No hay persona que no esté bajo la amenaza e inminente seguridad de esa condenación; pero Jesús, al haber dado su vida en sacrificio de muerte, y por haber resucitado, ha venido a ser el único en todo el universo que puede quitar a las personas la condenación que todos merecemos.

   Sin embargo, creer que Jesús es el Hijo de Dios, creer que Jesús tomó el lugar nuestro para pagar por nuestros pecados, hace que uno sea libre de tal condenación eterna, y entonces la persona que crea “será salvo”.  Es esto que tenemos que ir a predicar.  Es esta la meta de la predicación. Mientas alguien no ha creído sigue en condenación, aunque sea nuestro mejor amigo o vecino.  Solamente cuando alguien ha creído es verdaderamente y totalmente salvo.  Un hombre de la antigua ciudad de Filipos que quería quitarse la vida porque tras su cansancio no supo de un terremoto que ocurrió y que abrió las puertas de la cárcel donde se supone él debió haber cuidado que no escaparan los presos que finalmente escaparon, preguntó a dos de los apóstoles: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?” y los apóstoles le dijeron: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:30,31).  Solo la respuesta de la fe, conducirá a las personas hacia la salvación, sino seguirán en condenación.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, en conclusión:

   1).- Como Iglesia Nacional Presbiteriana de México, según lo establecido en nuestro Libro de Disciplina, en su Capítulo II, acerca de los Objetivos Generales de la iglesia, en el artículo 1, acerca de la Función Kerigmática, dice que: Al reconocer que, México es nuestra Patria, asumimos el compromiso ante el Señor y su Palabra de cumplir con la proclamación pura, clara y fiel del evangelio de nuestro Señor Jesucristo en toda nuestra Nación como el campo inmediato de la acción misionera y evangelizadora para proseguir con esta tarea y con la ayuda de Dios, hasta lo último de la tierra[1].  Es decir, tenemos el compromiso de predicar o sea proclamar el evangelio en toda nuestra nación.  A nosotros nos corresponde hacerlo aquí donde vivimos.

   2).- Predicar es un don especial, pero no es un don especial que Dios da a unos cuántos, sino que predicar es un don universal que Dios da a todos los creyentes justo desde el momento que uno acepta el evangelio de su Hijo Jesucristo.  Así, todos somos predicadores autorizados del evangelio. No son solamente los pastores y otros predicadores destacados de la iglesia quienes deben predicar el evangelio, sino que todos somos llamados a ser predicadores.  El artículo 123 de nuestro Libro de Disciplina, acerca de la predicación de la Palabra, reconoce que: “El mandato de la predicación ha sido dado a toda la iglesia …”[2], sin embargo, aunque este artículo tiene énfasis en la predicación que se hace desde el púlpito de la iglesia, y por ello dice: “y aunque el pastor por razón de su ministerio asume esta tarea en forma prioritaria, no obstante, también los oficiales y miembros de la congregación pueden participar en tarea tan necesaria”; es importante observar que incluye a los “miembros”.  Pero en el énfasis del mandato de Jesús, esta tarea de predicar que es ante el público que nunca estaría en las bancas o asientos de un templo, la predicación es tarea de todos.

   Todos somos llamados con un propósito: ¡Predicar!

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[1] Publicaciones El Faro; Libro de Disciplina, ed. 2012, p. 37.

[2] Publicaciones El Faro; Libro de Disciplina, ed. 2012, pp. 91, 92.

   

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