LLAMADOS A PREDICAR EN NUESTRO ENTORNO, Por: Diego Teh.

LLAMADOS A PREDICAR EN NUESTRO ENTORNO.

Mateo 28:19-20; Hechos 1:1-8; 18:1,11.

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Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán; el domingo, 08 de abril 2018, a las 18:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: En la predicación: LLAMADOS CON UN PROPÓSITO: ¡PREDICAR!, hice todo lo posible de dejar claro que predicar es un don especial pero no es un don especial que solamente es dado a unos cuántos creyentes escogidos, sino que es un don y responsabilidad por medio de mandamiento que Dios da a todos los que han creído y aceptado ser discípulos de Jesús. Todos los creyentes, somos predicadores del evangelio, o sea que todos podemos anunciar o proclamar el evangelio.  Si entendemos qué es anunciar o proclamar, ¿verdad?  En tiempos de los griegos y de los romanos, había oficiales encargados de anunciar o proclamar la voluntad de las autoridades civiles.  Eran los heraldos, que cuando llegaban a una ciudad o aldea, convocaban a todos los habitantes, y cuando estos se reunían, los heraldos les anunciaban o proclamaban a viva voz lo que les fue enviado a decir.  Eso era predicar.  Aquellos heraldos eran predicadores, aunque no del evangelio, pues predicar era simplemente anunciar al aire libre.  Esto mismo es lo que los discípulos tendrían que hacer, y así lo hicieron.

   En la misma predicación, también expliqué, que predicar, en su sentido original tal como Jesús mandó a los discípulos cuando les dijo: “Id por todo el mundo y predicad…” (Marcos 16:15), no significa que fueron enviados a conseguir púlpitos vacantes en las sinagogas o en el templo de Jerusalén, sino que fueron enviados para ir de aldea en aldea, de ciudad en ciudad a reunir personas en cualquier sitio para anunciarles que ahora había una buena noticia, el evangelio de Jesús.  Esto es lo que también nosotros debemos hacer: Anunciar el evangelio.  Pero, ¿dónde? ¿aquí detrás de este púlpito, frente a los que somos creyentes?

   En esta predicación, me enfocaré en especificar ¿dónde nos toca predicar el evangelio? Usando tres textos bíblicos: 1).- el de la Gran comisión según San Mateo, en Mateo 28:19,20; 2).- el de la Gran Comisión según San Lucas, en Hechos 1:1-8; y 3).- el del caso según San Lucas, de los inicios de la iglesia en Corinto, en Hechos 18:1-11; voy a explicarles dónde ahora nos corresponde predicar el evangelio.  De manera específica hoy les expondré que: la predicación del evangelio, según las indicaciones de Jesús debe hacerse primeramente en nuestro entorno. / ¿Cuáles son las indicaciones de Jesús de que la predicación del evangelio debe hacerse primeramente en nuestro entorno? / En esta predicación, les compartiré tres indicaciones de Jesús que dejan bien claro que la predicación de su evangelio debe hacerse primeramente en nuestro entorno.

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   La primera indicación de Jesús de que la predicación del evangelio debe hacerse primeramente en nuestro entorno es:

I.- LA INDICACIÓN DE IR “A TODAS LAS NACIONES”.

   En la versión de San Marcos, la gran comisión consiste en “Id, por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).  San Mateo en su versión comienza diciendo que Jesús en su gran comisión dijo: “Por tanto, id, y haced discípulos”.  En estas dos versiones no hay ninguna contradicción.  Esto de hacer discípulos obviamente tiene que hacerse habiendo primeramente predicado el evangelio.  Pero, Jesús, en la versión de Mateo, inmediatamente complementa su comisión enfatizando que este ir a hacer discípulos que requiere de predicación y predicadores, deberá ser: “a todas las naciones” (Mateo 28:19).

   ¿Dónde están todas esas naciones a las que Jesús se refiere en su gran comisión?  En el idioma griego, la frase utilizada por Jesús es “????? ?? ????” (Panta ta ethne), lo cual, aunque usted no sea un experto en ese idioma usted puede distinguir la mención de “ethne” de donde proviene la palabra “etnia”, por lo que, en su comisión Jesús no estaba hablando de ir primeramente a todos los países del mundo. Sí, hay que ir a todas las etnias, pero las etnias están entre nosotros, sin que tengamos que pensar que no tenemos recursos para ir al extranjero.  Una etnia, es un “conjunto de personas que pertenece a una misma raza y, generalmente, a una misma comunidad lingüística y cultural”. Así, nos damos cuenta que “las naciones” a las que Jesús se refirió, aunque es verdad que también están en países extranjeros, y hasta en todos los continentes, sin embargo, lo evidente es que estas naciones (etnias) están en esta misma ciudad donde vivimos.

   Estimado hermano, solamente piense en la multitud de personas que en nuestra ciudad y sus colonias hablan la lengua maya y que casi nadie va a predicarles, piensa en la cantidad de choles, tzeltales, tojolabales, zapotecos, y de otras etnias que están en las mismas colonias donde cada uno de nosotros vivimos.  Aunque hay personas a quienes Dios llama para consagrar su vida para ir a otros estados, a otras ciudades de la república y a otros países del mundo para predicar el evangelio, la prioridad para la gran mayoría de nosotros es predicar aquí en el centro, en las colonias y en las comisarías de esta ciudad donde vivimos.  Aquí entre nosotros están “las naciones”, las “ethne” a quienes Jesús nos envía.  No solamente uno debe predicar detrás del púlpito cada semana, sino que todos debemos predicar más allá de este templo.

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   La segunda indicación de Jesús de que la predicación del evangelio debe hacerse primeramente en nuestro entorno es:

II.- LA INDICACIÓN DE INICIAR “EN JERUSALÉN”.

   En la versión de la gran comisión que San Lucas presenta en su historia de los Hechos de los Apóstoles, nos dice que cuando Jesús estaba a punto de ascender a los cielos a su Padre celestial, les dijo: me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).  No les mandó a comenzar primero en “naciones” extranjeras, ni siquiera en otro de los estados o provincias vecinas de todo Israel, sino “en Jerusalén”, la ciudad más cercana en la que se encontraban en aquellos momentos donde Jesús ascendió a los cielos; la ciudad donde ocurrieron la crucifixión y resurrección de Jesús, los eventos cruciales de la redención.  No podían comenzar en Galilea, Iturea, Decápolis, o Perea, y ni siquiera en Samaria, su anunció o proclamación del evangelio de Jesús en modalidad de testimonio por aquellos discípulos que fueron testigos no solo de la muerte de Jesús sino también de su resurrección.  Tenían que comenzar “en Jerusalén”.  Ese era el entorno inmediato que se tenía que cubrir con el evangelio.

  Obviamente, tenían que avanzar más allá de Jerusalén, pero lo harían primero en las demás ciudades y aldeas de la misma provincia o estado, porque después de que les fue dicho que comenzaran en Jerusalén, les fue dicho que siguieran “en toda Judea”.  No podían después de la ciudad de Jerusalén, saltarse las demás ciudades y aldeas de Judea, para irse directo a Galilea, Iturea, Decápolis, o Perea, y ni siquiera a Samaria que era la provincia contigua.  El evangelio, debería primeramente saturar el entorno de la ciudad de Jerusalén, antes de dar el paso de ir a lugares más lejanos.  Y si había de salir de la provincia no era para ir directo a otras naciones extranjeras sino en la provincia siguiente: “en Samaria”, que también tenía sus propias ciudades y aldeas, que también tenían que ser saturadas con el evangelio. Luego, había que ir a las otras provincias que, aunque no son nombradas en el texto bíblico, se sobre entiende que Jesús les estaba indicando la estrategia de avance progresivo.  Después de Samaria, podían ir a las provincias de Perea al suroeste, Decápolis al oeste, Galilea al norte, e Iturea al noroeste.  Pero no fueron enviados primero al extranjero, ni al sur de Judá donde estaba Idumea, ni al norte de Galilea donde estaba Fenicia, ni al norte de Iturea donde estaba Golán; pues solo hasta después de saturar con el evangelio, el entorno a donde se iban esparciendo, entonces ser irían “hasta lo último de la tierra”, conquistando todas las ciudades y naciones extranjeras que están en la ruta.

   Amados hermanos, esta instrucción de Jesús nos indica la necesidad e importancia de predicar el evangelio para hacer discípulos, primeramente, en nuestro entorno.  Es aquí donde Dios ha querido que vivamos, que ahora tenemos que anunciar el evangelio de Jesús.

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   La tercera indicación de Jesús de que la predicación del evangelio debe hacerse primeramente en nuestro entorno es:

III.- LA INDICACIÓN DE PERMANCER “EN ESTA CIUDAD”.

   Ahora, pasamos a observar la historia que san Lucas nos narra en la ocasión cuando fue fundada y establecida la iglesia de Corinto.  El apóstol Pablo llega a esta ciudad, y dice la historia que: “…discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos” (Hechos 18:4), y que: “estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo. / Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles” (Hechos 18:5,6).  El apóstol no veía esperanza de que el evangelio fuese aceptado en aquella ciudad, por lo que hizo planes de irse. Mientras llegaba el tiempo de irse, al parecer se hospedó en la casa de un hombre llamado Justo que vivía al lado de la Sinagoga. En ese tiempo, uno de los líderes de la Sinagoga, que se llamaba Crispo, “el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados” (Hechos 18:8).  Esto suele suceder.  Cuando parece que nadie creerá, de repente cree el primero, luego el segundo, luego otros, y luego más, y entonces surge una explosión de conversiones.  Pero, quizá el apóstol Pablo pensó: solo por una familia no me voy a quedar, ya les dije que me voy, y me voy.

   Pero, una noche mientras el apóstol Pablo se mantenía en su decisión de irse de la ciudad de Corinto, dice la historia: “Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles; / porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal …”, pero vean ustedes cómo termina la indicación del Señor Jesús al apóstol: “… porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad” (Hechos 18:9, 10).  Y luego la historia dice de Pablo: “Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios” (Hechos 18:11).  Aun cuando parece que en cierto lugar no hay esperanza de resultados en conversiones hacia la predicación del evangelio, Jesús indica que el paso a seguir no es ir tan pronto a otro lugar, sino hay que permanecer en el lugar donde uno ha sido enviado y puesto por Dios para vivir y predicar, porque es en ese entorno donde Jesús tiene pueblo escogido que va a convertirse a él.  En este caso, el Señor Jesús, no quiso que Pablo se fuera a otro lugar, por lo menos, no en los siguientes año y medio, sino que fue Jesús mismo quien quiso e hizo que el apóstol se quede a predicar donde él había llegado a vivir.

   Amados hermanos, en nuestro entorno, Jesús nuestro Señor y Salvador siempre tiene pueblo que ha de creer y servirle.  A nosotros nos corresponde ir a predicarles su evangelio, por ahora, no en otro continente, no en otro país, no en otro estado, no en otra ciudad, sino aquí en nuestro entorno; en nuestro centro histórico, y en nuestras colonias.  Esos son los lugares donde nosotros debemos ir a predicar el evangelio para entonces hacer más discípulos, porque sin temor a equivocarme, Jesús tiene, al igual que lo tuvo en Corinto: “mucho pueblo en esta ciudad”.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, todas las instrucciones de Jesús apuntan que debemos predicar el evangelio primeramente en nuestro entorno.  Su indicación de ir “a todas las naciones” (Mateo 28:19); su indicación de ser testigos “en Jerusalén, toda Judea, Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8); y su indicación a Pablo en Corinto cuando le dijo: “… porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad” (Hechos 18:9, 10); son claros indicadores que antes de pensar en ir tan lejos, aquí mismo es donde tenemos que predicar el evangelio.  Somos llamados a predicar no solamente a nosotros mismos solamente en nuestros templos, sino tenemos que ir a reunir personas en todas las colonias de nuestra ciudad, en las comisarías, en otros pueblos, etc… para anunciarles que hay una buena noticia: “Que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (Cf. 1 Timoteo 1:15).

   

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