PRIORIDADES ANTES DE SERVIR A OTROS, Por: Diego Teh.

PRIORIDADES ANTES DE SERVIR A OTROS

Marcos 1:35-39.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 15 de abril 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 04 de la serie: SÚPER OCUPADOS.

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   INTRODUCCIÓN: Nuestra lectura bíblica que fundamenta esta predicación, en su contexto es un día en la agenda de la misión de Jesús mientras estuvo en la ciudad de Capernaum de Galilea, donde vivía Simón Pedro, su esposa, y su suegra; aunque Pedro no era originario de Capernaum sino de Betsaida una ciudad bastante cercana a Capernaum (cf. Juan 1:44).  Bueno, pero el día anterior, fue un día de arduo trabajo para Jesús en esta ciudad de Capernaum. Todavía habiendo entrado la noche, “luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; / y toda la ciudad se agolpó a la puerta. / Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían” (Marcos 1:32-34).  ¿Quién sabe a qué hora se acostó a descansar y a dormir aquella noche?, pero a pesar de que sin duda se acostó ya más noche que lo habitual, nos dice San Marcos que Jesús: “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35).  Parece ser que ni sus discípulos le escucharon levantarse y salir para irse a orar en un lugar desierto.  Cuando amaneció, la gente de esta ciudad donde la noche anterior “le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados” (cf. Marcos 1:32), comenzó a venir en busca de él, seguramente para que más de ellos sean sanados o para que sus endemoniados sean liberados; pero Jesús ya no estaba en el lugar donde la gente supo que Jesús se quedó a dormir, ya había salido a orar a algún lugar.  Momentos después, Simón Pedro, fue en búsqueda de Jesús, y le halló, y le dijo a Jesús: “Todos te buscan” (Marcos 1:37).

  Todos estaríamos pensando que un personaje como él, caracterizado por la voluntad de servir, le respondería a Simón Pedro: Vamos, rápido, para que hoy los termine de atender más temprano.  Pero, no, Jesús no respondió así, sino que le dijo a Simón Pedro: “Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido” (Marcos 1:38).  San Lucas añade que la gente de la ciudad “… llegando a donde estaba, le detenían para que no se fuera de ellos” (Lucas 4:42b), pero Jesús tomó la determinación de irse. Es más, Jesús, luego que Jesús se fue de Capernaum, la historia nos dice de él: “Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios” (Marcos 1:39).  Prefirió irse a otras ciudades y aldeas de la misma provincia de Galilea, y no regresó a Capernaum sino hasta algunos días después (cf. Marcos 2:1). ¿Por qué habrá actuado así Jesús?  Esta actitud de Jesús no es incongruente con su misión, ni es una descortesía de su parte, sino que se trata de una cuestión de ordenamiento de prioridades en su ministerio.

   Por eso, en este mensaje, con el objetivo de tener en orden nuestras prioridades con respecto a nuestro ministerio, basado en las prioridades de Jesús, les voy a predicar que: el ministerio bastante agotador de servir a otros requiere poner en orden nuestras prioridades. / ¿Cuáles son las prioridades que tenemos que poner en orden en el ministerio bastante agotador de servir a otros? / Basado en nuestra historia bíblica, les voy a compartir algunas de las prioridades

   La primera prioridad que tenemos que poner en orden en el ministerio bastante agotador de servir a otros, es:

I.- ORAR A DIOS ANTES DE OCUPARSE EN LOS DEMÁS.

   Algo que haríamos muchos de nosotros después de un día y muy buena parte de una noche muy ocupada, es despertar y levantarse no tan de madrugada sino buscaríamos aprovechar dormir, aunque sea una hora más de nuestra hora habitual de levantarnos; e inmediatamente que nos sintamos al 100% bien despiertos, comenzaríamos con nuestras ocupaciones del día.  Si alguien nos ha buscado desde muy tempranito, si le interesa, pues nos esperará hasta las 7, 8 o 9 de la mañana, ¿no? Al fin y al cabo, justificamos que por la mala noche no pudimos levantarnos más temprano.  Sin embargo, Jesús, no se programó para levantarse hasta la primera hora del día, como a las 7 de la mañana, cuando ya la gente le estaría esperando.  Él se levantó muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35). Quizá desde las 5 o 4 de la madrugada. Su motivo, según nos lo describe Marcos fue para orar. Antes de ocuparse en los demás, la ocupación de Jesús fue orar, no solamente en este día del cual estamos analizando las prioridades de su agenda, sino que todos los días tenía como hábito de orar antes que ocuparse de cualquier otra cosa.

   Capernaum junto con Corazín, eran dos de las ciudades de Galilea, cercanas una de la otra, cuyos habitantes eran poco o nada espirituales.  Betsaida, que era el pueblo natal de Andrés y Pedro, no se sabe con precisión si pertenecía a Galilea o a Iturea, y además parece ser que habían dos Betsaida, una en Galilea y otra en Iturea, pero la de Galilea no se tiene información precisa de su ubicación; pero cualquiera que sea su ubicación, estas tres ciudades no fueron receptivas al evangelio del Reino de Dios que Jesús les predicó desde el principio, a pesar de que su predicación de su evangelio fue acompañado no de pocos sino de muchísimos milagros (cf. Mateo 11:20-24).  Esto hacía mucho más necesario que Jesús tuviese que orar por Capernaum, y también por las otras ciudades a las que estaba a punto de ir a predicarles.  Antes de ir a servir a otros, es necesario orar por aquellos a quienes uno se propone servir.  Aunque, ese mismo día, Jesús no regresó a sanar a los Capernaumitas, habiendo sin duda orado por ellos, regresó algunos días después por ellos (cf. Marcos 2:1).  Mientras tanto, aquella madrugada sin duda que oró por las personas a las que aquel día predicaría en otros lugares vecinos.

   La segunda prioridad que tenemos que poner en orden en el ministerio bastante agotador de servir a otros, es:

II.- BUSCAR ARREPENTIDOS ANTES QUE FAMA PERSONAL.

   Galilea fue la provincia al norte de Israel donde Jesús comenzó su ministerio.  Una de las primeras ciudades privilegiadas fue Capernaum de Galilea al norte del Mar de Galilea donde Jesús llamó a Pedro, Andrés y a Felipe.  En esta ciudad, por varias semanas (cf. Marcos 1:21; “los días de reposo”), Jesús estuvo predicando su evangelio diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15).  Es evidente que lo que Jesús buscaba no solo de ellos sino en todo lugar donde él predicaba, era el arrepentimiento y la fe en Dios.  Pero, a pesar de su proclamación y de sus milagros, no había arrepentimiento en la gente.  Sin embargo, a Jesús le daba un buen beneficio que en sí no era nada malo para él, pues dice San Marcos acerca de Jesús que “muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea” (Marcos 1:28).  Pero, Jesús no quería fama, sino el arrepentimiento de los Capernaumitas.  Así que después de haber estado con ellos por varias semanas, sin arrepentimiento de la gente, aunque si les interesaba su salud física, Jesús quien solo estaría acrecentando su fama, prefirió rechazar la fama yéndose a otros “lugares vecinos” (Marcos 1:38) que seguir generándose con naturalidad fama a su favor.

   Hay ocasiones que con las cosas que hacemos, la gente llega a admirarnos, pero no esto lo que buscamos de ellos, sino que lo que buscamos de ellos es que se arrepientan y crean en Dios y en Jesucristo mismo. Su arrepentimiento y fe debe ser nuestra prioridad.  San Mateo, con respecto a la impenitencia de estos Caperaumitas, así como de los habitantes de Corazín y Betsaida, nos relata la actitud de Jesús diciendo de él: “Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido, …” (Mateo 11:20).  Reconvenir no es nada fuerte, ¡eh!, reconvenir es: Reprender suavemente a una persona por algo que ha dicho o hecho mal. Es evidente que Jesús no estaba satisfecho solo porque tenía buena fama, sino que a pesar de su fama estaba insatisfecho de ellos “porque no se habían arrepentido”, queriendo que se arrepientan.  Esta era su prioridad antes que su propia y bien merecida buena fama.  Pero si no querían arrepentirse sino solamente recibir beneficios, por eso Jesús decidió irse a otros “lugares vecinos” para seguir predicando su evangelio.  Antes de servir a otros, uno debe tener bien claro esta prioridad.  Así, uno se evita el sentirse indispensable, o incluso autoritario.

   La tercera prioridad que tenemos que poner en orden en el ministerio bastante agotador de servir a otros, es:

III.- EXTENDER EL EVANGELIO ANTES QUE SATISFACER NECESIDADES.

   Uno de los motivos por las que la gente de Capernaum se acercó a Jesús fue el haber sabido que Jesús en la sinagoga liberó a un hombre de un espíritu inmundo que le poseía, y el haber sabido que sanó de una fiebre a la suegra de Pedro.  Así que la noche del último día que él estuvo en Capernaum, la gente con su propio motivo de recibir sanidad para sí o para algún ser querido, o para ser liberado de algún demonio, “le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; / y toda la ciudad se agolpó a la puerta. / Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían” (Marcos 1:32-34); pero era nada más por eso.  Solo por la sanidad. Y Jesús no quería que aquella gente solamente reciba su sanidad, sino que también reciban y acepten para sus vidas el evangelio del Reino de Dios.  Es evidente que eso inquietaba a Jesús aquella madrugada cuando salió a orar.  Es evidente que eso buscaba la gente cuando Pedro al hallar a Jesús orando, le dice: “Todos te buscan” (Marcos 1:37).  Y en vez de decirle: pues vamos a sanarles; mejor le dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido” (Marcos 1:38).  Esta reacción solo aparentemente negativa de Jesús, pero no lo es, nos indica el establecimiento de su prioridad que era el extender el evangelio antes que solo satisfacer los intereses no espirituales de las personas.

   En otra ocasión similar, más adelante durante su ministerio, un día muy atareado en predicar al aire libre ante una multitud que superaba las cinco mil personas presentes, surgió la necesidad de proveerles el almuerzo, al parecer en un horario ya bastante tarde.  Por cierto, ocurrió en la misma región al norte del mar de Galilea, cerca de Capernaum.  Sin duda que fue una gran bendición para ellos haberse ahorrado el costo y el trabajo de preparación de una comida.  Pero, la gente no contenta con haber sido apoyadas una vez, al día siguiente querían otra comida, no porque valoraban el poder del milagro, ni porque creían en Jesús y en su evangelio, sino solo porque querían beneficios materiales finalmente perecederos.  A estos, Jesús les dice: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. / Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre” (Juan 6:26,27).  Jesús se interesaba por el bienestar físico y material de ellos, pero lo que más buscaba de ellos era el arrepentimiento y la fe, y les insistía en ello, las veces que había oportunidad.

   En cuanto a los Capernaumitas, solo querían ser sanados, pero no querían arrepentirse ni creer en el evangelio del Reino de Dios, pues como Jesús tenía como prioridad el extender su evangelio hacia otros lugares, no se quedó aquel día para satisfacer sus intereses que no son los que primeramente Dios esperaba de ellos.  Desde luego que algunos días después regresó a ellos (cf. Marcos 2:1) para reconvenirles, o sea insistirles amablemente que no solo buscaran beneficios, sino que creyeran, pero estos no cambiaron de parecer (cf. Mateo 11:20ss).  Jesús, no se quedaría a perder el tiempo con ellos, sino que prefirió ir a “lugares vecinos”, donde en alguno de estos lugares se repitió la misma historia, pero de nuevo Jesús no perdería el tiempo con estos, y seguía inmediatamente hacia otros lugares para seguir extendiendo el evangelio del Reino de Dios.  Esta era su prioridad.  Su prioridad nunca fue detenerse a servir los intereses no espirituales de la gente.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, Jesús fue el Hijo de Dios y el Hijo del Hombre, que no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45); pero en esta labor de servir que es bastante agotadora que reclama tiempo, fuerza, y otros recursos, su ejemplo nos indica que para no estresarse, fatigarse, agotarse, y cansarse innecesariamente, es necesario en ocasiones e incluso muchas veces, decir NO a cosas, actividades, y compromisos que parecen o realmente son urgentes, pero que no son prioritarias.  En el caso de nuestro texto bíblico de Marcos 1:35-39, Jesús dijo NO a personas que tenían enfermedades a quienes él pudo haber sanado de inmediato, pero tuvo que decirle a Pedro y los demás apóstoles: “Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido” (Marcos 1:38).

   Jesús entendía sus prioridades en su misión. Jesús no estaba gobernado por las necesidades de otros, aunque constantemente se detenía a sanar a los que con fe se acercaban a él.  Jesús no estaba gobernado por la aprobación de otros, aunque se preocupaba profundamente por los perdidos y quebrantados.  Jesús estaba gobernado por el Espíritu y por la misión que Dios le había dado. Jesús conocía bien sus prioridades, y no dejó que las muchas tentaciones de una vida ocupada lo apartasen de su tarea.  Su prioridad era llevar el evangelio donde personas están esperando buenas noticias de Dios para sus vidas, y a estas estaba dispuesto a darle sanidad y otras bendiciones.  Sus prioridades estaban bien definidas: La oración antes de servir a alguien; la búsqueda de arrepentimiento de las personas antes que saber que otros solo disfrutan de sus milagros; y extender su evangelio antes que solo proporcionar beneficios a los que no tienen ningún interés por su evangelio.  Estas deben ser también nuestras prioridades que nos evitarán el desgaste físico, emocional, y aun espiritual.  Jesús nos enseña a administrar bien nuestras prioridades.  Se puede estar bastante ocupado, pero sin estar haciendo lo que no es necesario hacer.

   

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