CADA HIJO ES DISTINTO, Por: Diego Teh.

CADA HIJO ES DISTINTO

Lucas 15:11-32.

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Consejo y reflexión presentado por el Pbro. Diego Teh, el sábado 26 de mayo 2018, a las 20:00 horas, por motivo de Acción de Gracias por avances en el tratamiento de la enfermedad de un niño.

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   Quienes hemos tenido el privilegio de criar a más de un hijo, a dos o tres o más, muy pronto desde sus tempranas edades descubrimos que cada uno de ellos es diferente al hijo o a los hijos anteriores en muchos aspectos.  En la educación formativa que les damos, siempre tenemos que hacerlo a la medida de las necesidades de cada uno, por ejemplo, si hay necesidad de regañar al mayor, le regañamos, pero esto no significa que el menor también tenga que ser regañado.  Ser padre y/o madre nunca es fácil.  Ni siquiera hay escuelas dónde aprender a ser padres, y si las hubiera, difícilmente tendrían la información precisa que necesitaremos en cada situación y circunstancia; pero gracias a Dios quien a los padres y madres siempre nos asiste con su sabiduría, y hacemos con esfuerzo y diligencia todo lo que es necesario para educar a cada uno de nuestros hijos.

   Hoy hemos leído en el santo evangelio, una parábola de Jesús con respecto de un padre con dos hijos.  El hijo menor, más conocido como El Hijo Pródigo, con falta de respeto exigió a su padre su herencia, aunque su padre no tenía señales de estar cercana su muerte.  Su padre siendo justo, le dio su herencia, pero también le dio a su hijo mayor lo que también a él le correspondería como herencia.  Según las leyes y costumbres de la época, en casos donde había dos hijos, el menor debería recibir una tercera parte de los bienes del padre, y el mayor debería recibir las dos terceras partes restantes, o sea el doble que lo que recibe el menor.  Luego, sucede que en poco tiempo el menor malgastó todo lo que le habían dado y regresó arrepentido a su padre quien sin reproche alguno le dio por lo menos las cosas básicas que él necesitaba en aquel momento: ropa nueva y limpia, zapatos nuevos, y hasta un anillo especial que lo identificaba como una persona de autoridad, y le hizo una fiesta especial ordenando que por él se matara al becerro gordo para que haya carne en abundancia para todos los invitados.   El hijo mayor al regreso de su día de trabajo, al enterarse de lo que estaba ocurriendo, armó su show de enojo contra su padre, no queriendo entrar a la fiesta, y haciéndose víctima diciéndole a su padre que a él no le daba ni siquiera un corderito para hacer fiesta con sus amigos, lo cual según el contexto de la historia era mentira de este hijo mayor, pues en realidad había recibido el doble que su hermano menor.  La historia nos presenta cómo el padre con todo amor y sabiduría le habló para disipar su enojo y confusiones, haciéndole todas las aclaraciones necesarias (cf. Lucas 15:11-32).  Cada hijo es distinto, y cada uno debe ser tratado de manera particular.

   Esta semana, leí la historia bíblica de otro padre, nada menos que del famoso rey David.  La historia está protagonizada por dos de sus muchos hijos, uno llamado Adonías[1], y el otro Salomón.  David ya era de edad avanzada, por lo que Adonías quiso hacerse rey ilegítimamente para reemplazar a su padre.  Entonces, Adonías hizo una fiesta, invitó a algunos amigos a su vez amigos prominentes del rey, descartando a otros más honestos, y los convenció a que lo declararan rey.  Mientras tanto Salomón quien sería el heredero legítimo[2], no se preocupaba de nada.  Betsabé, madre de Salomón, al enterarse de lo que estaba ocurriendo, y orientado por el profeta Natán, habló con el rey David a quien le explicó qué estaba sucediendo, y el rey y padre de estos muchachos, actuó de manera especial y personalizada según cada uno lo necesitaba.  David ordenó legítimamente que a su hijo Salomón lo constituyeran rey por sus oficiales, desconociendo a Adonías.  Cuando Adonías se enteró de la decisión de su padre, le dio miedo, y se fue primero al templo a escudarse agarrándose en los cuernos del altar, pidiendo que le avisen a Salomón que le perdonen y que por favor no le maten, porque eso merecía su atrevimiento.  Cuando Adonías se presenta ante ahora el rey Salomón, Salomón probablemente molesto, pero misericordiosamente le dice: Vete a tu casa (cf. 1 Reyes 1).  Estas decisiones, mucho tienen que ver con el amor y la educación personalizada de un padre, e incluso de una madre como Betsabé.

   Hoy, hermana Elda y familia, Pablito es una bendición de Dios que requiere de una atención especial y responsable.  Se hace difícil cuando no se sabe cómo comprender su condición, pero cuando uno descubre que Dios ya ha puesto en usted, los valores y virtudes necesarias para ayudarle, entonces la tarea se hace menos difícil.  Damos gracias a Dios que, en medio de esta situación, usted hermana Elda, ha puesto su amor, tiempo necesario, recursos económicos, y dedicación personal para que su Pablito supere su condición.  Lo esencial que él necesita es respeto, comprensión, y una familia que le haga sentirse feliz.  Nos unimos a su felicidad, y damos gracias a Dios por la buena noticia que se tiene de que las terapias que Pablito ha recibido, están siendo favorables y eficaces para él.  Rogamos a Dios que cada día siga mejorando.  Que las terapias profesionales, que el cariño de la familia, y el efecto especialísimo y principal de la gracia divina le auxilien siempre.

   Ahora, lo importante es que usted, con el apoyo de toda su familia, y con el apoyo de la gente de Cristo, Pablito no se pierda la oportunidad de escuchar una y otra vez el evangelio de Jesucristo que hace verdaderamente feliz desde el fondo del corazón a todo ser humano.  Pablito, debe saber acerca de la gracia y la experiencia de la salvación eterna, que es lo que más vale la pena en la vida.  Recordemos las palabras del apóstol Pedro, de que fuera del nombre de Jesucristo, no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el que se puede ser salvo (cf. Hechos 4:12).  Pablito tiene que escuchar de Cristo constantemente.  Hermana Elda, usted es la primera persona responsable de hablarle a Pablito de nuestro Señor y Salvador.

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[1] Adonías, era el cuarto hijo de David, que Haguit le dio a luz en Hebrón (2 Samuel 3:4,5).

[2] Salomón no era el primer hijo de David, pero David por derecho eligió a él como su sucesor.

   

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